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Introducción, por Antonio José Navarro
Una reivindicación del cine de género europeo
Con demasiada frecuencia, el cine estadounidense ocupa un lugar preferente
en el estudio de los géneros fílmicos, desplazando a un discreto
segundo plano a las extraordinarias aportaciones europeas al respecto. El
cine de género fue, durante los años dorados de Hollywood,
uno de los principales pilares sobre los que reposaba su poderío
industrial. Incluso me atrevería a decir que los cuantiosos thrillers,
musicales, películas de aventuras en sus más diversas variantes
-de piratas, safaris, medievales...-, westerns, cine de terror,
ciencia ficción, cine negro, comedias, peplums o films bélicos
que producían los estudios eran el cine de Hollywood. Bien
desde majors como MGM, Columbia, Paramount o 20th Century Fox, o
desde los modestos parámetros de la serie B auspiciada por Republic,
Allied Pictures, Monogram o First National, los géneros hollywoodienses
se erigieron en ejemplo y cúspide de lo que debía ser una
cinta "de" género. En su masiva popularización actuó
de decisivamente el encasillamiento de cierto star system -por
ejemplo Robert Taylor o Stewart Granger eran sinónimo de cine aventuras
caballerescas; James Cagney o Edward G. Robinson se convirtieron en mitos
del cine de gángsters, al igual que John Wayne o Gary Cooper del
western...-: nada tiene, pues, de extraño semejante fenómeno,
ya que el cine estadounidense siempre se ha vendido a través de sus
rostros. Y para acabar de consolidar esta situación, con los años
la crítica europea quedó cautivada por el arte de cineastas
como John Ford, Robert Siodmak, Fritz Lang o Douglas Sirk, autores dentro
del cine de género 1.
El cine europeo -Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania,
España, Polonia, la República Checa, la antigua URSS...-
también ha cultivado, en épocas pretéritas y con gran
éxito cualitativo, el cine de género. Pero, por desgracia,
el Viejo Continente, desgarrado por dos guerras mundiales y agitado por
turbulentos acontecimientos sociales y políticos -la Guerra Fría,
el Mayo del 68...-, no tuvo posibilidad de articular el adecuado entramado
industrial que facilitara su consolidación económica y cultural,
afectando a su actual divulgación y análisis. Con muy notables
excepciones -cf. el cine de terror producido por la compañía
británica Hammer Films-, ¿quién se interesa, desde
una perspectiva crítica, de estudiar y recuperar las numerosas obras
maestras del cine de género europeo? ¿Quién recuerda,
por citar algunos títulos al azar, Malaombra (Mario Soldati, 1942),
El bello Antonio (Il bello Antonio. Mauro Bolognini, 1960), La
Spiaggia (Alberto Lattuada, 1953), Tormento (Raffaelo Matarazzo,
195) -melodramas-, El caballero del antifaz (Un'avventura di
Salvatore Rosa. Alessandro Blasetti, 1939), Don Cesare di Bazan
(Riccardo Freda, 1942), Jolanda, la figlia de il Corsario Nero (Mario
Soldati, 1952), El último vikingo (L'ultimi dei vikinghi.
Giacomo Gentilomo, 1961) -cine de aventuras-, Rufufú (Il
soliti ignoti. Mario Monicelli, 1958), Fantasmas de Roma (Fantasmi
a Roma. Antonio Pietrangeli, 1961) -comedia- , Ciudad violenta
(Cittá, 1970) y Revolver (1973), ambas dirigidas por Sergio
Sollima -policíaco-, Hércules a la conquista de
la Atlántida (Ercole alla conquista di Atlantida. Vittorio Cotaffavi,
1961), Puños de hierro (Maciste contro il vampiro. Giacomo
Gentilomo, 1961) -peplum-, o Da uomo a uomo (Giulio
Petroni, 1967), El día de la ira (Il giorni dell'ira. Tonino
Valerii, 1967) e Il grande silenzio (Sergio Corbucci, 1968) -western-...?
El giallo, una genuina forma de cine europeo
No por casualidad, todas las películas citadas pertenecen a la
cinematografía italiana, sin duda una de las más fecundas
a la hora de frecuentar los géneros fílmicos. Al amparo del
llamado Miracolo económico, Italia conoció un periodo
de esplendor industrial y cultural a lo largo de dos décadas, las
comprendidas entre 1955 y 1975, que convirtió a su cine, gracias
a personalidades como Luchino Visconti, Carlo Ponti, Federico Fellini, Dino
de Lautentiis, Mario Soldati, Alfredo Bini, Roberto Rossellini o Alberto
Grimaldi, entre otros muchos, en uno de los más importantes del mundo.
Un cine que no descuidó el cultivo de los géneros cinematográficos
-el terror gótico, el western, la comedia, el cine de
aventuras, el melodrama...-, primero como principal instigador de nuevas
tendencias y tratamientos estéticos y, posteriormente, como hábil
fabricante de exploits que, con rapaz voracidad y cierta habilidad
creativa, apuraban el éxito cosechado por los grandes blockbusters
estadounidenses.
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 Portada del libro
 Cartel español de Una mariposa con alas ensangrentadas (1971) de Duccio Tessari
 Opera (1987)
 Edwige Fenech en el film Nude per l´assassino
 Cartel español de El asesino del cementerio etrusco
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