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Amar el cine (fantástico) por Carlos Díaz Maroto
Muchos que escribimos (y hasta a veces nos pagan) sobre cine hemos entrado en el cotarro por puro amor. Amor al cine. No recuerdo cuándo vi mi primera película (hay quien te lo puede citar con pelos y señales), pero la relación, supongo, fue paulatina y el amor no fue a primera vista, sino después de ver muchas cintas, algunas buenas, otras no tanto (aunque por aquel entonces creo que me gustaban todas, incluso las buenas). Hacia los diez o doce años fue cuando se consumó nuestra relación. A principios de los 70 los amantes del cine fantástico lo teníamos crudo. Recuerdo un ciclo que pusieron por televisión sobre nuestro género: se inició con King Kong, después emitieron La mujer pantera, y entonces la esposa de un ministro franquista dijo que le daban mucho miedo y ordenó que suspendieran el ciclo; la tercera prevista -y anunciada- era El hombre con rayos X en los ojos, pero fue sustituida por la checa Una invención destructiva -¿qué fue de esta película?: por aquel entonces se emitía a menudo, y hoy día es imposible ver esta joya-, fue sustituida, dije, y los amantes volvimos a sufrir de abstención. Las migajas con que nos obsequiaban eran devoradas como el maná mágico de los hambrientos de cine (fantástico). Incluso un episodio de El lagarto Juancho en el cual apareciera un extraterrestre (chistoso, por supuesto) era recibido con alborozo. Pocos años después contacté con Carlos Aguilar, quien editó el primer fanzine sobre cine fantástico en España, Morpho. Le pasé un artículo de una página que me publicó en el número dos, un artículo titulado "Aquellas que nunca llegarán", y que repasaba aquellas joyas del cine fantástico que jamás habían sido vistas en España. Puedo congratularme de que todas las películas citadas en ese escéptico artículo ahora ya las he visto. La multiplicidad de cadenas televisivas, el IMAGFIC (Festival de Cine Fantástico de Madrid, hoy tristemente fenecido como su llorado creador, Jorge Lluesma), el vídeo y, ahora, el DVD, me han facilitado ir viendo aquellas joyas de las que leía en los libros y por las cuales permanecía excitado, en tensión, en una perenne erección cinéfila. Hoy día ese amor prosigue. Más calmado, más reflexivo; el ímpetu juvenil se ha sosegado, mas no la intensidad. Como buenos amantes, percibo sus defectos y se los hago ver, hoy día no me contento con una mera carantoña; sin embargo, en el fondo, el amor prosigue. Y los descubrimientos, gracias a Cthulhu, siguen a la orden del día. Mis últimas adquisiciones por internet son películas como The Invisible Ray, The Deadly Mantis o The Monster that Challenged the World, todas ellas de las que leí con quince años en el Famosos Monsters del venerado Forrest J Ackerman, y que ahora puedo descubrir. Y que siga por muchos años…
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