El Misterio de Salem's Lot: una aproximación a una antigua fascinación

Con motivo de la reciente aparición en formato DVD de la miniserie televisiva Salem´s Lot creemos que el evento merece un artículo que haga recordar a los más veteranos esta excelente obra, así como animar a los más jóvenes a su descubrimiento.

Con motivo de la reciente aparición en formato DVD de la miniserie televisiva Salem´s Lot (titulada en España El misterio de Salem´s Lot en su emisión por la pequeña pantalla y rebautizada con el engañoso título de Phantasma II en su versión adaptada y resumida para su estreno en salas comerciales) creemos que el evento merece un artículo que haga recordar a los más veteranos esta excelente obra, así como animar a los más jóvenes a su descubrimiento. Es necesario reconocer que si bien los valores que los aficionados de más edad, que no más viejos, atribuyen a esta miniserie tienen mucho de sentimentales, una reciente revisión confirma que existe algo más que eso. De esta manera podemos asegurar que el producto conserva el mismo nivel de encanto e inquietud habiendo transcurrido más de veinticinco años desde de su realización, lo que es un indicativo de su nivel de calidad, siempre teniendo en cuenta las limitaciones inherentes al formato televisivo. Esta revisión confirma que las escenas que a todos nos impresionaron, quedando grabadas en nuestra retina, continúan manteniendo el mismo poder de fascinación que motivó un lugar de honor en el baúl de nuestros recuerdos. Es necesario hacer hincapié en el buen envejecimiento de esta miniserie, ya que dada la moda de los revival de series antiguas, que muchas cadenas de televisión utilizan para colmar tiempos muertos o rellenar horarios a bajo coste, uno se lleva más de una sorpresa al revisar series que hace veinte, treinta años o incluso menos contaban con todo nuestro beneplácito, pero que vistas en la actualidad han perdido todo su valor.

Dicho esto, vamos a introducirnos brevemente en los entresijos que acontecieron a la producción de Salem´s Lot y así entramos en materia. Pues bien, Tobe Hooper, realizador afincado en el fantástico desde sus inicios y con una más que irregular trayectoria, sin embargo tiene en su haber obras importantísimas para la historia del género, entre ellas la obra maestra, precursora e innovadora que es La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), con la que se ganó merecidamente un hueco en la Historia del Cine, así con mayúsculas. No obstante, tras ese primer largometraje con el que debutó de una forma difícil de superar, siguió el desastre comercial que supuso Trampa mortal (Eaten Alive, 1976), posiblemente sin ser suya toda la responsabilidad de dicho fracaso; las desavenencias con los productores motivaron el despido de Hooper en los últimos momentos de la producción, encargándose de finalizar la película el responsable de su montaje. Tras este varapalo, Tobe Hooper comenzó un nuevo proyecto, The Dark (1979), que en España sólo se ha podido ver en video con el título Oscuridad, historia de un alienígena que asola Los Ángeles dedicándose a cortar las cabezas a sus victimas, proyecto del que fue igualmente desvinculado, parece ser que al tercer día de comenzar el rodaje por nuevas desavenencias con los productores, siendo recogido el testigo por el director John "Bud" Cardos. Afortunadamente, en su siguiente proyecto, el que aquí nos ocupa, la suerte le sonrió.

Desde que en 1974 el escritor estadounidense Stephen King (nacido en 1947 en Portland, Maine) publicara Carrie, su primera novela, cuya adaptación fue llevada al cine por Brian de Palma en 1976, ha conseguido convertirse en uno de los novelistas modernos más famosos del mundo. Especializado en literatura de temática fantástica, cada nueva novela es un superventas asegurado y un futuro guión de cine, si es que no estaba ya esa adaptación fílmica en la mente del autor mientras la estaba escribiendo. El nombre de Stephen King en el cartel de una película o en los créditos de una serie de televisión es un reclamo para el público solo comparable al de Steven Spielberg, con las repercusiones económicas que esto supone.

Publicada en 1975, Salem´s Lot, su segunda novela y cuyo título inicial en su edición en España fue La hora del vampiro, cambiándose en posteriores ediciones por El misterio de Salem´s Lot (con el claro objetivo de aprovecharse del éxito de la miniserie televisiva que motiva este artículo y que fue emitida en España con ese título), no tardó en convertirse en un posible proyecto cinematográfico. Para los que no conozcan ni la novela ni la miniserie podemos decir que la historia que cuenta podría resumirse en lo siguiente, a modo de sinopsis: Un escritor vuelve al pequeño pueblo donde creció para escribir una novela sobre una tenebrosa mansión abandonada, la casa de los Marsten. De ella se dice que en el pasado ocurrieron hechos terribles. La casa es habitada por un anticuario que acaba de instalar su negocio en el pueblo. Mientras esperan la llegada del misterioso socio del mismo, un niño del pueblo desaparece misteriosamente y una extraña anemia comienza a hacer estragos entre los vecinos.

