| HUNTER (MANHUNTER)
Formato:
DVD
William Graham, agente del FBI retirado que posee una especial habilidad para penetrar en la mente de los asesinos, es requerido por su antiguo jefe, Jack Crawford, para reincorporarse y detener a un serial-killer que sólo ataca los días de luna llena. Con el fin de intentar comprender las motivaciones del impredecible psicópata, rinde visita a un viejo conocido con el que tuvo un enfrentamiento en el pasado que le causó graves secuelas: el Dr. Hannibal Lecktor.
Ficha Técnica
Director: Michael Mann / Productor: Dino De Laurentiis, Richard A. Roth / Guión: Michael Mann, sobre la novela "El Dragón Rojo", de Thomas Harris / Fotografía: Dante Spinotti / Música: The Reds, Michel Rubini, Klaus Schulze / Montaje: Dov Hoenig / Diseño de producción: Mel Bourne / Intérpretes: William Petersen (Will Graham), Kim Greist (Molly Graham), Joan Allen (Reba McClane), Brian Cox (Dr. Hannibal Lecktor), Dennis Farina (Jack Crawford), Tom Noonan (Francis Dollarhyde), Stephen Lang (Freddy Lounds)... / Nacionalidad y año: USA 1986 / Duración y datos técnicos: 119 min. 2.35: 1
Comentario
Está claro que Michael Mann tenía mucho terreno ganado al tomar la inteligente decisión de adaptar la magnífica novela "El Dragón Rojo", de Thomas Harris, un material literario que ya de por sí aseguraba, en términos normales y salvo despropósito mayúsculo, un producto cinematográfico de cierto nivel. Y las previsiones no fueron desacertadas, pues el realizador de la magistral Heat (1995) tuvo la habilidad suficiente para crear un thriller psicológico adulto y sugestivo, desencantado y subyugante, centrado en los avatares de una compleja investigación policial recreada con toda minuciosidad y, fundamentalmente, en la introspección en la personalidad de un agente atormentado en constante lucha interna consigo mismo.
A pesar de que el cine de Mann ha sido acusado, en repetidas ocasiones, de efectista, exhibicionista y vacío, en este caso es innegable que siempre opta por eludir la muestra de elementos escabrosos o truculentos, permitiendo que la mente del espectador se encargue de imaginar el horror de los crímenes cometidos por un serial-killer (desasosegante composición de Tom Noonan), perturbador y temible ya desde su primera y tardía aparición en pantalla en una escena de tensión e inquietud ejemplares coronada por una resolución impactante a la par que sorpresiva. Así pues, lo único que presenciaremos son los macabros escenarios de los crímenes y las consecuencias de las inenarrables atrocidades y aberraciones de este enfermo mental, de modo que la contención domina la mayoría de la historia, algo que se agradece por parte del que esto escribe.
Sin embargo, resulta más interesante, al fin y a la postre, seguir el torturado recorrido del héroe de la función, un agente del FBI retirado con pasado tormentoso y problemas psicológicos que vuelve a su trabajo para atrapar al criminal de marras. Para obtener alguna pista que encauce su camino, deberá visitar a un viejo conocido al que detuvo él mismo, el inquietante Dr. Lecktor (que no Lecter), interpretado con una brillantez asombrosa por parte del británico Brian Cox en los breves momentos de los que dispone, ya que la participación de su fascinante personaje se sitúa en un plano muy secundario, casi anecdótico. Tanto es así, que suscita la amarga sensación de saber a poco, de haber sido un filón un tanto desaprovechado teniendo en cuenta las enormes posibilidades de tal papel (como después se demostraría en la exitosa El silencio de los corderos, The Silence of the Lambs, 1991). De todos modos, nuestro psiquiatra caníbal tampoco posee una presencia excesivamente relevante en la novela; sólo es un elemento que contribuye de alguna manera en la investigación policial, asumiendo mayor protagonismo en la siguiente novela de Thomas Harris, "El silencio de los inocentes", donde se erige definitivamente en rey del relato.
Pero volvamos al personaje principal, encarnado por un acertado William Petersen, el hombre que nos transmite reflexiones apasionantes sobre la ambigüedad del ser humano y la fina línea que separa la cordura de la locura. Este policía posee la cualidad de comprender las acciones del psicópata, estando muy cercano a sus pensamientos, sumergiéndose en la mente del psycho-killer para averiguar sus motivaciones. Especialmente significativas son las escenas del supermercado donde confiesa a su hijo que llegó a dejarse arrastrar por el lado oscuro y aquellas que comparte con el Dr. Lecktor, el lúcido psiquiatra que plantea interesantes teorías sobre el ánimo de los asesinos por emular la crueldad del propio Dios para asemejarse a él.
Por otro lado, una de las virtudes más estimables de este infravalorado film es la sensacional labor en la fotografía del gran Dante Spinotti, habitual y fiel colaborador de Mann, al reflejar de forma absorbente una estética estilizada, elegante, cuidada y cromática, haciendo uso de colores saturados y de una iluminación que acentúa cada situación que es menester. Este aspecto visual confiere a la película la capacidad de motivar convenientemente al espectador, mostrándole el blanco impoluto y aséptico de la celda del Doctor Lecktor, el rojo intenso de la sala de investigación científica, el plácido azul relativo al mar y el cielo...
Así mismo, considero importante destacar el eficaz y sobrio trabajo de cada uno de los excelentes actores que integran el reparto: William Petersen, Brian Cox y Tom Noonan, ya mencionados, y también Dennis Farina, que da vida a Jack Crawford, y Joan Allen, la mujer ciega que, por cierto, interviene en una escena de gran belleza acariciando a un tigre sedado.
No obstante, no es menos cierto que Hunter se encuentra lastrado por varios defectos que, a mi entender, no impiden que podamos considerarlo como uno de los mejores thrillers de los 80. A saber: La discutible selección musical "ochentera" que, si bien resulta muy efectiva en el clímax final e incluso logra tener un efecto climático, es un tanto cansina e inadecuada en ciertos pasajes; algún que otro bajón de ritmo que perjudica sensiblemente el suspense y la tensión tan bien creados en determinados instantes; el ligero aroma a telefilm que cabe percibir del otrora realizador de la serie Corrupción en Miami; y el exagerado énfasis en las diatribas psicológicas y morales del protagonista relegando a un segundo plano otros frentes abiertos.
En definitiva, éstos son algunos de los defectos que, por fortuna, Michael Mann solventaría con posterioridad en la ya citada Heat, cumbre absoluta de la filmografía del autor.
Bibliografía
HARRIS, Thomas: El Dragón Rojo; traducción de Elisa López Bullrich. Barcelona: Debolsillo, 2003. Colección: Bestseller; 484/1 - Biblioteca Thomas Harris; 1. Traducción de: Red Dragon.
Manel Lledó Bertomeu (Alicante. España)
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