Alejandro Amenábar: Abriendo los Ojos del Cine Español

por José Antonio López

aleAlejandro Amenábar es seguramente el nombre del cine español al que se han dirigido más críticas destructivas en los últimos años, considerando que una crítica positiva exagerada dirigida a un debutante es tan destructiva y peligrosa como una muy negativa. Al margen de su mayor o menor talento, probablemente lo más admirable en él haya sido su capacidad para mantener la cabeza fría e ir mejorando película a película. Aunque en un país tan envidioso como este no hay nadie que tenga éxito del que no se diga que va de prepotente y de estrella, lo cierto es que no se puede ser más sencillo de lo que es él sin caer en la falsa modestia. Amenábar aparece lo justo en los medios de comunicación y deja que sean los demás los que hablen de él; ofrece una imagen tan neutra de chico normal que hace pensar que probablemente esté también estudiada y preparada: a diferencia de otros nuevos realizadores como Juanma Bajo Ulloa, que va de enfant terrible y presume de su incultura, Fernando León, que va de progre, Menkes y Albacete, modernísimos por excelencia, Alex de la Iglesia, vestido siempre con el uniforme freak canónico y dando una imagen calculadamente "transgresora", y el omnipresente Santiago Segura, graciosete oficial del reino y también freak por antonomasia, Amenábar no va de listo ni de tonto, ni de intelectual ni de rey de la cultura basura, ni de pijo ni de niño de orígenes humildes, ni de raro ni de especial. No busca que se hable de él, sino de sus películas. Y la verdad es que de sus películas, se habla un rato.


Su éxito viene de ser probablemente el primer director moderno y laico de la historia del cine español, un chico joven sobre el que no pesan las eternas y ya muy lamidas heridas de la dictadura y la guerra civil, el catolicismo, la represión, el machismo, la familia, y demás ya no se sabe si tópicos o realidades de la España y el cine español de hoy y de siempre. Aunque otros nuevos directores de los años noventa han buceado bien en los siempre importantes conflictos entre padres e hijos, como Fernando León en Familia, Mariano Barroso en Extasis o David Trueba en La buena vida, no deja de ser muy refrescante que surjan autores con otros mundos y que la familia deje de ser de vez en cuando el monotema de nuestro cine. Amenábar aparece en escena en un momento en el que el cine español parece descubrir por fin que existen otros géneros aparte de la comedia costumbrista gracias a títulos como El día de la bestia de Alex de la Iglesia (comedia fantástica) o Boca a boca de Manuel Gómez Pereira (comedia sofisticada), ambas de 1995, pero Tesis y Abre los ojos suponen un salto cualitativo hacia un cine totalmente estilizado, universal y fácilmente exportable, y por abandonar definitivamente la comedia y la impepinable tradición realista, que casi ha acabado siendo una losa para el arte español. Es fácil comprender que, en parte por desconocimiento, muchos espectadores digan que el cine español empieza con Tesis; una película de alguien joven protagonizada por jóvenes y con la que los jóvenes se identifican totalmente, a diferencia de las casposas comedias "juveniles" de Fernando Colomo (Eso, El efecto mariposa) o Alfonso del Real (Cha cha cha).

No se trata de que todos los directores españoles deban ser como Amenábar ni mucho menos, sino que es importante que en el cine nacional haya variedad y que exista gente capaz de competir con los americanos con sus propias armas, sobre todo cuando, para bien o para mal, hay un sector del público que sólo quiere ver cine de género. Mientras la mayor parte del celuloide español es un híbrido que no funciona ni como cine de autor a la francesa ni como cine comercial a la americana, Amenábar se decanta con éxito y sin ambigüedades por el cine como entretenimiento.

