Enterprise: crónica de un fracaso anunciado

Por Fernando Martínez

portadaEn los años sesenta una serie de ciencia ficción con escaso presupuesto revolucionaba el género: Gene Roddenberry crea Star Trek. Lo demás es historia. En el verano de 2001 las entradas de las autopistas de Los Ángeles se llenaron de carteles publicitarios con la simple leyenda "ENTERPRISE... coming soon" sobre un fondo de estrellas. Así nacía una nueva serie en la franquicia: Star Trek: Enterprise. Pero el éxito no estaba asegurado...

En 1966 una serie de ciencia ficción con escaso presupuesto revolucionaba el género: Gene Roddenberry, antiguo piloto  de un bombardero en la Segunda Guerra Mundial, decide darle la vuelta al calcetín de la ciencia ficción vista en los últimos años y mostrarnos un futuro esperanzador, donde todas las razas de la humanidad viven en armonía y, acompañados de otras razas extraterrestres, se lanzan a explorar el universo, la frontera final. Naturalmente, hay conflictos como en cualquier comunidad de vecinos, pero un grupo de grandes guionistas se encargan de encajarlos en un marco de optimismo y serenidad. Todo ello durante setenta y nueve episodios en tres años en antena. Como por todos es sabido, Star Trek fue cancelada y se desató una fiebre a nivel planetario de seguidores acérrimos de la serie, que dura hasta nuestros días y que ha sido estudiado por sociólogos de diversos países del mundo.

Pero, como todo en esta vida, las cosas tienen un límite. Al igual que nuestra vida pasa y nos vamos degradando física y mentalmente, el invento de Roddenberry ha ido sufriendo alteraciones y mutaciones que la han ido alejando de su ideario original.

 

Los antecedentes

Tras la cancelación de la serie original, la presión de los fans hacia la productora consiguió que la serie retornara en forma animada. Episodios de veintidós minutos no daban para mucho, pero mantuvieron el nivel muy alto a pesar de la pobre calidad de la animación. En 1977 se planeó el regreso de la serie a las pantallas de televisión de nuevo con personajes de carne y hueso, pero un señor llamado George Lucas tuvo la culpa de que dicho proyecto fuera cancelado, y Star Trek diese el salto a la gran pantalla en 1979, de la mano de Robert Wise. Desde entonces, la saga galáctica se ha mantenido en las salas cinematográficas con grandes altibajos... pero seguía produciendo nuevo material de consumo para los fans.

picardGene Roddenberry, padre de la criatura, estaba plenamente convencido de que Star Trek era un producto cuyo hogar natural era la televisión, y consiguió que en 1987 comenzara a emitirse Star Trek: The Next Generation. Era un reto difícil, porque mientras los archiconocidos Kirk, Spock, McCoy y compañía seguían volando en el cine, ahora se trataba de presentar a unos nuevos personajes en una nueva línea temporal. La serie arrancó titubeante, con el gran error de intentar repetir los esquemas narrativos de la serie original en plenos años ochenta. Aún así, con el paso de los años, Picard y su tripulación se ganaron el respeto y la admiración de crítica y público.

En 1988, durante la segunda temporada de Star Trek: The Next Generation, Gene Roddenberry comenzó a abandonar el control de la serie debido a su delicado estado de salud (o, si hacemos caso a los rumores, por presiones de la propia productora), y la serie fue saliendo adelante como bien pudo, sobreviviendo a una huelga de guionistas y a la entrada de gente con nuevas ideas en los cargos de mayor responsabilidad. Aún así, la serie alcanzó altísimos niveles de audiencia y, a partir de la cuarta temporada, produjo algunos de los episodios más memorables de toda la historia de Star Trek.

