por José Luis Salvador Estébenez
Como ya os anunciamos en su momento, a mediados del pasado mes de diciembre "39 Escalones Films" puso a la venta dentro de la colección "Los imprescindibles" de El corte inglés La noche del demonio (Night of the Demon, 1957) de Jacques Tourneur, título capital de la historia del cine fantástico pero que, incomprensiblemente, permanecía aún inédito en DVD dentro de nuestras fronteras. Una oportunidad inmejorable para rememorar tan excelente película y poder comprobar, al mismo tiempo, la labor realizada desde este joven sello especializado en cine clásico.
LA PELÍCULA
La noche del demonio supuso el regreso de Jacques Tourneur a la senda del fantástico catorce años después de que firmara la que hasta la fecha había sido su última incursión en la temática con The Leopard Man [tv/dvd: El hombre leopardo, 1943]. El por qué de su distanciamiento de un género al que había contribuido de forma decisiva con sendas obras maestras del calibre de La mujer pantera (Cat People, 1942) e I Walked with a Zombie [tv/vd/dvd: Yo anduve con un zombie, 1943] hay que buscarla en su naturaleza de cineasta de estudio, acostumbrado a desarrollar el grueso de su carrera según los dictados que le fueran marcados desde la compañía de turno que le tuviera bajo contrato. Pero antes que resultar un impedimento, esta condición acabaría por brindarle un total dominio del lenguaje cinematográfico, convirtiéndole en un todoterreno capaz de enfrentarse con plenas garantías de éxito a cualquier tipo de proyecto que se le fuera asignado. Tanto es así que raro sería el género visitado por Tourneur al que no le legara al menos un título señero del mismo. Precisamente, esta ductilidad del cineasta de origen francés para adaptarse a las más diversas circunstancias que se cruzaran en su camino fue clave para que La noche del demonio se saldara con un balance tan positivo, a pesar de las múltiples dificultades con las que debió de enfrentarse durante su conflictivo rodaje.
Basada en el relato de M. R. James "El maleficio de las runas" ("Casting the Runes", 1904), la trama de La noche del demonio se desarrolla en derredor de la llegada a Inglaterra de un eminente psicólogo norteamericano llamado John Holden con el objeto de desenmascarar a un tal doctor Julian Karswell, líder de un culto satánico al que considera un mero farsante. Tras intentar disuadirle sin éxito para que cese en sus investigaciones, Karswell lanzará a Holden una especie de maldición por la que, transcurridos tres días, el psicólogo fallecerá al llegar las diez de la noche. Retomando los postulados patentados durante su referida trilogía para la RKO, Tourneur planteó este material bajo un tratamiento de ambigüedad narrativa y sugerencia visual donde el terror, o mejor dicho, los motivos que condujeran a tal estado, fueran siempre insinuados y nunca expuestos, obligando así a que los espectadores debieran posicionarse acerca de la autenticidad de los supuestos hechos sobrenaturales (re)presentados en pantalla. Pero si para llevar a cabo semejante propuesta el director de El Halcón y la flecha había contado en sus anteriores trabajos fantásticos con la colaboración y complicidad del mítico Val Lewton, esta vez tendría que brear con la oposición del productor Hal E. Chester, quien tenía una visión bastante diferente de lo que debía de ofrecer la película.
Mucho se ha escrito a propósito de las interferencias que el tal Chester efectuaría sobre el trabajo de Tourner con el fin de que el producto resultante tuviera un contenido más explícito del que su director había previsto en un principio. La más conocida, pero ni mucho menos la única[1], sería la exigencia de visualizar la figura del ente diabólico que atemoriza a los personajes, si bien es necesario hacer una pequeña puntualización al respecto. Durante décadas se ha perpetuado la idea de que la inclusión de los planos en los que se revelaba la apariencia del demonio fue totalmente ajena a la voluntad de Tourneur, lo que no deja de ser una verdad a medias. Según declaraciones del propio cineasta aparecidas en el número correspondiente al verano de 1973 de la revista Cinemafantastique, su intención original era que unos pocos fotogramas de la efigie satánica fueran intercalados durante la escena de la huida de Karswell por entre las vías del tren, con vistas a crear un halo de confusión sobre unos espectadores que no sabrían discernir si lo que habían visto era real o, por el contrario, fruto de su imaginación.