Biografía

Nuestro hombre nace en 1972 en Santiago de Chile, hijo de un chileno y una española; poco después del golpe de estado de Pinochet la familia emigró a Madrid. Del resto de su biografía, él mismo ha contado muchas veces que su pasión por el cine y el vídeo empezó de muy pequeño, que su película favorita era 2001 una odisea en el espacio, y que en vista de ello decidió estudiar Ciencias de la Información, rama Imagen y Sonido, en la Universidad Complutense. Allí, al igual que millones de estudiantes españoles, descubrió que en la universidad no se aprende nada, y empezó a faltar a clase para poner en marcha sus primeros proyectos como director. Según la leyenda, no ha podido licenciarse por culpa de una asignatura, y uno de los personajes malvados de Tesis está inspirado directamente en el profesor que le suspendió.


Cortometrajes

Tras llevar a cabo su primer corto, Himenóptero, alabado por el director Bigas-Luna tras su proyección durante un festival, entra en contacto con otro director de cine, José Luis Cuerda, autor entre otras de Amanece que no es poco y la reciente La lengua de las mariposas. Cuerda, con muy buen ojo, ejerce de cazatalentos y le apadrina otro cortometraje, esta vez mucho más profesional y rodado con todo lujo en 35 mm: Luna es un juego entre dos personajes, al principio inocente, luego inquietante y finalmente macabro, en el que se perfila el talento como narrador y el gusto por el cine de género del director. Contento con el resultado, Cuerda ve a su pupilo preparado para su primer largo: y así, con sólo 23 años, Amenábar rueda en 1995 su ópera prima Tesis, con poco dinero bien aprovechado y un equipo de actores jóvenes desconocidos, con la excepción de la protagonista, la poco expresiva Ana Torrent.


Tesis

El guión de Tesis giraba en torno a un tema tan morboso y llamativo como el de las snuff movies o grabaciones ilegales de asesinatos no fingidos; una de las grandes leyendas urbanas de nuestro tiempo, que sólo había sido tratada de refilón en títulos como Hardcore, un mundo oculto (Hardcore; Paul Schrader, 1979). Se trataba de una intriga a la americana, en la que el joven director demostraba haber aprendido de los maestros del suspense cómo mantener la emoción del espectador, pero también con los defectos del cine de Hollywood: exceso de metraje (126 minutos, cuando 100 hubieran sido más que suficientes para contar esta historia) y de giros rocambolescos y pistas falsas para que cualquiera de los dos posibles asesinos pueda acabar siendo el malo con sólo cambiar la secuencia final. Como en las siguientes películas de su autor, la película incluía cierto discurso moral, en este caso sobre la morbosidad de los voyeurs, que le queda mucho mejor cuando lo inserta sutilmente (la escena inicial de la película, cuando la chica no puede evitar echar una mirada al cadáver del hombre que acaba de morir en el metro) que cuando lo hace más explícito (el final en el que la televisión emite la cinta con los asesinatos "por su interés informativo").

Tesis se vio fuera de concurso en el Festival de Berlín de 1996; su estreno comercial, poco tiempo después, fue discreto y se distribuyeron pocas copias. Sin embargo, el boca-oreja entre el público joven la acabó convirtiendo en uno de los éxitos del cine español del año, sobre todo a raíz del apoyo prestado por la Academia Española de Cine al nominarla en ocho categorías a los premios Goya. Como era de esperar, Amenábar se alzó con el premio al mejor director novel, y con otro mucho más discutible al mejor guión original, entre los siete que obtuvo la película. Se incluyó también entre ellos el de mejor film del año, algo que de entrada podría parecer desproporcionado y delirante, pero resulta en cambio lógico y justo si se piensa que sus rivales eran El perro del hortelano de Pilar Miró y Bwana de Imanol Uribe.

