Chuck Norris contra los psychokillers

Hubo un tiempo antes de Walker, el más rudo agente de la ley de Texas. Una época oscura y violenta en la que la ley se imponía de forma mucho más ruda, porque los enemigos eran considerablemente más peligrosos. Y Chuck Norris estaba preparado para enfrentarse a ellos. Siempre lo ha estado. Preguntad a John Kirby o a Simon Moon. Ellos lo saben mejor que nadie.

Otra forma de terror tejano

Chuck Norris sabía que le encajaba como a nadie el sombrero de los Rangers. Con él parecía aún más duro, su mirada resultaba más infranqueable. Pero antes de enfundárselo durante años en la exitosa serie Walker (Walker Texas Ranger, 1993-2001) tuvo que lucirlo con mucho sufrimiento en Furia silenciosa (Silent Rage, Michael Miller, 1982), primera parada en esta sesión doble en la que se enfrentará a dos máquinas de matar que nada tienen que envidiar a los psychos más característicos de las películas de terror.

John Kirby (Brian Libby) no puede más. Su cerebro desequilibrado está a punto de explotar, y lo sabe. Y esta mañana soleada va a ceder a sus instintos más animales. En un ambiente sórdido, caluroso y seco, la cámara le acompaña al granero, donde se arma de un hacha que descargará contra su familia sin ningún tipo de miramientos ni atisbo de conciencia. Es un tipo imponente, enorme, incontrolable. La policía no tarda en llegar al lugar de los hechos, con el sheriff Dan Stevens (Chuck Norris) al frente. Será la primera vez que se encuentren, una pequeña muestra de lo que Kirby es capaz de hacer. Tras una pelea brusca, casi barriobajera, la ley se impone y Stevens consigue reducirle. Pero cuando es introducido en el coche que le llevará a comisaría, hace añicos las esposas y trata de huir, aunque no llegará muy lejos dada la sobredosis de plomo que recibe por parte de los agentes presentes en la zona. Malherido, Kirby es conducido urgentemente a un hospital, sin ninguna esperanza para salvar vida. En el sanatorio se produce su muerte cerebral, tras lo que inevitablemente su cuerpo se apagará... ¿o no?

Tres son los profesionales que se encargan de su caso: su psiquiatra, el doctor Tom Halman (Ron Silver) y los doctores Philip Spires (Steven Keats) y Paul Vaughn (William Finley). Trabajan en un centro muy especial, que se ocupa de investigación, medicina molecular, estudios genéticos y "otras cosas" de las que no tratan los centros ordinarios. Halman es racional, coherente y ético; Spires, uno de los peces gordos del hospital, cumple las funciones de mad doctor, ambicioso y sin escrúpulos -en una ocasión afirmará que "da igual que Kirby haya matado a uno o a cuatrocientos. Somos científicos, no moralistas"-, deseoso de ganarse un lugar en los libros de medicina; y Vaughn se sitúa en un punto intermedio, una aparente mosquita muerta a la órdenes de Spires. Juntos llevan a cabo experimentos con una nueva sustancia experimental, Mitogen 35, que debería teóricamente servir a la humanidad regenerando los tejidos dañados de las personas en crímenes o accidentes. Aún a sabiendas de que Kirby no es un paciente física ni mentalmente habitual, deciden inyectársela. Los resultados, predecibles para el espectador, serán terribles: el asesino se recupera rápidamente de sus heridas -"todas ellas mortales"-, pero la solución administrada no repondrá su podrido y malsano cerebro.

Mientras esto acontece, en el otro ala del hospital el magullado sheriff Stevens tiene un encuentro fortuito con una antigua amante a la que no ha podido olvidar, Alison (Toni Kalem), hermana del doctor Halman. Tras una breve e intensa disputa, retomarán su relación a partir de ese mismo instante. Con Kirby eliminado y Alison de nuevo en su lecho, todo parece ir bien para nuestro héroe, hasta que una panda de motoristas aparece en el pueblo burlándose de él y de su ayudante y contrapunto cómico, Charlie (Stephen Furst). Norris aprovechará la ocasión para lucirse en una típica secuencia de pelea de bar con música country característica de su cine pero que aquí resalta, precisamente, por ser la única nota discordante con el tono general de la película, más de intriga que de acción.

La máquina biónica

Spire y Vaughn llegan demasiado lejos con sus experimentos, lo que lleva a un violento enfrentamiento verbal con Halman, cuya conciencia es un problema para continuar con las pruebas llevadas a cabo con Kirby. El buen doctor decide irse a casa para relajarse junto a su esposa, pero sin que nadie sepa cómo el asesino escapa para plantarse en casa de su antiguo psiquiatra, al que aniquilará sin ningún tipo de compasión para volver después al centro manso como un corderito; cuando Alison llega a la casa, se enfrentará a la desagradable labor de hallar los cadáveres de su hermano y su cuñada. Stevens se hará cargo de la investigación de este nuevo homicidio, un doble asesinato que supone la aparición de otro psicópata en la ciudad. Porque Kirby no ha podido ser...

