por Ana Morán Infiesta
A mediados de los años ochenta, cual ave fénix, las diversas tierras y mundos paralelos que componían el Universo DC desparecieron para volver a nacer en forma de una nueva tierra que los unificaba a todos. Algunos personajes apenas sufrieron cambios; otros perecieron para siempre; unos pocos, se alzaron como la perfecta encarnación del ave mitológica y comenzaron de cero una nueva andadura. Wonder Woman fue uno de ellos. Y tras esto, George Perez se encargó de rehacer a la Mujer Maravilla...
La Amazona que surgió del Barro
A mediados de los años ochenta, cual ave fénix, las diversas tierras y mundos paralelos que componían el Universo DC desparecieron para volver a nacer en forma de una nueva tierra que los unificaba a todos. Algunos personajes, como por ejemplo Batman, apenas sufrieron cambios; otros perecieron para siempre; unos pocos, se alzaron como la perfecta encarnación del ave mitológica y comenzaron de cero una nueva andadura. Wonder Woman fue uno de ellos. Ya en el elocuente final de Crisis en Tierras Infinitas, la excelente maxi-serie que finiquitó el Multiverso DC, vimos cómo la primigenia Wonder Woman de Tierra Dos, la sentenciada a desaparecer de las viñetas, era elevada hasta el Olimpo para allí morar por el resto de la eternidad; mientras, la encarnación de Tierra Uno, la nuestra, la destinada a ocupar las viñetas a partir de entonces, herida por las descargas del Anti-Monitor, no moría (de hecho no se la incluye en el body count de la serie) sino que regresaba al barro del que nació en La Isla Paraíso para volver a renacer, no de las cenizas, sino de ese mismo barro modelado por las manos de la reina Hipólita y convertido en carne por los dioses griegos.
El fin que fue el comienzo
Wonder Woman está considerada uno de los personajes clave de la historia del cómic americano. Junto con Superman y Batman conforma la llamada “Trinidad” del Universo DC. Este honor no les viene tanto por el peso específico que los personajes puedan tener a nivel de ventas, sino por su importancia dentro del devenir del medio: son los supervivientes de los primeros años del cómic entre otros personajes menores; herederos de la etapa de transición del pulp al comic book; los únicos que resistieron el embate del peor enemigo que ha tenido del medio, el doctor Fredric Wertham, un psiquiatra con ínfulas de grandeza que quiso convertir al cómic en el culpable de todos los males de la Humanidad y quiso acabar con ellos. Casi lo consigue. Sólo esta trinidad pudo resistir (con matizaciones), tres héroes con más de sesenta años de vida que nunca han dejado de ser publicados, aunque sus series hayan podido tener pequeños impasse, para facilitar las transiciones entre guionistas o amoldarse a alguna macro-saga.
Sin embargo, mientras que Superman y Batman han sido bastante respetados por la editorial, la princesa amazona ha sido el banco de pruebas para todo tipo de extrañas ideas; hasta el punto de perder sus poderes, en los setenta, para transformarse en una especie de espía karateka aficionada a las costumbres “Mod”: Wonder Woman dejaba paso a Wonder Mod, enfundada en un traje blanco de una pieza aún hoy recordado por los fans más veteranos y homenajeado por algunos creadores actuales. Además, esta versión atrajo a escritores no asociados al cómic, como el autor de ciencia ficción Samuel R. Delany, que escribió los números 202 y 203 (octubre/diciembre de 1972) de Wonder Woman. También influyó en el telefilm homónimo de 1974 de la heroína protagonizado por Cathy Lee Crosby. Curiosamente, la amazona recuperaría su viejo uniforme y sus poderes por la presión de los grupos feministas, en especial gracias a la periodista y activista política Gloria Steinem.