La noche de entrega de los Goya, en enero de 1997, fue su consagración como director de moda y gran promesa del cine español: el film, con 440 millones de taquilla, acabó siendo visto por más de 850.000 espectadores, de los cuales muchos la consideraron, y la siguen considerando, como la mejor película española que habían visto nunca. También fue el comienzo de una controversia que dura hasta hoy sobre el talento de su director, delirantemente sobrevalorado por unos, y envidiosamente menospreciado por otros. Es cierto que Tesis no es mucho más que un telefilm de intriga muy correctamente realizado, pero bastante simple y en nada superior a montones de productos americanos; pero también lo es que fue la primera película totalmente de género digna y presentable a nivel tanto narrativo como estético y comercial de la historia del cine español, así como uno de los títulos nacionales más influyentes e imitados, probablemente el que más, en los últimos tiempos. La famosa frase de el tuerto en el país de los ciegos definiría bastante bien lo que representó el fenómeno Amenábar en el cine español del año 1996, cuando se estrena Tesis.


Abre los Ojos

Antes de que el entusiasmo se enfriara, el tándem director-productor Amenábar-Cuerda se puso a trabajar en un nuevo proyecto más ambicioso, con mucho más presupuesto, y que consiguieron llevar a cabo en poco tiempo: en las navidades de 1997 se podía ya ver la segunda película del chaval que estaba revolucionando el cine español. Abre los ojos fue un gran paso adelante respecto a Tesis en todos los niveles; ya no se trataba de una simple intriga de quién es el asesino, sino de ciencia-ficción psicológica en la línea de Desafío total o Doce monos, algo absolutamente inédito por estos lares. El nivel de diseño de producción se acercaba bastante al de una película americana, y Amenábar se veía totalmente solvente como creador de una atmósfera enigmática, y como director de actores no muy versátiles como Eduardo Noriega o Najwa Nimry.

Sin embargo, los problemas de guión, ya presentes en Tesis, seguían siendo el talón de Aquiles de un relato que acababa ahogándose en una serie de golpes de efecto de lo más repetitivos. Demasiado pendiente de sorprender al espectador con un nuevo susto cada cinco minutos, Amenábar no sacó el máximo provecho de una historia sobre la pérdida de la identidad de un personaje al que el mundo exterior se le desvanece en paralelo con el proceso de destrucción de su propia personalidad. Aunque sus detractores le acusan de hacer un cine frívolo protagonizado por jóvenes pijos, Abre los ojos no es una película nada complaciente con sus personajes ­de hecho hace un discurso más bien moralista sobre la importancia que el protagonista y la sociedad dan al aspecto físico- ni con el mundo en el que viven, al que se presenta a través de una estética de tonos fríos como vacío y nada acogedor.

Abre los ojos, lanzada ya a lo grande, casi duplicó los espectadores de Tesis y superó los 1.000 millones de pesetas en taquilla. Las críticas, bastante positivas por lo general, dieron todavía más leña al fuego del fenómeno Amenábar: la película consiguió estar nominada de nuevo como mejor del año en los Goya 98, Tom Cruise compraba los derechos para su estreno americano y su posible remake, y alrededor de nuestro hombre empezaba a formarse toda una constelación. Aparte de que sus actores habituales, como Eduardo Noriega y Fele Martínez, se estaban convirtiendo en estrellas, su amigo Mateo Gil, coguionista de Abre los ojos, preparaba su debut como director, Nadie conoce a nadie, mientras la carrera de su productor José Luis Cuerda se veía también muy relanzada tras bastantes años sin éxitos, y el cine fantástico español renacía a través de películas, que o bien estaban directamente inspiradas en el cine de Amenábar, o bien se beneficiaban de la atención de un público que, después de Tesis y Abre los ojos, ya no rechazaba directamente una película por el hecho de ser española, siempre y cuando respondiera a ciertos cánones americanos.


