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Recuperando LA CIUDAD DE CRISTAL, de Paul Auster
Introducción
El hoy tremendamente popular Paul Auster, que ahora frecuenta con cierta
periodicidad las páginas de los suplementos semanales, está
en boca de los adoradores de la literatura moderna y elitista, y que últmente
escribe cosas como Tombuctú o reedita recopilaciones de ensayos
anteriores a su fama, tuvo unos inicios literarios espectaculares. Antes
de que la popularidad lo domesticase y lo asimilase al mundo de los "normales".
Auster escribió en 1985 tres novelas cortas que considero magistrales
y que formaron la que se llamó Trilogía de Nueva York»,
editadas en nuestro país en 1988 por Júcar en una casi desapercibida
edición de bolsillo y luego recuperadas años más tarde
gracias a la fama posterior de su autor, con todos los honores por Anagrama
en 1996.
La novela que comentamos aquí, La ciudad de Cristal (City
of Glass), es el relato que abre este ciclo neoyorquino que, aunque
puede ser disfrutado por separado, adquiere más valor si completamos
su lectura con la de sus otros dos compañeros de viaje Fantasmas
y La habitación cerrada. Los tres relatos conforman así
un fascinante polígono triangular de espejos, símbolos y simetrías
que ejercen un poderoso hechizo sobre el lector que sepa mantener sus ojos
abiertos a su poder de sugerencia. Disfrazadas sus historias con el aspecto
de tramas detectivescas, los tres relatos evolucionan irremisiblemente hacia
thrillers metafísicos; terroríficos anillos de Moebius
sin final posible en el que la vida de los protagonistas deriva en pesadilla
y estos terminan por arrojar su existencia, como se suele decir, a los cerdos.
En La ciudad de Cristal, una llamada equívoca coloca a
un escritor de novelas policiacas en una pesadilla de indescifrables laberintos
simétricos; en Fantasmas, un detective recibe el encargo de
vigilar a alguien que poco a poco le convertirá en su sombra; y en
La habitación cerrada, un hombre, fascinado por un amigo escritor
desaparecido, se ve inducido a suplantarle como autor, más tarde
se liará con su mujer y acabará finalmente emprendiendo la
búsqueda de éste. Tras estos tres argumentos se esconde una
de las obras literarias más deslumbrantes de los años ochenta,
cuyo poder de fascinación Paul Auster no ha podido superar en obras
posteriores, a excepción de El Palacio de la Luna, menos oscura
e indescifrable que la trilogía, pero puede que su mejor novela,
con mayúsculas, hasta la fecha. Juntas constituyen la base sobre
la que se sustenta el prestigio internacional de un autor cuya obra literaria
posterior, tras este comienzo deslumbrante y coincidiendo curiosamente con
el grado de popularidad que Auster fue adquiriendo entre los lectores, ha
ido perdiendo intensidad. La locura y la atracción del abismo han
ido desapareciendo progresivamente de sus escritos o se ha dejado ver tímidamente
en alguna otra novela como Leviatán, donde el autor regresa
al tema central de La habitación cerrada pero sin el grado
de inspiración de aquella, sus historias se han hecho más
acomodaticias y asequibles para el gran público y han comenzado a
ser adaptadas a la pantalla grande La música del azar (de
Philip Haas,1992), Smoke y Blue in the Face (de Wayne Wang,1995)
y Lulu on the Bridg (del propio Paul Auster,1995).
La Novela
El protagonista de La Ciudad de Cristal es Daniel Quinn, un escritor
de novelas policíacas y de misterio. Quinn escribe esas novelas bajo
seudónimo. Antes, Quinn había publicado libros de poesía
y escrito obras de teatro; también había sido autor de varios
ensayos críticos y bastantes traducciones; pero tras la pérdida
de su esposa y su hijo en un accidente, una parte de él murió
con ellos y Quinn abandonó todo aquello, junto con la gente que conocía,
para ir a refugiarse en Max Work (un personaje de ficción que protagoniza
sus novelas, unas novelas que escribe como otra persona) y vivir en un pequeño
apartamento en Nueva York. Es en esta época cuando recibe unas extrañas
llamadas telefónicas en las que el interlocutor cree estar hablando
con una agencia de investigación y que solicita los servicios de
un detective privado llamado Paul Auster para que le proteja de la persona
que quiere matarle. Quinn decide hacerse pasar por ese detective.
A partir de aquí, con un inicio tópico y recurrente de
una novela de misterio, la historia se adentrará por terrenos resbaladizos
y vericuetos propios de un existencialismo bañado por lo surreal.
Quinn, en su papel de detective, deberá seguir y espiar a un sujeto
que, según parece, pretende matar a su cliente y esta vigilancia
lo borrará, literalmente, del mundo.
A lo largo de sus páginas conoceremos: locos experimentos de aislamiento
para descubrir la naturaleza del lenguaje realizados años atrás,
teorías teológicas enfermizas, caras familiares, personajes
gemelos, seguimientos espías, frases escritas con pisadas, hijos
muertos con nombres familiares, palabras que definen cosas, objetos rotos
sin nombre que los defina, el mundo de los vagabundos, personas que no existen,
nombres falsos, personajes falsos, gente que se encierra, gente que se esconde,
gente que desaparece, gente que pudimos ser y que no seremos, detectives
con nombre de escritor, escritores con nombre de detectives..., hasta llegar
a un final que no solucionará nada.
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