Charlie decide llevar a la mujer, en lógico estado de shock, al hospital en el que trabajaba su hermano. Y lo hace justo en el momento en el que el autómata pierde el control definitivamente exterminando a todo el que se cruza en su camino por los pasillos, comenzando por Vaughn y Pierce -a quien rompe el cuello en una escena fantástica- y continuando con los enfermeros, celadores y guardias. Incluso el propio Charlie caerá en sus manos, dejando a Alison sola en el oscuro y frío edificio perseguida por el psicópata, también oscuro y frío. Stevens recibe un aviso por radio y aparece rápidamente en escena; el enfrentamiento final está servido.

El clímax tiene lugar en un claro de un bosque cercano. Tras una breve persecución, el sheriff y su némesis lucharán a muerte en una clásica pelea a golpes sin más adornos que las piruetas de Norris y los toscos movimientos de Libby, a excepción hecha de los continuos primeros planos de ambos en una disputa gestual paralela a la física en la que pugnan por ver quién de los dos luce el rostro más pétreo. Por supuesto, es el policía el que se alza victorioso, aunque el éxito de la Mitogen 35 queda más que demostrado: en los últimos diez minutos de metraje, Kirby es acribillado a balazos, arrojado desde un cuarto piso, atropellado, quemado vivo y, finalmente, precipitado al fondo de un pozo. Y cuando la pareja de enamorados se aleja, abrazada y victoriosa, la complicidad del director con los espectadores nos regala un plano definitivo del agujero, en cuya profundidad el asesino se alza en un susto final que nos remite, una vez más, al cine de terror de los años ochenta. Queda una pregunta en el aire para el cinéfilo avezado: ¿inyectó Mitogen la sra. Vorhees a su hijo Jason hace veinte años, en las plácidas aguas de Crystal Lake? Un film divertido, rodado íntegramente en Texas y con más violencia y escenas de cama de lo habitual, y que en su edición americana contó con una espectacular e inolvidable frase promocional, en la que se anunciaba que "La ciencia lo creó. Ahora, Chuck Norris tiene que destruirlo".

Más allá de Norris, en el reparto original destaca la presencia en una de sus primeras apariciones de Ron Silver, actor con una extensa trayectoria a sus espaldas en la que destacan por méritos propios títulos más que interesantes como Acero azul (Blue Steel, Kathryn Bigelow, 1990) o El misterio Von Bulow (Reversal of Fortune, Barbet Schroeder, 1990), poco interesantes (Timecop, Peter Hyams, 1994) o perfectamente olvidables, tal es el caso de la casposa Skeletons [vd/dvd: Esqueletos, David DeCoteau, 1996]. Su versatilidad está más que demostrada, ya que no desdeña desde trabajar en teleseries como El secreto de Verónica (Veronica´s Closet, emitida en nuestro país por Canal Plus) o grandes producciones como el biopic sobre el más grande boxeador de todos los tiempos, Ali (Ali, Michael Mann, 2001). Por lo demás, reseñar la participación de Brian Libby, aquí el autómata asesino, en la divertida Cabeza de pelotón (Platoon Leader, Aaron Norris, 1988), a mayor gloria de otro de los grandes de la serie B ochentera, Michael Dudikoff.

Michael Miller cuenta en su haber como director con una decena de títulos, pequeñas producciones de difusión limitada, tales como Street Girls (1975), Silent Witness (1985), Can You Feel Me Dancing (1986), o Daddy (1992), basada en una novela de la reina rosa Danielle Steele. Sus último trabajo ha sido Dangerous Passion (1995), protagonizada por otro tipo duro, Carl Weathers. Como actor, puede vérsele en Los tres días del Cóndor (Three Days of the Condor, Sydney Pollack, 1975), con Robert Redford en el papel principal.

Mi amigo Simon

Norris debió de sentirse cómodo con la experiencia, y no contento con aniquilar al bueno de Kirby se lanzó a la caza de otro supervillano aún más imponente, Simon Moon, en El héroe y el terror (Hero and The Terror, William Tannen, 1988).

