| LA CASA DE LOS 1000 CADÁVERES (HOUSE OF 1000 CORPSES)
Formato:
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Un contratiempo con el coche obliga a Jerry (Chris Hardwick), Denise
(Erin Daniels), Mary (Jennifer Knowles) y Bill (Rainn Wilson) a hacer un
alto en su viaje durante la noche de Halloween, y deciden acercarse a una
estación de servicio que además es un museo conocido como
el "Museo de Monstruos y Descerebrados"
Ficha técnica:
Dirección y guión: Rob Zombie. / Intépretes:
Sid Haig (Capitán Spaulding), Bill Moseley (Otis), Sheri Moon (Baby),
Karen Black (Mamá Firefly), William Bassett (Sheriff Huston), Chris
Hardwick (Jerry), Erin Daniels (Denise Willis), Jennifer Jostyn (Mary Knowles),
Rainn Wilson (Bill Hudley), Tom Towles (Teniente Georges Wydell) / Producción:
Andy Gould. / Música: Rob Zombie y Scott Humphrey. / Fotografía:
Tom Richmond y Alex Poppas. / Montaje: Kathryn Himoff, Robert K.
Lambert y Sean Lambert. / Diseño de producción: Gregg
Gibbs. / Dirección artística: Michael Krantz. / Vestuario:
Amanda Friendland. / Nacionalidad y año: USA 2003 / Duración: 105 min
Comentario I:
Muchas veces el espectador de películas de terror de serie B afronta
el visionado de cada nueva perla con una postura que resulta difícil
de comprender para alguien ajeno al juego: somos poco exigentes con nuestros
autores; simplemente buscamos un entretenimiento sádicamente naïf,
y no es difícil cumplir nuestras expectativas; simplemente hace falta
un poco de sentido del humor, una casa alejada de la civilización
y más de un cadáver.
Podríamos decir que es una forma distinta de ver cine, quizás
algo infantil: nos gusta ver los argumentos de siempre; no queremos tener
quebraderos de cabeza, sólo esperamos la espectacular aparición
del monstruo final. Y en el riguroso respeto a estos tópicos se mueve
la primera película como director de Rob Zombie, La casa de los
1000 cadáveres.
El film se ve abrigado por una fabulosa recreación estética
de todo tipo de títulos de la serie B americana de los setenta y
ochenta; aún más, sabe superar el mero tic cinéfilo
de citar y citar obras conocidas para, en lugar de ello, conseguir una atmósfera
de miseria y corrupción, de invitación a la arcada muy propia
de estos títulos mentados. En definitiva, el film elude toda pretensión
culturalista y/o deconstructiva, con el propósito de erigir una cinta
sencilla y contundente, que bien podría confundirse entre toda la
morralla de las estanterías de video-club de antaño. Y se
agradece esa humildad, propia de los directores más encallecidos,
de no querer apostillar a cada fotograma.
A su vez, la recreación estética de las barracas de feria,
los trenes de la bruja, payasos beodos, clanes familiares psicópatas,
maizales abandonados, carreteras poco transitadas, resulta impecable. No
podemos olvidar la rudeza de films de Tobe Hooper como la célebre
La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) o
La casa de los horrores (The Funhouse, 1981).
Entretanto, disfrutamos de la función aún yendo en todo
momento un paso por delante de la película, que no depara ninguna
sorpresa. El goce estético de este cárnico vergel, salpicado
de verdes descompuestos y rojos escupidos, como viñetas de un comic
de la EC, ya nos compensa, dado que Rob Zombie no pretende una labor original
tras la cámara; antes bien, lo suyo es una labor mimética,
donde recrea con cierta holgura de medios lo que los viejos artesanos resolvían
con huesos de animales e hígados de pollo.
El problema se plantea cuando a Rob no le quedan más cartas por
mostrar: una vez hemos entrado en su propio Tren de la Bruja y conocemos
los decorados, nos vemos en la incómoda tesitura de esperar a que
los personajes salgan de los subterráneos.
Y perdido ese factor sorpresa, aprehendida esa estética de lo
bizarro, poco más podemos encontrar en la película. Quizás
por eso se resiente la parte final del metraje, cerca de media hora en la
que, aprendida la buena caligrafía de Rob Zombie, hemos de esperar
a un desenlace que ya intuíamos desde los primeros minutos de proyección.
Finalizada la proyección, queda un buen sabor de boca, se aprecia
la mala baba del realizador, incluso cierto talento visual para las imágenes
extremas, pero acabamos echando en falta más cosas que contar. Quizás
el film haya supuesto para el realizador una liberación; una forma
de exorcismo de esos films que le obsesionaron en la adolescencia. Una vez
libre de estos fantasmas, esperemos su siguiente película: Rob Zombie
ama la serie B como ya demostró al mando del grupo de rock White
Zombie; esperemos a ver qué más puede engendrar una mente
educada con la Fangoria y los films de Romero, Craven y Hooper.
