Soy leyenda

por Carlos Díaz Maroto

Cuarta adaptación al cine de la estupenda novela de Richard Matheson Soy leyenda, la nueva película de Will Smith es buena excusa para dar un repaso a todas esas adaptaciones que hemos tenido.

 

Soy Matheson

Richard Matheson nació el 20 de febrero de 1926 en Allendale, New Jersey, Estados Unidos, y se crió en Brooklyn. Saltó ya a la fama con su primer relato publicado, “Nacido de hombre y mujer” (“Born of Man and Woman”, 1950), en el Magazine of Fantasy and Science Fiction, y su primera novela de ciencia-ficción, Soy leyenda (I Am Legend, 1954), termina por confirmarlo como un maestro del género. Es ésta una novela de carácter intimista, pequeña pero nada simple, una joya de orfebrería minúscula pero muy valiosa, que reflexiona sobre la apariencia y la inversión de roles: el último hombre sobre la Tierra ha de hacer desesperadamente frente a hordas de vampiros que lo atacan; está indefenso, solo, temeroso, y con decisión cada mañana se levanta, va en busca de sus cubiles y los destruye uno a uno; por la noche, queda encerrado en su casa fortaleza resistiendo el ataque de los no muertos que rondan el lugar. Finalmente nos daremos cuenta de que el monstruo es él, que en un mundo donde la mayoría son vampiros, él es el diferente, él es el peligro, él es ya la leyenda.

Matheson escribió otras magníficas novelas, entre las que cabe resalta El hombre menguante (The Shrinking Man, 1956). Matheson también escribiría el guión de la película que adaptaba esta novela, El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957), de Jack Arnold. A partir de ahí, su colaboración con el cine y la televisión fue imparable. Escribió gran cantidad de guiones para Dimensión desconocida (The Twilight Zone; CBS, 1959-1964), de Rod Serling, y también sería el adaptador de la mayoría de las versiones que en los años 60 hizo el cineasta Roger Corman sobre historias de Edgar Allan Poe. En 1971 escribe una estupenda novela de terror, La Casa Infernal (Hell House), y de nuevo él escribe la adaptación cinematográfica con La leyenda de la Mansión del Infierno (The Legend of Hell House, 1973), de John Hough. Una de las últimas adaptaciones al cine de peso, sin su participación, es El último escalón (Stir of Echoes, 1999), de David Koepp, a partir de su antigua novela El último escalón (A Stir of Echoes, 1958).

En definitiva, Richard Matheson es uno de los más importantes escritores de fantasía del siglo XX, pese a que en España, para variar, sólo se haya publicado una mínima parte de su obra literaria. A ver si el éxito de esta nueva versión de Soy leyenda ayuda a impulsar más ediciones...

 

La no-versión de la Hammer

Hacia 1958, tras el éxito de Drácula (Dracula, 1958), de Terence Fisher, la Hammer contrató al Richard Matheson para que escribiera una adaptación de su novela Soy leyenda, al igual que había hecho en El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957), de Jack Arnold, con respecto a El hombre menguante (The Shrinking Man, 1956). Con el título de Night Creatures, quienes leyeron ese guión aseguran que era de lo mejor jamás escrito por Matheson, superando el propio original.

Por aquel entonces, la censura británica, la MPPA, ejercía un férreo control sobre la producción; tanto la citada versión de la novela de Stoker, como La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein), rodada en 1957 por el propio Fisher, recibieron notorios toques de atención por parte de aquélla, amén de diversos cortes. Cuando fue presentado ante el comité el guión de Matheson, Michael Carreras, responsable de la producción, fue amenazado con que la película, tras su rodaje (y consiguiente gasto económico) sería prohibida en su totalidad por la censura; ante tal amenaza, la mítica productora británica decidió cancelar el proyecto (1).

