Entrevista con Fernando Cámara y David Alonso

por David G. Panadero

Desde que codirigiesen la película de culto Memorias del ángel caído en 1997, los madrileños Fernando Cámara y David Alonso han mantenido, de manera conjunta o por separado, una trayectoria fuertemente ligada al género fantástico. La última entrega de esta carrera la tenemos con Trastorno (2006), de Cámara. Y hemos pensado que era la ocasión idónea para pararnos a hablar con esta pareja de cineastas.


Lo primero de todo: contadnos cómo aprendisteis a hacer cine. ¿Acudisteis a escuelas, academias?

Fernando Cámara: Mi única escuela real se llama David Alonso. Lo fundamental de la práctica como director lo aprendí en un par de fines de semana con él, durante el rodaje de las últimas escenas de su primera película, Bajo un cielo extraño.

Lo demás, viendo películas y leyendo libros, por supuesto. Y de la intuición y lógica, que es básica en esto.

David Alonso: En mi caso acudí a una escuela, en realidad más para aprender la técnica y, sobre todo, la tecnología. Y televisión, también aprendí bastante de la tecnología del vídeo y la televisión. Curiosamente ahora, bastantes años después, las tecnologías casi se han fusionado.

De cualquier forma, y sin quitarle valor a las escuelas que me parecen fundamentales, he ido aprendiendo cine, sobre todo, viendo películas e, indudablemente, trabajando con Fernando. He aprendido más de cómo escribir guiones durante las horas y horas que he estado trabajando con él que con todos los Goldman, Syd Field y Mackee habidos y por haber.

¿Y qué aconsejaríais a los nuevos aficionados? ¿Adónde pueden acudir para aprender?

F.C.: Por mi experiencia diría que hicieran una formación propia pero no creo que muchos tengan la suerte de encontrarse con un colega como David, así que les aconsejaría que fueran a buenas escuelas. Fundamental la práctica que pueden aprender allí y que les condensan muchos años de autoaprendizaje. Somos profesores desde hace muchos años y sabemos lo importante que es esto, aunque mi carrera sea totalmente autodidacta. Estoy seguro de que hubiera ahorrado mucho tiempo en algunas cosas.

D.A.: La idea básica sería la de ir a alguna escuela, las hay de todo tipo y pelaje, pero son muy importantes. También añadiría que hay que leer, escribir, ver cine, hablar de cine y, por supuesto, rodar. Con más o menos medios, con cine o con vídeo, da igual. Rodar, montar, iluminar, trabajar con actores Equivocarse, seguir

Os conocisteis más en el rodaje de un film amateur, Bajo un cielo extraño (1994). ¿Fue buena la experiencia? ¿Cuál fue la principal lección que sacasteis de este rodaje?

D.A.: Creo que fue una experiencia buena, también mala al mismo tiempo en muchas otras cosas. Fue una experiencia fascinante por lo que ibas descubriendo y aprendiendo. Me permitió conocer a Fernando y a su hermano Frankie, que se ha convertido en nuestro músico. Y también fue una experiencia detestable en otros aspectos. Es lógico, fue todo lo que puede ser una película, que viene a ser algo así como una mini vida condensada. Además en este caso fue una película al límite de las condiciones de producción.

Ahora, años después, se habla mucho de esto. Del famoso cine de guerrilla. Nosotros no sabíamos que estábamos haciendo cine de guerrilla, porque ese concepto no existía aquí entonces. Y porque estábamos rodando en 16 mm en lugar de en digital, y haciendo una película de género.

La principal lección fue la de poder enfrentarse al rodaje de un largo, con todo lo que ello conlleva. Y creo que aprendí mucho acerca de cómo funciona este mundo del cine después de que la película no pudiera comercializarse que si hubiera tenido mejor suerte.

Pasarían tres años hasta que debutaseis con Memorias del ángel caído. ¿Cómo os repartisteis el trabajo? ¿En qué destaca cada uno de los dos? ¿Quizás uno sea más habilidoso para la escritura de guiones y otro para manejarse en el rodaje? ¿Uno es más habilidoso trazando personajes y otro, solventando problemas técnicos? Y con lo difícil que es levantar un proyecto de esta envergadura, ¿de dónde os viene esa generosidad de compartir laureles?

F.C.: La propia pregunta casi perfila la respuesta. Sí, yo soy más narrativo, soy más el guionista. David es el más técnico. Pero lo cierto es que con los años y las convivencias vamos absorbiéndonos el uno al otro y, aunque no se han cambiado las tornas, al menos se van igualando. Yo acabo de hacer una película solo como director, cosa que no me había planteado nunca, y David ha firmado guiones de películas que no ha dirigido. Como decía John Lennon, "la vida es lo aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes".

