El hombre perseguido por un OVNI

por José Luis Salvador Estébenez

El hombre perseguido por un OVNI es una de las mayores rarezas de la historia del cine español, que tuvo un estreno fugaz años después de su rodaje y poquísima gente ha visto. Aprovechando la edición de la película por parte de L’Atelier 13 entrevistamos a su director y comentamos la película.


Comentario

Señalada por diferentes fuentes como la primera película de ciencia-ficción española, ignorando de esta manera títulos del calibre de El sonido de la muerte (1964) de José Antonio Nieves Conde, o Terror en el espacio/Terrore nello spazio (1965) de Mario Bava, si bien esta última se trataba de una coproducción con Italia, u otros de menor prestigio como El refugio del miedo (1974) de José Ulloa, o S.O.S. Invasión (1969) de Silvio F. Balbuena, El hombre perseguido por un O.V.N.I. se erige como una de las muestras más extrañas y bizarras que ha dado nuestra piel de toro.

Emparentada lejanamente con la ciencia-ficción norteamericana de la década de los 50, tanto por la naturaleza de su argumento, como por el diseño clásico de su platillo volante, siendo tal vez su referente más claro The Earth vs. Flying Saucers [tv/dvd: La Tierra contra los platillos volantes, 1956] de Fred F. Sears, lo que queda patente ya desde sus alucinógenos títulos de crédito, donde los rótulos se alternan con la proyección de fotografías sobre las que una voz en off nos va narrando diferentes casos de avistamientos de Ovnis, otorgándole al conjunto cierto aire documental, bastante similar al del prólogo de la película anteriormente referida, sus logros artísticos están más cercanos al del cine del denominado peor director de la historia, Ed Wood, suponiendo el debut en el largo de Juan Carlos Olaria, voluntarioso realizador nacido en Zaragoza y afincado en Cataluña, que durante años, casi hasta la actualidad, ha venido frecuentando el género con gran tesón, en forma de cortometrajes y mediometrajes, siendo este su trabajo más ambicioso.

Y es que, si nos atenemos a criterios críticos, la película no hay por donde cogerla, más allá de que sus hechuras amateurs, y el hecho de llevar hacia delante tan descabellado proyecto, puedan despertarnos cierta simpatía, y que a su vez esta haga que valoremos sus resultados de forma más indulgente.

Por un lado tenemos un demencial argumento, en el que se mezcla la ciencia-ficción más clásica, con toques del erotismo más burdo que uno pueda imaginar, donde la existencia de la mayoría de los personajes que circulan por la historia, tejida a raíz de un hecho anecdótico, que quizás para un corto sirviera, pero no para un largometraje de duración estándar, responden a cierta voluntad por aportar algo de variedad a la película y que esta no se convierta en un monólogo sobre lo que nos promete su explícito título, el cual pocas veces se ha ajustado tanto a lo que una cinta nos narra, a la vez que a la de alargar sensiblemente la duración de la misma, puesto en escena por medio de un libreto obra de Juan Xiol Marchal, director por aquellos años de varios westerns mediterráneos y cintas eróticas de dudosa calidad, repleto de diálogos risibles, quedando en el aire la duda de si estos fueron escritos con tal propósito, o por el contrario, de forma seria.

Por otro, en el aspecto técnico, además de una evidente falta de medios, que en su tramo final se traduce en un abuso de tomas de archivo, pese a que los efectos especiales ópticos, si bien sencillos y artesanales, no lleguen a acusar dicha pobreza, resultando incluso hasta efectivos, siendo sin duda lo más inspirado del film, nos encontramos con unas actuaciones horrorosas, a cargo de un reparto de escaso bagaje profesional, en el mejor de los casos, amén de una acusada realización amateur, con un montaje que no le va a la zaga, y un diseño de producción esperpéntico, dando como fruto una cinta donde su hipotético valor se limita a la relativa curiosidad que pueda despertar su condición de título ignoto y olvidado, a la par que por lo inusual de su propuesta, tanto por coordenadas geográficas, como temporales, por lo que solo podrá ser disfrutado por aquellos buscadores de rarezas, bien curtidos en tales lides.

 

Entrevista

Pasadizo: ¿Desde cuándo empieza a interesarse por el cine?