En esa época la Hammer tenía un contrato de distribución en Estados Unidos con un productor, Robert L. Lippert (2). Así pues, cedieron el guión a Lippert y se desentendieron del proyecto. Durante años el financiero americano dispuso del guión, hasta que finalmente en 1961 logró una participación italiana para rodar en aquel país la película. El guión de Matheson fue retomado por William P. Leicester quien, al parecer, efectuó cambios que no fueron del agrado del autor de “El tercero a partir del Sol”; así pues, éste reclamó que su nombre fuese eliminado de los créditos y reemplazado por el seudónimo de Logan Swanson, apelativo ocasionalmente usado por el escritor para algunas novelas policiales.

 

La versión con Vincent Price

Lo que más sorprende, una vez vista la película dirigida por Sidney Salkow, y teniendo en cuenta su año de producción (1961), es su enorme parecido con un clásico como La noche de los muertos vivientes (The Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero (3). Así, el aspecto desmañado y blanquecino de los resucitados -hasta entonces, la iconografía vampírica que pervivía era la establecida por la Universal y por la Hammer, en nada similares a los que ofrece el presente film-; el paulatino reporte televisado de las consecuencias de una misteriosa epidemia; o la aparición final de un comando paramilitar que masacra desapasionadamente los vampiros (4).

Otra de las sorpresas, una vez leídos los precedentes, es la enorme fidelidad con respecto al libro de Matheson; así, los únicos cambios notables que caben resaltar es sustituir la hecatombe nuclear de la novela por una misteriosa plaga -sin duda por razones presupuestarias- que en principio produce debilidad, luego ceguera, y después una aparente muerte seguida de una resurrección vampírica. Y toda la parte final, lo más débil del film, donde los vampiros que atacan a Neville/Morgan son una suerte de despiadados cazadores que a golpe de ametralladora intentan abatir al último hombre... vivo. El concepto de Matheson, de ese modo, es tergiversado y eliminado todo su potencial subversivo: Neville es temido por los vampiros, pues es un ser diferente e implacable que día a día los acosa y elimina; ahora él es el monstruo, y por tanto ha de ser aniquilado. Al ofrecer la película unos personajes que en nada se diferencian de aquel a quien temen, toda esa carga irónica, de variación de perspectivas, es anulada.

Durante muchos años esta película fue muy difícil de ver, ignoro los motivos. Por aquel entonces, las fuentes hablaban de unos resultados pésimos. Con posterioridad, posiblemente tras pases por festivales y su edición inicial -pésima- en dvd, las voces críticas clamaron que los resultados no eran en verdad tan nefastos, y resaltaban su valía -amén de la innegable similitud con el film de Romero-. Vista, al fin, y además ya con una excelente edición en dvd en Estados Unidos, no así España, cabe apuntar que uno está de acuerdo con las últimas opiniones. Pues, salvo el detalle del final referido, la película supone una grata sorpresa.

La película ofrece una atmósfera lúgubre y pesimista en verdad loable, con una fotografía en blanco y negro mortecina y apagada que retrata los planos de las calles solitarias con inusitada potencia (5), acrecentada por una música acorde con ese tono desesperanzado. Como película apocalíptica, por tanto, resulta muy convincente, y la patentísima escasez de medios ayuda a conferirle esa verosimilitud. La solidez del producto, dentro de, irónicamente, cierto deslavazamiento, la proporciona un Vincent Price inconmensurable, que bascula entre la confianza y la derrota, el optimismo y la desesperanza.

Resaltemos, finalmente, que en las copias italianas de la película se acredita como director al italiano Ubaldo Ragona, quien nada hizo en realidad en el film, y sólo consta su nombre por cuestiones legales de co-producción.

 

Una pequeña versión ignota

Una nueva versión de la novela de Richard Matheson suele pasar desapercibida a muchos comentaristas, y es que es un film que, al parecer, nadie ha podido ver, y eso que es española.

Soy leyenda fue rodada en 1967 por Mario Gómez Martín, a partir de un guión escrito por él mismo y Alfonso Núñez Flores. Es un cortometraje de quince minutos y en blanco y negro filmado con destino a la Escuela Oficial de Cinematografía tan en boga por aquel entonces. Era, pues, un ejercicio de estudiante. Los protagonistas fueron Ana Castor, Moisés Menéndez, Ricardo Palacios (6), Elisa Ramírez y José María Resel.

