El Cine Español de la transición (I): El Destape

El veinticinco aniversario de la muerte de Franco es una excusa como otra cualquiera para recordar el cine en los primeros años de la democracia en España. El recorrido por el celuloide español de los años 70 supone un curioso descenso a los infiernos de la caspa, el cine de culto y el cine de autor...

 

Introducción

El primer cliché que habría que cuestionar al abordar el fenómeno del "destape" es el considerarlo como algo característico del cine español y producto del franquismo. La censura es abolida del cine español en 1976, no mucho tiempo después que en la mayoría de países europeos. A partir de ese punto final, la consecuencia inmediata es un aluvión de películas violentas, eróticas o pseudoeróticas; el público de todos los países y épocas es siempre receptivo a estos temas, y más cuando esos títulos son la novedad y vienen con el morbo de lo prohibido hasta hace muy poco tiempo. En España, tanto la censura como su caída se vivieron con mayor intensidad, y el cambio fue mayor y sobre todo más rápido y más brusco que en otros países, pero en realidad Pajares y Esteso, con toda su idiosincrasia particular, son bastante equivalentes a Jaimito (Alvaro Vitali) en Italia, Russ Meyer en Estados Unidos, o la saga Emmanuelle en Francia.

 

Historia

El increíble éxito de No desearás al vecino del quinto (Ramón Fernández, 1970) va a significar una revolución paulatina en el campo del cine comercial español o españolada. Según algunas fuentes, esta es la película estrictamente española con más espectadores de toda la historia (la supera La muerte tenía un precio, coproducción con Italia). Las claves de este boom residieron en un argumento que, aunque sea tremendamente casposo (un médico que se hace pasar por "mariquita" para que a los mozos del pueblo no les moleste que tenga que ver a sus mujeres desnudas), representa una cierta vuelta de tuerca irónica respecto a las comedias anteriores, pero sobre todo, la película mostraba a señoritas bastante ligeras de ropa según los parámetros de la época. La españolada, hasta ese momento muy inocente, se va haciendo más pícara, con películas llevadas a cabo por directores de la comedia de los años 60 que se benefician en los primeros 70 de una censura más permisiva que la de épocas anteriores.

Con la muerte de Franco, la caída de la censura, y la creación de la clasificación S para películas de softcore o porno blando, muchos nuevos directores se lanzarán a hacer productos eróticos, o más bien subproductos, algunos con cierta intención crítica de poner sobre la mesa lo que durante décadas había estado oculto; la mayoría de forma meramente oportunista, con películas de excusas argumentales cada vez más escuetas y delirantes para justificar el despelote, rodajes y postproducciones vertiginosos y resultados ínfimos a todos los niveles menos en cuanto a recaudación. De la evolución del género dan buena muestra los títulos de las películas: si en el año 1973 tenemos Doctor, me gustan las mujeres, ¿es grave?, Las señoritas de compañía, Lo verde empieza en los pirineos o Un Casanova en apuros, en 1977 ya habíamos pasado a Deseo carnal, Desnuda ante el espejo, Eróticos juegos de la burguesía, La orgía, La visita del vicio o Susana quiere perder eso, para llegar en 1980 a Aberraciones sexuales de una mujer casada, Atraco a sexo armado, Con el culo al aire, Viciosas al desnudo o La caliente niña Julieta.

A pesar de su apariencia transgresora, la mayor parte de estas películas, aparte de machistas, eran más bien retrógadas y alertaban de los peligros que acechaban al que se atreviera a realizar las fantasías eróticas que proponían. El destape fue perdiendo fuelle a medida que avanzaban los años ochenta, debido a la normalización de las salas X, y a una nueva política por parte del gobierno socialista que promovía otro tipo de cine. Sin embargo, la desaparición de la españolada estuvo a punto de significar la muerte del cine español; la cuota de pantalla y la producción de películas sufrieron un enorme bajón en España, y todavía hoy, en esta supuesta edad de oro para el cine nacional, las recaudaciones medias de una película española están bastante por debajo de las de aquella época.