Paralelamente a la producción de Star Trek: The Next Generation dos de sus responsables presentaron a Paramount el proyecto de una tercera serie, que tendría como principal característica el hecho de situarse en una estación espacial en lugar de que la acción se desarrollara en una nave. La serie, que debutaría en 1993 de la mano de Rick Berman y Michael Piller, se tituló Star Trek: Deep Space Nine, y coincidiría en antena con la última temporada de la serie anterior. Los primeros lamentos del fandom comenzaron a escucharse en la lejanía: ¿es posible una serie de Star Trek sin la emblemática nave Enterprise? En cuanto a la serie en sí, posiblemente contiene el peor arranque (cualitativamente hablando) de toda la franquicia, con unos personajes que no acababan de encajar en el esquema tradicional. Fallecido Gene Roddenberry en 1991, el optimismo y la brillantez de Star Trek se transformaba de repente en una serie más oscura y con personajes atormentados y marcados por su pasado. El protagonista de la serie, el comandante Benjamin Sisko, es un hombre traumatizado por la pérdida de su familia en una batalla con los borg, y al que la Flota Estelar ha desterrado a una lejana base espacial arrebatada a los cardasianos. Resulta curioso, de todas formas, ver cómo el riesgo de este brusco cambio intenta ser minimizado con la inclusión paulatina de personajes conocidos y queridos (Picard en el episodio piloto, Miles O'Brien y su esposa, que abandonan la Enterprise-D, la recuperación del klingon Worf a partir de la cuarta temporada...). No obstante, en 1994, tras la conclusión de Star Trek: The Next Generation, la nueva serie se queda sola y a merced de las audiencias, que no son las esperadas. La serie remontará de nuevo las audiencias a partir de la cuarta temporada, pero a costa de la nueva serie que llegó para convivir con ella durante cuatro años.

Star Trek: Voyager nace en 1995 de la mano de los mismos creadores de la serie anterior, en un intento de volver a los orígenes, callar a los críticos e intentar desarrollar de forma paralela dos series con un aspecto muy diferente. Berman declaró: "¿No queríais una nave en Star Trek? Pues ahí la tenéis, en el más puro estilo de los inicios de la serie... explorando lo desconocido". Claro que, en esta ocasión, a la fuerza y sin posibilidad de regresar a espacio conocido. Con Star Trek: Voyager, que tampoco arrancó de forma exitosa (una maldición que parece perseguir a todas las series de la franquicia), se produce por primera vez una reacción negativa mayoritaria por parte de crítica y público: los personajes ya no "enganchan" al espectador como antes. Cierto es que los años iban pasando, y nuevas series de televisión iban diversificando a la audiencia, pero a la serie se le echó en cara que no poseía personajes con una personalidad suficientemente marcada como para empatizar con el espectador. Se lanzaron durísimas críticas (totalmente infundadas y fuera de lugar) sobre el hecho de que la nave fuera capitaneada por una mujer, pero lo cierto es que la serie avanzaba y no remontaba... El público fiel a Star Trek se decantaba mayoritariamente por Deep Space Nine. El temor flotaba en el ambiente: ¿qué ocurriría cuando Star Trek: Voyager se quedara sola?


Un golpe de suerte (o un acierto de los productores) hizo que la serie sufriera una revitalización balsámica cuando, a partir de la cuarta temporada, se incluyó un nuevo personaje en el reparto: Seven Of Nine, una humana rescatada del colectivo borg (interpretada por la excelente actriz Jeri Ryan), y que comenzó a lucir un aspecto de lo más provocador, sexualmente hablando. No era la primera vez que los responsables de la saga habían intentado explotar el potencial del público masculino, pero esta vez parecía que habían encontrado la poción mágica. Pero, más allá de excitar las hormonas de los fans, el personaje se convirtió en un complemento perfecto para el personaje favorito de la serie, el doctor holográfico interpretado por el también más que correcto Robert Picardo. La interacción entre ambos deparó capítulos y escenas de un altísimo nivel artístico e incluso humorístico. Las audiencias no remontaban, pero por lo menos no descendían a un pozo sin fondo. El problema era que, tarde o temprano, Janeway y su tripulación debían volver a casa en un happy ending típico de Star Trek. Como las dos series anteriores habían permanecido en pantalla siete temporadas, se decidió que Star Trek: Voyager seguiría esa tradición. Y se comenzó a planear una nueva serie...

