Entrevista con Carlos Aguilar

Aprovechamos la salida al mercado del último libro del escritor y crítico cinematográfico Carlos Aguilar, La Guía del Cine, para charlar con él sobre su trayectoria profesional que ya ronda los veinticinco años.


Tus inicios semi-profesionales fueron con el fanzine Morpho, que fue el primer fanzine sobre cine fantástico aparecido en España
Cierto. Publiqué cuatro números, dos en 1980 y otros tantos en el 81. Morpho glosaba temas entonces insólitos en la bibliografía cinematográfica española (Herbert Lom, Lovecraft y el cine, Marisa Mell, Superargo, Roddy McDowall, los gatos en el género, Soledad Miranda...), inspirado en el estilo de publicaciones francesas que yo compraba por correo. Lo hacía todo en la casa de mis padres, con una máquina de escribir que ni siquiera era eléctrica. En sus páginas empezó gente ahora importante, como Miguel Ángel Barral o tú mismo. Y me ayudaban sobre todo mi hermano Daniel, que vive en Tokio desde hace once años, y mi mujer, Julia Terán, fallecida prematuramente en 1998.

¿Qué recuerdos tienes de aquella época de esplendor de fanzines, de la cual tú fuiste iniciador?
Hombre, existían sus intrigas y envidias. También un cierto recelo respecto a Morpho por parte de los fanzineros más veteranos, que se centraban en la literatura y el cómic, dado que yo abordaba el género desde un punto de vista muy particular. Sin embargo, también existían un montón de cosas positivas, de preciosa inquietud entre la gente. En lo que a mí respecta, me embargaba el entusiasmo. Cada número de Morpho me aportaba una ilusión inmensa, que no he vuelto a experimentar, ni cuando han aparecido mis libros más lujosos. Ser faneditor en plena juventud es precioso. Y si encima lo eres con una conciencia de pionero, ya es maravilloso. Por lo tanto, mi recuerdo de entonces es casi inmejorable.

¿Cómo fue tu salto al campo profesional?
Yo no hice nada. Era un joven muy tímido, por lo cual no me atrevía a ofrecer mis servicios a nadie. Además pensaba que el mundo profesional era inaccesible. Pero Morpho gustó mucho al difunto director del no menos difunto Festival de Cine Imaginario de Madrid, Jorge Lluesma, y por ello me propuso agregarme al equipo organizador. Imagínate con qué ilusión, y miedo, acepté. Por la misma época, el pintoresco Miguel Ángel Arenas, a quien yo conocía del ambiente de los fanzines, me propuso escribir en una revista nueva de la cual él era su coordinador en Madrid, Total, y que se publicaría en Barcelona. Acepté con no menos miedo. Jorge me convenció de que yo debía trabajar con ellos, y Miguel Ángel de que tenía nivel para escribir en una revista profesional. Por lo tanto, debo a ambos mi profesionalización, a caballo entre Madrid y Barcelona, y nunca se lo agradeceré bastante. Si no es por ellos, ¿qué estaría haciendo yo ahora? Alguna vez lo he pensado... Desde entonces, 1982, hasta ahora no he parado.

Siempre has sido un amante del cine de género. ¿Qué posición ocupa este tipo de cine, en tus preferencias, con respecto al Séptimo Arte en general?
Yo estoy abierto a todo tipo de cine, siempre y cuando sea capaz de despertar mi interés, pero es cierto que aprecio particularmente el cine de género. Supongo que se debe a que me crié bajo su sombra, y me aportaba un elemento de emoción física que no tiene comparación. Pero debo aclarar que este cine que me educó era mayormente europeo, no americano. Soy hijo del Western hispano-italiano, del Krimi alemán, del Peplum, del Polar francés, del terror gótico a la inglesa... Esta fue mi infancia cinéfila, vivida en cochambrosos cines de barrio y que pude recrear en una serie para la difunta Via Digital, como asesor y autor de las locuciones, Érase una vez en Europa, ideada y producida por Carles Prats y presentada por Christopher Lee. No obstante, si quieres que destaque autores, me descubro sobre todo ante Orson Welles, Luis Buñuel y Max Ophüls.

