| FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY (MARY SHELLEY'S FRANKENSTEIN)
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Ambos
El doctor Frankenstein está obsesionado con la vida artificial. Cuando se halla estudiando en la Universidad conoce a un profesor que será un eje crucial en la creación conjunta de un hombre a partir de miembros de cadáveres... Pero el logro no resulta ser perfecto, tal como esperaba...
Ficha Técnica
Director: Kenneth Branagh / Productores: Francis Ford Coppola,
James V. Hart y John Veitch / Guión: Steph Lady y Frank Darabont,
según la novela de Mary Wollstonecraft Shelley / Fotografía:
Roger Pratt / Música: Patrick Doyle / Efectos especiales:
Daniel Parker (maquillajes) / Montaje: Andrew Marcus / Intérpretes:
Kenneth Branagh (doctor Victor Frankenstein), Helena Bonham Carter (Elizabeth/monstruo
hembra), Robert De Niro (criatura), Thomas Hulce (Henry Clerval), Aidan
Quinn (capitán Walton), Ian Holm (Barón Frankenstein), John
Cleese (Dr. Waldeman), Robert Hardy (profesor Krempe), Richard Briers (abuelo),
Cherie Lunghi (madre de Victor), Trevyn McDowell (Justine), Celia Imrie,
Gerard Horan, Mard Hadfield, Patrick Doyle... / Nacionalidad y año:
USA 1994 / Duración y datos técnicos: 119 min. Color
Scope.
Comentario
Tras el éxito multinacional de la opera prima de Kenneth
Branagh, la oscura Henry V (Henry V, 1989), el director británico
fue llamado a Estados Unidos por el productor/director Sidney Pollack para
realizar Morir todavía (Dead Again, 1991), primera
y fascinante incursión de Branagh al cine fantástico por completo
subvalorada. Ahora, otro productor/director, Francis Ford Coppola, tras
su magistral Bram Stoker's Dracula ha decidido contar con el autor
de Los amigos de Peter para esta segunda (y, por desgracia, última)
entrega de su personal ciclo de novelas góticas adaptadas a la pantalla.
No cabe duda que la versión de Branagh lo tenía difícil:
por un lado, existía por delante todo el aluvión inconmensurable
de previas adaptaciones de la novela, algunas muy fieles (el Fran-kenstein
televisivo de Dan Curtis, las versión sueca de Calvin Floyd con
Victor Frankenstein), otras incomparables obras maestras (La novia
de Frankenstein de James Whale o La venganza de Frankenstein
de Terence Fisher); por otro lado, la previa aportación de Coppola
y su visión del rey de los vampiros provocaría inevitables
comparaciones. Sea como fuere, Branagh ha caído en la trampa y ha
procurado realizar su Mary Shelley's Frankenstein al modo, tal vez,
como hubiera hecho el propio Coppola y ahí estriba el mayor defecto
de esta película.
Branagh ha intentado en todo momento que su adaptación sobresaliera
de las demás como la más compleja y artística. Lo mismo
hizo Coppola con su Drácula, pero el realizador americano
consiguió glosar en su film referentes cinematográficos,
literarios, pictóricos y hasta operísticos, logrando una
película de gran riqueza conceptual y narrativa, perfectamente integrada
con la evolución del relato, aún con sus imperfecciones. Frankenstein
de Mary Shelley, por su parte, no ha pretendido ser tanto una síntesis
de los previos Frankensteins existentes (más que nada porque la cinefilia
de Branagh nada tiene que ver con la cinefilia de Coppola: si aquél
realizó en Morir todavíaun homenaje a Welles
y a Hitchcock es porque se trata de directores que arrastran un prestigio
cultural, sin embargo Whale y Fisher no deben ser para él más
que unos especialistas en cine de género), sino aprovechar todas
las resoluciones visuales de Coppola en su cinta y vampirizadas hacerlas
pasar por propias. Ello conduce a esa sobresaturación de planos epatantes,
esa mareante sucesión de travellings circulares (y es que
Branagh ha debido verse cien veces el Encadenados de Hitchcock antes
de iniciar su carrera en el cine), ese tono mayestático que inunda
la película de principio a fin.
Por otro lado, resulta curioso comprobar la labor de adaptación
que han efectuado los guionistas del film y que demuestra, una vez más,
que los artistas -y por ende, la sociedad- de finales del siglo XX se muestran
más moralistas que los de principios del siglo XIX. Y si no, fijémonos
en la escena en la cual el monstruo es descubierto por la multitud y es
atacado al considerarle el causante de la epidemia que asola la ciudad:
de ese modo se justifica la intolerancia de la murga con aquellos que son
diferentes. O aquélla otra de la muerte de Justine, la criada de
los Frankenstein: en la novela es juzgada por la muerte del hermano de Victor
y ella asegura ser inocente, confiando que la justicia prevalecerá,
para al final ser ejecutada; por su parte, los guionistas han hecho que
sea linchada por una muchedumbre enfurecida, para que así no quede
la menor duda de que la justicia es, ante todo, justa.
Sin embargo, pese al tono un tanto egocéntrico y soberbio de los
resultados, el abajo firmante se ha sentido satisfecho de la contemplación
del filme. Momentos como el inicial, con los exploradores del Polo escuchando
atemorizados unos aullidos que no pueden ser humanos pero tampoco son animales,
la de la conversación de Victor Frankenstein con su criatura dentro
de la cueva, o los instantes de mayor hondura dramática que implican
al monstruo (enorme, impresionante Robert de Niro) cubren con creces, a
mi juicio, el tonillo aleccionador de Kenneth Branagh en su película,
cuyo mensaje, en última instancia parece ser: "Los demás
habían hecho peliculitas de miedo; yo he hecho arte".
Conviene resaltar, por último, la soberbia labor de los intérpretes,
donde el peor de todos, sin aparecer por ello execrable, resulta ser el
propio Branagh: está en exceso preocupado en enseñar los
pechos al modo de Charlton Heston y en gritar como si de una adaptación
shakespeariana se tratara. Tanto Thom Hulce como John Cleese, en
apariencia condenados a ser meros payasos en previas películas, se
muestran prodigiosos en sus cometidos. Helena Bonham Carter confirma una
vez más lo cómoda que se siente con ropajes de época.
El sólido Ian Holm, veterano ejemplar de lo que suele llamarse "esos
grandes actores británicos", aporta algunos de los momentos
grandiosos de la cinta. Pero, resulta inevitable volver a citarlo, Robert
de Niro, actor en muchas ocasiones histriónico, otorga sin embargo
en esta película una de sus más sinceras, emocionadas y emocionantes
interpretaciones de su prodigiosa carrera. Sólo por él ya
vale la pena ver este pretencioso pero conseguido Kenneth Branagh's Frankenstein.
Anécdotas
*Premios: Oscar (1995): nominación al maquillaje. British Academy
(1995): nominación al diseño de producción.
Bibliografía
Frankenstein o El moderno Prometeo / por Mary W. Shelley
; edición de Isabel Burdiel ; traducción de Mª Engracia
Pujals / Madrid : Cátedra, 1996 / Colección Letras universales
; 230 / Traducción de: Frankenstein. * Frankenstein:
una novela de Leonore Fleisher, basada en el guión de Steph Lady
y Frank Darabont ; traducción de Roser Berdagué / Barcelona
: Plaza & Janés, 1995 / Colección Plaza & Janés
éxitos, s/n / Traducción de: Mary Shelley's Frankenstein.
Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)
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