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EL MÁS ALLÁ / KWAIDAN (KWAIDAN / KAIDAN)
Formato:
DVD
Cuatro historias de fantasmas niponas, envueltas en la magia, la fantasía
y un arrebatador sabor pictórico
Ficha técnica:
Director: Masaki Kobayashi / Productor: Shigeru Wakatsuki
para Bunjei/Ninjin Club/Toho Co. Lt./Toyo Kogyo Kabushiki Kaisha / Guión:
Yôko Mizuki, según el libro de relatos de Lafcadio Hearn /
Fotografía: Yoshio Miyajima / Música: Tôru
Takemitsu / Montaje: Hisashi Sagara / Dirección artística:
Shigemasa Toda [Jusho Toda] / Intérpretes: "El pelo negro":
Rentaro Mikuni (marido), Michiyo Arayama (primera esposa), Misado Watanabe
(segunda esposa); "La mujer de la nieve": Tatsuya Nakadai (Minokichi),
Keiko Kishi (Auki), Yûko Mochizuki (madre de Minokichi); "Hoichi":
Katsuo Nakamura (Hoichi), Tetsuro Tamba (guerrero), Takashi Shimura (sacerdote);
"En una taza de té": Kanemon Nakamura (Kannai), Osamu Takizawa
(autor/narrador), Seiji Miyaguchi (anciano), Kei Sato (fantasma samurai)
/ Nacionalidad y año: Japón 1964 / Duración
y datos técnicos: 183/164/125 min. Color 2.35:1.
Comentario:
Kwaidan (Kaidan, 1964) es un film tan magnífico como desconocido.
Está basado en una recopilación de cuentos fantásticos
de igual título de Lafcadio Hearn. Cuatro son los que componen este
film dirigido por Masaki Kobayashi, que obtuvo en 1965 el Premio Especial
del Jurado en el Festival de Cannes: «El pelo negro», «La
mujer de la nieve», «Hoichi, el hombre sin orejas» y «En una taza de té».
Films japoneses de la magnitud de Ugetsu monogatari [tv/dvd: Cuentos
de la luna pálida de agosto, 1953] de Kenji Mizoguchi o Trono
de Sangre (Kumonosu-jo, 1957) de Akira Kurosawa se podrían enmarcan
dentro del género fantástico, pero no únicamente en
él. Es la película de Kobayashi, "la gran referencia
del cine de fantasmas japonés" -según se puede leer
en la carátula de la edición videográfica-, donde el
fantastique es la razón de ser de la cinta, descubriéndose
como una de los más asombrosas y subyugantes obras del cine nipón.
Kwaidan se revela como un clásico no ya del cine japonés,
sino del arte cinematográfico.
«El pelo negro»
El film se abre con este cuento moral, una fábula sobre el verdadero
amor y la ambición: un samurai vive en la pobreza y deja a su mujer
por una vida mejor, volviéndose a casar con la hija de su nuevo señor;
pero tiempo después se da cuenta que sigue enamorado de su primera
esposa y vuelve en su busca, pero tras pasar con ella la noche descubrirá
que el destino es cruel y despiadado, venciendo a su arrepentimiento.
«El pelo negro» sirve de perfecta introducción al mundo
fantástico que deambula por todo el film y para, en mi caso, descubrir
e identificar la puesta en escena de Kobayashi: su estilo que se caracteriza
por una imaginación visual extraordinaria, una narración pausada,
donde abundan los planos generales, donde escasean los diálogos,
donde la duración de los planos es consecuencia del tono escrutador
y mayestático. También reseñable resulta la excelente
reconstrucción histórica, desde unos decorados sublimes a
un vestuario que parecer no perder un detalle. En «El pelo negro»
la aparición de lo extraño en el relato tiene su clímax
en el descubrimiento del samurai de la realidad, donde el sonido y el movimiento
de la cámara muestran el inimaginable horror que se ha apoderado
de él, pero no sólo en ello: ya en su regreso se intuye que
se han producido cambios pese a la aparente normalidad, en la poca cuidada
casa, en el reencuentro de la mujer caracterizado por la brusquedad de la
filmación...
