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LOS CRÍMENES DEL MUSEO (MYSTERY OF THE WAX MUSEUM)
Formato:
DVD Importación
Londres, en los años 20. Uno de los propietarios de un museo de cera, Igor, está enamorado de su trabajo, a tal punto que hasta habla con sus figuras; el otro, sin embargo, busca el beneficio, y como el museo no logra éxito propone a su socio incendiar el lugar y cobrar el seguro. Surge una pelea y el museo queda devorado por las llamas, y el primer propietario encerrado en el lugar. Diez años después, en Nueva York, Igor inaugura otro museo. Al tiempo, en la ciudad, algunos cadáveres de la morgue desaparecen misteriosamente...
Ficha Técnica
Director: Michael Curtiz / Productor: Henry Blanke para Warner Bros. / Vitaphone / Guión: Carl Erickson, Don Mullay, según la obra teatral de Charles Belden / Fotografía: Ray Rennahan / Música: Cliff Hess, Bernhard Kaun / Efectos especiales: Perc Westmore, Ray Romero (maquillajes) / Montaje: George Amy / Intérpretes: Lionel Atwill (Ivan Igor), Fay Wray (Charlotte Duncan), Glenda Farrell (Florence Dempsey), Frank McHugh (Jim), Allen Vincent (Ralph Burton), Gavin Gordon (George Winton), Edwin Maxwell (Joe Worth), Holmes Herbert (Dr. Rasmussen), Claude King, Arthur Edmund Carewe, Thomas E. Jackson, DeWitt Jennings, Monica Bannister, Bill Anderson... / Nacionalidad y año: USA 1933 / Duración y datos técnicos: 78' C 1.37:1
Comentario
La presente película aparecía muy arrinconada, en beneficio de su celebérrimo remake. Los motivos para el olvido en el cual ha caído pudieran ser diversos. Por un lado, el film es en color, y aunque eso pudiera parecer un motivo válido para su emisión por televisión, medio que suele despreciar el cine en blanco y negro, sin embargo el tratamiento empleado para la misma, un primitivo Technicolor en dos tonos, proporciona una estética que para un público convencional puede parecer poco atractiva. Sin embargo, cabe resaltar que este procedimiento ornamental, con unas gamas de color eliminadas y una preponderancia de otros matices, es muy similar al que en los últimos años se experimenta por medios infográficos en muchas producciones contemporáneas, sin ir más lejos la reciente Underworld (Underworld, 2003).
Por otro lado, la película se rodó muy poco antes del advenimiento del Código Hays de censura. Ello produce que ciertos temas se planteen con ligereza en el film, así, el consumo de drogas aparece en el metraje, elemento después tajantemente prohibido; también se muestra una sorprendente volubilidad en el desenvolvimiento social de las féminas de la trama (la periodista llega a preguntar a un policía, con total naturalidad, "¿Cómo va tu vida sexual?"); e incluso al final del film el malvado desnudará a la muchacha para proseguir con sus pérfidos planes. Todo ello, sin duda, provocaría que en los años subsiguientes la película fuese archivada y no lograra ser recuperada para posteriores reposiciones, y tras ello, sencillamente, las televisiones se olvidaron de ella, y después se dio por perdida.
Así pues, presenciar esta película, hoy en día, es todo un descubrimiento. Fue dirigida por Michael Curtiz (1888-1962), director de origen húngaro que en tiempos del mudo se labró una gran reputación; vivió una vida itinerante por Europa, y ya en su Hungría natal, con su nombre auténtico de Mihaly Kertesz, abordó algunas cintas de carácter fantástico como Alraune (1918), versión de la mítica novela Mandrágora de H. H. Ewers, o la última de esa etapa, Liliom (1919), adaptación de la famosa obra teatral. Una vez en Austria, inició su etapa de relatos bíblicos con la decepcionante Sodoma y Gomorra (Sodom und Gomorrha, 1922), seguida de Sansón y Dalila (Samson und Dalila, 1923); tras pasar por Alemania llega, al fin, a Estados Unidos, y ahí prosigue esa corriente con la peculiar El arca de Noé (Noah's Ark, 1928), célebre por sus excesos de todo tipo, entre los cuales se cuenta la muerte por ahogamiento de varios extras durante las escenas del diluvio.
