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Romero (3). Así, el aspecto desmañado y blanquecino de los resucitados -hasta entonces, la iconografía vampírica que pervivía era la establecida por la Universal y por la Hammer, en nada similares a los que ofrece el presente film-; el paulatino reporte televisado de las consecuencias de una misteriosa epidemia; o la aparición final de un comando paramilitar que masacra desapasionadamente los vampiros (4).
Otra de las sorpresas, una vez leídos los precedentes, es la enorme fidelidad con respecto al libro de Matheson; así, los únicos cambios notables que caben resaltar es sustituir la hecatombe nuclear de la novela por una misteriosa plaga -sin duda por razones presupuestarias- que en principio produce debilidad, luego ceguera, y después una aparente muerte seguida de una resurrección vampírica. Y toda la parte final, lo más débil del film, donde los vampiros que atacan a Neville/Morgan son una suerte de despiadados cazadores que a golpe de ametralladora intentan abatir al último hombre... vivo. El concepto de Matheson, de ese modo, es tergiversado y eliminado todo su potencial subversivo: Neville es temido por los vampiros, pues es un ser diferente e implacable que día a día los acosa y elimina; ahora él es el monstruo, y por tanto ha de ser aniquilado. Al ofrecer la película unos personajes que en nada se diferencian de aquel a quien temen, toda esa carga irónica, de variación de perspectivas, es anulada.
Durante muchos años esta película fue muy difícil de ver, ignoro los motivos. Por aquel entonces, las fuentes hablaban de unos resultados pésimos. Con posterioridad, posiblemente tras pases por festivales y su edición inicial -pésima- en dvd, las voces críticas clamaron que los resultados no eran en verdad tan nefastos, y resaltaban su valía -amén de la innegable similitud con el film de Romero-. Vista, al fin, y además ya con una excelente edición en dvd en Estados Unidos, no así España, cabe apuntar que uno está de acuerdo con las últimas opiniones. Pues, salvo el detalle del final referido, la película supone una grata sorpresa.
La película ofrece una atmósfera lúgubre y pesimista en verdad loable, con una fotografía en blanco y negro mortecina y apagada que retrata los planos de las calles solitarias con inusitada potencia (5), acrecentada por una música acorde con ese tono desesperanzado. Como película apocalíptica, por tanto, resulta muy convincente, y la patentísima escasez de medios ayuda a conferirle esa verosimilitud. La solidez del producto, dentro de, irónicamente, cierto deslavazamiento, la proporciona un Vincent Price inconmensurable, que bascula entre la confianza y la derrota, el optimismo y la desesperanza.
Resaltemos, finalmente, que en las copias italianas de la película se acredita como director al italiano Ubaldo Ragona, quien nada hizo en realidad en el film, y sólo consta su nombre por cuestiones legales de co-producción.
Una pequeña versión ignota
Una nueva versión de la novela de Richard Matheson suele pasar desapercibida a muchos comentaristas, y es que es un film que, al parecer, nadie ha podido ver, y eso que es española.
Soy leyenda fue rodada en 1967 por Mario Gómez Martín, a partir de un guión escrito por él mismo y Alfonso Núñez Flores. Es un cortometraje de quince minutos y en blanco y negro filmado con destino a la Escuela Oficial de Cinematografía tan en boga por aquel entonces. Era, pues, un ejercicio de estudiante. Los protagonistas fueron Ana Castor, Moisés Menéndez, Ricardo Palacios (6), Elisa Ramírez y José María Resel.
Mario Gómez Martín hizo otros muchos cortos en la Escuela, e imaginamos es el mismo que, en 1978, dirigió para TVE Ciertos reflejos: La Chunga¸ un especial dedicado a la famosa bailaora. Y también imaginamos que es el ayudante de dirección de Víctor Erice en Los días perdidos (1963), y de Angelino Fons en A este lado del muro (1963), ambos también cortos con destino a la Escuela Oficial de Cinematografía.
La versión con Charlton Heston
Los años 70 vieron una nueva versión de la novela de Matheson, El úlitmo hombre... vivo (The Omega Man, 1971), y muy acorde con los tiempos. Era la época en la cual estaba de moda el cine de blaxplotation, y esta película ofrece innegables puntos de contacto con el mismo, así la acción desenfrenada (dentro de los cauces de esa época) y la aparición de bastantes actores de color.
El guión, esta vez, fue debido a un matrimonio que en la época tenía un cierto prestigio, John William Corrington (1932-1988) y Joyce Hooper Corrington. Habían escrito el guión de la subvalorada El Barón Rojo (Von Richtofen and Brown/The Red Baron, 1971) para Roger Corman, y también trabajarían para Martin Scorsese en Boxcar Bertha [vd/dvd: El tren de Berta, 1972] y, dentro de nuestro género, escribirían los guiones de Battle for the Planet of the Apes [tv: Batalla por el planeta de los simios; vd/dvd: La conquista del planeta de los simios, 1973], de J.
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