Este y otros desmanes, unido a la sensación de mareo que causaba en algunos lectores la existencia de dos personajes de igual nombre, pero pertenecientes a distintos mundos, acabó conduciendo a un agónico descenso en las ventas de su colección. Hasta tal punto llegó esa bajada que, cuando se decidió resetear el Universo con Crisis en Tierras Infinitas, Wonder Woman estaba al borde de la cancelación.
Tras la citada saga, la amazona tendría un nuevo comienzo, una nueva numeración; necesario este último elemento para reflejar lo profundo de los cambios que vivía el personaje y aprovechar el efecto atracción de ver un número uno en portada (de cara a captar nuevos lectores).
En un primer momento, el destinado a hacerse cargo de este renacimiento iba a ser el guionista Greg Potter, quien pasó varios meses trabajando con la editora Janice Race en los nuevos conceptos; más tarde se contrató a George Perez sólo como dibujante y, después de trabajar juntos, el guionista fue despedido en el número dos y Perez se convertiría en encargado de la serie como artista completo; eso sí, con la asistencia de diversos guionistas como colaboradores, Len Wein y Mindy Newell. Esta etapa se extendería durante dos años; veinticuatro estupendos comics y un interesante anual. Después, Perez dejaría su lugar en los lápices a artistas como Chirs Marriman o Jill Thomson. En 1992, después de 62 números, desencantado por el trato que la DC había dado a su saga Guerra de Dioses (War of Gods) a favor de Armagedon, Perez dejó su cargo como guionista; su relevo lo tomaría William Messner Loebs.
A lo largo del presente artículo me centraré en analizar el periodo de Perez como artista completo, dando solo unas leves pinceladas sobre su etapa como únicamente guionista.
Reinventado el mito
El primero de los números de esta serie regular es todo un ejemplo de lo que se ha perdido en el mundo del cómic: la capacidad de síntesis, el don de contar en un solo número una historia. En este, solo un poco más largo de lo normal, 34 páginas frente a las tradicionales 24, Perez nos enseña el origen de las amazonas, comenzando por un prólogo en la prehistoria que nos muestra el origen de la que luego será la reina Hipólita; los debates de los dioses en torno a la creación de esta nueva raza; la derrota de éstas a manos de Heracles; la rebelión de las amazonas y su escisión en dos grupos (el de Hipólita, fiel a Atenea, rumbo a la futura Isla Paraíso, y el de su hermana Antíope, tras abrazar los designios de Ares, en busca de venganza); el exilio a la nueva isla, su misión de custodiar las puertas del Tártaro; el nacimiento de Diana del barro, las bendiciones que ésta ha recibido de los dioses; el ataque de Ares a la isla haciendo uso de Steve Trevor; el Torneo para determinar qué Amazona habrá de enfrentarse al loco Dios, la victoria de Diana; su primera aparición con su nuevo uniforme. Todo en un solo número. Extrapólenlo ahora al cómic actual y calculen cuántos números serían necesarios para contar lo mismo.
En este primer arco argumental, comprendido por cinco números, Perez y Wein, además de Greg Potter, nos mostrarán muchas de las contantes que definirán la serie mientras el autor portorriqueño esté a cargo de los guiones. Conocemos a una parte importante de la galería de secundarios de Diana (dioses, amazonas, Steve Trevor, Etta Candy, recuperada de la Edad de Oro, amén de Julia y Vanessa Kapatelis); no eluden en ningún momento la vertiente guerrera de la princesa amazona, quien no dudará en volatilizar a Decadencia, un horrible ser que amenaza con destruir Boston; el peso que los medios de comunicación tendrán en la historia, antecediendo a la presentación del personaje de la publicista Mindy Meyer en el siguiente arco argumental (Diana, pese a que eluda la publicidad por considerarla una forma de idolatría, es desde un principio una animal mediático); su eterna rivalidad con Ares; el carácter caprichoso de los dioses. La obra muestra una clara orientación de cómic adulto al no eludir la violencia o hacer uso de un trasfondo de guerra fría.
