Comentario
Durante los últimos años, la profusión de noticias y rumores sobre la supuesta existencia de vida extraterrestre ha respaldado una notable eclosión de títulos centrados en las consecuencias de un hipotético contacto con una civilización alienígena, eclosión marcada por dos corrientes decanas en la literatura de ciencia ficción: el space opera, el superespectáculo pletórico de batallas y hazañas intergalácticas, cuyo máximo exponente hasta el momento es la adaptación llevada a cabo por Paul Verhoeven de Tropas del espacio, y una vena más intimista, volcada hacia las consecuencias psicológicas de tal encuentro, cuyo punto álgido sería la adaptación que de Contacto dirigió Robert Zemeckis; como muestra de esta tendencia se ha estrenó por aquellas mismas fechas el presente filme avalado por unas excelentes expectativas, al basar su guión en una novela de Michael Crichton escrita en plena madurez creativa, en la que su solidez narrativa aún no se veía asfixiada por los poderosos imperativos del marketing, y a través de la cual el autor utiliza las profundidades marinas de un modo similar al del cosmos en Planeta prohibido, como marco para explorar los abismos del subconsciente humano.
Una buena premisa, en efecto, por desgracia un tanto diluida ante la elección de un director tan impersonal como fue Levinson, y así, allí donde el novelista conseguía atrapar al lector, manteniendo un crescendo de acción y suspense sin menoscabo de la complejidad psicológica de sus personajes, el director naufraga de forma estrepitosa al mostrarse incapaz de adecuar ese equilibrio al tempo cinematográfico, apabullando al indefenso espectador con la habitual parafernalia de primeros planos y estridentes efectos sonoros característicos del moderno cine de acción, cuando apenas ha tenido tiempo de adaptarse al ritmo pausado que la presentación inicial de personajes prometía, provocando un efecto de distanciamiento en los -supuestos- momentos cumbre, lo que revela una notable indecisión narrativa incapaz de ocultar un guión lleno de altibajos que parece replegar la historia sobre sí misma, en lugar de abrirle nuevos cauces.
En títulos previos, Levinson había apoyado su falta de pericia narrativa en el trabajo de sus actores, argucia proporcionadora de cierto éxito que, sin embargo -y con la salvedad debida a un doblaje especialmente nefasto-, no consigue dar aquí los frutos apetecidos, pues ningún miembro del elenco interpretativo -con un Dustin Hoffman diríase recién salido de Rain Man a la cabeza, diríase- parece creerse del todo a sus personajes (o más bien la situación de sus personajes), aportándoles un matiz estoico que a un nivel más moderado habría resultado idóneo pero, mantenido impertérrito a lo largo del metraje, sólo consigue situarlos por encima de la historia, emersión de la que apenas logra salvarse un notoriamente desaprovechado Peter Coyote.
El naufragio, así, resulta casi absoluto; no faltan hallazgos visuales -inspirados en su mayoría en 2001-, y el homenaje al género de aventuras submarinas -en concreto a 20.000 leguas de viaje submarino, que tan buenos momentos nos ha legado a los aficionados a la literatura y cine fantásticos, homenaje ya presente, de cualquier modo, en la novela original- resulta notorio y agradecido, pero la apatía que lo inunda todo se hace en exceso agobiante. Moraleja: para ser Jules Verne hacen falta más recursos que recordarlo continuamente.
Anécdotas
* Muchas de las escenas fueron improvisadas. * El final fue reescrito y vuelto a rodar después de que el público de los pases de prueba considerase el original inverosímil. * El papel de Harry (Samuel L. Jackson) fue ofrecido inicialmente a Andre Braugher.
Bibliografía
Esfera, por Michael Crichton; traducción de Daniel R. Yagolkowski. Barcelona: Debolsillo, 2003. Colección: Biblioteca Michael Crichton; 1 - Bestseller; 202/1. Traducción de: Sphere.
Manuel Aguilar (Madrid. España)