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Enterprise... una precuela innecesaria

v118Durante la emisión de la última temporada de Star Trek: Voyager, Rick Berman y Brannon Braga (que se había incorporado al staff de Star Trek en 1990 y que poco a poco había ido ascendiendo en el escalafón) presentan a Paramount el proyecto de una nueva serie, ambientada esta vez en el pasado, en los primeros años de la exploración espacial de los humanos. La productora, de entrada, rechazó el proyecto, porque estaba plenamente dedicada a superar el fracaso de la novena entrega cinematográfica, Star Trek: Insurrección. Se estaban barajando guiones para la décima entrega y se insistió a Berman para que se centrara en dicha producción. Ante los rumores insistentes, Paramount hizo un comunicado oficial en el cual se especificaba que, tras la conclusión de Voyager, habría un año de pausa. Por primera vez desde 1987 la televisión norteamericana iba a quedarse sin nuevos capítulos de Star Trek. Pero Berman, consciente de su enorme peso como responsable final de la franquicia, logró tirar adelante el proyecto, y en el verano de 2001 las entradas de las autopistas de Los Ángeles se llenaron de carteles publicitarios con la simple leyenda "ENTERPRISE... coming soon" sobre un fondo de estrellas.

El reparto de la nueva serie, que se iba a ambientar a partir del año 2151, casi un siglo después de los acontecimientos vistos en Star Trek: Primer contacto, con el primer vuelo warp de Zefram Cochrane, se decidió en cuestión de semanas. Como es habitual, sólo el capitán de la nave sería un rostro conocido, recayendo dicha responsabilidad en el sobrio Scott Bakula (Quantum Leap). Del resto del reparto nos ocuparemos más adelante.

bakulaLos humanos han formado la Flota Estelar, tutelados por los vulcanos, que hacen todo lo posible para que los humanos no vayan tan rápido en su deseo de salir al espacio profundo. El padre de Jonathan Archer (papel de Bakula) ha trabajado toda su vida para desarrollar un motor warp 5, pero los constantes retrasos impuestos por los diplomáticos vulcanos hacen que no pueda ver su sueño convertido en realidad, el lanzamiento de la primera nave humana con sus avances tecnológicos. Archer, consciente de ello, recela de los vulcanos, y está convencido de que están listos para iniciar la exploración del espacio. Cuando el mando de la Flota Estelar accede al lanzamiento de la USS Enterprise NX-01 ha de transigir en colocar a una observadora vulcana en la nave, con el fin de continuar controlando la situación. Y aquí aparece el primer gran error de la serie.

Conscientes de que el tirón sexual del personaje de Seven Of Nine en Star Trek: Voyager había provocado no poco revuelo entre los fans, para el papel de T'Pol se escogió a la actriz Jolene Blalock, que desfilaba por pasarelas de moda de segundo nivel desde los diecisiete años y cuyo currículum en la industria del entretenimiento audiovisual se reducía a breves apariciones en series como CSI o JAG. Blalock, enfundada en un ceñido traje gris (puesto que no era oficial de la Flota Estelar no tenía por qué llevar uniforme), lució palmito para deleite de los fans masculinos, pero su nulidad como actriz quedó demostrada casi de inmediato, a pesar de que su papel de vulcana pura tampoco le exigía demasiada expresividad. Sus enfrentamientos dialécticos con Archer, más que proporcionar empaque y apoyo al recelo del capitán hacia los vulcanos, resultaron completamente anodinos y sin ningún propósito que no fuera el de intentar emular los legendarios cara-a-cara entre Kirk y Spock. Naturalmente, sin éxito.