El año 1979 fue una buena cosecha, al menos en cantidad, para el cine de vampiros, recuperándose al príncipe de las tinieblas con Drácula (Drácula, 1979, John Badham), película muy estimable para el que esto escribe pese a ser vilipendiada por un sector importante de la crítica y Nosferatu, el vampiro de la noche (Nosferatu: Phantom der Nacht, 1979, Werner Herzog). Ante esta enésima revisitación del mundo vampírico, Warner Bros pensó en un primer momento en George A. Romero para la dirección de la versión cinematográfica. Este acababa de realizar Zombi (Dawn of the Dead, 1978), magnífica secuela de la imprescindible La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), pero finalmente se decidió enfocar el proyecto como miniserie televisiva, encargándose la dirección al todavía no establecido en la industria, Tobe Hooper, que contaba ya con 36 años en 1979. Como anécdota y seguro homenaje a este inicio del proyecto hay que citar el guiño existente en una escena de la película que cierra la hasta entonces trilogía zombi, El día de los muertos (Day of the Dead, 1985), George A. Romero hace hojear a Bub, el zombi domesticado, un ejemplar de la novela Salem´s Lot en el momento en que éste imita el gesto de la lectura.

Emitida inicialmente en televisión con una duración en torno a los 183 minutos y dividida en 4 capítulos, más tarde se montó una versión para su estreno en salas de cine en Europa con una duración de unos 112 minutos: Salem´s Lot: the Movie. Este montaje de inferior duración para salas de cine prescindía lógicamente de muchas escenas emitidas en televisión. En España se estrenó esta versión remontada con el engañoso título de Phantasma II, como recurso para el aprovechamiento del éxito que tuvo la sugestiva e inquietante Phantasma (Phantasm, 1979, Don Coscarelli). En esta versión comprimida, como es lógico, si bien se sigue la trama, el espectador tiene una sensación más que significativa de estar perdiéndose algo.

La adaptación televisiva de la novela tiene todos los defectos acostumbrados que se pueden achacar a los telefilmes en comparación con el cine: interpretaciones muy planas, incluida la de la estrella televisiva del momento David Soul (famoso por dar vida al detective Hutch en la mítica serie Starsky y Hutch, 1975) en el papel del escritor Ben Mears. Destaca, cómo no, James Mason y el excelente secundario Geoffrey Lewis como un aterrador Mike Ryerson vampirizado. Respecto a Reggie Nalder, el actor que da vida al temible Barlow, sobre el que se dan detalle más adelante, dados sus escasos segundos en pantalla y el rol que le cae en gracia, a pesar de su eficacia no podemos decir que a su trabajo llegue a podérsele denominar interpretación, dicho sin ánimo peyorativo, todo lo contrario, pero más bien lo deberíamos denominar como una apabullante presencia, que no es moco de pavo. Una fotografía poco elaborada salvo escenas que requieren forzosamente una ambientación potente y una puesta en escena sin complicaciones tanto técnicas como estéticas, que deriva del origen más humilde y menos pretencioso de una propuesta televisiva son sus señas de identidad. Con todo hay un elenco imponente de triunfos en el resultado, entre ellos una buena cantidad de efectos sencillos pero de una contundencia increíble.

En España, en aquellos primeros años 80 solo existían dos canales de televisión (en algunas zonas uno); esto junto con una oferta y tecnología audiovisual infinitamente menor que la actual hacía que toda la población viera lo mismo. De ahí que los programas estrella, o con un interés mayor a la media, quedaran registrados en la retina de generaciones enteras. Dada la mayor oferta en la actualidad, por cuantioso que sea el éxito obtenido por un programa o una serie de televisión es completamente normal conocer a gente que no los ha visto. A pesar de estas premisas que pudieran influir muy mucho en el valor sentimental del que el espectador pudiera haber imbuido a la miniserie, ya decimos que una visión reciente revela de nuevo todo su poderío. Pues bien, diversas escenas de Salem´s Lot han quedado para siempre en la memoria de niños y adolescentes de aquellos años por ser los más expuestos a percibir su impacto y los más interesados en su temática. Estamos hablando de la escena del niño vampiro flotando entre la niebla tras el cristal de la ventana y golpeando con las uñas el mismo, pidiéndole a su amigo que le abra, así como todas las apariciones de Barlow y en general todas las apariciones de vampiros. Los vampiros aquí aportan una estética novedosa y digamos impactante para cualquier espectador de una cultura vampiro-cinematográfica media de la época: ojos amarillos con pupilas felinas, colmillos curvados y más puntiagudos de lo habitual en la morfología vampírica típica/tópica, un color de piel azulado de lo más sugerente y una actitud un tanto brutal y lejana a una conciencia, digamos humana, detalle este último quizás heredado del cine vampírico americano de la época, como el díptico del conde Yorga.

