Menos es más: Remontando películas

por José Ramón Lorenzo

yodaLas películas que vemos en los cines son, por lo general, el resultado de una ardua selección entre las múltiples posibilidades que ofrece el material obtenido tras un rodaje. El montaje final es sólo uno de los posibles (como demuestran los cada vez más habituales director´s cut), y muchas veces no el mejor. Esta exhaustiva y también divertida radiografía de Star Wars episodio II: El ataque de los clones propone un montaje alternativo que intenta pulir los puntos flojos de una de las películas más vistas de la pasada temporada.

Introducción

Hace unos meses me propusieron dar unas conferencias didácticas sobre montaje1 y, al pensar en la mejor forma de explicar a la gente qué era lo que realmente hacía el montador -en vez de proyectar por enésima vez la escena de la escalinata de El acorazado Potemkin- aquella idea resurgió con toda su fuerza. "¿Por qué no explicar el montaje con ejemplos del tipo "Asi sí - Así no"?, me dije. No se trataba de comparar Minority Report con Amor a quemarropa (por citar el cielo y el infierno), sino de coger una película problemática y mostrar una alternativa mejor tras un remontaje. Una especie de teletienda sobre un producto contra la celulitis, solo que usando películas en vez de modelos, tijera en vez de cremas, y eliminando metros de película en vez de células muertas (bueno, cuando los metros sobran, son lo mismo).

Así pues, comenzando por la famosa Episodio II: El ataque de los clones, se inicia una ­espero que larga­ serie de artículos, que ojalá sirvan tanto para divertir como para cambiar la forma de ver el montaje en el cine.

El procedimiento es el siguiente: un servidor coge una película y analiza cuáles son sus problemas. Acto seguido, se aplican soluciones concretas. Digitalizo entera la película en cuestión, le doy mil vueltas y, finalmente... ¡a cortar! Sólo mantendré los cortes que realmente vea que funcionan: aquellos en los que nadie note absolutamente nada. No olvidemos que un montador puede tener mil excusas para defender su montaje, del tipo "no conoces el material de partida", pero siempre se le puede responder: "Si con la película que tú tienes, y nada más, puedo hacer un montaje mejor, es que la película está mal montada". Por ahora, aquí tenéis Episodio II: El ataque de los clones. En próximas entregas, otros títulos sufrirán un despiece sin piedad. Espero que vuestro reverso tenebroso malvado disfrute con esta idea.

 

CAPÍTULO I: "STAR WARS EPISODIO II: EL ATAQUE DE LOS CLONES"

Duración inicial: 135 min.

Duración tras remontaje: 105 min.

1. POR LO MENOS, HAY UNA HISTORIA

El público en general sabe perfectamente que en las últimas películas de la saga galáctica de George Lucas hay muchas cosas que sobran. Circula por Internet una versión del Episodio I en la que unos bienintencionados freaks, al parecer, han suprimido todas las escenas de Jar Jar Binks y casi todas las de Anakin niño.

Lamentablemente, los problemas del Episodio I son tan graves que tiendo a creer que esa película no tiene solución en montaje. Para hacerse una idea de las dimensiones de la catástrofe narrativa, pruébese a responder estas simples preguntas: ¿Quién es el protagonista? ¿Quién es el antagonista? ¿Cuál es la trama principal? En fin, una película en el vacío.

En el caso del Episodio II, por fortuna, la estructura está clara: es la de El Imperio contraataca. Dos tramas en paralelo con dos protagonistas (Anakin y Obi Wan) que se resuelven en apoteósico final (Obi Wan descubre el plan de Christopher Lee y Anakin se casa ­virgen­ con Amidala). En resumen, hay algo que se puede salvar en montaje.

2. EL PRIMER ACTO: DEMASIADA CHARLA

La película arranca sorprendentemente bien: llega la senadora Amidala, alguien atenta contra ella y, en una reunión de la senadora con el consejo Jedi nos enteramos, de forma concisa y natural, de todo el problema de partida (los secesionistas, la importancia de la presencia de Amidala en el congreso..., etc.). Tal ejercicio de concisión narrativa pocas veces volverá a darse en la película. Además, no es mérito de Lucas: tras leer el guión original, se descubre que esa reunión Jedi era infinitamente más larga (cuatro veces más) y que se redujo a sus actuales dimensiones en montaje. Bien, pues de esa forma vamos a proceder con lo que sigue a continuación.

