Rodada en México con menos medios de los que el director hubiera deseado, El ángel exterminador es una potente metáfora que refleja los pensamientos de Buñuel sobre temas como el régimen establecido, el cual oprime al individuo y no permite la libertad ni siquiera cuando más cerca parece, como es el caso de los burgueses protagonistas, a los cuales trata de ovejas que hacen lo que les ordenan. Encerrados en un modo de vida que fija unas pautas de comportamiento asfixiantes, deben pagar sus acomodadas existencias con el precio de no poder expresarse y salirse del camino impuesto, mientras que en su interior las miserias les corroen como gusanos en una manzana. Basta decir que la calle en la que se encuentra la vivienda en la que transcurre todo se llama Providencia para acentuar el carácter de parábola de la historia.
Cada individuo afronta la situación de una manera, pero todos, al fin y al cabo, están encerrados sea cual sea su forma de encarar los acontecimientos. Ellos mismos se dan cuenta de que se van transformando en animales pero no pueden evitarlo, algunos porque se rinden, otros porque no tienen valor y otros porque, simplemente, no quieren. Aun así, la solución a sus problemas está en ellos mismos, en acordarse de sus orígenes, parece que nos quiere decir el autor, aunque la misma naturaleza de esa clase burguesa les perseguirá siempre, acechando en cada esquina (o habitación...)
Formalmente la película es rodada de forma ingeniosa para no cansar a pesar de no existir más que unos cuantos decorados, dejando el peso a unos diálogos afilados e irónicos. Buñuel aplica el toque surrealista para acentuar la alegoría en el caso de la introducción de las ovejas y el oso o los reservados a los que escapan ciertos habitantes del singular salón (los cuales tienen pintados simbología religiosa en las puertas, refugio de cobardes y huidizos de la realidad) y para dotar al metraje de un ritmo singular al introducir escenas que ocurren dos veces de manera distinta, sobre todo al comienzo. De hecho esto último fue tomado como fallo de montaje por algunas distribuidoras y existen copias "mutiladas" de la cinta.
El libreto fue enteramente escrito por él (en colaboración con Alcoriza), el cual disfrutó de libertad total a la hora de crear debido al gran éxito de Viridiana, y es todo un triunfo por su redondez, aun sobrando ese irónico epílogo, el cual explica de manera clara e innecesaria la intención de la película y sirve como crítica a la Iglesia, ya de paso. Sea como sea, un alegato afilado, inspirado e inspirador. Tendrían que pasar unos años para que a Buñuel se le reconociera su valía entregándole un Oscar, pero fue con ésta y alguna de sus anteriores películas con las que se hizo un nombre en la historia del cine.
Anécdotas
* Título de rodaje: Los náufragos de la calle Providencia. * En 1963, en los premios Bodil, de Copenhagen, fue premiado a mejor film no europeo. En 1967, en los Premios del Cine Mexicano, fue galardonada a mejor actriz de reparto (J. Andere). * Uno de los ayudantes de dirección es Arturo Ripstein. * El título está tomado de una obra de José Bergamín, que escribió una obra teatral pero nunca la terminó. En todo caso, procede del libro del Apocalipsis. * Estrenada en España el 16 de diciembre de 1962; en México no se estrenaría hasta el 22 de septiembre de 1966.
Santiago Pérez (Toledo. España)
Esta crítica se publicó originalmente en la web http://www.vadecine.es/, y se publica aquí con autorización de sus responsables.