«La mujer de la nieve»
Dos campesinos se ven atrapados en un cobertizo durante un fuerte vendaval
en un día de invierno, cuando la aparición de una extraña
mujer acaba con la vida de uno de ellos, perdonándole la vida al
otro bajo palabra de mantener en secreto lo que vio allí. Así
comienza «La mujer de la nieve», el segundo cuento del film. Es
en este donde la utilización del color ofrece la máxima expresión
llegando a momentos antológicos, utilizándose, la mayoría
de las veces, para diferenciar la estación del año y dotando
al relato de la misma fascinación y misterio que envuelve a la mujer
de la nieve que aparecerá tiempo después y se casará
con el campesino superviviente, dándole un hogar e hijos. Tiempo
después del suceso, y a pesar de la advertencia de la extraña
mujer, el campesino le desvelará lo sucedido en una escena escalofriante,
que aún ahora, tiempo después de haber visto el film, produce
la mayor de las turbaciones, y es que la quietud, la aparente frialdad del
estilo de Kobayashi, se convierte en otro perfecto recurso para la representación
del horror: así la mirada del campesino a su mujer, su rostro descompuesto
y sorprendido ante el alarmante parecido a la extraña mujer que desvela
la mirada de su esposa y la revelación de ésta sobre quién
es, cobra un significado terrorífico gracias a la puesta en escena,
a un verdadero lenguaje fantástico. Sin duda, Kobayashi era consciente
que no basta trasladar en imágenes (vacías) un relato intrínsecamente
sobrenatural para producir miedo, ésas deben ir acompañadas
de una atmósfera genuinamente fantástica, de una puesta en
escena fantástica. La forma debe complementar al contenido.
«Hoichi. El hombre sin orejas»
En el prólogo de este extraordinario relato un músico recita
el enfrentamiento entre los Genji y los Heiké, que se funde con planos
de cuadros que recrean la batalla e imágenes bellísimas de
la misma, donde Kobayashi vuelve a demostrar el extraordinario uso que hace
del color, y donde se aprecia de manera más clara la influencia del
teatro japonés. Hoichi es el músico, un joven ciego experto
intérprete de biwa (un tipo de laúd de cuatro cuerdas). Es
por ello que es solicitado por los fantasmas del clan derrotado en la famosa
batalla que ocurriera setecientos años atrás. El joven biwa-hôshi
(así llamados los intérpretes de biwa que recitaban historias
trágicas) ante esa voz que le reclama (&laqno;Hoichi, Hoichi,
Hoichi...») accede cada noche a interpretar para ellos (sin conocer
quiénes son realmente) los sucesos de aquella batalla. La intervención
de un sacerdote del templo donde vive Hoichi le llevará a desprenderse
de los fantasmas, aunque no del todo... La espléndida fusión
entre lo sobrenatural y la música que fluye del biwa produce en el
espectador una extraña sensación, que oscila entre la belleza
y lo misterioso, entre lo real y lo místico. Las imágenes
inolvidables del film se recuerdan tanto como los sonidos y la cadenciosa
música: Hoichi sentado en una habitación esperando, lleno
su cuerpo de un texto sagrado que lo hará invisible a los espíritus...;
Hoichi sentado en el borde de un pequeño acantilado tocando su biwa
al son que marca el enfurecido mar que vivió la sangrienta batalla;
la llamada seca y terrorífica del fantasma de los Heiké que
va cada noche en su busca... «Hoichi el hombre sin orejas» es
una pieza magistral, en donde la conjunción de una atmósfera
fantástica, la reconstrucción histórica en formato
de leyenda épica y el relato trágico es admirable.