Explicada la trama política (la que más va a concernir a Obi Wan) ahora hay que pasar a la amorosa (la de Anakin). El reencuentro de Anakin y Amidala va a ser, simplemente, el repetir la misma escena unas doscientas veces. Vamos a arreglarlo:

- Bloque A: Anakin y Obi Wan suben en el ascensor. Con unos pocos comentarios del tipo "Vamos a ver a Amidala ¿Estás sudando?" se define perfectamente la relación entre ellos, además de prepararte para su encuentro con Natalie Portman. El comentario que, en medio del diálogo, hacen sobre una de sus múltiples hazañas como maestro-alumno sobra. Sencillamente, tendremos varias ocasiones de ver cómo afrontan juntos los momentos de acción. Recordemos una máxima básica de la buena narración: "Show, don't tell" (es decir: "Muestra, no cuentes"). Verdad absoluta e incuestionable. Estas frases improcedentes se eliminan de un tajo imperceptible en medio del plano-contraplano del diálogo.

- Bloque B: Breve reencuentro con Jar Jar (no molesta: está en su justa e inane duración) y glorioso momento pederasta con Amidala (él crece y ella, no ¡qué suerte, Natalie!). A continuación, se pasa a un diálogo de sofá que sirve para que el Jedi y su padawan se enteren de lo que sucede y, de paso, demostrar de forma clara y rotunda al espectador que Anakin sube muy alto el listón de la chulería y autosuficiencia adolescente. Esta escena, que a algunos les podría parecer zafia por lo obvia, a mí me funciona bien narrativamente: cuánto más claras dejes las cosas de partida, menos necesidad tendrás luego de frenar la acción para repetirlas. Claro que George Lucas no sabe esto, porque si no, no sucedería lo que viene a continuación.

- BLOQUE C: Anakin comenta al paciente Obi Wan lo molesto que está porque la niña de sus ojos sólo le ha tratado con corrección. Él le tranquiliza. De acuerdo, entonces... ¿Por qué, a continuación vuelve a decirle, exactamente lo mismo, y en el mismo plano a Jar Jar? No lo sé: sólo sé que, haciendo que la cortinilla de transición entre antes nos salvamos de ese momento lamentable y, por fin, pasamos ya a algo de acción (la gente que, en el exterior, está preparando el atentado contra Amidala).

A continuación, un bello bloque de acción que respeto en su integridad, aunque, algo antes de la megapersecución a los que atentaron fallidamente contra Amidala: Anakin y Obi Wan hablan demasiado. Como es un montaje en paralelo entre éstos y los que planean el atentado, podemos coger casi todas las conversaciones empezadas para aligerar y dar al espectador del cine de acción-aventuras lo que realmente espera y merece (admitámoslo, como cine político el Episodio II está demasiado lejos de Costa-Gavras).

Tras la persecución, Obi Wan decide que va a investigar el complot contra Amidala. A su vez, el consejo Jedi decide, sorprendentemente, que lo más seguro para la senadora es no estar en el planeta donde se reúnen todos los Jedi de la galaxia, sino ir a su casa con un hiperhormonado aprendiz de Jedi cuyas intenciones están más que claras y cuya insolencia ha quedado más que demostrada. Yoda sabrá lo que hace...

Y con esto terminaría el primer bloque. Han sido 23 minutos (ahora 21) que no han estado del todo mal. Lo grave comienza ahora...

2. SEGUNDO ACTO: CÓMO NO MONTAR EN PARALELO O LA PEOR HISTORIA DE AMOR DE LA HISTORIA DEL CINE

Ya tenemos a Obi Wan por su lado y a Amidala y Anakin por otro. Bienvenidos a un montaje en paralelo que, por lo pedestre, merece pasar a los libros de texto.

Comenzamos por una escena que sobra completamente: en una especie de mezquita en 3D (sin duda alguna, el momento más bajo de la Industrial Light & Magic), Obi Wan, Yoda, y Samuel L. Jackson comentan, durante un largo rato, cosas que ya sabemos de sobra: que si Anakin es un chulo, que si no está preparado para la misión (si la misión es respetar el himen de Amidala, está claro que no)... Lo único que no se nos había dicho es que Anakin es "importante para el equilibrio de la Fuerza". Pregunta: ¿es eso relevante para el desarrollo posterior de la película? Respuesta: no. Si es relevante para el futuro Episodio III, no me cabe la menor duda de que Lucas lo repetirá en esa película, que es donde pertenece. ¿Conclusión? Corte limpio de principio a fin: la escena ya no existe.