Como anécdota curiosa para el aficionado al fantástico es necesario citar al muchacho protagonista, a quien las circunstancias arrastran a convertirse en cazavampiros, quien verdaderamente muestra estar provisto de los conocimientos adecuados para tan penosa y peligrosa tarea: su habitación está plagada de posters de monstruos de la Universal (concretamente Frankenstein y el Hombre Lobo) así como máscaras y muñecos de los mismos (los muñecos ya aparecían en la novela, los posters son cosa de Hooper). Nuestro pequeño héroe es criticado por su padre diciendo no entender cómo le gustan esas cosas y preguntándole: "¿cuándo vas de dejar eso?", a lo que él contesta: "algún día". Incluso utiliza la cruz de la maqueta de un cementerio para rechazar a su antes amigo, ahora chupasangres, el cual le requiere a través de la ventana. Esta inclusión de un fan del fantastique en el reparto se repite en su siguiente película, La casa de los horrores (The Funhouse, 1981), en la escena inicial. ¿Es así quizá cómo se siente Hooper? Quiero creer que sí, todo devoto aficionado se verá identificado en ese papel.

El personaje de Barlow es aquí directamente una adaptación estética del Conde Orlok que fuera interpretado por Max Schreck en Nosferatu el vampiro (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens , 1922, F.W. Murnau); igualmente perturbador pero con un matiz más salvaje, es interpretado por un prolífico actor televisivo, el nacido austriaco Reggie Nalder, cuya aparición más famosa en el cine, aparte de la de dar vida a Barlow, fue la del papel de asesino en El hombre que sabia demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1956, Alfred Hitchcock), así como encarnar, curiosamente, al némesis del rey de los vampiros, Van Helsing, en la versión porno de la inmortal novela de Bram Stoker, Drácula chupa (Dracula Sucks, 1978, Philip Mapshaw), lógicamente guarecido bajo el seudónimo de Detlef Van Berg.

La materialización física de Barlow en la miniserie original, tal y como la hemos descrito, está sin duda muy lejana de la descripción que se hace del personaje en la novela, donde se le define de forma muy diferente: "El rostro era taciturno y de pómulos salientes. El pelo blanco estaba veteado de mechones grises. El tipo se lo había apartado de la frente alta y cerúlea con un gesto de concertista maricón" (según la traducción al español de Marta I. Gustavino para la edición de Salem´s Lot, editorial Random House Mondadori, S.A., Barcelona, 1993). Sin embargo el remake de la miniserie de Hooper, realizado en 2004 y que se cita más adelante, recrea una descripción de Barlow (el actor Rutger Hauer en este caso) más cercana a la de King en la novela, aunque sin duda sea menos efectista, aterradora y sugerente que la de Hooper. Otra característica en la que difiere el Barlow de Hooper de su homónimo en la novela y en el remake de 2004 está en lo referente a su locuacidad. El Barlow de Hooper no abre la boca (para hablar, se entiende, la utiliza sólo para morder), mientras que en la novela se le atribuye un "acento francés o centroeuropeo" e incluso escribe cartas con una "escritura elegante". En el remake moderno es igualmente locuaz y sin duda aparenta por su aspecto ser una persona cultivada, no el monstruo pavoroso que nos muestra Hooper.

La pátina de cult movie que mantiene en la actualidad se debe precisamente a esas escenas memorables y a su casi nula posterior explotación televisiva, lo que la ha hecho ser recordada con cariño y con los ojos ilusionados de aquella generación que la vio por primera vez y que en general no ha vuelto a disfrutarla si no es a través de la penosa edición en video del corte para salas comerciales. Ahora, por fin, tras su reciente edición en DVD, podemos volver a disfrutarla en todo su esplendor e íntegra, pese a haber sido comercializada con el título de Phantama II, nombre que se utilizó en su versión amputada, ya sabéis, misterios del mercado videográfico. No obstante, como ya se ha apuntado, su revisión revelará que esas inquietantes escenas, que todos recuerdan, mantienen todo su potencial terrorífico. Fuera de las escenas con vampiro en cuadro (que no es poco) no hay mucho más que destacar, únicamente los exteriores de la casa Marsten y los decorados que muestran su interior, donde el trabajo de fotografía se esmera un poco más, sin duda porque en ellas se pide a gritos un lucimiento mayor.