Juan Carlos Olaria: Desde mi más tierna infancia, cuando iba con mi madre a los cines Iberia, Roxy… Estos cines de Gracia que eran de re-estreno, porque los de estreno eran el Tívoli, el Coliseum… y sólo hacían una película. En cambio, en estos cines que llamábamos de barrio o de cacahuetes hacían programa doble. Y allí, de pequeño, como entonces en aquellos tiempos no había otra diversión, ya que no había televisión, sólo radio, íbamos dos veces a la semana, jueves y domingos o jueves y sábados. Primero me aficioné a verlas, cuando era pequeño, con ocho o diez años, y luego, cuando ya fui un poquito mayor y fui al bachillerato de entonces, me agencié una cámara de 8 mm. y empecé a hacer películas. Primero películas familiares, en las que aprendes a poner el diafragma, a que salga la cosa clara y que no se te queme o te salga blanco. Y entonces, a partir de ahí, después de las familiares, dices: “Voy a hacer un argumento”. Después, por aquellos tiempos, había algunas asociaciones donde la gente hacia cine amateur, había Gente Excursionista de Cataluña, aquí en Barcelona, y la Agrupación Fotográfica, en la calle del Duque de la Victoria, cerca de la Catedral. Íbamos ahí, creo que eran los viernes por la noche a partir de las ocho, y la gente traía lo que hacía, y lo comentábamos. Y poco a poco, así, fui aprendiendo.

P: Con solo quince años ya rueda su primer corto, Robo al amanecer. Imagino que le costaría por ser el primer corto, aunque tuviera ese bagaje anterior…

JCO: Ese corto fue verdaderamente el primero. Y es un corto que fui a ver qué salía. No tenia ni idea. Y pensé, si no tienes ni actores… entonces ni se me ocurrió acudir a los compañeros de clase… y cogí, y dije: “Pues bueno, me pongo unos algodones en los carrillos, me pongo un bigote postizo, luego una dentadura…” Y por un lado hacía del inspector, por otro lado, como era normal, hacía del chico de la película, y con una dentadura postiza, del atracador. Y con estos tres papeles, era una película muy primitiva, muy graciosa. Lo digo porque ahora estoy haciendo un traspaso a dvd, y he tenido la oportunidad de volverla a ver, y me he reído mucho.

P: A Robo al amanecer le seguiría El planeta Plimio, con fotografía en color, y donde hace ya su primera incursión dentro de la ciencia-ficción, género muy presente en su obra. ¿Podemos decir que este género es su preferido?

JCO: Un alto. La primera era en blanco y negro, y la segunda la hice en color. Color Kodakchrome, que era un color que te daba positivo. Tú rodabas y no daba negativo, ya te daba el positivo, y en colores muy bonitos, como si fueran positivas antiguas. Volviendo a la pregunta, sin duda es mi género preferido, aunque he hecho otros temas. Pero este me divertía, y me encantaba hacerlo.

P: ¿Qué es lo que le atrae de él?

JCO: Es muy sugestivo, ¿verdad? Sobre todo esto de los extraterrestres es fantástico. A mí me encantaría, no sé, ir por el campo y encontrarme a unos extraterrestres. Sería fabuloso. Aunque si fuesen agresivos… Claro, si te matan con un rayo, no tiene ni puñetera gracia, pero quiero decir que… En fin, es muy apasionante.

P: De aquella época, ¿cuáles eran sus referencias dentro del cine de ciencia ficción?

JCO: Claro, aquella época… El planeta Plimio está hecha exactamente en 1958.

P: En pleno auge del cine de ciencia-ficción de serie B norteamericano…

JCO: Ahí está. El pleno auge de un cine que era un poco artesanal todavía. Recordará que en el 52 creo, se había hecho La guerra de los mundos de Byron Haskin, y en el 51 también y 52, se había hecho Ultimátum a la Tierra de Robert Wise. Entonces después, vinieron algunas más que ahora no me acuerdo…

P: Invasores de Marte, Planeta Prohibido

JCO: Eso es. Pues bueno, con aquel aire, uno intenta hacer algo parecido. Y luego hay otra cosa que no debe olvidarse de El planeta Plimio en cuanto a las influencias, y es que sale una persecución de unas aves gigantes, pterodáctilos, a una nave interplanetaria. Una cosa que es así un poquito fantástica, porque la nave interplanetaria las dejaría atrás enseguida. Pero esto esta inspirado en la película de Inoshiro Honda, no se si la habrá visto, Los hijos del volcán.

