por D. Montejo / Cyberdark.net
Por fin llega a España, de la mano de Bibliópolis Fantástica, la novela Luz, de M. John Harrison, un escritor no tan conocido como respetado y alabado por quienes tienen el atrevimiento y el placer de adentrarse en su "difícil" literatura. Acompaña a la pertinente crítica una entrevista con el autor que pretende ser una introducción a la novela y un breve recorrido por su carrera y su forma de ver la literatura.
Luz, de M. John Harrison
Por Denis Montejo
Por fin llega a España, de la mano de Bibliópolis Fantástica, la obra quizás más aplaudida por el gran público de un gran autor, M. John Harrison. Un escritor no tan conocido como respetado y alabado por quienes tienen el atrevimiento y el placer de adentrarse en su "difícil" literatura. Harrison nació en 1945 en el Reino Unido, publicando su primer cuento en 1968 en la famosa revista New Worlds de Michael Moorcock, con la que después colaboraría asiduamente. Su obra la componen las novelas The Committed Men (1971), The Centauri Device (1974), Climbers (1989), El curso del corazón (1992), Signs of Life (1997) y la que tratamos aquí, Luz (2002). Asimismo es famoso por su ciclo fantástico denominado Serie de Viriconium, compuesta por las novelas The Pastel City (1971), A Storm of Wings (1980), In Viriconium (1982), así como los relatos cortos recogidos en Viriconium Nights (1984).
Con Luz se adentra con tanta eficacia como soltura en la space opera. En una space opera no común sino corriente. Me explico. No se puede catalogar de común (pese a sus guerras interestelares, artefactos alienígenas, viajes espaciales, etc...) por la profundidad psicológica con que pincela sus personajes. Protagonistas indiscutibles del libro que no dejan de ser gente corriente que lidia lo mejor que sabe con el papel que le ha tocado en el universo. Ya sea un papel trascendental o de mera comparsa de Dios. Personas quizás dignas de admiración por parte de la humanidad, de puertas para fuera, pero tan mundanas en sus sentimientos, motivaciones y acciones íntimas como cualquier homo sapiens o homo modernus que pueble el planeta Tierra o el Universo Conocido. Protagonistas vulgares en su interior, indignos incluso si sus vecinos les conocieran realmente.
Personajes tan bien trazados por la estilizada pluma de Harrison que, pese a sernos ajenos, pertenecientes a mundos o futuros diferentes, no dejan de recordarnos a nosotros mismos. Profundamente humanos en definitiva, protagonistas de unas existencias plagadas, eso sí, de secundarios cuando menos peculiares y estrafalarios surgidos de la más oscura mala uva del autor.
Harrison, no podemos dudarlo, es un autor brillante, y como tal, su prosa, amén de contener palabras, rebosa de secretos que surgen como semillas sembradas que florecen en una relectura del libro. Pues una de las virtudes o defectos de Luz es que es en una segunda lectura de la novela cuando el aficionado descubre el complejo y maravilloso universo que puebla sus páginas. No se trata, no nos engañemos, de un libro fácil de leer. En este sentido me atrevería a decir que no es un libro para regalar (como no regalaríamos un animal, que siente y padece, como un juguete), sino una novela que disfrutar comprando y leyendo en la intimidad. Harrison no nos explica lo que está narrando. No se detiene en definiciones que perfilen su mundo virtual, sino que nos sumerge en él, y nos da una vuelta por sus callejones, dejando a nuestra propia capacidad que asimilemos formas, tactos u olores. Es nuestra responsabilidad descifrar los pequeños misterios que encierra cada párrafo. Virtud ésta que no deja de lastrar sin embargo el ritmo de la lectura, desquiciando a lectores poco avezados.
Si algo hay de cierto en Luz es que no se trata de un libro para lectores vagos o de metro.