A continuación, por el otro lado (Amidala y Anakin), otra escena casi igual de sobrante: Amidala se prepara para irse y delega en Jar Jar su cargo senatorial (esto es breve e importante para lo que luego pasará en la película), pero luego George Lucas se recrea unos largos minutos en algo tan dramático y fundamental como... ¡Amidala haciendo la maleta! ¡¿Pero cuándo se ha visto que una futura emperatriz se dedique a tales menesteres?! Para redondearlo, el diálogo de Anakin y Amidala es impagable: se insiste en que al niño le gusta la niña y que él es arrogante y cree que podría hacerlo mejor que su maestro. Nada que no se nos hubiese dicho. Señor Lucas, el punto de inflexión pide que se note que la historia comienza a desarrollarse en una dirección, no estos infumables "remansos de paz". Por supuesto, no sólo hay que culpar a Lucas: la labor del técnico de sonido metido a montador que es Ben Burtt es... No hay palabras. De momento, cortamos entera esta escena: en cuanto acaba la conversación de Amidala con Jar Jar, se pasa, por cortinilla a...

Despedida en la estación de autobuses espaciales (o cómo los Amantes de Teruel cogieron el Alsa galáctico para acabar en la Plaza de España de Sevilla). Y arrancamos con otro momento memorable: el ama de llaves de Amidala, por primera vez presentada en esta escena, se gana, por despedirse de la senadora... ¡un primer plano con lágrima y frase incluidas! Gloria Swanson se rasgaría las vestiduras ­y con razón­ al ver los favores que se conceden a un personaje cuaternario. ¿Quién es esa mujer? ¿Qué relevancia tiene para la acción si ni siquiera le hace la maleta a su señora? ¡Fuera! Y, con ella, se va fuera la mitad de la despedida: queda el que se separan los caminos y que Obi Wan anuncia por dónde va a ir su investigación. Y menuda investigación...

Los extras del DVD nos muestran una escena ­con razón­ suprimida: Obi Wan analiza el dardo que dispararon en la escena de la persecución del principio y los ordenadores no le pueden dar respuesta, por lo que decide buscarla en un bar infográfico. Dado que al personaje de ese bar le cuenta sus investigaciones hasta ese punto, la escena del DVD era redundante y, por eso, se suprimió. La pregunta, ahora, es: si, más adelante, Obi Wan le cuenta a Yoda que, en la biblioteca no encontró nada referente al planeta Camino (del que le habló el bicho del bar), ¿por qué no se suprimió también la escena de la biblioteca? El montador Ben Burtt se queda sin respuestas y se gana otra colleja. He aquí el por qué se mantuvo esa escena: en un primer momento, en la biblioteca se hablaba no sólo de que el planeta Camino no figuraba en los archivos... También la bibliotecaria hablaba con Obi Wan, horas y horas, sobre el personaje encarnado por Christopher Lee. Información que ya se da, con breves pinceladas, a lo largo de la película y que no necesitamos ahora ni nunca (Christopher no aparecerá hasta dentro de una hora, cuando ya nos hayamos olvidado del mal sueño que fue esa escena de la biblioteca). Por ello, se cortó todo el diálogo referente a ese tema, pero George, en una rabieta de no querer perder el decorado o un personaje con el que añadir una figurita más al merchandising y una página más al Star Wars Fact File, mantuvo una escena inútil para aburrir, aún más, si cabe, al espectador.

En esta investigación se nota, además, otro de los vicios de la película: el tedioso ritmo de todos los diálogos. Todo es ceremonioso, solemne... Lucas no se da cuenta de que, si todo es "importante", nada es "importante". Sencillamente, al no haber diferentes ritmos y tonos de diálogo con los que comparar, nada resalta, todo se hace plúmbeo. Además, al usar y abusar de tantas fórmulas de cortesía, todo es innecesariamente largo. Por ejemplo, el fragmento final de la conversación de Obi Wan en el bar se puede cortar: no necesitamos que nos anticipen información sobre el planeta Camino, como que allí hay clonadores. Lo suyo es que el espectador descubra las cosas al mismo ritmo que el personaje. Si se va por delante del personaje, la película se convierte en algo mecánico y aburrido. Por eso, no voy a precisar cada corte, pero prácticamente todos los diálogos de la película tienen alguna frase suprimida y se siguen entendiendo: show, don´t tell.

Si la investigación de Obi Wan da pena, la historia de amor que se desarrolla en paralelo tiene un problema de partida mayor: no viene a cuento.