Mario Gómez Martín hizo otros muchos cortos en la Escuela, e imaginamos es el mismo que, en 1978, dirigió para TVE Ciertos reflejos: La Chunga¸ un especial dedicado a la famosa bailaora. Y también imaginamos que es el ayudante de dirección de Víctor Erice en Los días perdidos (1963), y de Angelino Fons en A este lado del muro (1963), ambos también cortos con destino a la Escuela Oficial de Cinematografía.

 

La versión con Charlton Heston

Los años 70 vieron una nueva versión de la novela de Matheson, El úlitmo hombre... vivo (The Omega Man, 1971), y muy acorde con los tiempos. Era la época en la cual estaba de moda el cine de blaxplotation, y esta película ofrece innegables puntos de contacto con el mismo, así la acción desenfrenada (dentro de los cauces de esa época) y la aparición de bastantes actores de color.

El guión, esta vez, fue debido a un matrimonio que en la época tenía un cierto prestigio, John William Corrington (1932-1988) y Joyce Hooper Corrington. Habían escrito el guión de la subvalorada El Barón Rojo (Von Richtofen and Brown/The Red Baron, 1971) para Roger Corman, y también trabajarían para Martin Scorsese en Boxcar Bertha [vd/dvd: El tren de Berta, 1972] y, dentro de nuestro género, escribirían los guiones de Battle for the Planet of the Apes [tv: Batalla por el planeta de los simios; vd/dvd: La conquista del planeta de los simios, 1973], de J. Lee-Thompson y el telefilm Abejas asesinas (Killer Bees, 1974), de Curtis Harrington. También cabe apuntar la película directa para vídeo Nightfall [tv/vd: Nightfall, 2000], de Gwyneth Gibby, y basada en un relato de Isaac Asimov, y que entre sus guionistas ofrece a John William Corrington dos años después de su muerte, lo que hace conjeturar una producción muy retrasada.

En los extras para el dvd de esta película, Joyce H. Corrington comenta con mucha suficiencia y bastante desprecio la novela de Matheson, riéndose de su temática de vampiros, y comentando que ellos le dieron una visión más moderna a la historia. En efecto, eliminaron toda la lectura social, y todo el trasfondo humanístico y filosófico, e hicieron una cinta de acción del montón con unos enemigos grotescos, unos “mutantes” que temen la luz del sol, con la piel embadurnada de harina y unas gafas que parecen robadas a Stevie Wonder.

Para dirigir la película se contrató a Boris Sagal (1917-1981), realizador proveniente de la televisión y que ocasionalmente tocó el cine. Debutó en 1955 con un especial titulado Christmas Eve with Charles Laughton y su último trabajo fue la mini-serie La Tercera Guerra Mundial (World Ward III, 1982), con David Soul, Brian Keith y Rock Hudson; durante el rodaje murió en un accidente de helicóptero, y la película fue terminada por David Greene. En el ínterin, Sagal dirigió montones de episodios de series televisivas como Mike Hammer (la de 1958), Mr. Lucky, Peter Gunn, Hong Kong, Dimensión desconocida, Alfred Hitchcock presenta, Dr. Kildare, El Gato, El agente de C.I.P.O.L., Colombo, Madigan, Ironside..., y también telefilms, mini-series, y unas pocas películas para cine.

En esta ocasión, una guerra apocalíptica por medio de armas biológicas ha destruido a la mayor parte de la población humana. Robert Neville (Charlton Heston) recorre las calles de un Los Ángeles vacío ametralladora en ristre; cuando percibe ligeros movimientos en las casas abandonadas suelta una descarga. Y es que mutantes acechan entre las ruinas, dispuestos a acabar con él.