Has sido autor de tres novelas, dos thrillers y digamos un drama en ambiente cinematográfico. ¿Qué representan para ti esas tres obras?
Una faceta especial, que me ha resultado muy satisfactoria de abordar. Sobre todo porque me obligó a extraer de mi capacidad recursos que aún no había explotado, incluso a descubrir aspectos personales. Te contaré algo que hasta ahora no había dicho en ninguna entrevista: la responsable de que yo sea también novelista es la actriz María Silva. Fuimos amigos durante seis o siete años. Y ella, tras leer mi crítica de Lola Montes en el libro sobre Ophüls que coordiné para la editorial JC, me comentó que captaba en ciertos párrafos un sentido literario. Yo no supe qué responder... Y María me preguntó: "¿Por qué no escribes una novela, aunque sólo sea para darme ese capricho?". Al día siguiente, literalmente, empecé a escribir Simbiosis.

¿Pero Simbiosis no es la segunda?
Es la segunda en publicarse. Te cuento la historia, también como primicia. Nadie quería editar Simbiosis, todo el mundo la rechazaba. El único que no la rechazó de pleno fue el editor de Versal, Toni Munné, que me propuso un desafío, diciéndome: "No está mal, pero no está bien. Ésta es mi oferta: escribe otra novela, también policíaca. Si me gusta, te publico las dos, siempre que cortes de Simbiosis por lo menos cincuenta páginas. Si no me gusta, no te publico ninguna. Y si no la escribes, no te publico Simbiosis, aunque la cortes". Era esto o nada, por lo cual a toda velocidad escribí La interferencia. Tras enviársela, Munné de inmediato me respondió entusiasmado, diciéndome que era estupenda, mucho mejor que Simbiosis, y que sería la primera novela española en aparecer en su colección "Crimen & Cia", pues ninguna de las otras que le habían llegado alcanzaba ese nivel. Así, La interferencia se publicó enseguida, y funcionó muy bien de ventas y crítica. En plena ebullición de La interferencia, recorté Simbiosis y se la volví a enviar. De este modo ya le gustó, y cuando estábamos a punto de firmar el contrato...¡quebró la editorial! Entonces, estuve varios años recibiendo de nuevo rechazos respecto a Simbiosis, hasta que Grupo Libro se animó. Pero tras publicarse, fracasó: ventas bajísimas, pocas reseñas... Ahora bien, dado que La interferencia salió primero, fue ésta la que dediqué a María Silva, en agradecimiento a que me descubriera que en mí, además del historiador cinematográfico, también había un novelista en potencia. Ahora ambas son novelas de culto, y me alegro porque prefiero esta categoría a la de respetables clásicos del mainstream literario español. Porque yo pretendía justo apartarme de éste todo lo posible.

Tu tercera novela, Coproducción, es de otra índole, y revela tortura interior.
En efecto. Coproducción surge de la confluencia de un argumento que data de la época de La interferencia y Simbiosis con fuertes circunstancias personales del momento, mayormente la muerte de Julia y mi relación con una chica italiana, Francesca Leita, a la cual dediqué el libro. Además me encantaba la idea de incorporar personas reales, haciendo cosas que no hicieron, como el jazzman Chet Baker, o hablando de cosas que sí hicieron, como el director Joaquín Romero Marchent. Pero Coproducción remite por más de un concepto a La interferencia y Simbiosis, empezando por el hecho de que cuenta los últimos días de sus protagonistas. Es una novela directa y asumidamente crepuscular, que puede interpretarse como una apología del suicidio. De mis tres novelas, es mi preferida, objetiva y subjetivamente. Sin embargo, mi novia actual, y confío que definitiva, que también es escritora, la canadiense Anita Haas, considera que La interferencia es mucho mejor que Coproducción.