Dioses y mitos
Wonder Woman es un personaje singular dentro del cómic superheroico de la DC, dada su vinculación con la mitología griega. Tal circunstancia provoca que en sus historias haya una curiosa mezcolanza entre historias más puramente superheroicas con otras de clásico sabor mitológico. Esto, como veremos, también se traducirá en la magra galería de villanos de la amazona; magra porque, tras Perez, el resto de los autores no han sido apenas capaces de aportar nuevos nombres a esta.
Centrémonos en primera instancia en reseñar brevemente el tratamiento que da el autor a los dioses del Olimpo. Salvo casos puntuales, la técnica que Perez emplea con estos es fiel a los mitos clásicos; si acaso podría achacársele (en el primer arco sobre todo) que no saca todo el partido posible a los personajes, pero para hacerlo, al menos en mi modesta opinión, se necesitaría una segunda colección vinculada a la princesa amazona donde poder narrar otro tipo de historias.
Entre los dioses mejor perfilados estarían Zeus, incluida su faceta de seductor impenitente y cruelmente vengativo cuando es contrariado (de hecho tal vertiente del personaje será el punto de partida del arco argumental “El desafío de los dioses”), Ares, Artemisa, Demeter o Hestia. Quien más flojea es Atenea: Perez, como el resto de autores post-crisis, salvo Greg Rucka, se olvida de la propensión más guerrera de la diosa, pues Atenea no solo era la diosa de la sabiduría, sino una estratega de primera (lo que la llevó a convertirse en patrona de Atenas) (1). Incluyamos en este segundo grupo a Poseidón, del que se obvia su odio hacia Atenea, o una Afrodita demasiado angelical. De todas formas, son máculas menores en un trabajo muy sólido.
Además de los dioses, la presencia de la mitología griega se completa con la presencia de una villana que en estos últimos años ha sido sobreexplotada y hundida en la miseria. Así, tenemos a la hechicera Circe, la misma que convertía a los hombres en monstruos y con la que se cruzó Ulises en La Odisea. Nadie le ha dado en los comics la profundidad de Perez, tal vez porque, como el Bane de Batman, era uno de esos villanos de un solo uso, vinculado a un hilo argumental más o menos concreto pero a los que posteriormente es casi imposible sacar verdadero jugo. De hecho, sólo la etapa de Messner-Loebs, inmediatamente posterior a la de Perez, sacó alguna cosa útil del personaje. Por lo demás, en el arco argumental protagonizado por Circe, Perez nos ofrece uno de sus mejores trabajos, al presentarnos una historia con una perfecta combinación entre mitología y cómic superheroico, de la que posteriormente devendrían notables sub-tramas explotadas sobre todo durante su etapa como guionista, como la evolución de los resistentes al poder de Circe en una irracional secta adoradora de Diana —para horror de esta— instalados en la isla de Aeaea, ahora Dianata, antiguo feudo de Circe, o su enfrentamiento con algunos de los bestiamorfos creados por la hechicera y que escaparon a la caída de ésta. En esta última historia, por cierto, Diana interaccionaría por primera vez con Donna Troy, primigenia Wonder Girl, uno de los personajes que más veces ha visto cambiado su origen en los reseteos del Universo DC.
Junto con personajes y enemigos surgidos de la mitología griega, Diana se enfrentaría a villanos emanados del poder de otros dioses, siendo el más destacado de ellos, en esta etapa, la mortal Cheetah, revisión de dos antiguas enemigas de igual nombre. Para quien esto escribe esta es la verdadera némesis de Wonder Woman, y no Circe, tal y como nos han querido vender últimamente. Se trata de una mortal mujer guepardo cuyo poder emana de un extraño dios planta. En su vida cotidiana es Barbara Minerva, una arqueóloga inglesa de dudosa reputación que ansía hacerse con el Lazo de la Verdad (fabricado con el Cinturón de Gea). Como Diana, por tanto, estamos ante un personaje cuyo poder proviene de los dioses; pero mientras que para la amazona su fuente son las bendiciones divinas, en el caso de Cheetah roza la maldición. Su poder viene, a grandes rasgos, de la ofrenda de su propia sangre al dios planta para convertirse en una feroz y seductora felina sedienta de sangre.