Luz nos narra tres tramas complementarias que por su propia inercia tienden a converger en un todo trascendental, en el Canal Kefahuchi, una singularidad desnuda cuya luz ha atraído a lo largo de millones de años a todas las especies inteligentes de la galaxia. Una de las tramas se desarrolla en un pasado que se nos revela como presente, en el que dos científicos fácilmente catalogables como excéntricos, Michael Kearney y Brian Tate, exploran las peculiaridades de la física tratando de encontrar la clave para el viaje estelar. Brillantes científicos en la memoria del futuro, que sucumben en su vida diaria a sus miedos e instintos primarios. Kearney más parece un asesino en serie que un científico, acosado en sus sueños por un demonio personal al que ha llamado Shrander, que intenta aplacar con sangre... En el otro universo temporal nos encontramos con la capitana de la nave-k Seria Mau Genlicher, condenada por su propia decisión a un modo de vida simbiótico con su propia nave, y mercenaria de los násticos en su guerra contra la humanidad. Guerra que le importa menos que los recuerdos traumáticos de su vida anterior... En ese mismo universo se mueve Ed Chianese, un centella que se ve arrastrado a la realidad de un universo de suburbios interminables, devorado por una tecnología caduca y decadente, lejos de su droga: un tanque de realidad virtual.
Tres hilos argumentales entretenidos y poderosos por sí mismos, que curiosamente no constituyen lo mejor del libro. Pues Harrison es ante todo un escritor (galardonado en 1999 con el Richard Evans Memorial), y navega como capitán de primera en el oficio de pintar palabras. Una joya de lectura en los tiempos que corren, hecho reforzado si cabe por el buen trabajo de Rafael Marín en la traducción.
Tampoco conviene olvidar que Luz fue premiada con el James Tiptree Jr. Award, así como finalista del Arthur C. Clarke y del British Science Fiction este mismo año. No es para menos: Luz es una novela brillante bajo su aura provocadora. Una obra densa destinada a ser un clásico, imbuida en un crisol de culta tomadura de pelo.
Es una novela acerca del error de ignorar la vida. Los personajes ... son gente con problemas, a veces tantos que resultan grotescos. Como seres humanos, nuestra propia oscuridad nos conduce a buscar la luz.
M. John Harrison
Digna y exigente novela, como pueda ser la propia divinidad.
Entrevista con M. John Harrison
Por Ignacio Illarregui y Arturo Villarrubia / Publicada originalmente en Cyberdark.net
Esta entrevista pretende ser una introducción a Luz, un breve recorrido por su carrera y su forma de ver la literatura. Para prepararla conté con la inestimable colaboración de Arturo Villarrubia, voraz lector que escribe la sección "Keep watching the skies" para la revista Gigamesh, buen conocedor de la obra de Harrison. Gracias a ambos.
Luz es su regreso a la ciencia ficción después de muchos años. ¿Por qué decidió retornar a sus orígenes?
Tenía algo que decir que podía decirse mejor utilizando como medio la ciencia ficción, o algo similar.
¿Por qué tituló el libro de esa manera?
Es una palabra con amplias implicaciones metafóricas en lo que se refiere al conocimiento y la iluminación. También es lo más rápido que hay en el universo y adoro la velocidad.
Durante la historia utiliza algunos de los últimos avances realizados en campos como la cosmología o computación cuántica de una manera muy peculiar. ¿Hay poesía en los nuevos descubrimientos científicos?
Sí. También encuentro en la ciencia una fuente de metáforas útiles que no están al alcance de los escritores de mainstream.
Uno de sus puntos fuertes está en sus tres atormentados protagonistas que, al igual que la mayoría de los personajes de sus historias, son muy vulnerables. ¿Por qué se siente atraído por estas características?
Uno de los principales argumentos de Luz es que la vida evoluciona gracias a los vulnerables y desarmados. Vivimos en una sociedad global que se expresa con un lenguaje de intimidación y desprecio para aquellos que no parecen controlar sus vidas. De hecho, ninguno de nosotros lo hace. Nuestra obsesión por el control es la medida exacta de nuestro miedo a ser realmente seres humanos corrientes y vulnerables. Quiero escribir historias sobre la gente, no shoot´em´up para ordenador. No encuentro ese control interesante desde el punto de vista narrativo.