«En una taza de té»
El último de los relatos elucubra sobre el motivo por el cual
algunos de los cuentos fantásticos de la cultura japonesa se han
encontrado inacabados... llegando, en este caso, a una solución que
integra ficción y realidad, fusionándolas en su antológico
final. La imagen de un espectro reflejado en el contenido de una taza de
té resulta realmente atractiva y sugestiva. El samurai, que no puede
dejar de sentirse perseguido por esa extraña aparición, terminará
enfrentándose al aire y a sus propios medios en un relato cien por
cien fantástico que no se priva de algún momento de ironía
y que, con más habilidad e imaginación de la que pudiera parecer,
juega, como ya se ha dicho, a imaginar cuál es la causa del brusco
final del relato. Igual que en los otros tres relatos los movimientos de
cámara se erigen en vitales a la hora de crear desazón e invitar
a pensar en la presencia de lo sobrenatural: si en «Hoichi...»
la cámara se mueve sigilosamente, en «En una taza de té»
la brusquedad está más presente, sobre todo en los planos
oblicuos del primer encuentro o en el intercambio de planos entre el interior
de la taza y el rostro del samurai. La importancia de la luz y de las sombras
cobra un sentido magistral al igual que en «La mujer de la nieve»:
la aparición se ve envuelta en un aura de luz; las sombras de los
tres sirvientes del espectro que visitan al samurai son invencibles en la
asombrosa lucha que éste libra contra aquéllas. No son casuales
los planos dedicados a simples tazas de té que se convierten en un
elemento amenazador y nada agradable, es por ello que, coherentemente, esta
(otra) obra de arte concluya con el plano de una taza de té...
Coda
Masaki Kobayashi (1916-1996) ha realizado 22 películas según
aparece en la incompleta información de la IMBD. Sólo tres
fueron estrenadas en nuestro país: la que ha originado estas líneas,
Harakiri (Seppuku, 1962) y Rebelión (Jôi-uchi: Hairyô
tsuma shimatsu, 1967). Según las fuentes consultadas, Kwaidan
se aleja de los intereses de Kobayashi, siendo mucho más representativo
dentro de su filmografía el mencionado Harakiri o la trilogía
Niugen no joken (1959-1961), ésta un drama antibelicista.
Es una pena, no obstante, que no se pueda conocer la obra de este, intuyo,
excelente cineasta.
Como apunté al inicio de este artículo, Kwaidan
se basa en cuatro cuentos de Lafcadio Hearn. Este escritor y reportero nació
en 1850 y falleció en 1904, vivió sus últimos catorce
años de vida en Japón, donde formó una familia y pasó
a ser japonés con el nombre de Yakumo Koizumi. Escribió, entre
otros, doce libros alrededor de su amado Japón y, aunque su obra
es poco conocida -menos si Jorge Luis Borges no lo hubiera mencionado- es
reconocida entre lo mejor que se haya publicado sobre el país oriental
desde una perspectiva occidental. No se debe, por lo tanto olvidar que detrás
de las excelencias de Kwaidan se encuentra la obra de un escritor
igualmente olvidado y que debería emerger de ese (otro más)
injusto ostracismo.
Anécdotas:
* En 1966 resultó seleccionada al Oscar a la mejor película
extranjera. * En 1964 ganó en los Kinema Junpo el premio al mejor
guión, y en 1965 consiguió el premio especial del jurado en
Cannes y en el Mainichi Film Concours resultó premiado por la fotografía
y la dirección artística. * En algunos países la película
fue amputada, eliminando el segundo episodio, para acortar su duración.
La copia que actualmente circula en dvd, tanto en España por parte
de Filmax como la americana de Critterion, es íntegra. * La historia
"La mujer de la nieve" tuvo una nueva versión en la película
Los sueños de Akira Kurosawa (Yume/Konna yume wo mita, 1990),
de Akira Kurosawa. También, el último sketch de El
gato infernal (Tales from the Darkside: The Movie, 1990), de John Harrison,
pese a ofrecerlo en otro ambiente, es un evidente plagio.
Bibliografía:
Kwaidan, de Lafcadio Hearn; traducción, Carlos Gardini.
Madrid: Siruela, 1987. Colección El ojo sin párpado; 9.
José David Cáceres (Madrid. España)
El presente comentario fue publicado originalmente en la revista Miradas de Cine - http://www.miradas.net/ -. Se reproduce con permiso
de su autor.
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