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Los Autores en el Cine Fantástico I
Si alguien hablara de una historia sobre
dos personas que se encuentran en una gigantesca mansión sin saber
cómo han llegado, cuánto tiempo llevan allí ni qué
han hecho antes seguramente muchos pensarían que se trata de un
relato de Philip K. Dick u otro autor de ciencia-ficción;
sin embargo, ese es el argumento de El año pasado en Marienbad
-L'année dernière à Marienbad, 1961- de Alain
Resnais. Si se habla de una película sobre una chica neurótica
que asesina a todos los hombres que intentan acercársele, podría
pensarse que se trata de algo de Cronenberg o incluso de un gore,
pero es Repulsión -Repulsion, Roman Polanski,
1965. ¿Y una historia de un personaje llegado de otra dimensión
que cambia profundamente la vida de una familia? ¿E.T.? No,
Teorema - Pier Paolo Pasolini, 1968. ¿Una historia
sobre una mujer enigmática que vampiriza la personalidad de otra?
¿Un thriller tipo Mujer blanca soltera busca? Pues
no, Persona - Ingmar Bergman, 1966.
Sin embargo, muy rara vez estas películas
aparecen mencionadas en los fanzines o páginas web de cine fantástico.
La anglosajonización cultural que domina hoy en día ha borrado
o pretende borrar el papel que ha jugado el cine de autor europeo en la
historia del género. Muchos aficionados identifican fantástico
hecho en Europa con series B italianas o españolas -Dario
Argento, Paul Naschy, Jess Franco- que sí son
reconocidas porque intentan imitar en la mayor parte de los casos a los
productos norteamericanos. Sin embargo, otras muestras del fantástico
español bastante más interesantes, como pueden ser La
torre de los siete jorobados (Edgard Neville, 1944) o Arrebato
(Iván Zulueta, 1979), son injustamente mucho menos apreciadas.
Es cierto que películas como
las ya mencionadas arriba u otras como Ordet de Carl Dreyer
(1955) o El angel exterminador de Buñuel (1962) no
encajan exactamente en el perfil del terror, la ciencia-ficción
ni de ningún otro género, porque la no adscripción
a ningún género comercial es precisamente una de las características
del cine de autor, pero es difícil negar su influencia sobre casi
cualquier director de cine actual, y muy especialmente sobre los autores
más vanguardistas del género como Cronenberg o Lynch.
Por otra parte, el carácter transgresor que tiene el fantástico,
al negar las rígidas leyes causales y lógicas del cine clásico,
lo hacen muy próximo al rupturismo buscado por el cine de autor
de los 50-60, por mucho que esto pueda extrañar a muchos fans del
género. Precisamente, los que niegan esta relación porque
piensan que las pretensiones intelectuales del cine europeo son opuestas
al espíritu de serie B y producto de explotación comercial
para adolescentes que según el tópico son la esencia del
fantástico, están demostrando más bien un conocimiento
y una comprensión muy superficiales del género, y parecen
estar de acuerdo con sus detractores que lo identifican con basura y con
ausencia de contenido.
En resumen, si lo que define a un aficionado al
fantástico es el gusto por explorar otros mundos o por mezclar realidad
y ficción, y si se sabe ver más allá de los clichés
de naves espaciales y monstruos gigantes, entonces no quedan muchas más
alternativas aparte de reconocer que los universos de Bergman, Buñuel,
Tarkovski o Resnais, al menos en unas cuantas de sus películas,
tienen mucho que ver con la ciencia-ficción y el cine de terror,
y que quien solamente vea películas americanas y piense que los
cines francés, italiano o sueco "son un coñazo"
no puede decir que conoce a fondo el cine fantástico sino sólo
la vertiente más famosa de él.
José Antonio López (Vigo, España).
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