Curiosamente, tras esta etapa, trabajando para la Warner, la llegada del sonoro hace que se le relegue a películas de serie B, particularmente westerns e intrigas policiales. Y unas pocas películas de terror, como El ídolo (The Mad Genius, 1931), El doctor X (Doctor X, 1932), la que nos ocupa, y Los muertos andan (The Walking Dead, 1936). Justo antes de ésta había dirigido El capitán Blood (Captain Blood, 1935), y el enorme -y merecido- éxito reabriría un nuevo rumbo a su carrera.
Así, este pequeño ciclo de películas de terror, todas ellas muy poco vistas hoy en día, supone toda una rareza. Centrándonos, al fin, en el film merecedor de estas líneas, se trata de un curioso ejemplar que, para orientar a los lectores, ofrece dos vías argumentales, una ocupada en el escultor de figuras de cera, la chica y el prometido de ésta, respetada con muchísima fidelidad en el conocido remake -frases de diálogos incluidas-, y una segunda trama dedicada a una periodista que investiga el caso, lo más flojo del film, y con toda lógica eliminada en su totalidad en la película de André de Toth. Curiosamente, siendo la primera línea argumental la más importante, sin embargo es la segunda la que ocupa mayor tiempo en la urdimbre, a tal punto que en los momentos finales ni siquiera veamos al chico y la chica en el abrazo y beso finales, siendo abandonados y olvidados, sino que será la periodista y su jefe los que merezcan tal honor.
Con todo, esa primera senda argumental posee suficiente desarrollo y potencia para brindar el título de mítico que ha sido conferido al film. A lo cual tampoco es ajeno ese hermoso tratamiento estético que comentábamos en los inicios, subrayados con un sentido del encuadre encomiable, y con momentos que pudieran remitir inclusiva a la mítica cinta negra El tercer hombre (The Third Man, 1949), de Carol Reed. La propia trama del film, además, le confiere un tono que la hace semejar una muestra de literatura pulp, como si fuese una adaptación de algún relato publicado en revistas de la época como Weird Tales, y debidas a escritores como Seabury Quinn, aunque evidentemente se trate de una variación de El fantasma de la ópera, de Gaston Leroux. En todo caso, lo que pudiera aparentar es algo similar a las posteriores producciones Monogram con Bela Lugosi, salvo que con mayor presupuesto, más riqueza conceptual, y mejores resoluciones a todos los niveles. Y a ello también hay que sumar la incorporación en el reparto de la bellísima Fay Wray (King Kong) y, especialmente, Lionel Atwill, quien crea un personaje legendario en la historia del cine de terror, y que exhibe un maquillaje exquisitamente desquiciado.
La extraña mixtura de elementos argumentales y estéticos hacen que no se trate de un film perfecto, pero sí de una rareza más que interesante, inclusive cautivante, y que merece su honor entre los films míticos del género.
Anécdotas
* Remake: Los crímenes del museo de cera (House of Wax, 1953), de André de Toth. También ha dado lugar a variaciones como Nightmare in Wax [vd: Pesadilla en el museo de cera, 1969], de Bud Townsend, y Terror in the Wax Museum [tv: Terror en el museo de cera, 1972], de George Fenady. * Algunos planos con figuras de cera están rodados con actores posando sin moverse; en este sentido, cuando Igor inicia su recorrido mostrando el lugar a los visitantes, a la anciana que interpreta a una reina se la percibe parpadeando. Aunque, en este sentido, la mayoría de los planos resultan fascinadores. * La película se creía perdida hasta finales de los 60. * Última de las películas rodadas en el sistema de Technicolor de dos bandas.
Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)
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