P: Sí, la he visto. Y todo eso, imagino, hecho de forma artesanal…

JCO: Súper artesanal. Me ha venido a la memori, que esa película que ahora la he visto (El planeta Plimio), me hace pensar en Ed Wood. ¿Sabe cuando hizo Plan 9 From Outer Space?

P: Sí…

JCO: Lo que pasa es que una es en blanco y negro y la otra en color. Pero es igual de primitiva. Tiene mucha gracia por lo tosca que es. Se ven los cartones que fingían los dinosaurios, se ven los trucos a lo lejos… Pero se divierte uno. Y yo no lo sabía, por eso luego, hay alguien que me dijo: “Es que tú eres el Ed Wood catalán”…

P: Eso le iba a preguntar…

JCO: Al principio no me hacía ni puñetera gracia, francamente. Pero luego he encontrado que tienen razón. Es gracioso.

P: En 1972 comienza el rodaje de El hombre perseguido por un O.V.N.I.

JCO: Exacto, en mayo.

P: …Cinta que es señalada por diversas fuentes como la primera película española de ciencia-ficción y, a la vez, su debut en el largo. ¿Cómo surgió este proyecto?

JCO: Yo entonces había visto mucha película de ciencia-ficción… Bueno, mucha, la que te he dicho. Y también acababa de ver, creo recordar, la serie Los invasores. Y entonces, todo ello, combinado, y como ya tenia afición de pequeño, pues escribí este guión. Al principio se titulaba “Los mutantes”, y luego, como el título era muy así, y más bien era de extraterrestres, platillos volantes… Pues le puse El hombre perseguido por un O.V.N.I., que precisamente por ser el hombre perseguido por el campo… ¿qué más quieres? El título es ya bastante explícito. Te explica mucho de lo que vas a ver. No tiene más.

P: El rodaje se desarrolló entre 1972 y 1975. ¿A qué fue debido?

JCO: Primero se acabó a los tres meses. Después de mayo, antes de ir a Navidad, se estaba acabando el rodaje. Fue cuestión técnica. Porque yo, como provengo del cine amateur, montaba las películas sobre el material positivo, como quien dice. A lo mejor ni siquiera sabía que se hacían copiones. O me creía tan pretencioso que pensaba que podía prescindir de los copiones. Y no puedes prescindir del copión, porque si no te cargas la película, porque si haces mal un corte, calcula. Entonces yo iba con un cuidado enorme y la monté con planos superlargos. Total, que quedaba una película de un tostón subido, era una película aburrida. Entonces, como yo estaba en contacto con el Festival de Sitges, a uno de los colaboradores, creo que fue a Ramón Ibáñez… porque a los hermanos Ibáñez, Ramón, Rafael y todos, les estoy muy agradecido porque me ayudaron mucho, pero cometieron el error de pasar el copión sin sonido, sin nada, y así montado, como muestra, a una serie de periodistas y productores, y claro, quedaron muy decepcionados, y yo me desanimé. Entonces, pasó quizás un año, tuve que ir a las prácticas de la mili, y pasó el tiempo, hasta que apareció Juan Xiol, que era ya director, y vivía delante de mí, y me animó y ayudó a terminarla.

P: Supongo que Juan Xiol Marchal tendría mucho que ver en los desnudos y el cierto tono erótico de algunas secuencias… [N. del A.: Juan Xiol, nacido en 1927 en Bilbao, y fallecido en 1977 en Barcelona, fue un guionista y realizador, que durante la década de los 60 y hasta su muerte, participó en varias producciones dentro de la entonces activa industria catalana de género, cultivando en sus últimos años el cine erótico, también llamado “S”, con títulos como Los farsantes del amor o Sexy, amor y fantasía].

JCO: Sí. Últimamente hacía cine erótico, y se murió justo cuando empezaba el destape, con lo cual, si hubiera vivido más, se hubiera puesto las botas. Me ayudó al montaje, hizo copión, y entonces me la montó, porque me dijo: “Yo en Italia estoy considerado uno de los mejores montadores”. Y yo dije “no me digas…”, y me contestó “Yo te la monto porque esta película está muy bien, pero le hace falta un buen montaje”. Y con mucha generosidad me la montó. Y entonces, claro, la película quedó reducida a poco más de una hora, y hubo que añadir escenas. Y él, como estaba enamorado… estaba casado, pero tenía de estrella a Lynn Endersson. Pues me dijo “Lynn Endersson te hará un papelito, y luego contrataré a Dámaso Muní”. Y entonces añadimos escenas y todavía quedó corta. Entonces me puse en contacto con el consulado americano, y les pedí unas películas de naves especiales de la NASA, y con una gran generosidad me las enviaron. Fue un poco accidentado, porque yo no tenía experiencia.