 

Algunos de los principales protagonistas del destape

Alfredo Landa: Cabeza de reparto de No desearás al vecino del quinto, va a ser el buque insignia de toda una corriente del cine posterior a la que, de hecho, se llamará el landismo. Landa será el representante del españolito reprimido que persigue en calzoncillos a las suecas en títulos como Los días de Cabirio (Fernando Merino, 1971), Simón contamos contigo (Ramón Fernández, 1972), París bien vale una moza (Pedro Lazaga, 1972), Manolo la nuit (Mariano Ozores, 1973), Celedonio y yo somos así (Mariano Ozores, 1974), etc. Luego se reciclará y se redimirá para la crítica con sus trabajos en películas de José Luis Garci, y, ya en los 80, de Berlanga (La vaquilla, 1985) o, sobre todo, en Los santos inocentes (Mario Camus, 1984) que le vale el premio de interpretación en Cannes. Desde entonces, es considerado unánimemente como uno de los mejores actores del cine español.

Nadiuska: Roswicha Bertasha Smid Honczar difícilmente podría haber triunfado con su nombre auténtico cuando llegó a España en 1971, con sólo 19 años. Su exotismo la hizo ser la fantasía erótica ideal para la España de los 70 representando a la mujer extranjera liberada; el director Vicente Escribá la lanzó a la fama en comedias como Lo verde empieza en los Pirineos (1973), Zorrita Martínez (1975) o Polvo eres (1974), donde interpretaba a una chica conocida como Miss No-Do por estar al alcance de todos los españoles. Entre su densa filmografía en los años siguientes se encuentran curiosidades como su participación en Guyana el crimen del siglo (René Cardona Jr., 1979), explotation basada en el multitudinario suicidio colectivo de una secta a finales de los 70, y un pequeño papel en Hollywood en Conan el bárbaro. Desgraciadamente, parece que el dinero que dieron sus películas se lo llevaron otros y hoy se encuentra arruinada y vive en la calle.

Agata Lys: Su nombre real es Margarita García; fue azafata del Un, dos, tres, y curiosamente un espaghetti-western llamado Uno, dos, tres, dispara otra vez (Tulio Demicheli, 1973), es una de las primeras películas en las que aparece. Tras pequeños papeles al lado de Manolo Escobar en Me has hecho perder el juicio (Juan de Orduña, 1973), o de los Hermanos Calatrava en Los Kalatrava contra el imperio del kárate (Manuel Esteba, 1973), pronto se convierte en cabeza de cartel de títulos como Último tango en Madrid (José Luis Madrid, 1975), comedia que pretendía aprovecharse del éxito del Último tango en París de Bernardo Bertolucci, El erotismo y la informática (Fernando Merino, 1975), o Sábado, chica, motel que lío aquel (José Luis Merino, 1976). Tras unos pocos pero prolíficos años de éxito, se retira para volver al cine sólo esporádicamente en proyectos ofrecidos por los mejores directores, como Los santos inocentes (Mario Camus, 1984), Taxi (Carlos Saura, 1996) o Familia (Fernando León, 1996).

María José Cantudo: Una de las pocas estrellas del destape que usaba su nombre auténtico. Sus comienzos profesionales fueron en los campos de la fotonovela y la televisión; su debut en el cine es El espanto surge de la tumba (Carlos Aured, 1972), una película de terror con guión de Paul Naschy. Se convierte rápidamente en actriz de éxito, y a raíz de La trastienda, (Jorge Grau, 1976), en un mito nacional, puesto que es la primera actriz en protagonizar un desnudo integral en España. Su condición de pionera, aparte de convertirla en una de las personas más deseadas, criticadas y controvertidas del país, le permite participar en películas más ambiciosas que a otras actrices de la época, y mantener su carrera durante más tiempo, hasta mediados de los 80 en cine, y hasta la actualidad en el teatro.