De los grandes villanos de Wonder Woman que se presentan en esta época el único que carece de vinculación con lo mitológico es Cisne Plateado (Silver Swan), otra actualización; un personaje que, por otro lado, no está exento de ese halo de tragedia que caracteriza a las historias legendarias; un nombre que siempre ha arropado a villanas bastante tristes, más marcadas por sus propias inseguridades y la manipulación de terceras personas que por un verdadero impulso atávico. En esta encarnación es Valerie Beaudry, una joven de gran corazón pero terriblemente deformada por haber estado sus padres expuestos a radiación. Gracias al dinero de un magnate se convierte en una criatura voladora de grácil belleza y poseedora en terrible grito supersónico. Manipulada por este para convertirla en un arma, la joven odia a Wonder Woman por considerarla un ejemplo de vana hermosura. Como ocurre con otros personajes, Perez cerraría la historia de Valerie en su etapa como guionista de la serie, en una historia que es una segunda parte totalmente coherente de la que nos brinda en este periodo como artista completo titulado El ala plateada del terror (números 42 a 44). Después de esto esta encarnación de Cisne Plateado solo volvería a ser vista formando parte del Escuadrón Suicida, la respuesta del comic de superhéroes a los Doce del Patíbulo, pero más tarde se reformaría y viviría feliz en una zona residencial.
Como podemos ver en esta breve semblanza, Perez muestra preferencia por la utilización de antagonistas de un solo uso antes que por confeccionar la clásica Galería de Villanos con la que cuentan la mayoría de los héroes de cierto peso. Tal circunstancia no es del todo baladí, pues, desde entonces, pocos han sido los que han aportado enemigos recurrentes de peso a la amazona, y aún menos los que han entendido que la idiosincrasia de Wonder Woman se centra no necesitar tal colección de criminales. Para mí, parte de la esencia del personaje es que, al contrario que Batman, cuya patológica labor como vigilante le lleva a ser el azote del crimen a la par que acicate de la aparición de enajenados villanos, o Superman, siempre reticente a cambiar el status quo de las cosas, pero cuyo poder es tal que le hace ser admirado por muchos pero también temido y odiado por otros, Wonder Woman cree en la misión de cambiar el mundo. Eso se traduce tradicionalmente en su labor como embajadora de su pueblo, pero no en todas las ocasiones deseables; también debe traducirse en su capacidad para redimir a una parte de sus enemigos como la citada Cisne Plateado.
Por otro lado, su clara adscripción con el mundo de lo mitológico conlleva que una parte de sus adversarios estén vinculados a historias concretas y no tenga sentido que se trasformen en personajes recurrentes dado que la historia perdería variedad. Pocos han sabido ver estas particularidades del personaje y, así, guionistas y lectores siguen tratando de analizarlo desde una perspectiva puramente superheroica cuando el personaje tiene importantes ramificaciones con otros géneros como la fantasía épica, en la que ha sido capaz de moverse con soltura dándonos solventes historias no siempre apreciadas por todos.