¿Tienes en proyecto alguna otra obra de ficción?
Tengo una historia rondándome la cabeza desde hace meses. A ver si me pongo y la defino. Está cerca de Coproducción, y no sé si acercarla aún más o alejarla todo lo posible. Veremos.

Entre tus libros cinematográficos, para mí, uno de los más valiosos es El cine español en sus intérpretes, que escribiste en colaboración con Jaume Genover para la extinta Verdoux, y después rehicisteis para Alianza. ¿Cómo fue el proceso de recopilación de tantos datos?
Arduo y complicado. Desesperante, incluso. Entonces apenas existía bibliografía a la que acudir, y los actores, y aún más las actrices, mienten mucho, embelleciendo su vida y carrera a conveniencia. Sobre todo los de las generaciones anteriores, ahora hay otra mentalidad en el gremio. Así que tuvimos que partir si no desde cero sí desde uno. Vaciamos libros, revistas, asociaciones profesionales, la biblioteca de Filmoteca Española, agencias de prensa y de representantes, hemerotecas, archivos... De algunos hallábamos demasiado, de otros lo suficiente, del resto poco o nada. Fueron más de cinco años de trabajo, además en una época preinformática. Es decir, escribiendo todo a mano, luego mecanografiándolo y corrigiéndolo con bolígrafo... Encontrar una foto buena y representativa de cada cual también fue una locura. Por fortuna, la obra funcionó, sobre todo en la edición de Alianza. Incluso ganó premios, además en metálico. Algo nada desdeñable para los autores como yo, que vivimos exclusivamente de esto, y sin embargo tenemos las mismas obligaciones económicas que quienes cuentan con nóminas.

Parece ser que es cierta norma en tu bibliografía revampirizar obras propias y ofrecerlas extendidas y con una perspectiva mucho más amplia. Eso podría dar a entender que el campo editorial español en la bibliografía cinematográfica está muy boyante
Ahora que lo dices... Es cierto que varias veces he retomado temas y trabajos, con ánimo invariablemente de mejorarlos. En cuanto a lo de que está boyante la bibliografía cinematográfica en España, según se mire. Quiero decir, cantidad hay mucha, salta a la vista. Pero calidad no tanta, apenas se escarba.

Otra obra que escribiste en colaboración fue El libro de Satán, esta vez junto a Frank G. Rubio, y con destino a Temas de Hoy. ¿Cómo fue el proceso de escritura a cuatro manos? ¿Y qué nos puedes contar sobre el sugerente contenido de este libro?
El proceso de escritura de El libro de Satán fue complicado pero también muy interesante, al resultar mutuamente enriquecedor. Frank y yo negociamos hasta la última frase, de forma que ambos nos sintiéramos satisfechos e identificados con el resultado. En lo que a mí respecta, suponía una faceta enteramente nueva, esta del ensayo esotérico, así que planteaba un desafío. Por lo tanto, me exigió un gran esfuerzo intelectual. El contenido, en efecto, creo que es sugerente, te agradezco el comentario. Sobre todo porque aborda el tema del satanismo desde diversos ángulos y sin caer en ningún tópico, lo cual es bastante insólito en la bibliografía internacional sobre el tema. Es un libro que me gusta mucho, me parece muy curioso. Y su mérito pertenece fundamentalmente a Frank, que es un gran amigo y una autoridad en temas esotéricos como pocas existen en España. Porque es un erudito esotérico de verdad. Es decir, de los que vierten su saber en una labor comprometida y personal, no en fantasmadas comercialoides. Esto me recuerda que apenas publicarse el libro nos ofrecieron participar en programas de telebasura. A lo cual nos negamos, por supuesto. Aunque necesitemos el dinero, somos de los que todavía creemos en la dignidad. Y aunque defiendas tus propias ideas, resultan indignas si el contexto es tan asqueroso como el de la telebasura.