Mariano Ozores: Uno de los directores más prolíficos, taquilleros e importantes del cine comercial español en toda su historia. Aparte de un auténtico patriarca de la comedia, género al que pertenece casi la totalidad de su filmografía, es uno de los mayores suministradores de nombres al star-system español: dirige muchos éxitos de su hermano José Luis Ozores a principios de los 60, y pocos años más tarde descubre la química de la pareja José Luis López Vázquez - Gracita Morales a los que dirige en un montón de éxitos de taquilla. Es por lo tanto ya un director con experiencia cuando llega el destape. A sus películas de la transición no se les puede negar su condición de subproducto (suele dirigir cuatro o cinco por año), pero tampoco su valor sociológico ni el hecho de que sus chistes coyunturales son un buen espejo, tan casposo como instructivo, de los temas de actualidad y de los protagonistas de la España del momento. Es a principios de los 80 cuando Ozores se encuentra en su mayor momento de inspiración, con exitazos como Yo hice a Roque III (explotation de Rocky), El liguero mágico, El erótico enmascarado, Los liantes, Los bingueros, El hijo del cura, Cristóbal  Colón de oficio descubridor o Que vienen los socialistas (rodada a todo correr y estrenada justo antes de la victoria electoral de Felipe González), casi siempre protagonizados, para regocijo del público, por una cuadrilla bastante fija de actores capitaneada por la mítica pareja Andrés Pajares - Fernando Esteso, secundados por Antonio Ozores, Adriana Vega, Mirta Miller, Paloma Hurtado, Ángel de Andrés, etc. Su estilo generó un montón de imitaciones carentes de la marca de autor ozoriana: Pepito Piscinas (Luis María Delgado, 1976), Polvos mágicos (José Ramón Larraz, 1979), Juana la Loca de vez en cuando(José Ramón Larraz, 1983), Cuando Almanzor perdió el tambor (Luis María Delgado, 1984), .; no obstante, su director quedó estigmatizado por su cine de esta época y no ha vuelto a dirigir desde Pelotazo nacional en 1993.

Andrés Pajares - Fernando Esteso: Una de las principales parejas de cómicos del cine español. Protagonizaron juntos nueve comedias entre 1979 y 1983: Los energéticos, Los bingueros, Yo hice a Roque III, Los chulos, Los liantes, Padre no hay más que dos, Todos al suelo, Agítese antes de usarla y La lola nos lleva al huerto, todas ellas dirigidas por Mariano Ozores. Sin embargo, cada uno de los dos tiene una extensa carrera por separado, casi siempre con papeles semejantes a los de las películas de Ozores, pícaros rodeados de mozas de buen ver que se estaban siempre quitando la ropa.

Andrés Pajares llegó al cine proveniente del mundo del humor y la revista, por lo que su carrera se orientó rápidamente hacia la españolada; llevaba cinco años sin hacer cine hasta que Ozores le ofreció Los energéticos y lo convirtió con esa película y las posteriores en una de las mayores estrellas de la transición. A partir de 1985 trabaja mucho más esporádicamente, aunque ha adquirido bastante prestigio entre los críticos a partir de entonces, sobre todo a raíz de su interpretación en Ay, Carmela (Carlos Saura, 1990).

Por su parte, Fernando Esteso tiene una carrera bastante similar: fue humorista varios años antes de saltar al cine y era ya famoso en televisión antes de formar su dúo con Pajares. También a raíz de las películas de Ozores y de sus imitadores consigue un enorme éxito entre el 79 y el 85, pero su carrera acaba bruscamente con Que tía la C.I.A. (Mariano Ozores, 1985); desde entonces, a diferencia de Pajares, nunca ha conseguido redimirse de cara a los críticos y sólo volvió al cine esporádicamente con El amor sí tiene cura (Javier Aguirre, 1991), una especie de epílogo inconfeso de la trilogía abierta por El hijo del cura y El cura ya tiene hijo (Mariano Ozores, 1982 y 1984 respectivamente).

 

José Antonio López (Vigo. España)

 

 


 


 


Nadiuska


Mariano Ozores


María José Cantudo


Nadiuska
reina del destape