Componente humano
Como he comentado, Wonder Woman es un personaje diferente dentro del cómic superheroico. Junto a esa vinculación con la mitología lo que más la diferencia es el componente humano que contienen sus historias. Perez no solo nos muestra las aventuras de la princesa amazona, sino cómo cambia el mundo (al menos Boston) por contar con su presencia. Dado que hablamos de una serie regular, no nos encontramos ante una profundización al estilo Watchmen (tampoco Perez es Alan Moore), pero sí con un tratamiento más realista de algunos conceptos, como la imagen que el mundo tiene de ella o cómo la presencia de la heroína varía, no siempre para bien, el mundo de sus seres más cercanos. Así, en una maniobra que luego emularía Mark Andreyko en Manhunter, Perez nos muestra a través de recursos como las televisiones la opinión del público sobre Diana, no siempre positiva; también es todo un acierto la inclusión del elemento publicitario, ese círculo vicioso en el que Diana se ve obligada a renunciar a parte de sus principios para poder difundir su palabra y que le causará grandes problemas; o la problemática del alcohol y las drogas de manos del personaje de Mindy Mayer —una creación con suficiente fuerza como para que parte de su legado siga perdurando en las aventuras de Diana—, que cambiará notablemente la forma de ver el mundo de la princesa. Elementos que certifican la importancia que tiene en esta etapa el rol de Diana como emisario, como miembro de una cultura diferente a la nuestra.
De todas formas, la inclusión de este elemento humano dentro de la andadura de George Perez en Wonder Woman no vería su ejemplo más emblemático en su etapa como artista completo, sino en el periodo en que sólo desarrolló la labor de dibujante en el número 46. Bajo el epígrafe Dibujos de Tiza, Perez, con el apoyo, como en otras ocasiones, de Mindy Newell, se permitiría el lujo de desarrollar veinticuatro páginas de una trama sin ningún componente heroico, sin momentos de acción; solo una historia sobre el suicido adolescente, sencilla a la par que realista, que marcará a Diana y, sobre todo, a su amiga Vanessa Kapatelis.
Narrativa: equilibrio entre innovación y clasicismo
Uno de los elementos que destacan dentro de esta etapa de la serie regular de la amazona son las pinceladas de innovación narrativa que nos brinda Perez. Así, mientras nos sorprendemos ante la decisión de Grant Morrison por romper la narración lineal en el último número de Final Crisis, nos olvidamos de que Perez y sus coguionistas ya hicieron uso de esa técnica en algunas historias de la princesa amazona; un buen ejemplo sería la historia que cierra el primer anual, donde nos muestra la lectura de testamento de Mindy Mayer mediante saltos en el tiempo.
En Passages, octava entrega de la serie, Perez se enfrentaba a una ardua tarea: su primer cruce con una macrosaga de la DC: Legends. La intención de la editorial era que la princesa interviniese en ella desde el principio, pero Perez y la editora Karen Berger no estaban de acuerdo; pensaban que Diana debía de estar algo más asentada dentro de su mundo antes de tener tanto peso en una saga, y además había hilos narrativos que cerrar. Mike Gold, el editor de Legends, aceptó retrasar la incorporación de la amazona hasta el último número. Perez nos regaló en su número de crossover con la saga un cómic más cercano a la novela ilustrada que al comic-book tradicional. A través de anotaciones en diarios, informes o cartas de diversos personajes que rodean a la amazona (las viñetas son elementos de transición entre unos y otros), nos enteramos de lo ocurrido en la citada saga; se cierran cabos sueltos de la primera aventura de la princesa y se nos presenta el próximo hilo argumental protagonizado por la felina Cheetah. Destaca en este número la habilidad del tándem Perez/Wein para adaptar el estilo narrativo a los distintos tipos de escritos y personajes.
Como podemos ver, nos encontramos, también en este número una de las constantes que enunciaba anteriormente dentro de la serie: el peso que se da a la imagen que tienen otros de la amazona. Y es que, si algo caracteriza a Wonder Woman, diferenciándola de otros héroes de la DC, es que ella no escogió convertirse en superheroina por un deseo de buscar justicia, por el descubrimiento de nuevos poderes, sino que es una enviada de otro mundo, una extraña proveniente de un reino olvidado, de una nación considerada mito, que llega a nuestro mundo con una misión concreta (detener a Ares), con una visión por completo distinta de la vida y a la que el devenir de los acontecimientos sitúa en el ojo del huracán. Como extraña salvadora, su presencia despierta admiración y desconfianza a partes iguales. Podría decirse que, si bien Wonder Woman desarrolla una labor como superheroína, ese no es su principal destino en el mundo del hombre, sino que es sólo un vehículo para conseguir otros propósitos, como la paz o el entendimiento entre su pueblo y el nuestro. Tal vez por esa razón carezca de identidad secreta, dado que vista su uniforme; vista de calle siempre parece realizar cierta función de enlace entre dos culturas, primero como fuente de captación y emisión de conocimientos, y más tarde como embajadora.
