| LA MANSIÓN DE LOS CRÍMENES (THE HOUSE THAT DRIPPED BLOOD)
Formato:
DVD Importación
Un agente de Scotland Yard llega a un pequeño pueblo para encargarse de investigar la desaparición de una estrella de cine; al poco el agente de la comisaría local le informa de que la desaparición del citado actor no es el único suceso extraño que ha tenido lugar en la casa donde este vivía…
Ficha Técnica
Dirección: Peter Duffel. Productores: Max Rosenberg, Milton Subotsky para Amicus Prod. Guión: Robert Bloch, según relatos propios. Fotografía: Ray Parslow. Música: Michael Dress. Montaje: Peter Tanner. Intérpretes: John Bennett (inspector Holloway), John Bryans (A. J. Stoker), John Malcolm (sargento Martin); Method of Murder: Denholm Elliott (Charles Hillyer), Joanna Dunham (Alice Hillyer), Tom Adams (Dominick), Robert Lang (Dr. Andrews); Waxworks: Peter Cushing (Philip Grayson), Joss Ackland (Neville Rogers), Wolfe Morris (propietario del museo); Sweets for the Sweetie: Christopher Lee (John Reid), Nyree Dawn Porter (Ann Norton),Chloe Franks (Jane Reid); The Cloak: Jon Pertwee (Paul Henderson), Ingrid Pitt (Carla Lynde), Geoffrey Bayldon (Theo von Hartmann), Joanna Lumley (chica). Nacionalidad y año: Gran Bretaña 1971. Duración y datos técnicos: 102 min. color 1.85:1.
Comentario
Pese a que la Hammer es tal vez la más famosa productora de cine de terror británico, no es la única que hizo de este género su bandera durante los años sesenta y setenta. Junto con la casa del martillo, hubo otras productoras que, normalmente con medios aún más paupérrimos que ésta, brindaron a los espectadores interesantes películas de terror. De todas ellas la Amicus fue, tal vez, la más famosa, gracias a sus films de sketches, todo un género en sí mismas: La mansión de los crímenes (The House that Dripped Blood, 1971) es una buena muestra del trabajo de esta productora.
Como he comentando, la obra de la Amicus se centró, en buena medida, en las películas de terror de sketches; éstas no eran películas de episodios al uso, donde cada historia es independiente de las anteriores aunque presenten una temáticas similar, sino que cada episodio es una historia inserta en una trama mayor; sea esta, por poner un ejemplo, un extraño personaje que lee la buenaventura a sus compañeros de viaje en un tren -Doctor Terror (Doctor Terror’s House of Horrors, 1965)-; sea una serie de entrevistas con pacientes en un centro psiquiátrico -Refugio macabro (Asylum, 1972)-; sea, como en la obra que nos ocupa, una investigación policial centrada en ciertos sucesos acaecidos en una aparentemente tranquila casa de campo. Podría decirse que las películas de la Amicus beben, por tanto, de la fundacional, dentro del cine de género británico, Al morir la moche (Dead of Night, 1946), clásico del género donde una reunión de amigos en una casa de campo daba pié a que estos fuesen relatando distintas experiencias que habían tenido con lo extraño.
Como ocurre con este tipo de películas, La mansión de los crímenes puede examinarse, por tanto, desde dos perspectivas. Una más general, donde se apreciaría el resultado global de la obra, y otra más específica centrándonos en la calidad de los diversos episodios. En esta ocasión me centraré primero en el segundo de los análisis, para luego valorar el resultado global del film.
Señalar, antes de nada, que en esta ocasión la película se compone de cuatro historias, inspiradas en igual número de relatos de Robert Bloch, quien también se encarga de la adaptación de estos a la gran pantalla y de crear ex profeso la narración-base. El tono de los mismos es bastante variado, lo que agiliza el ritmo de la historia.
El primero de los episodios Method of Murder. Es una historia relativamente clásica en la que un escritor, que ha alquilado la casa para pasar unos meses en ella trabajando acompañado de su esposa, se ve acosado por las visiones de su última creación literaria: un brutal asesino estrangulador. Algo previsible con el tradicional giro final de este tipo de producciones, para quien esto suscribe, lo mejor de este episodio son las apariciones de ese asesino aparentemente escapado de la imaginación del escritor. De aspecto fantasmal, casi hierático salvo su sonrisa o sus crueles carcajadas; visto su aspecto y algunas de sus apariciones, cabe preguntarse si esta obra pude influir en el diseño de cierto personaje de esa serie de culto que es Twin Peaks, al menos a la hora de crear ciertos elementos de la expresión corporal del mismo.
El segundo de los capítulos, Waxworks, narra la obsesión de un hombre solitario por una de las figuras que pueblan un peculiar museo de cera; es tal vez el que más flojea dentro de la historia, no tanto por la falta de calidad del mismo (es una historia solvente, pese a que el final vuelva a patinar), como por estar cogida bastante por los pelos en lo que se refiere a su vinculación con la casa, ya que la acción se centra en el pueblo y el museo de cera que da nombre al título. Este último es uno de los elementos más logrados de un episodio al que da la sensación de que se le podría haber sacado bastante más juego de haber sido introducido en otra película donde no tuviesen el condicionante de vincular los sucesos a la casa. Eso sí, Peter Cushing nos brinda, como siempre, una solvente interpretación.