Aprovechando este punto, desgranaré el resto de personajes principales de la serie. Para el papel de ingeniero jefe de la nave se contó con Connor Trineer, actor con una experiencia muy corta y dispersa en televisión. Debía ser el guaperas de la serie, y por ello su relación de compañerismo con T'Pol fue evolucionando con el paso de los episodios, posiblemente para mostrar que el apareamiento entre especies era posible, y concretamente entre humanos y vulcanos, dando solidez a la existencia de Spock. Su papel, Charles Tucker III ‘Trip', es descendiente de una familia dedicada a la ingeniería. Berman y Braga intentaron modelar el personaje dotándole de una gran habilidad para solucionar problemas en la sala de reactores de forma rápida... pero Trineer no es el gran Jimmy Doohan, y el rey de la sala de máquinas en Star Trek es y siempre será el irrepetible y bonachón Montgomery Scott. Viendo que esto no funcionaba, en la tercera temporada cambiaron su carácter tras la devastación del ataque de los xindi en Florida, donde Tucker perdió a su hermana Elisabeth. En opinión del que escribe estas líneas, el personaje se hizo más creíble, pero el trabajo se quedó a medias.


Como en toda serie de Star Trek, ha de haber un médico. El listón dejado por Robert Picardo en Star Trek: Voyager estaba muy alto, por lo que se recurrió a un alienígena (concretamente, un denobulano) que impresiona a Archer en su primer encuentro. Al excéntrico Phlox le dio vida el excelente actor John Billingsley, que en esta ocasión sí que contaba con una amplia experiencia en cine y televisión desde 1988, aunque siempre en papeles secundarios. Phlox es un personaje sumamente interesante, pero los productores insistieron en otorgarle la personalidad cómica de su antecesor holográfico, rodeándole de docenas de mascotas alienígenas a las que dedica todo su tiempo libre en la propia enfermería de la nave. Este punto, resultón en un principio, acaba por convertirse en un auténtico estorbo, y dispersando al personaje hasta convertirle en un mero clown que molesta más de lo que aporta al desarrollo de las tramas.

 

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ent-mayweather-s1aSobre el resto de la tripulación, permitidme que pase muy por encima, porque considero que son meros secundarios que sólo sirven para completar el reparto y para llenar el puente de mando. Tenemos al piloto Travis Mayweather (interpretado por el joven actor de color Anthony Montgomery, con escasa carrera anterior), a la oficial de comunicaciones Hoshi Sato (a la que da vida la actriz de origen asiático Linda Park y que tuvo papeles secundarios en películas como Jurassic Park III o Hard Rain), y al oficial táctico y de armamento Malcolm Reed (al que da vida Dominic Keating, con una irregular carrera de secundario en televisión desde 1994). De ellos, sólo éste último produce un cierto interés en el espectador cuando, a raíz de la amenaza xindi, la nave de Archer se complementa con un equipo de militares de élite y ve cuestionado su mando. Sus enfrentamientos con el jefe de los militares, un estupendo Steven Culp (hijo del magistral Robert Culp, fallecido a principios de 2010), producen unas escenas de tensión más que notables. Cuando dicho enfrentamiento se diluye, el personaje de Malcolm Reed vuelve a ser todo lo gris que era en un principio.

Tras todo esto, casi me atrevería a afirmar que el personaje más adorable de la serie es Porthos, la mascota del capitán, un precioso perrito de la raza beagle al que le encanta el queso y que tiene tres hermanos, también bautizados con los nombres del resto de mosqueteros de la célebre novela de Dumas. Cabe resaltar que a lo largo de la serie se emplearon tres perros diferentes: el primero fue Prada, que ya había actuado en la insulsa comedia Como perros y gatos, y al que ponía voz Tobey McGuire, el último Peter Parker. Los dos restantes perros, a diferencia de Prada, fueron hembras: Breezy y Windy, a las que hubo que realizar ligeros toques de "maquillaje" (fundamentalmente, pintarles una mancha negra en un costado para que el espectador no notara la deferencia). La razón aducida por los productores para el cambio es que Prada estaba demasiado nervioso cuando rodaba con varios actores a la vez... ¿O sería que la presencia de la imponente T'Pol también afectaba al metabolismo del pobre perrito?