Como decíamos, todo el potencial de la novela es desaprovechado para efectuar más una cinta de acción que una de ciencia-ficción (y eso que la época fue fértil para buenas películas en ese sentido), y mucho menos de terror, pues los vampiros aquí parecen más una secta de fanáticos albinos que criaturas sobrenaturales. Si no has leído la novela, la cinta puede parecer un producto menor pero medianamente entretenido, pese al atroz estilo narrativo de Sagal, que usa más el zoom que una serie Z italiana. Pero si quien ve la película previamente ha leído el libro, no puede sino dejar de bufar de disgusto por tan atroz desaprovechamiento.

 

La versión con Will Smith

Durante años, muchos años, se llevaba hablando de una nueva versión de la novela de Matheson (7). En concreto, doce años. Por el proyecto han pasado actores Michael Douglas, Tom Cruise o Arnold Schwarzenegger, y directores como James Cameron, Guillermo del Toro o Ridley Scott. A punto estuvo de hacerse la versión de Scott con Schwarzenegger, pero finalmente fue anulada por cuestiones de presupuesto. En 2002 se volvió a retomar el proyecto, ahora con Will Smith como protagonista y el espantoso Michael Bay como director. El guión, por aquel entonces, estaba escrito por Mark Protosevich, pero entonces apareció la película 28 días después (28 Days After, 2002), de Danny Boyle, y la producción quedó de nuevo en dique seco, debido a los parecidos argumentales (8). Akiva Goldsman se incorpora al proyecto y rehace el guión. En el lapso, también desaparece Michael Bay, y es reemplazado por Francis Lawrence, realizador procedente del campo del videoclip y la publicidad, y que en cine debutó con la muy mediocre Constantine (Constantine, 2005). Sus dos próximas películas, por cierto, serán Eddie Dickens and the Awful End, cinta de animación con ecos dickensianos, como el propio título advierte, y Snow and the Seven, adaptación a la China colonizada por los ingleses del cuento de Blancanieves, y para cuyo protagonismo se rumorean los nombres de Natalie Portman y Jet Li (!!!).

La sinopsis del film es la que sigue: Una pandemia letal ha aniquilado el 98 por ciento de la población de la Tierra, convirtiendo a los pocos supervivientes en una nueva raza de vampiros hiperviolentos. Robert Neville (Will Smith), un brillante científico especializado en epidemias y que, inexplicablemente, resultó inmune al ataque del virus, es el último hombre vivo en la ciudad de Nueva York. Durante tres años, Neville, que aún conserva la esperanza de encontrar a otros supervivientes como él, ha luchado sin descanso para encontrar una cura que revierta los efectos de la plaga y evitar caer en las fauces de los mutantes, atentos a cada uno de sus movimientos.

Los créditos de la película, amén de citar a Goldsman y Protosevich en el guión, y Matheson, por supuesto, también cita al matrimonio Corrington; y es que a cualquiera que haya visto el trailer le habrá quedado obvio que la nueva película se inspira no poco en la versión con Charlton Heston, antes que en el libro originario. Inclusive la aparición del perro, por las fotos y las imágenes vistas, es totalmente inversa a como figuraba en la novela.

Apuntemos también que la música es debida a James Newton Howard, compositor que tiene no pocos seguidores entre los aficionados al cine actual y al de género fantástico, y que la fotografía es debida a Andrew Lesnie, cuyo nombre está vinculado a cintas como el King Kong de Peter Jackson, así como su Trilogía de los Anillos, o el díptico del cerdito Babe.

El protagonismo corre a cargo, como ya sabemos, de Will Smith, quien se pasa gran parte de la película solo, únicamente acompañado de un precioso pastor alemán. Smith se inició en el campo de la música, y de ahí saltó a la televisión con la serie El príncipe de Bel Air (The Fresh Prince of Bel-Air; NBC, 1990-1996), donde se interpretaba a sí mismo. Pero al poco ya se lanzó al cine, donde apareció en películas tan interesantes como Seis grados de separación (Six Degrees of Separation, 1993), de Fred Schepisi, aunque su nombre, por lo general, estaba más vinculado a comedias y cine policial. Poco a poco comienza a volcarse hacia la ciencia-ficción, género que dice adorar, y así interviene en Independence Day (Independence Day, 1996), de Roland Emmerich, el díptico Men in Black (1997-2002), de Barry Sonnenfeld, o la estupenda Yo, robot (I, Robot, 2004), de Alex Proyas, inspirada en el universo de Isaac Asimov.