En cuanto a lo de la generosidad de compartir laureles, es cuestión de inteligencia más que de ego: yo no creo que me hubiera lanzado a dirigir sin tener a David al lado.

D.A.: Respondiendo primero a tu última pregunta, creo que si se estuviera más dispuesto en nuestra cinematografía a olvidar egos y a recordar que lo importante son las historias y cómo se ponen en escena y se ruedan, muchas cosas nos irían mejor. En nuestro caso no ha habido ningún problema con eso porque siempre hemos partido de la base del respeto profesional y de escuchar al otro.

Con respecto a la repartición del trabajo; bueno, es cierto que hay unas tendencias naturales que, en el caso de Fernando parecen mirar más hacia el guión. Para mí el proceso de escritura es más doloroso. Se ha ido puliendo con los años pero, como te decía antes, creo que no me hubiera atrevido a escribir de no haber estado con Fernando. Me llama más la parte técnica, mover el rodaje, la cacharrería y la tecnología, a Fernando le va más la parte del montaje y la postproducción en general. Ese curioso proceso en el que las decisiones acaban siendo de "veinticuatroavo" de segundo. En realidad creo que no ha habido, tampoco, un reparto claro de los trabajos. Ha sido más una complementariedad.

En aquellos años, a mediados de los noventa, parece que se empezaba a hacer cine de género en España; estaban Álex de la Iglesia, Alejandro Amenábar y Juanma Bajo Ulloa; empezaban a funcionar los sellos independientes; el público pedía un cine "nuevo"; hubo cortometrajistas como Tinieblas González que, de la noche a la mañana, se metieron al público en el bolsillo. ¿Pensáis que queda algo de ese ambientillo?

F.C.: Bueno, pues es lo de siempre con las generaciones: quedan los que quedan. Y resistir es muy complicado, incluso para los que tienen éxito. Tras ellos han surgido más, lo cual es una alegría. Y ahora viene otra nueva oleada de cineastas, algunos cercanos al género, aunque la mayoría más sociales o realistas.

D.A.: La cuestión es que en el cine queda lo más importante: las películas que se hicieron en aquel momento. Y quedan las buenas y las menos buenas, las que gustaron mucho y las que no tanto, y las que luego han gustado. No hace tanto de aquello, en realidad, pero todo el tinglado de lo cinematográfico ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Sobre todo la forma de consumir el cine. De las salas, del vídeo al DVD Sería imposible ­e insensato-, pensar que se pueden seguir repitiendo modelos cuando todo a nuestro alrededor ­y alrededor del espectador que es el que más importa-, ha cambiado tanto.

Cuando acudisteis como invitados al programa "Versión Española", de Cayetana Guillén Cuervo, comentabais el cine de John Carpenter, sobre todo El Príncipe de las Tinieblas, como una de las fuentes de inspiración principales. ¿Qué otras referencias cinéfilas manejabais en esos años? ¿Seguís manejando las mismas? ¿Qué tipo de películas os apetecería hacer ahora?

F.C.: Yo creo que seguimos manejando un poco las mismas. Vas descubriendo a otras gentes, pero al final regresas casi siempre al hogar. Ahora mismo estoy releyendo El cine según Hitchcock, de Truffaut, y para mí es como volver a casa. Mi Biblia. Descubres más autores por el camino y películas geniales, pero aquellas que te marcaron de niño o joven siguen siendo las genuinas. Uno está hecho de esa sustancia. Para mí, La ventana indiscreta o Taxi Driver, más que películas, son yo, aunque mi apartamento es un poco más grande que el de Stewart, y, por ahora, no pretendo matar a ningún político. Y también soy Truffaut, lo que sosiega mi espíritu.

En cuanto al tipo de películas que me apetecen hacer, no me cierro a ningún género. Al menos como guionista, aunque a la hora de dirigir me puede el lado oscuro.

D.A.: Efectivamente las referencias que manejaba en aquel momento son, más o menos, las mismas que manejo ahora. El cine de John Carpenter me ha atraído desde el principio y me sigue pareciendo un referente. En el caso concreto de Memorias manejábamos muy directamente, además de El Príncipe, el cine de terror de la Hammer y de los setenta en general.

Y antes de Carpenter está Hitchcock y, especialmente, dos películas que me han marcado, Psicosis y Vértigo.

