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La Amazona que surgió del Barro
A mediados de los años ochenta, cual ave fénix, las diversas tierras y mundos paralelos que componían el Universo DC desparecieron para volver a nacer en forma de una nueva tierra que los unificaba a todos. Algunos personajes, como por ejemplo Batman, apenas sufrieron cambios; otros perecieron para siempre; unos pocos, se alzaron como la perfecta encarnación del ave mitológica y comenzaron de cero una nueva andadura. Wonder Woman fue uno de ellos. Ya en el elocuente final de Crisis en Tierras Infinitas, la excelente maxi-serie que finiquitó el Multiverso DC, vimos cómo la primigenia Wonder Woman de Tierra Dos, la sentenciada a desaparecer de las viñetas, era elevada hasta el Olimpo para allí morar por el resto de la eternidad; mientras, la encarnación de Tierra Uno, la nuestra, la destinada a ocupar las viñetas a partir de entonces, herida por las descargas del Anti-Monitor, no moría (de hecho no se la incluye en el body count de la serie) sino que regresaba al barro del que nació en La Isla Paraíso para volver a renacer, no de las cenizas, sino de ese mismo barro modelado por las manos de la reina Hipólita y convertido en carne por los dioses griegos.
El fin que fue el comienzo
Wonder Woman está considerada uno de los personajes clave de la historia del cómic americano. Junto con Superman y Batman conforma la llamada “Trinidad” del Universo DC. Este honor no les viene tanto por el peso específico que los personajes puedan tener a nivel de ventas, sino por su importancia dentro del devenir del medio: son los supervivientes de los primeros años del cómic entre otros personajes menores; herederos de la etapa de transición del pulp al comic book; los únicos que resistieron el embate del peor enemigo que ha tenido del medio, el doctor Fredric Wertham, un psiquiatra con ínfulas de grandeza que quiso convertir al cómic en el culpable de todos los males de la Humanidad y quiso acabar con ellos. Casi lo consigue. Sólo esta trinidad pudo resistir (con matizaciones), tres héroes con más de sesenta años de vida que nunca han dejado de ser publicados, aunque sus series hayan podido tener pequeños impasse, para facilitar las transiciones entre guionistas o amoldarse a alguna macro-saga.
Sin embargo, mientras que Superman y Batman han sido bastante respetados por la editorial, la princesa amazona ha sido el banco de pruebas para todo tipo de extrañas ideas; hasta el punto de perder sus poderes, en los setenta, para transformarse en una especie de espía karateka aficionada a las costumbres “Mod”: Wonder Woman dejaba paso a Wonder Mod, enfundada en un traje blanco de una pieza aún hoy recordado por los fans más veteranos y homenajeado por algunos creadores actuales. Además, esta versión atrajo a escritores no asociados al cómic, como el autor de ciencia ficción Samuel R. Delany, que escribió los números 202 y 203 (octubre/diciembre de 1972) de Wonder Woman. También influyó en el telefilm homónimo de 1974 de la heroína protagonizado por Cathy Lee Crosby. Curiosamente, la amazona recuperaría su viejo uniforme y sus poderes por la presión de los grupos feministas, en especial gracias a la periodista y activista política Gloria Steinem.
Este y otros desmanes, unido a la sensación de mareo que causaba en algunos lectores la existencia de dos personajes de igual nombre, pero pertenecientes a distintos mundos, acabó conduciendo a un agónico descenso en las ventas de su colección. Hasta tal punto llegó esa bajada que, cuando se decidió resetear el Universo con Crisis en Tierras Infinitas, Wonder Woman estaba al borde de la cancelación.
Tras la citada saga, la amazona tendría un nuevo comienzo, una nueva numeración; necesario este último elemento para reflejar lo profundo de los cambios que vivía el personaje y aprovechar el efecto atracción de ver un número uno en portada (de cara a captar nuevos lectores).
En un primer momento, el destinado a hacerse cargo de este renacimiento iba a ser el guionista Greg Potter, quien pasó varios meses trabajando con la editora Janice Race en los nuevos conceptos; más tarde se contrató a George Perez sólo como dibujante y, después de trabajar juntos, el guionista fue despedido en el número dos y Perez se convertiría en encargado de la serie como artista completo; eso sí, con la asistencia de diversos guionistas como colaboradores, Len Wein y Mindy Newell. Esta etapa se extendería durante dos años; veinticuatro estupendos comics y un interesante anual. Después, Perez dejaría su lugar en los lápices a artistas como Chirs Marriman o Jill Thomson. En 1992, después de 62 números, desencantado por el trato que la DC había dado a su saga Guerra de Dioses (War of Gods) a favor de Armagedon, Perez dejó su cargo como guionista; su relevo lo tomaría William Messner Loebs.
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