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EL ANTICRISTO (L’ANTICRISTO)

Formato: DVD

Ippólita es una joven imposibilitada desde que de niña tuviera un accidente de tráfico en el cual perdió a su madre. Tras sufrir una crisis de fe, es tratada por un psicólogo con el fin de curarla de su minusvalía, ya que ésta no se debe a taras físicas sino mentales. Mientras es sometida a una regresión hipnótica, la muchacha recuerda una vida anterior en la que fue quemada en la hoguera por la Inquisición acusada de brujería. A partir de ese momento, Ippólita comenzara a actuar de forma extraña.

Ficha Técnica

Director: Alberto De Martino / Productor: Edmundo Amati para Capitolina P. C. / Guión: Grianfranco Clerici, Alberto De Martino y Vincenzo Mannino / Fotografía: Aristide Massaccesi [Joe D’Amato] / Música: Ennio Morricone y Bruno Nicolai / Montaje: Vincenzo Tomassi / Efectos especiales: Euclide Santoli / Intérpretes: Carla Gravina (Ippólita Oderisi), Mel Ferrer (Massimo Oderisi), Arthur Kennedy (Obispo Ascanio Oderisi), George Coulouris (Padre Mittner), Alida Valli (Irene), Mario Scaccia (Curandero), Umberto Orsini (Dr. Marcello Sinibaldi), Remo Gironi (Felippo Oderisi), Anita Strindberg (Greta), Ernesto Colli (Poseído), Lea Lander (Mariangela)… / Nacionalidad y año: Italia 1974 / Duración y datos técnicos: 110 min. Color 1.85.1.

Comentario

A raíz del éxito obtenido por una de las obras maestras del cine de terror moderno, El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin, surgieron por todo el mundo, principalmente en Europa, películas que intentaron aprovechar el tirón comercial de esta, copiando con más o menos fortuna tanto el argumento como los elementos más reconocibles de la misma. Italia, como no podía ser menos, no fue ajena a este fenómeno, y en los años siguientes estreno sendas réplicas a la cinta de Friedkin, como Lucifer, el ángel maldito (Un urlo nelle tenebre, 1975) de Elio Pannacció y Franco Lo Cascio, Poder maléfico (Chi sei? , 1974), de Oliver Hellman y Robert Barret, o L’ossesa [vd: La obsesa, 1974) de Mario Gariazzo, siendo considerada la mejor de ellas, ya no solo a nivel italiano, si no a nivel mundial, El anticristo, la cual ha logrado, incluso, el estatus de cinta de culto en algunos sectores, a pesar de que se trate de un título muy irregular.

Dirigida por Alberto De Martino -quien volvería a repetir jugada con Holocausto 2000 (Holocaust 2000, 1977), remedo de La profecía (The Omen, 1976) de Richard Donner, y protagonizada por, ni más ni menos, que un envejecido Kirk Douglas-, lo primero que llama la atención del presente título es la aparente holgura de medios con los que se contó para su realización, más si la comparamos con las cintas citadas anteriormente, alguna de las cuales bordea peligrosamente la línea divisoria entre la serie B y la Z. Para comprobarlo sólo hay que echar un ojo al reparto, compuesto en sus papeles principales por viejos rostros conocidos, como la italiana Alida Valli, encarnando al ama de llaves de los Oderisi, el británico George Coulouris, dando vida a un enigmático monje, y los norteamericanos Arthur Kennedy y Mel Ferrer, los cuales subsistían por aquella época gracias a su participación en diversas (co)producciones europeas, mayoritariamente de género, aportando con su nombre una especie de mezcolanza entre distinción y reclamo comercial para los proyectos en los que intervenían. Pero si hay que destacar a alguien del reparto, esta es, sin duda, a su protagonista, Carla Gravina, la cual hace totalmente creíble a su personaje (y su posterior metamorfosis), una “niña bien” paralítica a causa del shock recibido tras un accidente vial en el que falleció su madre, y de la que más tarde descubriremos que sufre el complejo de Electra, es decir, esta enamorada de su padre.