Los Otros / The Others

Estaba claro que el siguiente paso debía ser decir adiós a José Luis Cuerda y dar el salto internacional; el cine que le gusta hacer a Amenábar se puede llevar a cabo con más dinero y mejor en Estados Unidos que en Europa. Para dar este paso, eligió la fórmula híbrida de la coproducción rodada en España con mayoría de equipo español pero con estrella americana y parte de dinero americano. Tom Cruise, fascinado por Abre los ojos, aparte de protagonizar la versión americana que pronto veremos, Vanilla Sky, se ofreció a producir The Others, el guión que Alejandro tenía escrito, además de proponer a su entonces esposa, Nicole Kidman, como protagonista. El matrimonio se trasladó a España y, como muchos ya sabrán, el rodaje se llevó a cabo en Cantabria rodeado del mayor secreto y con un presupuesto de 3.500 millones de pesetas, el más alto de la historia del cine español, pero el de una película independiente para el nivel americano.

Con Los otros, Amenábar, en una nueva evolución a mejor, deja de ser alguien que promete y se convierte en un director a tener en cuenta en el cine fantástico, ya no español, sino internacional. Aunque la historia se teje alrededor de un final sorprendente, el film, a diferencia de sus dos películas anteriores, no se basa en la mayor o menor ingeniosidad del desenlace, sino en toda la tensión generada y bien dosificada a lo largo de un metraje esta vez ajustado. Los otros juega al difícil juego de La semilla del diablo, terror sin violencia basado totalmente en la insinuación; mantiene todo el tiempo la ambigüedad de una doble lectura en la línea de Otra vuelta de tuerca de Henry James, historia de fantasmas o paranoia de victoriana reprimida, y seguiría siendo una película totalmente válida aunque se hubiera optado por un final abierto y no explicativo.

Toda la prensa se ha volcado en destacar el trabajo de Nicole Kidman; aunque un poco gesticulante y sobreactuada, resulta difícil imaginar a otra actriz en un papel tan delicado, por ser la buena y la mala al mismo tiempo de la historia: su interpretación vuelve a demostrar, si quedaba alguna duda después de Eyes Wide Shut, su puesto entre las mejores actrices del cine actual. Por otra parte, el trabajo limpio y clásico del director con la cámara consigue jugar casi con maestría con el punto de vista del espectador, que a veces se identifica con Kidman, otras con su hija, la niña rebelde, y otras con el hijo, el niño asustadizo, manteniendo siempre el principio hitchcockiano del suspense: dar al público un poco más de información de la que tiene el personaje.

Como contrapartida, Amenábar debería dejar de lado la costumbre heredada de su etapa amateur de componer él mismo la banda sonora, en este caso aceptable pero no muy buena y, sobre todo, de cuyo uso se tiende a abusar en la película; y lo más importante, Los otros inquieta pero no llega a emocionar; tal vez porque nuestro hombre, que aunque nos suene tan conocido tiene sólo 29 años, todavía no ha alcanzado la maestría, o tal vez porque su cine sigue siendo vacío, a pesar de tener cada vez mayor brillantez formal. En todo caso, queda definitivamente confirmado que este chico está a años luz de todo el cine fantástico que se ha hecho y se hace en España, y que también en el ámbito internacional es, no de los mejores, pero sí claramente de los buenos. Probablemente lo próximo sea el salto definitivo hacia Hollywood; en cualquier caso, Alejandro Amenábar está todavía empezando y, viendo la evolución tan positiva de su cine, parece que lo mejor de su carrera está aún por llegar.


Filmografía

1992 Himenóptero [cortometraje]. Director, guionista e intérprete

1995 Luna [cortometraje]. Director, co-guionista, y autor de la banda sonora

1996 Tesis. Director, guionista y autor de la banda sonora

1997 Abre los ojos. Director, co-guionista, y autor de la banda sonora

1999 Nadie conoce a nadie. Co-guionista y autor de la banda sonora

1999 La lengua de las mariposas. Autor de la banda sonora

2001 Los otros / The Others. Director, guionista y autor de la banda sonora

 

José Antonio López (Vigo, España)

Cartel español de Los Otros

 

 

 

 

 

El equipo de Abre los Ojos