En cuanto a la labor de Tobe Hooper, claramente limitado por el formato, sólo se puede decir que tiene una realización correcta, si bien haya que destacar la dirección de actores en lo referente a la muy inquietante interpretación de los vampiros, un mérito a tener en cuenta, consiguiendo que cada vez que aparece uno en pantalla se nos pongan los pelos tan afilados como sus dientes. Verdaderamente toda la escena de la muerte de Barlow mantiene una tensión magnífica, siendo el clímax de la película con una inestimable ayuda de la extraordinaria banda sonora que, pese a su modestia y a su factura típicamente televisiva, mantiene una eficacia y ayuda dramática muy loable.

El gran éxito de Salem´s Lot representó para Tobe Hooper una nueva oportunidad tras el fracaso de la incomprendida Trampa mortal, un apoyo a su solvencia para la realización de nuevos proyectos con mayores pretensiones, mayores presupuestos y una entrada en la industria del cine americano a lo grande; recordemos que sus anteriores dos películas (La matanza de Texas y Trampa mortal) eran films producidos fuera del amparo de los grandes estudios. En 1980 Salem´s Lot fue nominada a tres categorías de los premios Emmy, los oscar de la televisión: música, diseño de títulos de crédito y maquillaje, aunque no ganó ninguno de ellos.

En 1987 se realizó una supuesta secuela, ya para cines, A Return to Salem´s Lot [tv/vd: Regreso a Salem´s Lot] dirigida por el muy querido por los buenos aficionados al fantástico, Larry Cohen, sobre todo por ¡Estoy vivo! (It´s Alive, 1974), supuesta secuela que no tiene nada que ver con la cinta de Hooper y que no merece más interés que su mención. En España fue emitida directamente por televisión sin estreno en salas.

El remake de la miniserie, filmado enteramente en Australia, fue estrenado en 2004 en la televisión americana, igualmente en formato de miniserie y con el mismo título, dirigida por Mikael Salomon, director danés afincado en Hollywood, donde siguió con la carrera ya comenzada en su país de origen, con la dirección de fotografía de algunas muestras famosas del fantástico de los últimos años como son Abyss ­ El abismo (The Abyss, 1989, James Cameron) y Aracnofobia ( Arachnophobia, 1990, Frank Marshall), para pasar posteriormente a la dirección de series de televisión en exclusiva.

Protagonizada por Rob Lowe (Ben Mears), Rutger Hauer (Barlow) y Donald Sutherland (Straker), el resultado es una miniserie muy aceptable, de una factura formal de mayor empaque que el original, por supuesto con mejores efectos especiales dada su modernidad (en la miniserie de Hooper estos se circunscribían prácticamente a lo referente al maquillaje), un sombrío prólogo y una dignidad y respeto muy a tener en cuenta; no obstante el espectador siempre tendrá como referencia el producto original. A pesar de que lo más destacable siguen siendo las mismas escenas que nos perturbaron en la miniserie original, encontramos alguna novedad, como es ver a varios niños vampirizados reptar por el techo dentro de un autobús escolar, acercándose así a su presa, todo un hallazgo. Igualmente, dada la modernidad de la serie, la truculencia gana varios puntos, cosa necesaria en estos tiempos de gore explícito al que las audiencias nos hemos visto acostumbradas. Sin duda la mayor diferencia es que en esta nueva versión el vampiro Barlow tiene una estética más humana, lo que le hace menos interesante y aterrador. Como compensación, los personajes secundarios están algo más desarrollados que en la miniserie de Hooper. En España llegó directamente en dvd sin pasar antes por la televisión.

En definitiva, una experiencia a repetir o a descubrir, según el caso. Una joya.


Ficha técnica

Director: Tobe Hooper / Productores: Anna Cottle, Richard Kobritz, Stirling Silliphant para Warner Bross. Television / Guión: Paul Monash, según la novela de Stephen King / Fotografía: Jules Brenner / Música: Harry Sukman / Efectos especiales: Jack H. Young (efectos especiales de maquillaje), Frank Torro (efectos especiales), Morton Greenspoon (lentillas de contacto especiales) / Montaje: Tom Pryor, Carrol Sax / Interpretes: David Soul (Ben Mears), James Mason (Richard K. Straker), Lance Kerwin (Mark Petrie), Bonnie Bedelia (Susan Norton), Lew Ayres (Jason Berk), Julie Cobb (Bonnie Sawyer), Elisha Cook Jr. (Gordon Phillips), George Dzundza (Cully Sawyer), Ed Flanders (doctor Bill Norton), Geoffrey Lewis (Mike Ryerson), Barney McFadden (Ned Tebbets), Kenneth McMillan (jefe de policía Parkins Gillespie), Fred Willard (Larry Crockett), Marie Windsor (Eva Miller), James Gallery (padre Callahan), Brad Savage (Danny Glick), Ronnie Scribner (Ralphie Glick), Reggie Nalder (Kurt Barlow) / Nacionalidad y año: USA 1979 / Duración y datos técnicos: 103-184 minutos, color, 1.33:1.

Juan A. Pedrero Santos (Madrid, España)