Matilda: una película de Danny De Vito, un libro de Roald Dahl

maltildaRoald Dahl fue un escritor atípico, que escribió algunos de los relatos infantiles más inteligentes y maduros que se hayan podido ofrecer; en 1997, otro cineasta atípico, el voluminoso Danny De Vito, ofreció la adaptación de una de sus historias más entrañables, Matilda. En este artículo efectuamos un apasionante viaje al libro y a la película

En 1997 se estrenaron dos films basados en sendas novelas para niños del escritor de origen noruego pero nacionalizado en Gran Bretaña Roald Dahl. La primera fue una adaptación de la primera de las creaciones que con destino a un público infantil hiciera Dahl. Se trataba de James y el melocotón gigante. Estaba dirigida por Henry Selick (ya que el noventa por ciento de la película utilizaba la vieja técnica de la stop motion, en la que Selick es un maestro) y producida por Tim Burton. Algo de Burton hay en la película que nos ocupa, Matilda, que fue, por supuesto, el otro libro de Dahl llevado a la pantalla aquel mismo año. Los colores chillones, y la música jazzística y circense (un cruce entre el Goldsmith de Daniel el travieso y las partituras elfmanianas para las cintas de Burton) evocaban cierta atmósfera propia del director de Batman. Aún así, la película sigue siendo un producto típico de Danny de Vito. La acción salvaje casi de slapstick, los personajes grotescos (la apariencia masculina de la Trunchbull recuerda en algunos momentos a la señora Lift de Tira a mamá del tren, la primera incursión de De Vito detrás de las cámaras) y las degradadas relaciones familiares son algunos de los temas recurrentes en la filmografía del que hiciera un trabajo sobresaliente en la piel del Pingüino en Batman vuelve.

Tanto el libro como la película llevan el sello inconfundible del escritor inglés: las venganzas de Matilda hacia sus padres y la Trunchbull nos traen a la memoria la mezcla tóxica que Jorge ponía en lugar de la medicina de su abuela para castigar a ésta por sus maldades hacia su persona en La maravillosa medicina de Jorge; también son un eco de las retorcidas faenas que se hacían mutuamente el matrimonio de los señores Cretino en Los Cretinos, que son, junto con la abuela de Jorge y las brujas que dan título a otro de los clásicos de Dahl, los más claros precedentes de ese personaje desmesuradamente grotesco y malvado que es la directora del colegio de Matilda, la señora Trunchbull. En ella, Dahl carga todos sus rencores de los recuerdos que tenía de sus malas experiencias en los colegios ingleses en los que estuvo interno (1) y se venga de los profesores despóticos y los alumnos sádicos (que también evocó en su cuento "Galoping Foxley" (2)) en la persona de esta directora gigantesca que practica el lanzamiento de martillo con el alumnado o los sostiene en el aire sujetándoles del pelo o de las orejas. Tan sólo lo del "lanzamiento de martillo" (3) y la escena en que la Trunchbull tira por la ventana a un alumno quedan en la película de la violencia manifestada en el libro por este personaje, ya que no era preciso cargar mucho las tintas en una película concebida principalmente para el público infantil (4), y sí en el retrato de la directora, del que se encarga una extraordinaria Pam Ferris (que tras este trabajo grabó para Puffin Books un par de lecturas de dos libros de poesía infantil y no tan infantil del autor de Las brujas, gracias a la resonancia que su labor tuvo en la película de Danny De Vito). Ferris bufa delante de un cristal llenándolo de vaho como si se tratara de un animal de tiro; de hecho, en el libro Dahl la denomina "rinoceronte furioso" y dice que "se oían sus resoplidos al acercarse". Además, la retahíla de insultos que dedica a los alumnos son tan ingeniosos como los que podríamos encontrar en un tebeo de Mortadelo y Filemon o en la boca del capitan Haddock: "nauseabundas verrugas", "asquerosa cucaracha", "flemón purulento", "hongo venenoso", "ampolla reventada" son algunas de las lindezas con las que la directora se refiere a sus pupilos.

En la película, la directora cobra casi más protagonismo que el que tienen los padres en el libro, y por eso están metidas con calzador algunas escenas que, de lo mal rodadas que están, se podría prescindir de ellas perfectamente, como es el caso de la secuencia en la que Matilda y la señorita Honey penetran en la casa de la Trunchbull a hurtadillas y son perseguidas por ésta, secuencia que no aparece por ninguna parte en el libro y que recuerda algunos de los momentos más espectaculares de La guerra de los Rose, la segunda producción mainstream de nuestro director. Ese intento de protagonismo y de engordar el argumento del libro para que la película alcance una duración media de una hora y treinta minutos empuja a los guionistas a que el castigo de la Trunchbull (este justificado por la maldad de la directora, quien espeta a la señorita Honey casi al final de la película "ya te partí el brazo una vez y podría hacerlo de nuevo, querida") sea más largo y completo en la película que en el libro, donde Dahl se contenta con obligar a marchar a la directora del colegio y de la casa que por justicia pertenecía a la maestra de Matilda. También tienen su razón de ser momentos como aquel en que Matilda recupera una de las posesiones de la señorita Honey utilizando sus poderes telepáticos y acercándose peligrosamente a la guarida de la directora, quien -detalle genial- afila una de sus jabalinas haciendo que salten chispas como si de una fragua infernal se tratase. Esa escena permite que la directora encuentre la cinta de Matilda colgada de un árbol y persiga a la niña en el último acto de la película, lo que hace que la tensión entre ambas crezca de manera notable y todo se resuelva con gran impacto dramático.