Con respecto a las películas que me apetece hacer, básicamente historias de género fantástico, en su acepción de terror o más en general. Creo que el fantástico, el terror, lo psicológico, la ciencia ficción, el thriller Son vehículos magníficos para entretenerte reflexionando sobre muchas cosas que nos rodean.

Algo que me sorprendió especialmente fue vuestra edad: debutasteis en la gran pantalla con poco más de treinta años, y considero sinceramente que conseguisteis una cinta muy madura, incluso clásica en ciertos aspectos. Vamos, que no me imagino a otros cineastas de vuestra quinta ­Álvaro Fernández Armero, por ejemplo- reuniendo en un plató a Héctor Alterio, Emilio Gutiérrez Caba y Santiago Ramos.

F.C.: No llegábamos a los treinta añetes siquiera. Yo tenía 27 primaveras. Aunque luego vino Amenábar, y claro rompió los records de infantilidad. Y el casting fue toda una suerte. O una sorpresa, porque no imaginábamos a esta gente atreviéndose con dos debutantes. Pero bueno, también hay que entender que la productora les pagaba, y es su trabajo, por mucho que algunos lo entendamos como una filosofía de vida y todas esas zarandajas.

D.A.: No es nada extraño que la película resultara un tanto "clásica" teniendo en cuenta los modelos y los referentes. Rodar una película con un cierto punto de "clasicismo" en la puesta en escena ­en el mejor de los sentidos-, es una forma estupenda de convertirla en la narración en imágenes y sonido que tiene que ser.

Con respecto a los actores -y al margen de la tranquilidad que le da a todo el mundo, a los productores, a nosotros, a todos, el hecho de trabajar con gente tan solvente-, se trata en el fondo de un asunto de coherencia con la historia que se cuenta. Al final, volvemos una y otra vez a lo mismo, ser honestos con la historia.

Fue estupendo trabajar con esos actores, aprendimos muchísimo con ellos, aportaban un punto de "estabilidad".

Memorias del ángel caído me resultó sorprendente por varias razones. Ni caía en los excesos del terror gore, que estaba muy de moda entonces, ni resultaba paródica o desmitificadora, y además transcurría en España. ¿Pensáis que es complicado mover un proyecto de estas características?

F.C.: Entonces sí. Y ahora también. Y la verdad es que lo que lo sacó adelante fue que no teníamos ni idea de los osados que éramos. Ahora quizá, con el tiempo, nos damos cuenta. Y es que la inconsciencia mueve montañas. También es cierto que el productor, Luis Méndez hijo, era coetáneo nuestro y entró de lleno en la jugada. Nuestros referentes son los sesenta y setenta. Somos hijos de las películas emitidas en "Mis terrores favoritos" seleccionadas y presentadas por Narciso Ibáñez Serrador. Es nuestro maestro moral en cuanto a contenidos.

Ahora cuesta más mover proyectos así, tan propios y de aquí, que nacen del entorno que conoces, aunque se enfilen hacia el género. Yo conocía a esos curas de Memorias, con sus crisis y sus paseos perdidos por oscuros corredores. Había incluso un padre Franciso de verdad en la Iglesia Santa Bárbara, que es donde se rodaron los exteriores. Supongo que en "Memorias" ha trascendido también algo de toda esta verdad.

D.A.: Es cierto que era como la describes, nosotros queríamos hacer una película de terror en serio; o sea seria. Algo nada habitual en España a finales de los noventa.

Está claro que es complicado mover un proyecto así. No sé si ahora son más difíciles las cosas en el cine español. Puede ser que sean más difíciles en el cine de género, porque se ha popularizado más. Aunque resulte contradictorio, porque parecería que debería ser más fácil encontrar confianza para proyectos de este estilo. En realidad creo que es difícil mover cualquier proyecto.

Cuando han surgido oportunidades de instaurar un concepto de industria a pequeña escala relativo al fantástico en España ­pienso en la Fantastic Factory-, hemos caído casi indefectiblemente en la producción de pequeños filmes, muy propios de la televisión por cable. No creo que La Monja o Rottweiller se recuerden en un futuro dentro de las antologías del género. ¿Veis alguna alternativa a estas producciones de consumo rápido?

F.C.: Sí, volver a películas más personales. Y seguimos luchando en esa línea, pero cuesta bastante que los productores accedan, que crean en ello, porque hay muchos que prefieren ser los generadores de los proyectos en vez de leer positivamente lo que les llega.