David G. Panadero (Madrid, España)
Comentario II:
Aunque no está a la altura de los filmes de culto a los que pretende homenajear, La casa de los 1.000 cadáveres resulta ser un divertimento sano y sensato, al menos para aquéllos a los que la demencia y el gore son motivo de disfrute. Tal vez se deba a la inexperiencia como director de largos de Rob Zombie, un rockero y no un cineasta, o a su pretensión de intentar meter muchas cosas o a la sensación que se desprende a veces de que Zombie escribió el guión tras los efectos alucinógenos de alguna droga de diseño o tras un mal sueño. Eso no quita para que la película sorprenda y reafirme (tras otras producciones como Cabin Fever, también comentada en esta misma web) que el terror está viviendo un retorno al clasicismo (cuidado con este término, no obstante), no tanto en las formas cuanto en los contenidos, de mano precisamente de una generación cultivada en los filmes de los setenta y ochenta. Es decir, que tras una década y media de soportar nefastas producciones protagonizadas por y para adolescentes en estado de celo constante, el terror vuelve no sólo como arte (con la mala leche y atrevimientos que exige el género) sino además como medio de crítica social.
La casa de los 1.000 cadáveres tiene un planteamiento muy sencillo: coche con dos parejas de viaje por la América profunda que se encuentra con familia de psicópatas que hará toda suerte de tropelías con ellos, es decir, La matanza de Texas, madre de todas las madres, germen del que podría decirse que nació el género del splatter y auténtico revulsivo entonces (se estrenó en 1974) y hasta ahora nunca superada.
El argumento, adornado con una parafernalia terrorífica donde no faltan los payasos asesinos, los mad doctors sádicos, los niños deformes, los perturbados mentales e incluso los ritos satánicos, permite a Zombie profundizar en esa América del interior, la genéticamente incorrecta, la olvidada, la de películas como Deliverance, La última casa a la izquierda o Las colinas tienen ojos, y ofrecernos una imagen de la bandera americana salpicada de sangre inocente, de manos de unos sádicos sin escrúpulos para los que la palabra Dios tiene un significado mordaz y profano, para los que la piel, la carne ajena, no son más que barro con el que moldear las propias obsesiones y crear deformaciones de la realidad, monstruos de unas mentes fuera de toda lógica, ajenas al concepto del bien y del mal que todos conocemos. La crítica es tan sutil que requiere su esfuerzo, entre tanta salpicadura y mutilación, pero afortunada y más en estos tiempos de cólera que vivimos.
Como diversión, en especial para amantes del gore, es un filme que contiene muchos elementos atractivos, comenzando por el empleo de la música, la ambientación malsana y la sugerente fotografía, y que, pese a una primera mitad irregular, se pasa volando y ofrece momentos delirantes y terroríficos, porque no olvidemos que el auténtico miedo lo inspiran las cosas más cotidianas, las más normales: quedarse sin gasolina en una carretera solitaria, de noche, en compañía de una preciosa autoestopista a la que parece faltarle un tornillo… Eso sí que puede dar miedo, si uno lo piensa detenidamente…
César Ibáñez (Madrid. España)
Anécdotas:
* La película se filmó en el año 2000, pero no pudo distribuirse hasta este año, ya que la Universal se apeó del proyecto, temerosa de que el filme obtuviera una clasificación moral demasiado alta. * En EE.UU. se distribuyó una copia de sólo 88 minutos, con numerosos cortes en las escenas más violentas, de sexo explícito o necrófilas. * Algunos nombres de personajes están sacados de películas de los Hermanos Marx: Capitán Spaulding, Rufus Firefly y Otis Driftwood. Otro personaje se llama Jerry Goldsmith, como el famoso compositor de bandas sonoras: ¿casualidad o venganza? * Las escenas de tortura, la masturbación de Baby con el cadáver, así como los títulos de crédito, los filmó Rob Zombie en el sótano de su propia casa con una cámara de 16 mm en mano. * El propio Zombie hace un cameo (¡apenas dos segundos de metraje!) como el ayudante del Dr. Wolfenstein, papel que se había asignado a sí mismo, inicialmente. * Karen Black, la mamá Firefly en la peli, fue actriz fetiche en numerosas producciones de la década de los setenta (¿quién no la recuerda junto a Charlton Heston en Aeropuerto 75?). * Rob Zombie, creador y solista del grupo de heavy metal White Zombie, también es compositor de muchas canciones de películas, entre otras en: Daredevil, Matrix, Misión Imposible 2, El Rey Escorpión, Escape de L.A., La Novia de Chucky, El Cuervo, etc.
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