En una película como Tras el corazón verde la historia de amor y la acción van de la mano, la una implica la otra y viceversa. Si tienes que parar la acción para desarrollar la parte romántica, es que te has equivocado en el guión (por ejemplo, la lamentable Matrix: Reloaded) y una historia excluye la otra. En la película que nos ocupa, una vez que el planeta Naboo (el de Amidala) no da más de sí, Anakin sueña, de pronto, con su madre (¿complejo de Edipo?) y le dice tan tranquilo a Amidala que tiene que irse a su planeta natal: Tatooine. ¡Toma truco de guión! En resumen: Naboo es un callejón sin salida; la película ha recorrido un camino que no le lleva a ninguna parte y, tranquilamente, lo desanda para que, por fin, pueda haber acción.

Ante este despropósito, ¿qué puede hacer el montador? Arreglo total no tiene. Lo más acertado sería minimizar la estancia en Naboo: dejar la historia de amor en sus momentos más fuertes y elementales y largarse enseguida del planeta más hortera de la galaxia. He aquí los cortes:

- Llegan a Naboo/Plaza de España. Conforme andan, ella le explica a Anakin lo duro que le resulta ser senadora. Recordemos: show, don´t tell. No sólo eso, sino que escenas posteriores, con Amidala ejerciendo de mandona sin mayor problema, demostrarán que eso es mentira. Así pues, se corta todo el paseo sevillano. De hecho, los extras del DVD demuestran que ya se había cortado mucho de ese paseo, así como de muchas escenas en Naboo. Simplemente, se quedaron cortos cortando, valga la contradicción.

- Conversación de política con la familia: se puede arrancar la escena con la conversación empezada y quitar frases muy tontas sobre la democracia y similares. (Insisto: esto no es Costa-Gavras).

- Primer beso: se suprimen los planos anteriores de góndolas por cuestión estética. El beso es una escena que se debe mantener. Es el punto de inflexión en su relación, el momento en el que todo se enrarece de verdad.

- Menos mantenible es que, después de ese beso, vuelvan a estar como si nada, hablando ­otra vez­ sobre democracia en un idílico paisaje de cataratas y "vacas" de las galaxias. Todo ese bloque se suprime íntegro.

- Igualmente, la escena de la merienda en la que Anakin le pela una manzana con sus poderes Jedi ("Obi Wan no me deja usarlos...", Anakin, ya lo has dicho mil veces) sobra. Después de ese beso hay que pasar ya a la escena del sofá y la chimenea (y los pechos ascendentes y descendentes de Natalie Portman embutida en ese corsé de cuero diseñado por George Lucas himself). Así y todo, esa escena también está hiperverbalizada: cualquier manual de guión te dice que enunciar un conflicto dramático es anularlo. Esto es lo que se hace aquí con frases que no pasarían el listón de la carpeta-con-foto-de-Tom-Cruise menos exigente. No hay problema: es una conversación plano-contraplano, y ahí se pueden cortar frases.

- También se corta el principio de toda la escena después de que Anakin sueñe con su madre (frases como "Tu presencia es sedante", seguro...) para irnos cuanto antes a Tatooine.

Pero la duración no es el único problema de esta parte de la película (aunque ya hemos arreglado bastante). El otro problema es lo rematadamente mal que está hecho el montaje en paralelo con la trama de Obi Wan.

A la hora de decidir montar algo en paralelo, hay que tener muy en cuenta la importancia de cada trama para pasar de una a otra. Los montadores malos como Ben Burtt (o quien osó firmar La habitación del pánico de David Fincher) creen que, cuanto más se haga ping-pong de una trama a otra, más ameno será todo para el espectador. Gran equivocación. El error de cálculo está en que las dos tramas no tienen la misma densidad ni el mismo desarrollo temporal. Mientras que la de Anakin y Amidala implica, por lo menos, el paso de una noche, lo que le pasa a Obi Wan no ocuparía ni dos horas. De hecho, Obi Wan descubre tan pocas cosas (por muy vistosas que sean, como el ejército clon) que el extender esta trama en un montaje muy "paralelizado" exagera la sensación ­real­ de que pasan muy pocas cosas.

En conclusión, al reducir la duración del planeta Naboo, también he jugado menos con el montaje en paralelo ("-¿Desea ver los clones? -A eso he venido"; lo lógico es pasar a Obi Wan viendo los clones, y no volver a Naboo, contra todas las expectativas del espectador). Aún así, hay algo que sobra en el planta Camino: en un momento dado, Obi Wan comenta a Yoda lo que ha descubierto (es decir, repite al espectador lo que acaba de descubrir hace un minuto). Todo para que Yoda le diga que siga a Jango Feet, que es lo que cualquier investigador haría sin necesidad de que nadie se lo ordenase. A continuación, Yoda reflexiona con Samuel L. Jackson sobre su desinformación y sobre la vida... Total, que toda esa conversación no ha servido para nada. Se suprime y, además de ganar en agilidad narrativa, conseguimos que Obi Wan parezca inteligente.