La tercera, Sweets to the Sweet, eleva, en gran medida, la calidad de la película. Es una historia verdaderamente inquietante, centrada en un rígido y estricto hombre de negocios, su angelical hijita y la institutriz de ésta. La historia, cuya trama no desvelaré para que puedan disfrutarla sin influencias previas, es potente, con leves toques de suspense y una atmósfera muy lograda que se va haciendo más opresiva por momentos. Las interpretaciones brillan a buena altura, especialmente Lee y la niña, y el final es sencillamente brutal. Una pequeña joya del terror condensado en escasos minutos.
La película se cierra con The Cloak, único sketch basando en un relato de Bloch que he tenido el placer de leer. Cuento y película presentan un punto de partida en común; la compra por parte del protagonista de la historia (en una lóbrega tienda) de lo que según el dependiente es una verdadera capa de vampiro, dando lugar a una serie de extrañas situaciones. Lo cierto es que estamos ante uno de esos extraños casos en que al trasladar la obra a la pantalla ésta se ve mejorada. El cuento tenía un punto de partida interesante, amén de un final bastante simpático, pero su desarrollo era algo soso y precipitado. En la película esto no es así, gracias al trasfondo escogido, el rodaje de una película de vampiros protagonizada por un actor bastante endiosado, por lo cual la historia avanza un ritmo más que notable. Se trata de una historia sazonada con bastante humor negro y cierto espíritu auto-paródico, lo que, de paso, ayuda a que nos olvidemos de unos efectos especiales algo deficientes, y con la inestimable presencia de uno de los iconos del cine de vampiras: Ingrid Pitt.
En lo que se refiere al conjunto de la película, es bastante coherente y cohesionado, aunque en ocasiones hay que hacer uso de la suspensión de incredulidad para poder creer que la policía esté en posesión de datos tan claros sobre los distintos sucesos, (especialmente el caso del segmento protagonizado por Cushing), pero es un mal menor dentro de una obra circunscrita a un género donde la introducción de los diversos capítulos puede ser algo forzada. Al buen resultado global ayuda también que, pese a tener dos episodios algo más flojos, ninguno sea realmente malo, ya que al menos presentan hallazgos narrativos bastante solventes, y la sensación de que se no se toma a sí misma excesivamente en serio, o al menos no busca la trascendencia; algo que queda bien ejemplificado con la figura de Stoker, el agente de la propiedad encargado de alquilar la finca, de aspecto bonachón y con cierta apetencia por el humor negro y las frases de doble sentido.
Así pues, podemos concluir diciendo que nos encontramos ante una de esas películas de género de visionado agradable; una de esas obras que tal vez no revolucione el género ni introduzca propuestas excesivamente novedosas, pero que asegura hora y media de satisfactorio entretenimiento, más de lo que se puede decir de películas con mayores pretensiones.
Anécdotas
* El agente de la propiedad que renta la casa tiene el apropiado apellido de Stoker. * Lee estaba destinado a protagonizar el segmento de La capa, sin embargo, deseoso de evitar encasillarse en papeles de vampiro, rechazó interpretarlo. Los productores no pudieron evitar introducir una pequeña puya en labios de John Pertwee, el actor que finalmente protagonizó el sketch, tras pensarse en Vincent Price. * En el segmento “Waxwork” colaboró sin acreditar Russ Jones en el guión. * El director Peter Duffell (en su debut en la pantalla grande) deseaba que el título de la película fuese “Death and the Maiden” (La muerte y la doncella). * Otras versiones de los relatos: Escalofríos, con Boris Karloff: “¿?”(Thriller: “Waxworks”, 1962), de Herschel Daugherty [episodio serie tv]. Historias para no dormir: “El muñeco” (1966), de Narciso Ibáñez Serrador [episodio serie tv; fusión del relato “Sweets to the Sweet” con la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James, sin acreditar].
Bibliografía
BLOCH, R.: “Figuras de cera”. En El que abre el camino. 24 historias macabras del maestro del horror; traducción de José Luis Moreno-Ruiz. Madrid: Valdemar, 2007. Colección: Gótica; 67. Traducción de: “Waxworks” (1939).
BLOCH, R.: “Dulces para lo dulce”. En Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror; traducción de José Luis Moreno-Ruiz. Madrid: Valdemar, 2005. Colección: Gótica; 61. Traducción de: “Sweets to the Sweet” (1947).
BLOCH, R.: “La capa”. En El que abre el camino. 24 historias macabras del maestro del horror; traducción de José Luis Moreno-Ruiz. Madrid: Valdemar, 2007. Colección: Gótica; 67. Traducción de: “The Cloak” (1939).
El relato “Method for Murder” (1962), que sepamos, no ha sido publicado en español.
Ana Morán Infiesta (Gijón. España)
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