Si el personaje de Trunchbull obedece a la costumbre del autor de El superzorro de exagerar hasta lo inconcebible la maldad de sus villanos para obtener de ellos una serie de respuestas en su comportamiento de índole grotesca, también encontramos en Matilda referentes a otros personajes del mundo literario del escritor. El señor y la señora Wormwood son tan mezquinos como los padres de los niños que visitaban la fábrica del señor Wonka (o como las tías que se ocupaban del protagonista en James y el melocotón gigante) y éstos últimos hacían gala de feas costumbres, como el masticar chicle (Violeta Beuregarde) o comer sin límite (Augustus Gloop). También la niña conocida como Hortensia en el libro que analizamos hace guarrerías como comer patatas y escupirlas mientras habla. De esta clase de mocosos mal criados dice Dahl comenzando su relato que "sólo cuando los padres empiezan a hablarnos de las maravillas de su descendencia es cuando gritamos '¡Tráiganme una palangana!¡Voy a vomitar!'". Esta clase de infancia puebla otras obras de su autor, como la particular versión que da del cuento "Ricitos de Oro y los tres osos" en sus iconoclastas Cuentos en verso para niños perversos (en el original, Revolting Rhymes), donde la pequeña Ricitos ofrece un catálogo completo de mala educación. Por cierto, y ya que hablamos de poesía, mencionaremos que Dahl hace una pequeña confesión de sus gustos al insertar un poema de Dylan Thomas en Matilda, pues el poeta galés era su favorito.

La película de De Vito es, en resumidas cuentas, una exageración de algunos personajes (el hermano de la protagonista no era tan insoportable como aparece en la película, ni la cocinera que hace acto de presencia en la escena de Bruce Bogtrotter y el pastel tan marrana y desagradable), un cuento de reminiscencias terroríficas góticas cuando se trata de retratar el mundo de la Trunchbull (y hortera cuando la película muestra la desidia mental de unos padres cuya vida se reduce a estafar con coches usados, ir al bingo y ver la televisión). Es también un compendio de las mejores ideas del libro, a pesar de que se omitan algunas frases verdaderamente ocurrentes como cuando al señor Wormwood se le queda pegado el sombrero a la cabeza y su hija pregunta con falsa inocencia "¿Qué pasa papá? ¿Se te ha hinchado de pronto la cabeza o algo así?", o la contestación del niño cuando, al ver a su progenitor con el pelo pintado de otro color comenta: "Tienes que habértelo teñido. Tiene el mismo color que el de mamá, sólo que mucho más sucio".

 
El libro:

Matilda
, por Roald Dahl; ilustraciones de Quentin Blake; traducción de Pedro Barbadillo. Madrid: Alfaguara, 2002. - 230 p. - Colección Próxima parada Alfaguara.


La película:

Matilda (Matilda)

Director: Danny De Vito / Productores: Danny De Vito, Liccy Dahl, Michael Shamberg, Stacey Sher, Nicholas Kazan, Robin Swicord para Jersey Films / TriStar Pictures / Guión: Nicholas Kazan, Robin Swicord, según la novela de Roald Dahl / Fotografía: Stefan Czapsky / Música: David Newman / Montaje: Lynzee Klingman, Brent White / Intérpretes: Mara Wilson (Matilda Wormwood), Danny De Vito (Harry Wormwood/narrador), Rhea Perlman (Zinnia Wormwood), Embeth Davidtz (Miss Jennifer Money), Pam Ferris (Agatha Trunchbull), Paul Reubens (agente del FBI Bob), Tracey Walter (agente del FBI Hill), Brian Levinson (Michael Wormwood), Jean Speegle Howard (Miss Phelps), Sara Magdalin, R.D. Robb, Gregory R. Goliath, Fred Parnes, Miami Davael / Nacionalidad y año: USA1996 / Duración y datos técnicos: 98 min. color 2.35:1.

José Belón de Cisneros (Madrid. España)

 ___________

(1) Como expuso en su Boy, una especie de memorias de sus recuerdos de niñez.

(2) En su primer volumen de Relatos de lo inesperado.

(3) En una página del libro, la niña conocida como Hortensia comenta: "Yo le oí decir una vez que un chico mayor es más o menos del mismo peso que un martillo olímpico y que, por lo tanto, resulta muy útil practicar con él".

(4) También se eliminó la desoladora pobreza en la que vive Miss Honey en el libro.

 

 


La película


El libro


Roal Dahl