Sea como fuere, de lo que no hay ninguna duda es de que tal y como finalmente fueron añadidos estos insertos rompió con la unidad formal de la película. Sin embargo, a poco que analicemos el contexto en el que son situados los famosos planos, y siempre y cuando seamos capaces de pasar por alto la específica imagen en la que una pezuña de la bestia aparece junto al cuerpo inerte de su primera víctima, descubriremos como su concurso viene a reforzar el clima de ambigüedad en el que se desenvuelve la estudiada puesta en escena de la que hace gala la película. Veamos. Durante las dos ocasiones en las que nos es mostrado el demonio a lo largo del metraje se da la curiosa circunstancia de que el único observador directo que parece percibir su presencia es el mismo personaje al que este persigue. No solo eso, sino que esta visión es utilizada como una especie de preludio de la inminente muerte de dicho personaje; muerte que, aunque mostrada como obra de la criatura del averno, puede ser también justificada en base a un desgraciado accidente merced a la inclusión "en la escena del crimen" de elementos materiales como postes de electricidad o locomotoras de tren. Si a esto le unimos la atmósfera de irrealidad que impregna estas secuencias, no es para nada descabellado considerar dichas apariciones como una proyección visual del paranoico estado mental de unos sugestionados personajes que han sido inducidos a creer que, efectivamente, son presa del mismísimo diablo. Una interpretación que, por otra parte, entroncaría con el discurso principal del film, estrechamente ligado además con su estilo narrativo: la existencia de diferentes puntos de vista ante una misma realidad.
Este tema, que había sido otro de los pilares fundamentales de sus colaboraciones con Lewton, es aquí representado por Tourneur a través de la antagónica mentalidad de sus dos personajes protagonistas: la científica y racionalista de Holden y la supersticiosa y mágica que representa Karswell. De este modo, el verdadero leitmotiv de La noche del demonio no es tanto el típico enfrentamiento entre el bien y el mal tan caro al cine de temática satanista, como una pugna entre lo moderno y lo ancestral, lo tangible y lo fantástico, la civilización y el primitivismo. Pero lejos de maniqueísmos pueriles, esta lucha es servida aludiendo de nuevo a un tono ambiguo y ambivalente, reflejado ya en la propia dualidad que se da en ambos roles. Así, Holden, sobre el que hipotéticamente recae el papel de héroe de la función, resulta en un principio un tanto antipático y engreído debido a la exagerada seguridad que tiene sobre sí mismo y sus inmutables convicciones. Karswell, por su parte, no puede estar más alejado del prototipo del siniestro villano que se le supone[2]. Simpático, amable, cortes y educado, vive junto a su encantadora madre en un gigantesco villorrio donde, incluso, da espectáculos de magia gratuitos para los muchachos de su vecindario. En definitiva, todo un perfecto ciudadano.
Pero, como se suele decir, las apariencias engañan, y a medida que avance el metraje ambos personajes irán sufriendo una lenta pero inexorable transformación con respecto al perfil dibujado durante los primeros compases. Tras mostrar su cara más amable durante la fiesta infantil, Karswell revelará su auténtica personalidad lanzando su maldición a Holden al tiempo que se desprende del maquillaje de payaso que cubre su rostro. Tan alegórico momento tendrá su contrapunto cuando, tiempo después, Holden confiese a su partenaire en una comisaría las razones a las que obedece su escéptica forma de ser. Este juego de apariencias alcanzará su punto álgido durante el encuentro final de ambos en el vagón del tren, donde uno y otro intercambiarán, y nunca mejor dicho, los papeles que hasta ese instante han venido desempeñando en la historia. Una metamorfosis que, en el caso de Holden, traerá consigo un cambio radical en su forma de pensar, ejemplificado en su decisión de no comprobar con sus propios ojos las causas que han provocado la muerte de Karswell, abandonando así la óptica pragmática que había venido manteniendo durante toda la historia; un momento que en todos los sentidos resume el espíritu que encierra el film.