Este buen hacer para adaptar la narrativa a cada interlocutor volvería a demostrarlo Perez en el número 20 de la colección. Esta historia, centrada en la investigación de la muerte de la publicista Mindy Mayer, se le ocurrió a Perez viendo la serie La Ley de Los Ángeles, muy en boga en aquellos años. Desde la misma portada nos damos cuenta de que esta entrega es algo diferente de otras, con esa cubierta reproduciendo una primera página de un periódico centrada en el luctuoso suceso, para, posteriormente, dejar recaer la mayor parte del peso de la historia como narrador en el inspector Indelicato, policía y secundario habitual de esta etapa, que nos narrará la investigación en forma de relato policiaco (algunos textos de apoyo no tienen precio, son novela policiaca pura), y no nos evita un final de regusto amargo, sobre todo para la visón un tanto ingenua de la vida que aún tiene Diana.
Pero la que para mí es una de las historias más sólidas de este periodo, y donde Perez se muestra como un estupendo narrador, es con el arco El desafío de los dioses. En ella el autor portorriqueño vuelve a dar muestra de su habilidad para integrar con coherencia elementos sobrevenidos del Gran Evento DC del momento, su tino para extraer influencias de otros campos creativos, en ese caso la mitología más épica y el péplum.
En lo que se refiere a la habilidad de Perez para introducir cruces con macrosagas, El desafío de los dioses ha de entrelazarse con la serie semanal Millenium. Ésta se centraba en los Manhunters, unos robots algo díscolos, diseñados por los Guardianes del Universo para actuar de fuerza policial interestelar; terminarían por rebelarse, lo que condujo a la creación del Cuerpo de Green Lanterns y al inicio de un lento proceso de colonización de nuestro mundo por parte de los Manhunters. En el primer número de esta saga se descubriría que una parte de los aliados, amigos, enemigos o familiares de los héroes, eran estos robots disfrazados. En el caso de Wonder Woman, el infiltrado será el dios Pan; el acierto de tal elección no radica tanto el personaje escogido como en las ramificaciones que tendría en la historia de la amazona tal infiltración.
La primera bifurcación se verá en el propio arco del El desafío de los dioses, desarrollado entre los números 10 a 14 de la colección: Pan instigará a Zeus para que trate de seducir a Diana, y cuando esta rechaza al Señor de los Dioses se verá obligada a afrontar una serie de pruebas para paliar su osadía. Esta aventura, desarrollada en el Hades, será clave para la historia de Wonder Woman en muchos aspectos: conocerá la mujer a la que debe su nombre y estandartes, una piloto de avión llamada Diana Trevor, la madre de Steve, aliado fiel de Wonder Woman; descubrirá la obscena suplantación de Pan, asesinado por un Manhunter y posteriormente devorado por el ciego Polifemo y el destino de las amazonas cambiará para siempre cuando Heracles, el hombre que las esclavizó, regrese. Durante toda esta aventura la amazona habrá de hacer frente a toda suerte de seres de los que hemos oído hablar en las leyendas, tales como la Quimera, el Minotauro, o la Hidra.
Como comentaba al principio, la rica mitología griega no es el único elemento claramente rastreable y homenajeado en esta estupenda historia; los aficionados al cine clásico de aventuras disfrutarán de la particular distinción de Perez a la entrañable Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts, 1963), una de las películas donde las fantásticas criaturas diseñadas por Ray Harryhausen alcanzan mayores cotas de espectacularidad.