D.A.: No creo que el problema tenga que estar, estrictamente hablando, en que se trate de un cine pequeño o, incluso, imitativo del cine foráneo. Estaríamos reduciéndolo todo al dichoso asunto del "cine de palomitas". Creo que se puede hacer cine pequeño y, hasta ciento punto, imitativo y, al mismo tiempo, imprimirle un algo de verdad. Un aliento, una respiración, un pulso. Llámalo como quieras. Tendría que poderse hacer.

Creo que sería más fácil si se aprovechara el hecho de que podemos crear historias y que, antes que nada, somos espectadores. Sobre todo, vemos películas y sabemos lo que nos trasmiten, cuándo nos impactan y nos calan.

No sería hasta 2003 en que juntaseis esfuerzos para la escritura de un guión, que David acabaría dirigiendo: Más de mil cámaras velan por tu seguridad. Contadme con qué imponderables se encuentra el cineasta español que quiere levantar una serie B.

F.C.: Lo peor de todo es que la serie B cuesta A. Ya no existe esa serie B que se hacía con poco dinero. Ahora entre la factura de imagen, los actores y demás partidas, no hay casi películas pequeñas de verdad. Sólo podemos llamar B a cierto espíritu narrativo, pero siempre ha de ser con dinero A. Carlos Aguilar describe muy bien esta paradoja al comentar la película Ed Wood: "film carísimo sobre un cine paupérrimo". Y lo gracioso es que encima necesitamos más dinero todavía para poder contar bien lo que queremos. Por muy B que parezca luego.

D.A.: El tema es que no te planteas "voy a intentar levantar un proyecto de serie B". En realidad intentas levantar un proyecto de género que, aunque sea pequeño, cuesta como si de un mainstream se tratara.

Cuando planificaba y ponía en cámara las escenas de Mil cámaras volvía a los modelos de Carpenter y de Mario Bava por ejemplo, en lo que a generación de los encuadres y "tempo" y construcción se refiere; pero al final tienes que tener en cuenta que tienes que narrar y construir para un público de ahora mismo. Que juegas en el mismo terreno, y no en igualdad de condiciones, que un montón de películas que cuestan cien veces más que la que estás haciendo. Y que dentro de todo eso tienes que intentar hacer una película que conecte con el público, que vaya bien, o medio bien, o por lo menos que vaya, en taquilla.

A mí me encantaría que hubiera un modelo real de cine de serie B en España, con todo lo que podríamos suponer que pudiera suponer de agilidad y facilidad a la hora de sacar adelante las películas. Pero, desgraciadamente, no es así. Hay que acabar haciendo películas B en espíritu que suponen el mismo esfuerzo ­de todo tipo-, que si fueran A.

A veces da la impresión de que lo que el espectador consiente al cineasta de fuera (actores peleones, argumentos disparatados) lo señala en el cineasta español como defecto. ¿Creéis que el espectador español acepta que un film transcurra en su propio entorno?

F.C.: Durante un tiempo parecía que las nuevas generaciones no iban a considerar al cine español como un género. Pero al final no ha sido así. Incluso hay gente que le profesa asco infinito. David y yo seguimos luchando porque el cine rodado en castellano no sea un género que etiquetado en videoclubs como "Español". El idioma en que ruedas es circunstancial. En la sección general no pone cine Yanqui, ¿no?, pues no sé por qué puñetas nos mandan al nicho hispánico cuando la clasificación habitual va por géneros. Nosotros hacemos terror, o thriller, pero no conocemos el género "español". De qué va, ¿de cocido con sardanas? No lo entendemos.

Las nuevas generaciones siguen teniendo mentalidad vieja: un marciano sólo podrá caer en Los Ángeles o Nueva York, pero jamás en Ciudad Real, a no ser que sea una comedia. No sé si esto es efecto del sonido directo, que da un aire más real a las películas, pero resulta que el espectador no puede aceptar que los actores de aquí hagan cosas cinematográficamente verosímiles para el cine norteamericano.

D.A.: Siempre ha habido una cierta "clasificación" del cine español entendido como género, una clasificación molesta. De todas formas, nosotros nos hemos encontrado con bastantes espectadores ­jóvenes y no tan jóvenes-, que creen en las películas españolas de este género. En las que les gustan, evidentemente. Y me da que pensar si, al margen de un asunto de mentalidad, no tendrá mucho que ver con un cierto punto de vista, lleno de complejos, de la crítica más sesuda y de los sectores más "intelectualoides" del cine.