P: Supongo que en una producción de estas características surgirían mil y una dificultades y multitud de anécdotas. ¿Recuerda alguna de ellas?

JCO: Siempre cuento la misma. El primer día se rodaba por un camino vecinal que tenía un poco de pendiente hacía abajo, donde el coche del protagonista era robado por cuatro o cinco mutantes que lo arrastraban. Yo estaba delante del coche, detrás del capó acurrucado rodando, mientras el protagonista conducía y más allá estaban los mutantes arrastrando el coche. Digo acción, y me doy cuenta de que… en las películas es muy fácil, pero en la realidad, un coche que pesa una tonelada no se puede retener por cuatro tíos. Total, se les escapó, no pudieron con él y el coche venía hacia mí, y yo decía “Dios mío que me va a atropellar”. Pero se fue hacia la derecha, subió la pendiente, y dio una vuelta de campana. Eso el primer día. Y el coche todo abollado. Entonces empezamos la mar de bien. Yo quedé que dije, “pues vaya suerte” (risas). Era para dejarlo, pero bueno. Y de hecho, el coche que sale que lo arrastran, es otro de similares características que hubo que alquilar, lo que pasa que de lejos no se nota. El coche abollado, que a veces se ve lo de abajo, es el coche que verdaderamente se abolló, que como resulta abollado, cuando llegábamos al rodaje… porque aún abollado funcionaba… y cuando llegábamos pues dijimos “lo dejaremos así como si hubiera caído, y lo damos la vuelta entre todos y lo ponemos de canto, ¿no? Y así, aunque se abolle…” Fue un rodaje muy chusco. Y otra que se me ocurre, es cuando estábamos haciendo el ovni, fuimos por una playa de, no sé si Lloret o Playa de Aro, y estaban haciendo la película de los templarios de Amando de Ossorio. Estaban Victor Petit, y Dianak Zurakowska.

P: Sí, La noche de las gaviotas, la última de la tetralogía. Pero la actriz no es Dianak Zurakowska, es Sandra Mozarowski.

JCO: Eso es, esa chica que se suicidó, pobre muchacha. Sandra Mozarowski. Recuerdo que estábamos en el mismo hotel y yo le decía a Xiol, “¿por qué no hablamos con él?”, y de repente abren la puerta y vemos a Sandra Mozarowski, que tenía unos ojitos azules, que era una preciosidad, y volvió a cerrar y se fue. Y yo les decía: “Oye, pues ahora que estamos, establezcamos relaciones”, pero era todo un poco así, que cada uno iba a lo suyo. Y luego les vimos rodar en la playa. Con aquellas máscaras que eran muy funcionales. No más se ponían la máscara de los templarios, y ya parecían unos espectros.

P: Los desnudos que aparecen en la película, ¿obedecieron a cierto oportunismo debido a la situación de apertura que estaba próxima a producirse en el país?

JCO: Los desnudos. En realidad, desnudos de Lynn Endersson, aunque parezca muy erótico, no hubo. Pero desnudos de la chica en la ducha, sí que hubo.

P: ¿Fue este el motivo de que la película no se estrenara hasta 1977?

JCO: No creo. Lo que sí recuerdo es que la censura se metió, y de hecho me mandaron un oficio que detrás ponía, corte de aquí a aquí, de aquí a aquí y de aquí a acá. Total, que lo que no querían es que saliera el pubis. Y a mí me hacía muy poca gracia, porque entonces estaba el destape ya, y yo había visto muchos pubis por ahí, no crea.

P: Claro, también era una manera de vender la película…

JCO: Por eso. Y yo dije, ¿por qué les coge esto conmigo y no con otros que yo ya he visto?... En fin, me hizo muy poca gracia. Fui al laboratorio, y empezaban a hacer una cosa que cortaban el sonido también, pero cuando dijeron que tenían que cortar el original, dije “Ya está bien, me arriesgo” y los envié a parir, y no corté nada. Y me arriesgué a no cortar nada. Pero no se metieron. Quiero decir que cuando se estrenó nadie me dijo nada. Años después que podían haberme dicho “Usted no ha cortado…”, no me dijeron nada. Es que, a veces, la censura entonces, lo hacía para cabrear, no lo hacía por otra cosa.