Este no es el único detalle escabroso en un libreto donde, a poco que escarbemos, podemos hallar una segunda lectura sobre la posesión demoníaca de la muchacha. Porque si, como veremos, la causa de la posesión es, aparte de por la pérdida de fe que experimenta la joven tras la escena inaugural del santuario -secuencia que, por cierto, esta rodada como si de un mondo se tratara, y que fue enormemente masacrada en el estreno español-, por culpa de la regresión hipnótica a la que es sometida con el objeto de curarla del trauma que la impide caminar, y en la que descubrirá ser la reencarnación de una antepasada que fue quemada por la Inquisición a causa de sus pactos con Satán, no es menos cierto que debajo de todo esto subyace otra lectura de corte sexual y psicológica. De este modo, después de ser poseída, en el doble sentido de la palabra, por el demonio, perdiendo con ello la virginidad -en un momento anterior había confesado a su tío que no conocía varón-, la joven se verá liberada de todos sus traumas, volviendo a recobrar la vitalidad en sus piernas y transformándose en una especie de mantis religiosa que utiliza a los hombres para sofocar sus más bajas pasiones, mostrándose así como una reprimida -no hay que olvidar que su personaje pertenece a una rancia y conservadora familia-, a la que su contacto con el sexo la libera de todos sus tabúes. Otros momentos que ilustran esta idea son el parecido que guardan las babas que expulsa la joven en medio de un trance con el fluido corporal masculino, o la continua referencia al sexo que hace el diablo cuando habla por boca de la chica, aunque esto último ya estuviera presente en El exorcista.

Aparte de estos interesantes detalles de guión, encontramos un buen puñado de escenas memorables, entre las que sobresale aquella en la que Ippólita, mientras se masturba con un retrato de su padre, rememora en montaje paralelo la ceremonia con la que se selló el pacto de su antepasada con Satán y, en consecuencia, consigo misma, secuencia repleta de momentos impactantes, y que se ve beneficiada por los dos apartados más inspirados del film; por un lado, la magnífica fotografía de Aristide Massaccesi, más conocido posteriormente por su pseudónimo Joe D’Amato, el cual se revela como un magnífico operador en contraposición a su mediocre carrera como realizador, dotando a todas las escenas que discurren en el pasado de un tono azulado, y cuya labor otorga al film de una atmósfera que no tiene nada que envidiar a los mejores trabajos de Bava o Argento, y por otro, a un magnífico trabajo escenográfico, cuya estética, en líneas generales, es deudora del habitualmente estilizado diseño de producción de la mayoría de los giallos de la época, y donde destaca, aparte del sobrio decorado donde es juzgada y quemada la antepasada de la joven, el pasillo de la residencia de los Oderisi, presidido por unas estatuas mirando hacia ambas direcciones, cuya presencia acaba por convertirse en otro de los personajes del film.

Pero, sin embargo, y a pesar de todas estas virtudes, la cinta no logra acabar de cuajar a causa de una manifiesta arritmia, sobre todo en su primera mitad, que queda aún más patente por su exagerada duración comparada con lo acostumbrado en este tipo de producciones, casi dos horas frente a la hora y media tradicional, unos pobres efectos especiales, en particular los referentes a trucajes con transparencias, y la proliferación de ingredientes provenientes de la referida El exorcista, como los vómitos verdes –atención a la escena en que la chica obliga a chuparlos al curandero que intenta sanarla, no apta para estómagos sensibles-, levitaciones y demás parafernalia, que, aparte de producir una sensación de dèja vu a partir del momento en que comienza la posesión, hace que no olvidemos que estamos ante una película de explotación. Una lástima, pues, como queda apuntado, la cinta cuenta con la suficiente personalidad para, aparte de sus evidentes similitudes argumentales, haberse apartado de las pautas marcadas por el film norteamericano, y con ello, abandonar todo intento de emularlo, y cuyos defectos podrían haberse evitado con algo más de tino en la sala de montaje, suprimiendo ciertas escenas que aportan poco o nada a la historia, como la que tiene por protagonista al turista alemán, y dotando al conjunto de un ritmo más vivo y constante, pues el film posee los suficientes valores como para haber dado un producto de mayor empaque.

Anécdotas

* Otros títulos: Blasphemy, The Tempter, The Antichrist. * En la versión estrenada en Gran Bretaña, tanto en cines como la editada en video, fue censurado por la BBFC el plano en el que se decapita a un sapo en la escena de la ceremonia del pacto satánico. En España, por lo demás, en el estreno fue censurada ampliamente.

José Luis Salvador Estébenez (Madrid. España)

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