Uno de mis libros favoritos tuyos es Sergio Leone, que escribiste para Cátedra, y donde desmenuzas de forma impecable la filmografía del maestro
Muchas gracias. Está escrito inmediatamente después de Simbiosis y La interferencia. Yo pensaba que tras escribir dos novelas abordar un ensayo sobre un director que tanto me gustaba y tan bien conocía sería facilísimo. Pues bien, ocurrió todo lo contrario: me costó mucho más tiempo y esfuerzo intelectual escribir Sergio Leone. Es un libro al que tengo mucho cariño, me abrió puertas de toda clase. Pero escribirlo entonces era casi provocativo, y la propia editorial tardó en aceptar la propuesta. Leone estaba catalogado como un director zafio a la par que presuntuoso, admirarle equivalía a tener mal gusto. Por fortuna, desde la época de Morpho estaba habituado a que la gente se irritara con mis gustos. Unos gustos que ahora están asimilados, o cuando menos respetados, en su mayor parte. El propio Leone, sin ir más lejos, que hoy es casi intocable. Pero tacharlo entonces de "maestro", como bien has dicho, era muy fuerte, y afirmar que El bueno, el feo y el malo es una obra maestra sonaba a tomadura de pelo. Modestia aparte, me gusta pensar que el cambio en la valoración general de Leone en España es debido a mi libro, al menos en buena parte.

Volviste a tocar a Leone en Sergio Leone: el hombre, el rito, la muerte, con destino a la Diputación de Almería
No podía desaprovechar una oportunidad tan magnífica. Porque a la vez podía resumir todo lo anterior y agregar la diversidad de cosas que había aprendido en los diez años intermedios. Ten en cuenta que este decenio incluye dos novedades esenciales en mi vida: colaborar en medios profesionales italianos y trabajar para el Festival de Almería, por mediación de la oferta que me brindó Ignacio Fernández, desde entonces un gran amigo. Imagínate la de cosas que aprendí sobre Leone a base de tratar con italianos y almerienses... De aquí surge este libro, que aparece a propósito del homenaje que se rindió a Leone en Almería, organizado entre Ignacio y yo. Guardo un recuerdo maravilloso de aquel evento, que incluyó de todo: exposiciones, conferencias, una excursión a los pueblos y localizaciones... Particularmente, entablé amistad con uno de mis ídolos, el músico Alessandro Alessandroni, que era el segundo de a bordo en la mejor época de Ennio Morricone (se encargaba de los silbidos y la dirección del coro, sobre todo), y con la propia viuda de Leone, Carla, una mujer modesta y divertida. También aproveché para participar en un documental sobre Leone, Sergio Leone. Cinema, Cinema, dirigido por Carles Prats, el autor de Érase una vez en Europa.

Otro de tus libros que valoro mucho es Joaquín Romero Marchent, la firmeza del profesional, de nuevo para la Diputación de Almería, y donde honras la figura de un cineasta que merece más crédito del que se le da
Fue el primero de los libros que hice para Almería. Pero la idea no fue mía, sino de Ignacio. Había leído Coproducción, y al advertir el valor que concedía a Romero Marchent me propuso escribir específicamente un libro sobre él, para la colección de su festival. Obviamente, me faltó tiempo para aceptar. Y, cierto, creo que era un libro necesario, pues como dices Romero Marchent tiene mucha más importancia de la escasísima que se le había concedido. Ésta es una constante de mi obra, de todos modos, desde Morpho. Situar en su altura real profesionales injustamente menospreciados. Así también he escrito libros sobre actores como Ricardo Palacios o Giuliano Gemma. Y sobre Klaus Kinski, uno de mis ídolos juveniles, dentro de un libro colectivo en su honor, publicado por una filmoteca alemana.