¿Qué os parecen películas como El Segundo Nombre, de Paco Plaza, Nos Miran, de Norberto López Amado o Frágiles, de Balagueró? Parece que hay una nueva generación de cineastas bastante competente para el cine de género, ¿no creéis?

F.C.: Yo me siento muy cercano a Norberto y su Nos miran. Entiendo ese mundo que propone y ese poso poético que destila su terror al final. Hay gente muy competente e interesante, está claro, aunque no comulguemos con todos.

D.A.: Los ejemplos que citas me parecen notables, cada uno en sus circunstancias. Algunos, como puede ser el caso de Balagueró, pueden haber contribuido a que mucha gente se tome más en serio el cine de terror español. A mí me gusta especialmente Nos miran; es una película que me impactó y creo que Norberto tiene que hacer cosas muy interesantes.

David Alonso escribió con Cristóbal Garrido, otro de sus colaboradores habituales, el guión de Somne. La premisa resulta cautivadora, pero algo le falla a esa película. ¿Hubo problemas a la hora de plasmar en imágenes el guión?

D.A.: Supongo que lo que falló en el caso de Somne es que se acabó haciendo la película sin creer en el guión que se tenía. Por ciertas cosas que pasaron, y cómo se fue distanciando todo durante el tiempo en que yo todavía estuve involucrado en la preparación, me da la sensación de que se acabó rodando como una película de compromiso. Una vez más volvemos al asunto de no ser honesto con el guión que se está haciendo. Se maltrata el guión y es una trampa. De cualquier forma se trata de una película que yo no acabé dirigiendo y tampoco me parece bien juzgar teniendo en cuenta que no puedo tener la distancia suficiente. Firmé el guión y, aunque estuve muy involucrado, la película es de otros.

Ahora, pensándolo, una de las cosas que más pena me da es que no pude llegar a trabajar con John Phillip Law, que iba a tener un curioso papel en la película. Estuve un tiempo tratando con él y creo que hubiera sido una muy buena experiencia rodar juntos. Algo parecido me pasó con Carlos Lasarte. Lo bueno es que, por lo menos, surgió una amistad profesional con él.

David, tuve la suerte de leer 13 segundos, un guión que escribiste antes de que acabara el rodaje de Somne, y con bastantes puntos en común: estética tenuemente futurista, una heroína con cierto aire ciberpunk, enfrentamientos con Corporaciones peligrosas, formas sutiles de manipulación mental ¿Qué nos puedes contar de este proyecto? ¿Cuándo llegaremos a verlo?

D.A.: 13 segundos es uno de esos guiones que, por ahora, no ha despertado los intereses suficientes en ninguna productora. Puede ser que ahora estemos en un momento para hacer otro tipo de películas en el cine español. Uno nunca sabe qué tipo de conjunciones se pueden llegar a dar, cuándo un proyecto cae en el sitio adecuado y en buen momento. Lo interesante es que el proyecto existe y, si tiene los valores suficientes, se pueda llegar a hacer. Es un guión bastante oscuro. Es ciencia ficción pero casi más cercana al cine negro y me parece que la premisa de una protagonista femenina y tan extrema podría ser muy atractiva.

Fernando, en tu última película, Trastorno, aprecié una cierta ligereza a la hora de tratar a los personajes; parece que te lo pasabas mejor haciéndoles pasar calamidades que viéndolos en apacibles reuniones sociales ¿Crees que el público va a conectar con esa estética bizarra, tremendista?

F.C.: Es un encargo. Y no lo digo como excusa para evidenciar debilidades ajenas. Asumo el proyecto como propio, pero está claro que había condicionantes, como no alterar en esencia el guión, por eso es un encargo. He tratado de aprovechar todo lo posible en la puesta en escena y de ser fiel al género de "psicópatas en casa". La película bebe de innumerables fuentes, de referentes más o menos claros, pero creo que al final tiene su propia personalidad. La veo ahora, con un poco de distancia y la encuentro muy ella, aunque la historia no plantee nada nuevo. Y los personajes, ciertamente, eran figuras de ajedrez, situados para entrar a matar o morir.

No sé si el público conectará o no porque como ya no dejan las películas ni diez minutos en las salas, pues no sabes si es porque has hecho una cacafilm o porque no avisaron a nadie de que estaba allí para que pudieran verla. En fin, me gustaría que pudiéramos medirnos en igualdad de condiciones para ver hasta dónde hemos llegado realmente.

