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También tienen su razón de ser momentos como aquel
en que Matilda recupera una de las posesiones de la señorita Honey
utilizando sus poderes telepáticos y acercándose peligrosamente
a la guarida de la directora, quien -detalle genial- afila una de sus jabalinas
haciendo que salten chispas como si de una fragua infernal se tratase. Esa
escena permite que la directora encuentre la cinta de Matilda colgada de
un árbol y persiga a la niña en el último acto de la
película, lo que hace que la tensión entre ambas crezca de
manera notable y todo se resuelva con gran impacto dramático.
Si el personaje de Trunchbull obedece a la costumbre del autor de El
superzorro de exagerar hasta lo inconcebible la maldad de sus villanos
para obtener de ellos una serie de respuestas en su comportamiento de índole
grotesca, también encontramos en Matilda referentes a otros
personajes del mundo literario del escritor. El señor y la señora
Wormwood son tan mezquinos como los padres de los niños que visitaban
la fábrica del señor Wonka (o como las tías que se
ocupaban del protagonista en James y el melocotón gigante)
y éstos últimos hacían gala de feas costumbres, como
el masticar chicle (Violeta Beuregarde) o comer sin límite (Augustus
Gloop). También la niña conocida como Hortensia en el libro
que analizamos hace guarrerías como comer patatas y escupirlas mientras
habla. De esta clase de mocosos mal criados dice Dahl comenzando su relato
que "sólo cuando los padres empiezan a hablarnos de las maravillas
de su descendencia es cuando gritamos '¡Tráiganme una palangana!¡Voy
a vomitar!'". Esta clase de infancia puebla otras obras de su autor,
como la particular versión que da del cuento "Ricitos de Oro
y los tres osos" en sus iconoclastas Cuentos en verso para niños
perversos (en el original, Revolting Rhymes), donde la pequeña
Ricitos ofrece un catálogo completo de mala educación. Por
cierto, y ya que hablamos de poesía, mencionaremos que Dahl hace
una pequeña confesión de sus gustos al insertar un poema de
Dylan Thomas en Matilda, pues el poeta galés era su favorito.
La película de De Vito es, en resumidas cuentas, una exageración
de algunos personajes (el hermano de la protagonista no era tan insoportable
como aparece en la película, ni la cocinera que hace acto de presencia
en la escena de Bruce Bogtrotter y el pastel tan marrana y desagradable),
un cuento de reminiscencias terroríficas góticas cuando se
trata de retratar el mundo de la Trunchbull (y hortera cuando la película
muestra la desidia mental de unos padres cuya vida se reduce a estafar con
coches usados, ir al bingo y ver la televisión). Es también
un compendio de las mejores ideas del libro, a pesar de que se omitan algunas
frases verdaderamente ocurrentes como cuando al señor Wormwood se
le queda pegado el sombrero a la cabeza y su hija pregunta con falsa inocencia
"¿Qué pasa papá? ¿Se te ha hinchado de
pronto la cabeza o algo así?", o la contestación del
niño cuando, al ver a su progenitor con el pelo pintado de otro color
comenta: "Tienes que habértelo teñido. Tiene el mismo
color que el de mamá, sólo que mucho más sucio".
El libro:
Matilda, por Roald Dahl; ilustraciones de Quentin Blake; traducción
de Pedro Barbadillo.
Madrid: Alfaguara, 2002. - 230 p. - Colección Próxima parada
Alfaguara.
La película:
Matilda (Matilda)
Director: Danny De Vito / Productores: Danny De Vito, Liccy
Dahl, Michael Shamberg, Stacey Sher, Nicholas Kazan, Robin Swicord para
Jersey Films / TriStar Pictures / Guión: Nicholas Kazan, Robin
Swicord, según la novela de Roald Dahl / Fotografía:
Stefan Czapsky / Música: David Newman / Montaje: Lynzee
Klingman, Brent White / Intérpretes: Mara Wilson (Matilda
Wormwood), Danny De Vito (Harry Wormwood/narrador), Rhea Perlman (Zinnia
Wormwood), Embeth Davidtz (Miss Jennifer Money), Pam Ferris (Agatha Trunchbull),
Paul Reubens (agente del FBI Bob), Tracey Walter (agente del FBI Hill),
Brian Levinson (Michael Wormwood), Jean Speegle Howard (Miss Phelps), Sara
Magdalin, R.D.
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