Al igual que Jasón en la película, Diana habrá de hacer frente a la mítica Hidra, consiguiendo derrotarla, acabando el monstruoso ser calcinado y convertido en un montón de huesos. Pero no es el este punto donde yace el guiño, sino en lo que ocurre más adelante con los dientes del animal. Y es que el artero Pan, al descubrir a la reina Hipólita adentrándose en el Tártaro, enterrará los dientes de la Hidra en la tierra para que de ella brote un ejército de esqueletos hoplitas que se enfrentarán a la monarca. No he podido rastrear referencias a este “mito” de los dientes de la Hidra como madres de una siniestra armada, así que podríamos considerar este momento del cómic como el guiño del guionista y dibujante a un tipo de cine, como es el péplum, con el que guarda no pocos paralelismos. Al fin y al cabo, en ambos casos nos encontramos con reformulaciones de la mitología clásica más o menos libres, en aras de crear entretenidas y entrañables historias de aventuras que hacen volar la imaginación del espectador.
Pero volviendo al argumento de esta historia —en la que me detengo más de lo normal al considerarla un punto de inflexión en el devenir del personaje—, comentaba de la elección del dios Pan como infiltrado provocará el desprendimiento de dos elementos clave para entender el desarrollo del personaje de Diana y de la historia de las amazonas. La segunda de estas consecuencias tardaría tiempo en conocerse —de hecho, vendría ya con Perez fuera de los lápices—: las terribles circunstancias de la muerte de Pan se interrelacionarán con el extraño fin que tuvo la mujer en cuyo honor porta Diana su nombre y su manto como heroína. De esta última circunstancia sabíamos que la llegada de esta primera Diana a Isla Paraíso, donde perecería, se producía cuando su avión era víctima de lo que semejaba ser una extraña tormenta. En el segundo anual de Wonder Woman, Hermes informaría a Diana de que la tormenta no era tal cosa, sino una ruptura en el Caos —la barrera que separa a Isla Paraíso del mundo del hombre— y que ésta no era fortuita, sino que suponía el grito de dolor de Gea, la madre tierra, al sentir la atroz muerte de Pan, tan fuerte que hizo temblar los cimientos del propio Olimpo y cerca estuvo de causar el fin de las amazonas.
De este modo, Perez demostraba que, con un poco de tino e imaginación, pueden llegar a integrarse en la continuidad de un personaje, con naturalidad y coherencia, esos enojosos cambios a los que obligan las grandes sagas a las que tan dada es la editorial DC.
Valoración del conjunto
Vista hoy en día, la Wonder Woman de George Perez sigue siendo un cómic de sorprendente fuerza y que, en general, ha soportado bien el paso del tiempo; tal vez lo que a día de hoy resulte más chocante para el lector actual sea cierto halo de inocencia que destila el cómic, y que resulta extraño en estos tiempos en que la oscuridad parece ser sinónimo de calidad, y la ingenuidad parece vetada en el medio. (Se me ocurre como excepción la miniserie que ha aparecido en época reciente en Estados Unidos dedicada a la nueva Terra, un personaje sorprendentemente luminoso.)
Sin embargo, el resto del conjunto sigue resultando moderno. En parte puede deberse a que el excelente trabajo gráfico de Perez resulta atemporal y, desde el punto de vista del manejo de la narrativa, superior al de muchos dibujantes actuales. También pude influir el escoger como principal fuente de inspiración para enemigos, e incluso como arcos argumentales, la mitología (sobre todo la griega), con lo que se logra otorgar a la serie de cierto aroma épico siempre entrañable y agradecido de leer. Sea por lo que fuere, su andadura, sobre todo como artista completo, ha aguantado de forma admirable el paso de más de veinte años y sigue siendo un referente para los seguidores del personaje.