Danny O'Brian (Chuck Norris), policía de Santa Mónica, lleva años en tratamiento, acosado por las imágenes de la captura del asesino de mujeres Simon "El Terror" Moon, (Jack O'Halloran), recuerdos en los que las imágenes de aquella caza que casi acaba con su vida perturban su sueño y ahogan su existencia. Su pareja, Kay Kennedy (Brynn Thayer), está embarazada, aunque ciertas complicaciones con el bebé tampoco contribuyen a la estabilidad de ambos. Además, desde que O'Brian capturó a Moon, los medios le halagan dotándole del sobrenombre de "Héroe", algo que él no se considera y que no agradece. Toda esta confluencia de circunstancias y situaciones hacen que Norris se muestre menos bestia de lo habitual, lo que desconcierta un tanto: verle con su novia de compras, paseando, o filosofando con médicos o compañeros del Departamento de Policía de Los Angeles resulta un poco atípico en su carrera, al menos hasta que dejó la elección de sus proyectos en manos de su hermano menor, Aaron (Top Dog o Forest Warrior, de 1995 y 1996, respectivamente).

La cuestión es que el descomunal Moon escapa del sanatorio mental en el que está recluido destrozando las rejas de su habitación y lanzándose a un acantilado, para reptar hasta la ciudad y alojarse, como si de un clásico se tratara, en un viejo y destartalado teatro. Allí tratará de llevar una existencia tranquila aislado del resto del mundo, hasta que el alcalde (Ron O'Neal) realiza una importante inversión económica para reactivarlo. Simon descargará su furia contra toda jovencita que se sirva de los aseos, a los que accede a través de una rendija que conecta con las dependencias abandonadas en las que malvive. Mientras "El Terror" hace de las suyas, "Héroe" trata de mantener la estabilidad en su relación con Kay, notablemente hundida ante el retraso del nacimiento de su hija en una sucesión de escenas que nos muestran el lado más humano y sensible de O'Brian.

Pero cuando la estrella de cine Ginger Frank (Karen Witter) aparece asesinada en las cercanías del teatro Wiltern, la policía acordona el edificio para aislar en su interior a Moon, ya que todos dan por hecho que es él quien ha cometido el crimen. O'Brian encarga la vigilancia nocturna a su compañero y mejor amigo, Bill Robinson (el gran Steve James), en un acto claramente inconsciente ya que morirá rápidamente a manos del gigantesco asesino, en una escena en la que la música de Mozart acompaña la rápida alternancia entre las imágenes de la muerte de Robinson y las del nacimiento de la hija de Kay, en un crudo y lírico contraste entre la vida que se va y la que acaba de llegar.

Pese al exhaustivo registro, la policía no encuentra nada: no hay rastro de Moon ni de las mujeres desaparecidas. Pero O'Brian encuentra unas dependencias ocultas, tapiadas años atrás; tras despedirse de su mujer -por si acaso- se prepara para enfrentarse al causante de sus pesadillas. La lucha final tiene lugar en el tejado del edificio, bajo los focos de los helicópteros de la policía. Tras mucho sufrir y llevarse una buena sesión de golpes, O'Brian consigue arrojar por una claraboya a Moon, que cae desde una más que considerable altura directamente al patio de butacas. "Héroe" ha vuelto ha ganarse su apodo.

Es esta una película atípica para tratarse de Chuck Norris, ya lo hemos reseñado. No hay un predominio claro de la acción, ya que solamente pelea con su enemigo, y el metraje trata más de ahondar en el interior de Danny O'Brian que en sus dotes como karateka. Tal vez la razón sea que se basa en una obra previamente escrita del novelista, actor y guionista Michael Blodgett, y no en un guión diseñado para su lucimiento. Junto a Norris encontramos a Steve James, rostro más que popular en el cine de acción de la década de los ochenta, al que se recordará por sus participaciones junto a Michael Dudikoff en El guerrero americano (American Ninja, 1985), El guerrero americano II (American Ninja II: the Confrontation, 1987) o Avenging Norce (1986), todas ellas bajo dirección de San Firstenberg. Ya se le había visto con Norris en la clásica Delta Force (The Delta Force, Menahem Golam, 1986) y también se codeó con Robert Ginty, otro duro de la serie B, en El exterminador (The Exterminator, James Glickenhaus, 1980). Su mayor acercamiento al cine comercial se produjo de la mano de Robert Altman en El juego de Hollywood (The Player, 1992), en la que compartía unas escenas con Julia Roberts. A Jack O'Halloran, aquí en la piel del imponente Simon Moon, se le reconoce rápidamente al haber interpretado a Non, uno de los secuaces de Terence Stamp en las dos primeras entregas de Superman. Su descomunal presencia también puede verse en Adiós, muñeca (Farewell my Lovely, Dick Richards, 1975), en la fallida versión de King Kong realizada por John Guillermin en 1976 o en Los Picapiedra (The Flinstones, Brian Levant, 1993) en la que, como no podía ser de otra forma, interpreta a Yeti.