La estancia en Camino termina con un atractivo duelo Obi Wan vs. Jango Feet. ¡Por fin acción! Y una reflexión: es el primer momento de acción desde la larga persecución del principio. Es decir, desde el minuto 23 hasta el minuto 62 de película no hay acción. Ése es el motivo por el que la gente podía odiar, todavía más de lo que se merece, las escenas de Naboo: se está añadiendo insulto al dolor. No puedes hacer una película de aventuras en la que no pase nada durante 40 largos minutos. Después de este remontaje el bloque de no-acción pasa a ser del minuto 21 hasta el 40 y a durar la mitad. Un poco mejor... ¿no?

3. QUIERO SER DARTH VADER

Lo peor ya ha pasado. Las escenas de amor quedan atrás, Obi Wan realiza una bella persecución entre asteroides, aparece el gran Christopher Lee y Anakin se carga a unos cuantos moradores de las arenas. El remontaje, en esta parte de la película se limita a pulir las frases pesadas y aligerar escenas de acción innecesariamente largas (el videojuego en la fábrica de robots). Únicamente se cortó algo más en el momento de la muerte de la madre de Anakin. Éste es un momento crucial de la película: cuando, en plena furia, Anakin dice que va a convertirse en el Jedi más poderoso, que no va a reconocer las reglas, y que va a tener poder sobre la vida y la muerte, uno ve que lo siente de verdad, que va a ser Darth Vader. Es una escena que dice más que todas en las que George Lucas quería caracterizar su talante antidemocrático o arrogante. Es tan eficaz que las anula y reafirma la decisión de haberlas cortado. Ello no es óbice para que haya que quitarle a Anakin alguna frase, aunque sólo sea para apoyar su interpretación ("Son animales y los he matado como animales" está bien, pero añadir un "¡y los odio!" haría sonrojarse hasta a Najwa Nimri, sólo le faltaría el "¡Jo!"). Por supuesto, detrás de esta escena, no tiene sentido oír al padrastro de Anakin despidiéndose de su madre en el entierro ni oír a Anakin haciendo un discurso que consiste en repetir toda la escena anterior. ¡Cortar!

La media hora final de la película es, no obstante, una fiesta absoluta, con grandes momentos de acción, kitsch (ese duelo Yoda-Lee) y la escena más "mariquita" de toda la saga galáctica, en la que Amidala se libera usando su horquilla y comienza a dar saltitos... Toda esta fiesta se disfruta mucho más cuanto más enteros lleguemos al final de la película. Esto es, con media hora de ignominia menos, con media hora de aburrimiento menos.

Espero que os haya gustado el remontaje. Quienes han visto el resultado en DVD lo han apoyado: menos es más.

Nota final para quien siga la saga galáctica como una Biblia en la que cortar un versículo sea un pecado capital: Estos "versículos", como el DVD demuestra, se van cortando a lo largo del proceso de montaje. Cuanto mejor sea el montador, menor necesidad de retoque tendrá el producto final. De hecho, tanto La guerra de las galaxias como El Imperio contraataca son montajes de uno de mis héroes: Paul Hirsch. Y sus decisiones estructurales fueron muy fuertes: especialmente con el primer acto de La guerra de las galaxias en el que se guarda la presentación de Luke Skywalker para muy tarde y se cortan escenas y escenas de un American Graffitti espacial que no pintaban nada en La guerra de las galaxias. Estas escenas sólo reaparecieron tímidamente en ese despreciable remontaje de la versión remasterizada.

 

José Ramón Lorenzo (1)

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(1) José Ramón Lorenzo es montador de El segundo nombre, largometraje de Paco Plaza, 2001; Chérif, de Christian Heisen y Max Lavín, de 2002. Ha montado "La medicina de la esperanza" para Documentos TV y en la actualidad es redactor y jefe de postproducción del programa One on One, para Telecinco y editor de las autopromociones de Localia TV. También ha montado los cortometrajes Mudo mundo, de Beatriz Pérez-Moreno, Abuelitos y Puzzles de Paco Plaza, Collage, de Luis Cerveró y muchos más. Cursó la especialidad de montaje en la ECAM entre 1997 y 1999.