P: Entonces ¿cuál fue el motivo para que, desde el 75 que esta acabada la película, no se estrene hasta el 77?

JCO: Es una historia muy larga. Te diré un resumen muy resumido y es que la suerte del principiante la tuve, verdaderamente, pero no la supe aprovechar. En realidad la película, si yo hubiera aprovechado, me la compraban ya y me la hacían ya, aquí en el Capitol de Barcelona. La cosa iba así. Pero cuando uno es joven, a veces, no digo todos, pero yo concretamente, me comporté como un tío codicioso. Entonces, cuando me daban un precio, por ejemplo, mira exactamente 2.800.000 Ptas., además del 15% de lo que hubiera recaudado por el Estado, pues yo fui burro y al cabo de unos días pensé, si me dan 2.800.000 Ptas., es que esto vale seis millones. Y fui y les pedí seis millones, y entonces los tíos dijeron, “Uy no, no”, con razón, y la pringué. Después además cometí el error de ir al laboratorio y decirles, “todo el que quiera ver mi película que la vea”, y claro, luego me di cuenta de que en el mundo del cine, si tú presentas la película a mucha gente, lo que consigues es que se vaya degradando. Es una cosa extraña, aunque (la película) sea buena, ¿eh? Porque la gente del cine empieza a hablar mal de lo que no quiere comprar. “Esto es muy malo”. Y la película poco a poco va bajando, va bajando. Una cosa absurda, pero cierta. Entonces así fue, y total, al final cayó en manos de un distribuidor de última categoría. El distribuidor que me la cogió, con decirte que no gastó un duro en publicidad... La publicidad que hacía provenía de los propios cines que la exhibían. O sea que en este plan, ya me dirás tú. Pero ya digo, es culpa mía. No hubiera sido un exitazo, pero hubiera hecho su dinerito para el Capitol, y entonces ya hubiera ido… En fin. Pero esto es el cuento de la lechera.

P: Alguna de las escasas fuentes donde se hacen eco de El hombre…, como el libro The Spanish Fantasy Pictures Show de Marcos Ordóñez, señalan que en la cinta fueron utilizados descartes de Los farsantes del amor, del anteriormente citado Juan Xiol Marchal, y que a su vez, material de ambas fue reutilizado en Sueca bisexual necesita semental de Richard Vogue. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

JCO: ¿En mi película, para estas otras? Es la primera noticia. Pero te puedo asegurar que Juan Xiol hacía sus películas por su parte, y yo por la mía. Y lo que rodamos de acuerdo con Juan Xiol, fue todo original nuestro. Aunque Juan Xiol participó, pero no aprovechó de otras películas, te lo puedo jurar, vamos, que se hunda el cielo. A este señor le puedes decir, si le conoces, que el autor te ha dicho que no. Puedes poner las manos en el fuego que no te quemarás. Xiol hacía sus películas y no tenía necesidad de utilizar mi película de stock. Porque lo volvimos a rodar… no esta película, no esta historia… Incluso él propuso ideas, porque yo también, y esto los notarás en los títulos de crédito, para expresarle respeto, le puse como guionista, cuando en realidad tenía que haberle puesto como montador. Él incluyó a Lynn Enderson y dio sus ideas como especialista en cine erótico. El único aprovechamiento que hubo fue lo de la NASA.

P: Tras El hombre perseguido por un O.V.N.I. pasan siete años hasta que vuelve a ponerse detrás de las cámaras, rodando lo que sería su segundo y, hasta el momento, último largometraje, El diario rojo, cinta en la que reflexiona sobre el machismo, permaneciendo aún inédita. ¿Cuál es el motivo?

JCO: Esto ya no tiene nada que ver con la ciencia-ficción. Sólo se la enseñé a un distribuidor, que fue Llorens, de Lauren en Barcelona. No le gustó y me desanimé. No la ha visto nadie más. Porque claro, la película es en blanco y negro, muy hermética, no busca ningún tipo de concesión…