¿A qué se debe que en determinados momentos alguno tome decisiones utilizando un dado?
Sólo un personaje, Michael Kearney, usa los dados para tomar decisiones. Es tanto una referencia a las ideas existencialistas de Luke Rhinehart como a la idea cuántica de que el universo entero depende de los resultados de sucesos aleatorios a nivel cuántico.
La ciencia ficción acostumbra a mostrar unos personajes que viven de espaldas al sexo, y cuando aparece suele ser en un discreto tercer plano. En Luz es algo tan común que no hay un solo capítulo en el que no aparezca alguna escena sexual de todo tipo, desde masturbación hasta orgías grupales. ¿Ha querido destrozar ese tabú?
Creo que ese tabú se destruyó hace muchos años, tanto dentro como fuera de la ciencia ficción.
¿Existe alguna semejanza con su anterior novela de ciencia ficción, The centauri device?
No hay muchas semejanzas, no. Quería evolucionar. De hecho cuando dejas pasar veinticinco años entre los libros, te encuentras con que has evolucionado quieras que no.
En la parte que se desarrolla dentro de 400 años, el ser humano se dedica a vivir a expensas de los objetos tecnológicos que va encontrando de civilizaciones alienígenas anteriores, sin avanzar lo más mínimo en sus propios descubrimientos. ¿No le parece una actitud un tanto pesimista?
Una actitud deliberadamente pesimista. La cultura de rastreadores de playas de Bahía Radio es una metáfora directa sobre la forma en que hacemos ciencia ahora, no como prolongación de la curiosidad, sino como una cuestión económica. La ciencia contemporánea indaga profundamente en la realidad buscando cosas para vender, del mismo modo que las culturas de la Playa buscan artefactos alienígenas para lo mismo. No veo ninguna diferencia. En este momento los científicos se han dejado convertir en gente que se gana la vida buscando nuevas formas de recoger pelotas en los lagos de los campos de golf, de modo que alguien pueda sacarle provecho económico.
¿Cuál es el lector ideal de su novela? ¿A quién cree que puede gustarle?
Creo que Luz puede atraer a muchas clases diferentes de lector. Sin duda la disfrutarán todos los lectores de ciencia ficción, fantasía y terror.
Recientemente se ha anunciado una continuación, situada en el mismo universo. ¿Puede decirnos algo sobre ella?
Me temo que no. Todavía estoy planeándola
Usted inició su carrera a mediados de los años 60 en New worlds, ¿qué recuerda de aquella época?
No mucho. Suele decirse de los sesenta que si lo recuerdas no pudiste haber estado allí. No creo que eso pueda aplicárseme. Me gusta evolucionar en la vida y no quedarme atascado en el pasado.
Durante aquellos años trabajó junto a Michael Moorcock. Incluso algunos de sus primeros cuentos aparecieron en el libro La naturaleza de la catástrofe, sobre el personaje de Jerry Cornellius. ¿Qué le debe usted a Moorcock?
Michael Moorcock ejerció en mí una influencia considerable, como persona, hasta finales de los setenta. Después de esa fecha, menos.
¿Sería la ciencia ficción de hoy en día diferente si hubiese habido otra persona al frente de aquella revista?
Sí, así es, sería un género menos imaginativo y provocador. Creo que Michael Moorcock puede estar orgulloso de que toda una generación le esté imitando.
Con los libros de Viriconium puso su granito de arena a la fantasía épica. ¿Qué aportan a una temática tan aparentemente explotada?
No mucho, supongo, ya que no creo ni en el heroísmo ni en la fantasía. La fantasía comercial es una literatura de relax y evasión. En la primera novela de Viriconium, The pastel city, intenté hacer una fantasía que fuera un poco más "realista", más humana. Me di cuenta de que no era posible, porque la fantasía se basa en ideas simplistas sobre la gente, más que en la forma en que la gente realmente se comporta, así que después de eso el proyecto se convirtió en uno de deconstrucción. La idea era apartar al lector de fantasía de las seguridades del paisaje y finalmente del mismo personaje. Hacia 1985, esto había dado lugar a algunas historias de Viriconium bastante interesantes, pero comprendí que mi relación con la fantasía había terminado.