En 1996 colaboraste en un libro homenaje a Eloy de la Iglesia, con motivo del Festival Internacional de Cine de Donostia. ¿Qué opinión te merece este peculiar cineasta? Este homenaje, ¿vino motivado por las lamentables circunstancias personales en las cuales acabó por aquella época, o se debía a una consideración que se creía merecida de una obra?
Bueno, las dos cosas al tiempo. Eloy de la Iglesia estaba en la miseria, en todos los sentidos, y su filmografía es, como dices, peculiar. Por lo cual el Festival sumó dos y dos y organizó el homenaje. A mí como cineasta no me gusta demasiado, pero le considero atípico y respetable durante su etapa bajo el franquismo. Cuando desaparece la Censura deja de interesarme. Pero de toda mi obra éste es uno de los libros que menos me satisfacen.

Recientemente has publicado un libro centrado en el cine de aventuras fantásticas, del cual es de lamentar su escasa extensión. ¿Qué nos puedes contar sobre ese libro?
Sí es cierto que el tema justifica un número bien mayor de páginas. Pero no tenía más tiempo, las fechas apremiaban y me lo habían propuesto con un plazo mínimo. Fue una iniciativa del Festival de Cine Fantástico de Málaga. Me propusieron escribir un libro sobre la Fantasía Heroica en el cine. Y yo respondí que lo haría más bien sobre el Cine Fantástico de Aventuras, dado que no se puede hablar de Conan sin describir primero a Maciste. El libro quedó muy bonito, aunque es una edición modesta, y se ha vendido muy bien, es de mis preferidos de mi carrera. Además, es entrañable para mí porque me permitió conocer al actor John Phillip Law, que siempre fue uno de mis ídolos. Obtuve su teléfono personal gracias a un amigo común, el crítico romano Antonio Tentori, y le pedí que me escribiera el prólogo. Él, muy simpático, me contestó que además vendría a Málaga para presentarlo, si quería yo y sin pedir un duro a cambio, bastaba que el Festival le pagara el viaje, las comidas y el hotel. Loco de contento, se lo comenté al director del Festival, Ramón Reina, y él aceptó con la misma alegría. Nació así una gran amistad entre John y yo, en virtud de la cual en este mismo año 2004 le "enchufé" igualmente en otros festivales: Almería, para que presentara un libro sobre Lee Van Cleef escrito por mi amigo Philippe Rège y traducido por mí; San Sebastián, introduciendo la película I tre volti del terrore, donde asume cuatro papeles; y Trieste, como invitado especial. Te contaré otra cosa que nunca he dicho en entrevistas: ¡de pequeño yo quería ser John Phillip Law! Específicamente desde que le vi en una comedia, Que vienen los rusos, que vienen los rusos, donde encarnaba un militar soviético. Y esto concretamente por una escena en la que él se comía tranquilamente un bollo de chocolate, sentado en la silla de una cocina, sin advertir el deseo que despierta en una jovencita americana que le mira embelesado. Yo me dije: "Así quiero ser yo de mayor. Guapísimo, indiferente a las mujeres, que seguro que son todas unas zorras, y concentrado en comer chocolate". Cosas de niños, claro, pero que recuerdo con ternura especial. Añade que John es el protagonista de dos de mis películas preferidas, Diabolik y El viaje fantástico de Simbad.

Sin duda alguna, tu obra cumbre ha sido la Guía del video-cine. ¿Qué supone para ti este indudable best-seller de la bibliografía cinematográfica española?
Un combate continuo conmigo mismo, destinado al fracaso. Porque es un libro cuya naturaleza imposibilita le perfección, pero que yo lucho por mejorar en cada nueva fase.

¿Y qué crees que supone para el resto de los profesionales españoles, y el aficionado?
En general, una gran obra de consulta, creo. Pero me gustaría que también se interpretara como una personal historia del cine, a base de cruzar referencias y relacionar textos, y hasta como un libro de entretenimiento formativo, pues el lector puede divertirse comparando sus juicios al observar cuándo coincide, cuándo no...