 

Los secundarios

En todas las series de Star Trek ha habido un denominador común muy apreciado por los fans: la gran riqueza de secundarios recurrentes que ayudan a mantener la continuidad de ciertas subtramas. De todos ellos, el más recordado es el travieso Q (interpretado a la perfección por John DeLancie), cuyas apariciones se extendieron durante tres series, desde Star Trek: The Next Generation hasta Star Trek: Voyager. A veces repelente, a veces genial, Q aportó un contrapunto muy interesante y válido para desestabilizar al oficial más templado, siendo antológicos algunos de sus encuentros cara a cara con Picard. En la serie que nos ocupa hay tres personajes que se han de destacar y que, en ocasiones, dan a Star Trek: Enterprise el interés que no tiene por sí sola.

sovalDesde el primer episodio, el embajador vulcano en la Tierra, Soval (interpretado por un actor con una sólida carrera como secundario como es Gary Graham y que es recordado por su intervención de protagonista en la serie televisiva Alien Nation) se convierte en el elemento que continuamente pone palos en las ruedas (o mejor dicho, en los motores) de la misión de la Enterprise. Designado por los vulcanos para vigilar de cerca las actividades de la Flota Estelar, acabará por descubrir que no todo es un jardín de rosas en su idílico planeta, y que los humanos están más preparados para la exploración espacial que muchas otras especies con las que ha tratado antes. Vamos, que concluye que Archer y su gente "los tienen bien puestos".

Daniels (sin nombre ni más datos, interpretado por Matt Winston) es un viajero del tiempo que advierte a Archer de una desestabilización de la línea temporal, y de que una facción de los de su raza pretende alterar el curso de los acontecimientos. Daniels tiene bastantes similitudes con Q, sobre todo en la capacidad de irritar a Archer cuando, sin previo aviso, lo transporta a otro tiempo y otro universo. Gracias a Daniels, Archer conoce que existirá una alianza planetaria con el nombre de "La Federación" y que incluso bajo la amenaza xindi, éstos formarán parte de dicha Federación en el siglo XXVI. Para ello, le muestra una secuencia de una batalla a bordo de la Enterprise-J, de la cual la única referencia que existe hasta ahora es un borroso diseño en una pantalla del ordenador de dicha nave.

Pero, sin duda alguna, el secundario más interesante de toda la serie, y que borra del mapa a cualquier otro personaje, es el andoriano Shran, interpretado por el excelente actor Jeffrey Combs, un habitual en las series anteriores de Star Trek. Combs, mundialmente conocido por su papel de Herbert West en la saga Re-Animator, da vida a un comandante de la Guardia Imperial Andoriana. La primera aparición de Shran coincide con la presentación de los andorianos en la serie, en el séptimo episodio de la temporada inauguradora, el primer capítulo realmente interesante de la serie. Los andorianos, que mantienen una larga tensión fronteriza con los vulcanos, atacan un santuario de meditación vulcano convencidos de que en realidad se trata de un puesto avanzado de espionaje. Archer y su nave acuden a ayudar a los vulcanos, pero al final descubren que las sospechas andorianas eran fundadas. A la vez que Archer comienza a ver el lado oscuro del mando de Vulcano establece una interesantísima relación de respeto con Shran, que se irá transformando en amistad y admiración mutua con el paso de los años, y el andoriano será el principal valedor del ingreso de Andoria en la Federación. A estas alturas sobra decir que la aparición regular de Combs es de largo el mejor antídoto contra la monotonía de la serie.