¿Cómo ve ahora mismo el estado de dicho subgénero?
Para ser sincero, no he leído nada durante los últimos quince o veinte años.
Una de sus pasiones es el mundo de la escalada, que ha aparecido en algunos de sus relatos como "El mono del hielo" o "El descenso". Incluso ha escrito una novela, Climbers. ¿Por qué le atrae tanto?
Tengo que empezar diciendo que veo la escalada como algo opuesto a la fantasía, un acto básicamente "realista" de consecuencias también tremendamente realistas. Te caes y puedes herirte de gravedad, o morir. Después empecé a ver que incluso una actividad como ésta es evasión. Es una manera de huir de las obligaciones de una vida corriente, una manera de "colocarse" y vaciar de todo nuestra conciencia. Climbers es sobre la dependencia a esto. Así que me interesa la escalada como tema por la misma razón que me intereso por la fantasía como tema: porque nos permite comprender los sueños occidentales de autotransformación y de una adolescencia prolongada, un plan onírico para evadir la muerte, el cambio y las realidades sufridas por culturas menos afortunadas.
La crítica reconoce como su mejor novela El curso del corazón. ¿Está usted de acuerdo?
Me gusta El curso del corazón, pero creo que Climbers es un libro mejor. Habla directamente de cosas y emociones reales. En realidad, no podría escoger entre las dos. Estoy satisfecho de ellas y también de Signs of life.
Es un libro que trata sobre los peligros de huir de la realidad o refugiarte en una realidad ideal. ¿Donde deja eso a la militancia política o social? (Entiendo que ésta no es posible si no eres capaz de concebir una sociedad mejor o al menos diferente) ¿Ve como posible, o siquiera como prudente, el cambio social?
Lo veo como algo necesario. La militancia social y política no están muy de moda en la actualidad. Ahora está más de moda comprar cosas. Desde la caída de la Europa del Este, la economía ha ganado la batalla de ser considerada una ideología. La ideología por defecto de Occidente es el consumismo, pasarlo bien a costa de otros. Resulta obvio que cualquier clase de cambio político podría estropear esto, así que a la gente con otras ideas se la demoniza.
Como se puede observar en Signs of life, es notorio que no le gustaba demasiado la era Thatcher ¿Podemos esperar en el futuro un retrato similar de la era Blair?
Sí, eso espero.
Una de sus facetas completamente desconocidas aquí en España es la de crítico literario. ¿No existe una cierta contradicción cuando realiza esta función? ¿No se pasa al "enemigo"?
No lo creo. Es algo simplista ver a los críticos y los novelistas como enemigos naturales. Para empezar, ¡la mayor parte de los críticos son novelistas! La relación entre los dos es mucho más intrincada y complicada que eso. Las críticas y las reseñas suministran parte del tejido de sutura en las difíciles relaciones entre escritores, lectores y culturas. Intento asegurarme de que mis críticas se basan en dos formas de ver los libros que aparentemente se excluyen mutuamente: la técnica y la emocional. También creo firmemente en el revisionismo crítico, que consiste en creer que el libro es una máquina con dos partes principales: un texto y un lector. Un libro existe sólo apenas como algo que la escritura hace existir; después de esto pasa toda su vida como algo que los lectores hacen vivir. Como crítico, hago lo mismo.
¿Cómo ve la evolución de la ciencia ficción en los últimos 30 años?