Memorias se distribuyó con 19 copias y sin más publicidad que dos o tres cartelines en un par de periódicos. Se fue como un fracaso de taquilla, y hoy es un pequeño clásico. La gente la sigue comprando y viendo al día de hoy. En la Fnac sigue estando de cara en dos hileras de DVD cuando a su alrededor ha pasado todo el cine español de los últimos casi diez años. Por algo será. Supongo que eso de que el tiempo pone las cosas en su sitio es cierto, pero nosotros necesitamos un crédito más inmediato para poder hacer cosas personales y, desgraciadamente, los productores se orientan por taquillas, sin pensar jamás en los problemas derivados de la comercialización: publicidad, salas, presión de pelis americanas que te echan de un plumazo

No puedo dejar de preguntaros por los proyectos en los que estáis ahora inmersos.

F.C.: Insistiendo en Carpenter, tenemos HomeLess: mendigos acechando pisos de nueva construcción en las afueras de una gran ciudad. Espíritus de enfermos atacando a ricos en sus lujosos hogares recién estrenados. Un poco de saña contra los constructores y políticos. Al menos les escarmentamos en la ficción porque en la realidad Un poco Asalto a la comisaría del distrito 13, un poco Fantasmas de Marte, un mucho nosotros.

Y luego, por separado, tengo Ellos (Ciudad tomada). Un hombre tiene que cruzar la ciudad de noche para visitar a su padre que está enfermo. Tiene que pasar por muchas calles que están tomadas, no se sabe por quién, pero entrar en ellas es como morir de dolor y de miedo, someterse a Ellos. Sé que es un riesgo pero necesito imperiosamente ver esta película. Es mi mirada temerosa a la noche, a la incomprensión, a mis ultracuerpos particulares. El terror más puro: lo desconocido.

D.A.: Aparte del mencionado proyecto de HomeLess, y en paralelo, parece que se concretan los pasos para dirigir un nuevo largo. Se Alquila, un estupendo guión de Fernando para un thriller psicológico sobre un triángulo oscuro y misterioso de personajes que terminan con un terrorífico encierro en un piso del centro. Es un proyecto que tiene algo de las mejores películas de Polanski, Repulsión, El quimérico inquilino

Es una película que me entusiasma poder rodar y que me gustaría hacer con una fuerte carga estética y visual. Además cuento con la confianza absoluta en el guión. Un nuevo sueño.

Recomendadnos alguna lectura, alguna película, algo que os haya marcado últimamente.

F.C.: Sobre cine, el eterno El cine según Hitchcock, de Truffaut y Así se hacen las películas de Sidney Lumet. Siempre gustan, crean afición y son lecturas ágiles y honestas. De ficción, Ensayo sobre la ceguera, de Saramago. Es la única novela que me hubiera gustado hacer en cine, pero resulta carísima de contar y los derechos los tiene finalmente Fernando Meirelles, con lo cual saldrá una película grandiosa. Espero. La última de Paul Auster, Brooklyn Follies, es magnífica e inadaptable al cine, lo que la hace aún mejor novela.

De películas estoy menos impactado aunque Hijos de los hombres me ha gustado mucho. Quizá el tiempo la erija como un clásico. Psicosis me sigue marcando. Y Woody Allen. Y para desengrasar está Ozores. Tengo un paladar amplio. Como dice mi montador: "¡Joder, qué tragaderas tienes!"

D.A.: De entre las lecturas más recientes, me han impactado por una u otra razón, El Manuscrito de Díos de Juan Ramón Biedma, también Clara y la penumbra de José Carlos Somoza. En otra línea totalmente distinta, El viaje a la felicidad de Eduardo Punset. Y, sin lugar a dudas, hay que seguir recomendando la Guía del Cine de Carlos Aguilar.

Hablando de las última películas, es evidente la mención a Trastorno. Más allá de lo que yo pueda decir sobre ella, creo que cualquier aficionado al cine de género la disfrutará como el thriller que es y que te mantiene en tensión sin darte respiro. Como va a resultar un poco obvio si sólo menciono la película de Fernando, añadiría el remake que Alexander Aja ha hecho de Las colinas tienen ojos y, seguramente, Hard Candy.

Por cierto, se podría mencionar también el primer disco del nuevo grupo español "Moscú" y que, con independencia de gustos musicales de uno u otro tipo, creo que es un trabajo que pueden disfrutar muy bien los aficionados al fantástico.

Sólo nos queda despedirnos y desearos mucha suerte. ¡Nos vemos en la cartelera!

David G. Panadero (Madrid. España)