 

Las razones del fracaso

1223287319865_fMuchas y variadas son las razones por las que Star Trek: Enterprise (inicialmente titulada sólo Enterprise) fracasó en su intento de revivir la franquicia. En primer lugar, y la más importante de todas, es que Rick Berman y Brannon Braga tomaron el control absoluto de la serie, hasta el punto de escribir el ochenta por ciento de los guiones de las dos primeras y anodinas temporadas. Seamos francos, Berman y Braga fueron unos excelentes gestores del legado de Roddenberry, pero como escritores son una nulidad completa. Para colmo, confiaron la dirección de gran parte de los episodios a actores de series anteriores (LeVar Burton, Robert Duncan McNeill, Roxann Dawson...), a los cuales no se les puede negar un profundo conocimiento de la saga, pero de ahí a saber impregnar de la necesaria solidez a la narración hay un camino bastante grande. Por ello, episodios con un punto de partida interesante (recordemos que en las dos primeras temporadas los episodios eran auto-conclusivos en su práctica totalidad) acababan como empezaron, desapareciendo de la mente del espectador con el despuntar del siguiente amanecer.

Por otra parte, el fracaso estrepitoso de la décima entrega cinematográfica, Star Trek: Némesis (año 2002, con la segunda temporada de Enterprise en emisión) forzó a Paramount a apretar las clavijas a Berman y a Braga. "Necesitamos algo diferente, o nos hundiremos todos", les debieron decir. Y el cambio fue tan drástico como desmesurado y salvaje: un cliffhanger al final de la segunda temporada nos dejaba con siete millones de humanos muertos en un ataque de una sonda alienígena. La cosa, que prometía mucho, se convirtió en un arco argumental que ocuparía toda la tercera temporada y que, de paso, cambiaría por completo la personalidad de los protagonistas. Archer, hasta entonces un explorador que flotaba entre su deber de ser el líder de una tripulación y su satisfacción personal por haber conseguido hacer realidad el sueño de su padre, se convierte de repente en un capitán atormentado, obsesionado con destruir a toda una raza alienígena a cualquier precio. Incluso torturará a un prisionero, destruirá una nave llena de vulcanos enfermos por un virus y no dudará en mostrar su tecnología en un mundo anclado en el lejano Oeste del siglo XIX, en una flagrante violación de la directriz del primer contacto. Por su parte, Tucker, que ha perdido a su hermana Elisabeth en el ataque a la Tierra, secundará al capitán en su deseo de venganza contra los xindi. La idea, hay que reconocerlo, no fue mala, pero en esta tercera temporada hay demasiada "paja"... seguramente un arco argumental de cinco u ocho episodios hubiera dado como resultado una narración más ágil, intensa y amena para el espectador. Para colmo de males, la temporada acaba con otro cliffhanger que nos lleva a los dos primeros episodios de la cuarta, ambientados en una realidad alternativa a mediados del siglo XX en la que la Alemania nazi está a punto de conquistar los Estados Unidos. Demencial y ridículo.

No obstante, la cuarta temporada remonta el vuelo (otra vez, la maldición de las series trek parece estar presente). El artífice de dicha mejora es Manny Coto, guionista que se incorporó a la serie a mediados de la tercera temporada y que fue nombrado el máximo responsable de la cuarta, en detrimento de Berman y Braga. Coto, seguidor acérrimo de la serie original de los años sesenta, comienza su trabajo con varios arcos argumentales de corta duración sumamente interesantes. En uno de ellos, con la participación del actor Brent Spiner (el androide Data en Star Trek: The Next Generation), nos muestra una conexión entre los seres humanos genéticamente mejorados de las Guerras Eugénicas (que no "eugenésicas", ¡benditos doblajes!) vistos en las apariciones de Khan y la creación de Data y su hermano Lore. Spiner da vida a Arik Soong, el abuelo del creador de los androides que aparece en el episodio de TNG "Brothers". Soong está obsesionado por revivir a una colonia de humanos modificados genéticamente, pero Archer y su tripulación logran detenerle y, mientras acaba sus días en prisión, decide redirigir sus esfuerzos hacia la creación de un androide con aspecto humano.