La new wave de mediados a finales de los sesenta creó una reserva, una biblioteca de posibilidades tanto en cuanto a la técnica como en términos de contenidos humanos. Esta biblioteca se visita menos de lo que esperábamos, pero más de lo que pensamos. El resultado es que, en cualquier momento de los últimos 30 años, alguien en algún lugar ha estado escribiendo algo un poco más interesante que la ciencia ficción "para pasar el rato"; y ha habido un fuerte y rápido desarrollo de la ciencia ficción alternativa. Ahora esta tendencia encaja bien con lo que ocurre en la ficción literaria tipo mainstream, así que estamos en otro estadio de desarrollo. Creo que esto será más rico y productivo, aunque no sé el efecto que pueda tener sobre la ciencia ficción en general. ¡Probablemente ninguno!
¿Qué libro de los que ha leído últimamente le ha llamado más la atención?
He hecho recientemente las reseñas de las nuevas novelas de Alan Wall China, la de Alan Burn, The north of England home service y de Alan Garner Thursbitch. ¡Tres novelas escritas por hombres llamados Alan! ¿Qué más se puede pedir? Puedo recomendarlas todas.
¿Cuales son sus autores favoritos de siempre?.
Turgenev, Chekhov, Katherine Mansfield.
Katherine Mansfield es citada cada vez de forma más frecuente como una influencia de escritores muy recientes. ¿Qué podría decir que le debe?
¡Lo mismo que le deben otros escritores contemporáneos, ya que yo soy uno! Mansfield "entra" bajo el texto. Aparta la voz del autor y en su lugar usa una "dirección muda" para indicar los valores morales de la historia. También era una minimalista de lo epifánico, cuando usa un acercamiento totalmente técnico para conseguir sus efectos usando tan pocas palabras como le era posible. Finalmente, para mí, demostró cómo la superficie de una historia es todo lo que el escritor tiene que trabajar para hacer el resto. Su prosa parece escalar suavemente sobre la superficie de los sucesos que muestra, pero eso es una ilusión, claro, *porque la superficie es la que realmente crea los sucesos*. Es una ilusión que solo un gran maestro puede manejar. Era un genio.
¿Y de los que publican ahora mismo?
En ciencia ficción y fantasía, leo a China Mieville, John Courtenay Grimwood y Justina Robson, cuya novela Natural history es soberbia. También sigo a una recién llegada, Stephanie Swainston, cuya primera novela The year of our war se publicará en el Reino Unido a principios del año que viene.
¿Tiene futuro la ciencia ficción?
Para sobrevivir comercialmente debe empezar a hacerse accesible a una audiencia más amplia. No sé si los escritores de ciencia ficción son capaces de hacer eso. Si no lo son, otros escritores vendrán que lo hagan, y la ciencia ficción no será nunca más lo que hoy entendemos que es. De cualquier modo, el cambio es bueno, ¿no?
Desde luego el cambio siempre es positivo, pero ¿cuáles son los factores a modificar para conseguir dicha accesibilidad?
Si la ciencia ficción fuera a ampliar su audiencia y empezara a hablar a la gente en general, tendría que dejar de usar un lenguaje -y dejar de hacer suposiciones- que sólo los lectores de ciencia ficción pueden comprender. La mayoría del público está muy interesado en la forma en que la ciencia influye en el mundo; pero no sabe -y no quiere saber- nada de ciencia (¡o de ciencia ficción, que es lo que nos importa!). Un escritor de la "nueva" ciencia ficción hará suposiciones que puedan comprenderse fácilmente y sin que haya mucha distancia del mundo cotidiano del lector. Toda la ciencia ficción solía escribirse así. Buenos ejemplos de ello son La guerra de los mundos de H. G. Wells y El día de los trífidos de John Wyndham. Ambos eran perfectamente accesibles a la mayor parte del público de su época. Los escritores de ciencia ficción de ahora no hacen esto; en su lugar, protestan de forma proteccionista cuando escritores que no son de ciencia ficción llenan este espacio que ellos han dejado libre. Será algo difícil de hacer para los escritores de ciencia ficción. Lo sé porque lo he intentado yo mismo, y he fallado.
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Crítica: Denis Montejo
Entrevista: Ignacio Illarregui y Arturo Villarrubia
Traducción: María Jesús Sánchez
M. John Harrison
La edición española del libro
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