LA EDICIÓN
Para cuando en el verano de 1958 desembarcara en Estados Unidos en sesión doble junto a la hammeriana The Revenge of Frankenstein [tv: La venganza de Frankenstein, 1958] de Terence Fisher, La noche del demonio presentaría varias novedades con respecto a la versión vista en el Reino Unido pocos meses antes. A primera vista, el más llamativo de estos cambios estaría en su nuevo título, ya que el original Night of the Demon dejaría paso al, quizás, más acertado Curse of the Demon; es decir, La maldición del demonio. Más significativo resultaría, no obstante, la considerable reducción a la que fue sometido su metraje. De los noventa y cinco minutos de duración original solo se respetarían ochenta y dos, suprimiéndose secuencias tan representativas como el viaje a Stonehenge del protagonista.

Estrenada de forma tardía en España a finales de los ochenta en versión original subtitulada en su versión inglesa, sería este (re)montaje norteamericano el que se doblaría para su emisión televisiva. La edición de "39 Escalones Films" recupera la versión íntegra inglesa, motivo por el cual la versión doblada al castellano presenta un pequeño fragmento en versión original con subtítulos. Precisamente, es en el doblaje al castellano donde la presente edición presenta su defecto más importante. Debido a la baja compresión con la que se ha comprimido esta pista de sonido, durante buena parte de la película se puede apreciar un molesto zumbido metálico de fondo que incomoda un tanto su visionado. Todo lo contrario ocurre en la pista sonora en inglés, la cual suena de forma nítida y clara. En cuanto a la imagen, la película se ofrece en su formato original de 1:66:1 anamórfico, partiendo de una excelente copia con apenas imperfecciones que reproduce fielmente la contrastada fotografía de Ted Scaife.
Como es habitual dentro de "Los imprescindibles" de El corte inglés, la edición es presentada dentro de una funda de cartón ilustrada en su parte delantera con el cartel de la película traducido al castellano y enmarcado dentro del característico diseño de la colección. En el interior se encuentra el DVD en un amaray convencional cuya carátula es idéntica a la reproducida en la funda pero sin marco alguno, acompañado por un informativo libreto de treinta dos páginas escrito por Carlos Díaz Maroto con abundante información así como material gráfico de la película.
Además de las típicas filmografías, galerías de fotos y trailers, el DVD ofrece como material extra una presentación de La noche del demonio a cargo de Ángel Gómez Rivero, quien también se encarga de un audio-comentario en el que el especialista gaditano analiza la película al tiempo que desgrana con todo lujo de detalles la biografía de sus principales protagonistas y de los escenarios en los que se llevó a cabo su rodaje. Como colofón, también se incluye Sed de luz (2010), cortometraje de Ángel Gómez Hernández que inaugura el proyecto "Nuevos realizadores" con el que "39 Escalones Films" pretende acercar a sus consumidores el trabajo de realizadores noveles dentro del formato corto.
José Luis Salvador Estébenez (Madrid. España)
[1] Además de meter mano en el guión, Chester también impondría aquella escena en la que el personaje de Dana Andrews pelea entre las sombras con lo que parece ser una pantera, en lo que se antoja una clara referencia a la entrega inicial del ciclo Val Lewton. Se da la curiosa circunstancia que en aquella película Tourneur ya había tenido que soportar análogas presiones por parte de los gerifaltes de la RKO para que mostrara al animal que se aludía en su título.
[2] Tal configuración no quita para que muchos autores hayan querido ver en Karswell un alter ego del famoso satanista Aleister Crowley.
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