P: No es muy comercial, vamos…

JCO: Exacto. No creo que sea muy comercial. Pero bueno, últimamente estoy hablando con un amigo que se dedica a estas cosas de distribución, y a lo mejor, como curiosidad, la pasamos. Pero si la pasamos será en cines tipo arte y ensayo, pequeños cines, a ver qué pasa. Sería como si me tocaran los euro millones, que se pase como si no se quiere y luego aguante seis meses. Pero no sé. Hay una escena al final que es bastante impresionante, en la que el marido, su mujer ha sido violada violentamente y él es estéril, y se da cuenta de que el niño no es suyo, y lo quiere destruir… Es bastante impresionante el final. Ahora, yo no sé si en el cine me echarán tomates o me aplaudirán. Yo qué sé. Pero me gustaría hacerla para ver las reacciones del público de hoy en día. Pero no sé si se hará. Una ilusión mía es que si se vende bien el Ovni, L’Atelier me edite también en dvd El diario rojo, pero ya te digo, eso ya es una ilusión mía.

P: Desde El diario rojo hasta lo que es su último trabajo, Els cineastas opinen

JCO: Eso ya es una cosa distinta. Es para televisión y lo hice en casa con el ordenador.

P: …pasan más de veinte años, en los que tan sólo realiza dos cortometrajes, El caminante y Encuentro inesperado. ¿A qué se debe este descenso en cuanto a regularidad, cuando hasta entonces su carrera había sido bastante intensa, respecto a número de trabajos?

JCO: No sé, a que no se le ve horizontes.

P: ¿Se desanimó un poco?

JCO: Yo creo que sí.

P: Actualmente, el cine de género fantástico en España parece estar despertando, tras años de letargo, siendo especialmente fructífero en obras de ciencia-ficción, con títulos como Abre los ojos. ¿Qué opinión tiene de estas películas? ¿Le gustan?

JCO: Pues sí. Abre los ojos, es la que hicieron un remake americano, ¿verdad?

P: Sí, Vainilla Sky, con Tom Cruise.

JCO: Yo he visto Abre los ojos, pero no he llegado a ver Vainilla Sky, y todo hay que decirlo para ser sincero, Abre los ojos me gustó bastante. Todo aquello que explica en la terraza, que no sabes si es virtual o real, aquella ambivalencia, yo creo que está llevada con mucha gracia. Lo que pasa es que no ha sido muy valorada esa película, ha sido más valorada Los otros, por ejemplo.

P: Y del cine internacional, ¿qué títulos recientes le han llamado la atención?

JCO: No voy mucho al cine. Pero bueno, no sé, los clásicos, Blade Runner, Alien, el octavo pasajero…, pero ya hace años de esto. Y últimamente… bueno, Terminator, pero también hace años, y Temblores, creo que se llama así…

P: Sí, la de los gusanos debajo de la tierra…

JCO: Sí, esa también me hizo… Es chocante aquello. Mira a quién se le ocurriese esto… Y además es que yo creo que la gracia del cine es, el planteamiento aunque sea absurdo, pero que tenga un buen desarrollo. Porque si bien lo miras, La noche de los muertos vivientes… Si tú la premisa la ves, dices “Hala, qué explicación”; por medio de la radioactividad los muertos vuelven a la vida como caníbales. Pero ves la película, el tío lo va desarrollando y lo hace creíble.

P: ¿Qué proyectos tiene en el futuro?

JCO: Alguna cosa tengo. Siempre, al final, vuelves a hacer algo, lo que pasa es que no sé cuando. Pero siempre se vuelve.

P: Si desea añadir algo más…

JCO: Pues nada, que te agradezco la entrevista, y que vaya esto muy bien por Internet.

P: Muchas gracias a usted por su amabilidad.

Ficha Técnica

Director: Juan Carlos Olaria / Productores: Antonio Díaz del Castillo para Interplanetary Films / Guión: Juan Xiol Marchal sobre un argumento de Juan Carlos Olaria / Fotografía: Francisco Marín / Música: Victor Olcina / Montaje: Alberto Gasset / Efectos especiales: José Escudero y Pedro Arnedo / Intérpretes: Richard Kolin (Alberto Oliver), Lynn Enderson (Carol), Juan O. Olaria (comisario Durán), Gemma Lewis (Carmen), Juan Carlos Olaria (jefe de los extraterrestres), Juan Roig (piloto de la nave), Dámaso Muní (amante de Carol), Manuel Bronchud (conductor de coche), Ross Vineis, José María Montserrat, Juan Osca y Jesús Ortega (mutantes)… / Nacionalidad y año: España 1975 / Duración y datos técnicos: 82 min. Color. 2.35:1.

José Luis Salvador Estébenez (Madrid. España)