Al igual que otras obras tuyas, esta ha sufrido una transformación y, aparte de las lógicas re-ediciones ampliadas, ha sufrido tres etapas palpablemente distintas
Cierto, Gran enciclopedia del video cine, Guía del video cine y Guía del cine. Cada etapa mejora tanto la anterior que ahora odio profesionalmente las dos primeras, aunque me resulten entrañables personalmente.

Y ahora aparece con el título cambiado, como una obra, en cierta manera, nueva: La Guía del Cine. ¿Qué diferencia hay con respecto a la antigua Guía?
Se incorporan tres campos nuevos de información (fotografía, guión y música), así como un índice de directores, que relaciona las películas de cada uno que aparecen en la obra. Además, he revisado los textos y datos de las fichas anteriores, y añadido unas mil quinientas películas. Un trabajo brutal, aunque ahora que ha concluido ya no me lo parece tanto...

En la Guía das unas opiniones tajantes y muy personales, muy a contracorriente de la opinión generalista. ¿Eres consciente que por ello te has ganado digamos ciertas enemistades, tanto en el campo profesional como en el del lector aficionado?
Sí, claro. Sabes, desgraciadamente, ni en este país ni en ninguno está asumida la libertad de expresión. La gente, por lo común, encuentra intolerable que cada cual "tenga su propia fe", como escribía el poeta. Y ya que estamos con las citas, suscribo al escritor que afirmó "Como no soy un objeto, no puedo ser objetivo". En cualquier caso, me parece lamentable despertar enemistad simplemente por diferencia de gustos o criterios. De todos modos, y recurriendo ahora al refranero castellano, "quien no tiene enemigos no merece tener amigos".

Debo plantearte otra pregunta no por tópica menos pertinente: ¿Qué proyectos tienes en perspectiva, de los que se puedan hablar?
Puedo hablarte de dos. Ambos están coescritos por mi hermano Dani, versan sobre sendos géneros japoneses y deben aparecer en primavera. El primero es para una editorial italiana, y trata sobre el cine erótico japonés pre-porno, es decir el producido entre mediados de los años 50 y finales de los 70. Pelis muy raras, con elementos de terror, thriller, melodrama... El segundo es para la editorial madrileña Calamar, y aborda las películas de yakuzas, desde su origen hasta las últimas manifestaciones. Dani y yo escribimos juntos hace pocos años El cine fantástico y de terror japonés para la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián, y éste supone uno de mis trabajos que prefiero. Con Dani trabajo muy a gusto, con gran complicidad y respeto mutuo. En El cine fantástico y de terror japonés había un tercer autor, Toshiyuki Shigeta, una gran persona que ha fallecido relativamente joven a comienzos del presente año. Por ello, estos otros dos los escribimos sólo entre Dani y yo.

Tu actividad ronda ya los veinticinco años. ¿Un recuento?
Verás, en general he procurado cubrir huecos a la luz de mis gustos, aplicando el cien por cien de mi capacidad y guardando una coherencia que relacione la diversidad de mis múltiples trabajos. Pero sois los demás, nunca yo, quienes debéis valorar los resultados. Sería absurdo, y estúpido, que precisamente yo me pronunciara sobre si mi obra es admirable o no. Ahora bien, creo que nadie puede refutar que debido a mis criterios y mi polifacetismo al menos no me parezco a ningún otro autor español, ni de mi generación ni de ninguna otra.

¿Quieres añadir algo?
Agradecerte que no me hayas preguntado sobre Jesús Franco. Estoy harto de que me pregunten sobre él.

Y para finalizar, ¿deseas decir algo al lector de pasadizo.com?
Que aprecie como realmente merece la suerte de disponer de una página web con esta entidad e interés.

 

Por Carlos Díaz Maroto. 6-9 diciembre 2004 (Madrid)