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DARK WATERS

Formato: DVD Importación

Elisabeth viaja a una lejana isla de Crimea para averiguar por qué su padre estuvo los últimos veinte años donando una generosa cantidad de dinero a un convento perdido en el que ella nació y donde le espera su amiga Theresa. Lo que comienza siendo un viaje a una tierra olvidada por el tiempo y el espacio se convierte en una pesadilla para Elisabeth, que se enfrentará a su pasado y a misterios innombrables que las monjas tratan de mantener ocultos.

Ficha Técnica

Director: Mariano Baino / Productor: Nigel Dali / Guión: Mariano Baino, Andy Bark / Fotografía: Steve Brooke Smith / Música: Igor Clark / Montaje: Mariano Baino / Diseño de vestuario: Antonina Petrova / Intérpretes: Louise Salter (Elizabeth),Venera Simmons (Sarah), Mariya Kapnist (madre superiora), Luvob Snegur (asistente de la madre superiora), Alvina Skarka (anciana ciega), Valeri Bassel, Pavel Sokolov, Anna Rose Phipps... / Nacionalidad y año: Reino Unido / Italia / Rusia 1994 / Duración y datos técnicos: 94 min. color 1.85:1.

Comentario

Los años noventa certificaron la defunción del género fantástico y de terror italiano. Mi novia es una zombie (Dellamore Dellamorte,1994) es para algunos la última gran cinta fantástica salida de Italia. El cine europeo experimentó un cambio importante y, mientras la industria americana se ahogaba entre refritos de sus cintas adolescentes ochenteras, nuevos y jóvenes cineastas ofrecían curiosas aportaciones al fantástico en sus debuts, o casi. Acción mutante (1992) de Álex de la Iglesia, Dust Devil (1992) de Richard Stanley (Tras Hardware) y otras operas primas de europeos con ganas de hacer frente a los blockbusters yankees son conocidas por los fans del fantastique más recóndito. Una de esas obras primerizas es Dark Waters (1994), del italiano Mariano Baino, una película desconocida y olvidada que aún no ha gozado de distribución en nuestro país. Una lástima, ya que Dark Waters es fácilmente una de las mejores películas europeas de horror de los 90, y sin dudarlo la mejor proveniente de Italia.

Una de las muchas sorpresas que depara Dark Waters es que resulta ser una de las más atinadas aproximaciones apócrifas al universo de Howard Philips Lovecraft en el cine. Tanto es así que debería formar un díptico imprescindible junto a En la boca del miedo (In The Mouth Of Madness, 1994) de John Carpenter. Aunque, mientras la cinta americana era una exploración de los horrores del autor de Providence a través de una perspectiva metafílmica y alejada de sus relatos estándar, Dark Waters se basa más fielmente en los postulados típicamente lovecraftianos, concretamente los perteneciente a su ciclo de Mitos de Cthulhu. La película cuenta cómo la joven Elisabeth visita un convento perdido para aclarar por qué su padre ha ido donando una gran fortuna en los últimos años. No tardará en descubrir que en él hay un extraño culto a un Dios Demonio que bien podría ser cualquier primigenio salido de las páginas de cualquier relato de los Mitos.

No sólo la estructura del relato podría ser una variación de “La sombra sobre Insmouth” (“The Shadow Over Insmouth”, 1936), sino que la localización de la isla donde transcurre la película transmite una sensación de desolación similar a la del relato y se ajusta a algunas de sus descripciones con más atino que otras adaptaciones posteriores como Dagon (2001). La presentación del culto es también más deudora de los relatos de Lovecraft que de otras sectas demoníacas y, como tal, no falta la simbología mística que anuncia la llegada de la criatura (aunque nunca se llega a explicar cuál es la relación). Son muchos los momentos que conectan la cinta de Baino con el universo del escritor y es más chocante aún que ésta no sea conocida ni siquiera entre los aficionados al creador de los Profundos.