El director William Tannen cuenta con unos inicios más que sorprendentes, ya que además de trabajar con Laurel y Hardy en un par de películas, participó como actor con los hermanos Marx en Tienda de locos (The Big Store, Charles Riesner, 1941), en el rol del hermano de Virginia Grey. Aparte de este pintoresco dato, ha dirigido Flashpoint (1984), thriller político sobre el asesinato de JFK con Kris Kristofferson y Treat William a la cabeza del reparto, y Deadly Illusion (1987). Mención merecen también los históricos productores Menahem Golam y Yoram Globus, a quienes les debemos títulos como Fuerza vital (Lifeforce, Tobe Hooper, 1985), Cobra (George Pan Cosmatos, 1986) o parte de las entregas de la saga Death Wish, con el desquiciado Charles Bronson aniquilando jóvenes conflictivos en las calles.

La justicia tiene un nombre

Los vengadores y justicieros de la añorada década de los ochenta no tienen nada que ver, desgraciadamente, con los que nos ofrece el cine actualmente. Aquellas películas protagonizadas por Chuck Norris, Charles Bronson, Carl Weathers, Robert Ginty o Michael Dudikoff, de tono casposo y entrañable, sonrojantemente pro-americano en muchas ocasiones, se han perdido en favor de los más altos valores de producción imaginables y presupuestos multimillonarios con los que no podían ni soñar los tipos duros de entonces. Por lo que a la serie B respecta, Jean-Claude Van Damme, Dolph Lundgren y chicarrones similares no han podido o no han sabido llenar el hueco que sus predecesores dejaron. Una lástima...

Chuck Norris, nacido Carlos Ray Norris en Ryan, Oklahoma, el 10 de marzo de 1940, comparte en sus venas la sangre irlandesa de su madre y la cherokee de su padre y es el mayor de sus hermanos, Aaron -productor, director y coordinador de especialistas de muchas de sus películas- y Wieland. Ya desde pequeño apuntaba maneras, y no dudó, después de su graduación, en apuntarse a las Fuerzas Aéreas, donde mantendría durante su estancia en Corea sus primeros contactos con el karate. Tras su regreso, comenzó a ganarse la vida como profesor de artes marciales, labor que compaginó con el mantenimiento del título de Campeón del Mundo de Karate en peso medio durante seis años consecutivos. Fue un antiguo alumno -ni más ni menos que Steve McQueen- quien le animó para probar suerte en el mundo del cine. Desde entonces ha protagonizado casi una treintena de películas, generalmente de acción desenfrenada y sin pretensiones, más allá de divertir al público.


FILMOGRAFIA COMO ACTOR DE CHUCK NORRIS

The wrecking crew (Phil Karlson, 1969)

El furor del dragón (Way of Dragon, Bruce Lee, 1972)

El tigre de San Francisco (Slaughter in San Francisco, William Lowe, 1973)

Breaker ¡Breaker! (Don Hulette, 1977)

El juego de la muerte (Game of Death, Robert Clouse, 1978)

Los valientes visten de negro (Good Guys Wear Black, Ted Post, 1979)

The Octagon (Eric Karson, 1979)

Fuerza 7 (A Force of One, Paul Aaron, 1979)

Golpe por golpe (An Eye for an Eye, Steve Carver, 1981)

McQuade, el lobo solitario (Lonewolf McQuade, Steven Carver, 1981)

Marcado para morir (Forced Vengeance, James Fargo, 1982)

Furia silencionsa (Silent Rage, Michael Miller, 1982)

Desaparecido en combate (Missing in Action, Joseph Zito, 1984)

Invasión U.S.A. (Invasion U.S.A., Joseph Zito, 1985)

Código de silencio (Code of Silence, Andrew Davis, 1985)

Desaparecido en combate II (Missing in Action II, Lance Hool, 1985)

El templo del oro (Firewalker, J. Lee Thompson, 1986)

Delta Force (The Delta Force, Menahem Golam, 1986)

El héroe y el terror (Hero and The Terror, William Tannen, 1988)

Desaparecido en combate III (Braddock: Missing in action III, Aaron Norris, 1988)

Delta Force II (The Delta Force II: Operation Strangehold, Aaron Norris, 1990)

Hitman (The Hitman, Aaron Norris, 1991)

Juntos para vencer (Sidekicks, Aaron Norris, 1992)

El mensajero del infierno (Hellbound, Aaron Norris, 1993)

Top Dog [vd: Top Dog: El perro sargento, Aaron Norris, 1995]

Forest Warrior [tv/vd: El guerrero del bosque, Aaron Norris, 1996]

José Arce Bernal (Madrid. España)

Artículo publicado originalmente en la revista El Cinéfilo