| EDUARDO MANOSTIJERAS (EDWARD SCISSORHANDS)
Formato:
Ambos
Una inacabada creación de laboratorio con tijeras en lugar de manos, a quien su padre "científico" le puso por nombre Edward, se dispone a conocer el mundo tras la muerte de aquél, quien le mantuvo alejado de todo y de todos en una gran mansión. Peg Boggs, una amable vendedora de cosméticos, será quien lleve de la mano a Edward en su primera intromisión en la ciudad. Allí conocerá a sus rutinarios habitantes, quienes al principio le adorarán por sus tareas de jardinero y peluquero. Pero la aceptación de Edward por parte de los vecinos se convertirá en miedo y rechazo.
Ficha Técnica Director: Tim Burton / Productores: Denise DiNovi y Tim Burton para 20th Century Fox / Guión: Caroline Thompson según un argumento de Tim Burton y Caroline Thompson / Fotografía: Stefan Czapsky / Diseño de producción: Bo Welch / Decorados: Rick Heinrichs, Paul Sonksi, Ann Harris y Cheryl Carasik / Música: Danny Elfman / Efectos Especiales: Peter Kuran y Michael Wood / Vestuario: Colleen Atwood / Maquillaje: Ve Neill y Stan Winston / Intérpretes: Johnny Depp (Eduardo Manostijeras), Winona Ryder (Kim Boggs), Diane Wiest (Peg Boggs), Alan Arkin (Bill Boggs), Robert Oliveri (Kevin Boggs), Vincent Price (inventor), Anthony Michael Hall (Jim) / Nacionalidad y año: USA 1990 / Duración y datos técnicos: 98 min. Color DeLuxe
Comentario Tim Burton no cesa en su empeño de llevar a cabo proyectos completamente personales con envoltorio de superproducción. Esta lección la aprendió cuando se embarcó en ese blockbuster del verano de 1989 llamado Batman. Y fue este filme precisamente el que le proporcionó la confianza necesaria por parte de los estudios para rodar un proyecto que desde hacía años tenía en mente: la historia de un hombre que tiene tijeras en lugar de manos, una imagen que, como la del niño-ostra o la niña con clavos en los ojos, le rondaba la cabeza desde su infancia. Concebido como un moderno cuento de hadas, Eduardo Manostijeras es el más fiel reflejo de las obsesiones de su director: la dialéctica existente entre lo diferente y lo cotidiano, lo monstruoso frente a lo vulgar. Su protagonista es una más de esas víctimas de la hipocresía social. Su mundo, el castillo en el que vive recluido, es la materialización de la pureza, alejado de toda contaminación que supone el contacto con la realidad cotidiana. Un mundo, en fin, de ensueño (y que obtiene su metáfora más perfecta en esa máquina de hacer galletas inventada por su padre-científico, un Vincent Price coronando su larga filmografía antes de la muerte, tanto en la realidad como en la ficción). Tan sólo una verja lo separa de la urbanización donde se desarrolla la historia, una hilera de casas de tonos pastel donde existe una supuestamente tranquila y apacible vida: la materialización de una sociedad de plástico, cuyos valores humanos han quedado velados por las barbacoas, las camas de agua y la televisión por cable. Es la negación absoluta de la imaginación y la fantasía. Conceptos que Eduardo, una vez penetra en esa realidad que no le pertenece, pretende trasladar a sus jardines y a sus peinados. En su visita al mundo exterior, el protagonista aprende lo que es el odio y el engaño. Sus tijeras, que en su hogar era lo que le permitía crear esas fascinantes obras de arte, son aquí las que producen dolor. La incomprensión y la intolerancia acabarán por devolver a Eduardo a su lugar de origen. Incapaz de acariciar a un ser querido sin hacerle daño, forzado a portar máscara en un mundo de apariencias, es condenado a vivir eternamente en su antigua mansión. Pero, en su soledad, siempre hallará un refugio al que acudir en sus momentos más afligidos, lo único verdadero que pudo encontrar en aquel mundo de ficción: el amor de Kim, la hija adolescente del matrimonio que le acogió en su hogar. Es éste un lenguaje que ya conocía en su mundo, el sentimiento que le unía al científico que le creó. En el desarrollo de esta idea, el director se permite conjugar una serie de estilos contrapuestos: la maravillosa escenificación de cuento navideño, que adquiere su máximo valor en la secuencia del baile de Kim bajo la nieve creada por Eduardo; el tenebroso castillo abandonado con el ático de techo semiderruido donde tiene lugar el encuentro de Peg con Eduardo recuerda los viejos filmes de la factoría Hammer; ese mundo juvenil típico de las comedias estudiantiles de los 80, con los dormitorios inundados de fotografías que encumbran a sus ídolos; etc. Pocas veces se ha realizado con tanta delicadeza una declaración de principios tan bella en forma de amargo poema romántico. Sin duda la obra más personal de Burton, Eduardo Manostijeras se constituye como un auténtico alegato contra la hipocresía y la mezquindad de la sociedad, al mismo tiempo que le permite a su director realizar un particular homenaje a toda la imaginería del cuento infantil en su máximo grado de elegancia formal, conjugando la primorosa calidad plástica de la forma con la profundidad fabuladora de sus contenidos.
Anécdotas * Entre los reconocimientos que ha conseguido, figuran los siguientes: nominación al Oscar de la Academia en 1991 por el Mejor Maquillaje; premio de la British Academy Awards en 1992 al Mejor Diseño de Producción, y nominación al Mejor Diseño de Vestuario, al Mejor Maquillaje y a los Mejores Efectos Visuales; nominación a los Globos de Oro en 1991 al Mejor Actor de Comedia/Musical para Johnny Depp; premio Hugo en 1991 a la Mejor Película Dramática. * En un principio el papel de Eduardo fue pensado para que lo encarnase Tom Cruise, pero éste finalmente lo rechazó, según parece, porque el personaje no era lo suficientemente "masculino". Al final, tanto Johnny Depp como Burton quedaron más que satisfechos con el resultado. * Vincent Price, ídolo de Burton, hace una breve y profética aparición como inventor que muere antes de ver acabada su obra. Fue su última intervención cinematográfica. Años antes había puesto la voz en el cortometraje de animación Vincent, realizado por el propio Burton para la casa Disney. Sami Natsheh y Manuel J. Rodríguez (Alicante. España)
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