Otro aspecto que puede sorprender al nuevo lector que se acerque a este cómic es la narrativa. Como ya comentaba más arriba, Perez sabe manejar con tiento el lenguaje del comic, es capaz de referirnos en un par de viñetas lo que hoy, con el prurito de alargar las historias hasta el infinito, nos contarían en una página. Ya no es solo que su trazo sea fluido, que sus personajes den sensación de movimiento y no de pose, sino que hace un uso estupendo de los textos de apoyo, tan olvidados hoy, que pueden contribuir a eliminar viñetas de transición que ralentizarían la historia. Tampoco elude hacer uso de los hoy más bien olvidados one shot (historias de un solo número de 24 páginas) cuando es necesario. Pero, claro está, en aquellos tiempos no se concebían las historias pensando en el futuro tomo recopilatorio.
Bibliografía
En la actualidad la etapa de George Perez como artista completo ha sido reeditada por la editorial Planeta bajo el sello Clásicos DC en cuatro tomos. Se trata, por tanto, de una edición en tamaño reducido que hace un flaco favor al estupendo dibujo, muy detallado, del autor; sin embargo, hasta que se haga una edición algo más lujosa —la calidad de la etapa bien la merece— es una forma aceptable de conocer esta obra.
Los tomos están acompañados de artículo introductorios, parte de los cuales has servido como apoyo para conocer algunos de los datos expuestos en este artículo.
El contenido de los libros se articula de la siguiente manera:
Clásicos DC: Wonder Woman 1
Contiene los números 1 al 6 de la colección y se trata de un tomo auto-conclusivo centrado en la Génesis de Wonder Woman y su enfrentamiento con el Dios Ares. Los títulos de las diferentes historietas son: “La princesa y el poder”; “Fuego en los cielos”; “Llegada justo a tiempo”; “Un largo día de viaje hacia el miedo”; “La ofensiva Ares”; “Jugar con ventaja”.
Clásicos DC: Wonder Woman 2
Abarca los números 7 al 13 de la serie. Este tomo ya no es auto-conclusivo y deja seccionada la saga El desafío de los dioses. Historias que contiene: “Renacimiento”; “Fragmentos de tiempo” (cruce con Legends); “Sangre de Cheetah”; “Paraíso Perdido (El desafío de los dioses 1)”; “Fuego y tormento (El desafío de los dioses 2)”; “Ecos del pasado (El desafío de los dioses 3)”.
Clásicos DC: Wonder Woman 3
Contiene los números 14 al 19 de la colección, y además el Action Comics 600, situado entre los números 16 y 17 de la amazona. Asistimos al final de El desafío de los dioses, con la aparición de Cisne Plateado y el enfrentamiento con Circe, entre otras historias. Títulos que alberga: “Por la gloria de Gea (El desafío de los dioses 4)”; “Canto del Cisne”; “Ave del Paraíso / Ave de Presa”; “Mundos diferentes” (Action Comics, 600); “Vestigios”; “Criaturas de la oscuridad”; “La bruja de la isla”.
Clásicos DC: Wonder Woman 4
Volumen final. Alberga los números 20 a 24 y el anual 1 (situado entre los números 22 y 23). Asistimos al esclarecimiento de la muerte de Mindy Mayer, la migración de los Dioses Olímpicos, la apertura de Isla Paraíso la civilización masculina, la llegada de Hermes a nuestro mundo y conoceremos un poco más la historia de las amazonas. Cómics que contiene: “¿Quién mató a Mindy Mayer?”; “Migración cósmica”; “Cruzando la Puerta del Destino” (Wonder Woman Anual 1); “Un dios entre hombres”; “Zona de combate”.
Para localizar cómics de la etapa en la que Perez ejerció solo como guionista tendríamos que recurrir a las tiendas especializadas en segunda mano o saldos para adquirir los antiguos números de Zinco.
Ana Morán Infiesta (Gijón. España)
(1) De hecho es la diosa de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa.
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