Esta nueva versión de Soy leyenda está adaptada a los tiempos actuales. Akiva Goldsman comenta: “Cuando Matheson escribió la novela, que una epidemia transformase en vampiros a media Humanidad era ciencia-ficción. Hoy es un elemento fantástico”. Después de inspirar profundamente y asimilar semejante comentario, continuemos: “Así que, de alguna manera, hemos actualizado la trama. [El final es diferente a la novela] pero se mantiene fiel a su espíritu, sin caer en la parodia. Últimamente las películas de ciencia-ficción parecen evitar las escenas dramáticas o, al menos, marcan una distancia irónica. Ya no se hacen películas cien por cien de ciencia-ficción. Soy leyenda sí lo es.” Este otro comentario, al menos, nos hace concebir esperanzas.

El Soy leyenda de Will Smith, versión 2007, es un film post-11-S, obvio es, y gran parte de sus imágenes reflejan el miedo de la actual población norteamericana a un peligro de proporciones apocalípticas. Tratado en serio, como parece insinuar Goldsman, y con imágenes potentes, puede suponer una cinta de notorio interés, aún cuando su relación con la gran novela de Richard Matheson sea circunstancial. La respuesta, en diez días.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

Notas

(1) Qué hubiese devenido de ese proyecto, nunca lo sabremos. Parece ser que el realizador escogido era Terence Fisher (aunque otras fuentes citan a Val Guest). ¿Quizá con Peter Cushing como Robert Neville (actor adecuadísimo para el personaje, tal como lo describe Matheson en el libro), y Christopher Lee como el vampiro Ben Cortman?

(2) Lippert (1909-1976) distribuyó en Estados Unidos producciones Hammer como El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, 1955), con el título de The Creeping Unknown. También es responsable de algunos clásicos menores de la ciencia-ficción americana como The Lost Continent (1951), Unknown World [vd: Mundo desconocido, 1951] y, sobre todo, la deliciosa The Alligator People (1959), de Roy del Ruth.

(3) Otra de las películas de la que sin lugar a dudas es deudor el clásico de Romero es la simpática pero menor Invisible Invaders [tv: Invasores invisibles, 1959], de Edward L. Cahn, donde la iconografía de los muertos vivientes es exacta. Por lo demás, estas similitudes han inducido a algunos estudiosos a calificar el film de Romero como una variación de la novela de Matheson.

(4) Curiosamente, y a fuer de efectuar un spoiler, en la posterior adaptación libérrima de la novela, El último hombre... vivo, la muerte de Charlton Heston es idéntica a la de Vincent Price en el presente film: asaetado por una lanza; de igual modo, Heston cura a la muchacha con su propia sangre, como aquí sucede.

(5) Rodada en Italia, algunos planos muestran edificios nada convincentes como pertenecientes a una ciudad americana, semejando más de la típica ciudad latina de los años 60 -podría parecer rodado en Leganés, mismamente-; sin embargo, ello le otorga una atmósfera de decadencia de gran verosimilitud.

(6) ¿Cómo el personaje de Ben Cortman, el líder de los vampiros? Desde luego, el físico de Palacios se adecua extraordinariamente a la descripción de Matheson en la novela, quien lo describe como similar a Oliver Hardy.

(7) Existe una película de 1994 que se llama I Am Legend, pero se trata de un documental sobre el cantante Johnny Legend.

(8) En todo caso, la película de Danny Boyle se parece más a la novela de John Wyndham El día de los trífidos (The Day of the Triffids, 1951), con los trífidos reemplazados por zombis (o rabiosos).