Aunque la película sea una coproducción rusa/británica/italiana, Dark Waters pertenece a la tradición más típicamente spaghetti y recoge muchos de los lugares comunes en el cine de Bava, Argento o Fulci. Aparte de sus contados asesinatos puramente gialli, el paganismo típicamente argentiano es un claro referente y la iconografía católica es utilizada de forma constante como fuente de horror. Desde los primeros planos de un crucifijo flotando, rodado de forma fantasmagórica y siniestra, al continuo uso y abuso de los crucifijos como antorchas o instrumentos con los que asesinar (un crucifijo llameante sirve para quemar viva a una anciana que sabe demasiado, un pequeño crucifijo que se abre para convertirse en letal cuchilla...). A veces, Dark Waters parece la película que Soavi debiera haber dirigido entre El engendro del diablo (La chiesa, 1989) y La secta (La setta, 1991), y Baino parece que bebe de las mismas fuentes, añadiendo (como Soavi) algunas gotas de un Cronenberg primerizo. Como sus maestros italianos, Baino parece querer plasmar la rica herencia artística europea y la pintura es un elemento importante en su película, tanto de manera argumental y formal como de forma implícita, siendo muy influida en su estética por pintores como Hieronymus Bosch. Los ojos blancos de algunos personajes, el final y otros detalles recuerdan mucho a otra cinta bastante desconocida, la magistral La centinela (The Sentinel, 1977), de la que Fulci ya había calcado algunos detalles en su El mas allá (L´aldilá, 1981).

Dark Waters comparte con cierto sector fantástico italiano su poco interés en crear una línea argumental plana y concisa. Su guión está plagado de agujeros en su trama y hay decenas de preguntas que quedan sin respuesta al final del metraje. Sin embargo, cada plano parece calculado al milímetro y por momentos parece que Baino está pintando al óleo en vez de construir un encuadre y, si bien se deleita en demasía y perjudica la fluidez de la narración, los resultados son visualmente aplastantes. Gracias a la tétrica ambientación, la película disfruta de un constante desfilar de planos de una belleza macabra incluidos en ella sólo por el simple hecho de serlo. La construcción de una atmósfera única y una envolvente sensación de muerte es más importante que la propia acción. La lluvia y la oscuridad están presentes en casi todo el metraje y, junto al uso de una partitura plagada de ruidos y gruñidos, la experiencia es un viaje semi-onírico muy del estilo de Suspiria (Suspiria, 1977). Aunque la falta de cohesión del relato es un factor que muchos no encontrarán satisfactorio, la película de Baino no carece de otros tropiezos comunes en algunas cintas europeas de horror. El ritmo se resiente hacia la mitad y las actuaciones no son siempre convincentes; incluso el guión es a veces sobre-explicativo, cuando el espectador necesita otro tipo de información. Aunque éstos son males menores que no impiden convertirla en una cinta más que notable.

Dark Waters rezuma pasión en cada fotograma, y quizás hace que eso resienta la calidad final del film: se nota la falta de experiencia de un director en su opera prima (posteriormente no ha vuelto al largo), pero no por ello deja de ser un trabajo encomiable y una de esas joyas perdidas que sorprenden por su honestidad y su falta de pretensiones (que no ambición). Su elegancia visual comprende el interesante uso de la fotografía tanto como la acertada elección de no centrar la cinta en el monstruo (casi ni le llegamos a ver), sino en la atmósfera y los pequeños detalles. Una auténtica rareza a redescubrir ya por todos.

Anécdotas

* La anterior edición de la película en dvd era en full frame y salió en Estados Unidos bajo el nombre de Dead Waters; actualmente existe una edición limitada de dos discos en un lujoso boxset con un libro y una reproducción en piedra del ídolo redondo. * La primera parte del rodaje tuvo lugar en Ucrania (las grutas son las “catacumbas encantadas” de Odessa) y la segunda en Rusia, Kiev, donde Baino y su equipo tuvieron no pocos problemas (todavía había ciertos residuos de Chernobill...) para sacar a flote la película. La postproducción se realizó en el Reino Unido. * La mujer que interpreta a la madre superiora no sabía hablar inglés, así que Baino hizo que su personaje solo fuera capaz de emitir unos escalofriantes susurros que sólo entendía su asistente, dándole otra nota sobrenatural y bizarra al relato.

Jorge Casanueva Sánchez (Madrid. España)

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