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En otro, se nos traslada a Vulcano, donde Archer y T'Pol descubrirán que el Alto Consejo no se guía por las enseñanzas de sus antepasados, sino que planean la invasión de Andoria. Esta serie de episodios está plagada de referencias a la serie clásica, con la aparición de una joven T'Pau (la sacerdotisa que, muchos años después, acogerá a Spock en su peculiar ponn-farr en el episodio "El tiempo de Amok") como la líder de los vulcanos rebeldes, la búsqueda de las sagradas escrituras de Surak, el líder que llevó a Vulcano al camino de la lógica, e incluso a implantar a Archer el katra de Surak, al estilo de lo visto en la saga cinematográfica con la muerte de Spock y su posterior resurrección gracias a McCoy. Quizás Manny Coto abusa en exceso de las referencias a la serie clásica, pero el fan más maduro agradece con una amplia sonrisa este cambio de rumbo de la serie.

Pero no todo lo que se muestra en esta cuarta temporada es positivo. Desde el episodio piloto de la serie, donde se ve a un klingon que se estrella en un campo de maíz de la Tierra, el aspecto de esta raza creó mucha controversia entre los fans. Los klingons anteriores a la serie original debían parecerse a los vistos en la época de Kirk, con la frente lisa, y no parecerse a los vistos en las series modernas. Cuando, con el paso de las temporadas, este tema parecía haberse relajado (como el aspecto visual de la nave de Archer, que por mucho empeño que pusieron los diseñadores siempre pareció más moderna que la de Kirk), los guionistas se sacaron de la manga un esperpéntico doble episodio en el cual se nos intentó convencer de que los klingon estaban aquejados de una enfermedad contagiosa (debido a un implante del mismo gen de los humanos genéticamente mejorados de las Guerras Eugénicas) que acabaría con toda la raza en cuestión de pocos años. Los síntomas: las arrugas de la frente desaparecían progresivamente, y luego fallecían. Phlox encuentra una cura para el fatal desenlace, pero con el precio de tener que ofrecer un aspecto diferente durante un par de siglos. Un detalle que era completamente innecesario de explicar se convierte en una de las situaciones más bochornosas que el que escribe ha tenido que ver en toda la historia de la franquicia. Que no, que no era necesario explicar nada... todos estábamos ya acostumbrados a los klingon con arrugas en la frente y lo dábamos por bueno simplemente achacándolo a los casi cuarenta años de lapso de tiempo entre ambas producciones. ¿O es que alguien preguntó por qué a Kruge le habían salido arrugas en la frente en Star Trek: En busca de Spock? Pues no, los tiempos evolucionan y la técnica de maquillaje también. Punto.

Mención aparte se merece el doble episodio "In A Mirror, Darkly", donde Manny Coto sitúa a nuestros protagonistas en el popular y desaprovechado universo espejo creado en el episodio clásico "Mirror, Mirror". Dinámico, sorprendente y extremadamente fresco, este doble episodio da ocasión a los actores a mostrar unos registros muy alejados de los convencionalismos. Como en el episodio clásico, los oficiales ascienden matando a sus superiores y conspirando constantemente (las féminas, entre sábanas) y nos da la ocasión de disfrutar con la aparición de la USS Defiant (una hermosísima nave gemela a la de Kirk) perdida en este universo alternativo en el episodio clásico "The Tholian Web", y la aparición de un gorn recreado por ordenador de forma algo chapucera. Se dice que Manny Coto presentó a Paramount un proyecto de quinta temporada, en la cual se incluían dos episodios más del universo espejo y que era su intención continuar en esa línea en futuras temporadas. Pero la decisión ya estaba tomada, y Manny Coto se incorporó al equipo de guionistas de 24 cuando la serie se canceló.

No puedo acabar este artículo sin referirme al episodio final de la serie, cuando el carpetazo a la misma ya era un hecho. Como ya le había predicho Daniels anteriormente, Archer sería parte importante del acto de constitución de la Federación Unida de Planetas, y los productores decidieron dar un salto temporal para hacer coincidir dicho acto con el retiro de la nave Enterprise. Una última misión, con el fin de salvar a la hija del andoriano Sharn de los piratas del sistema de Rigel, se convierte en una patochada para que Jonathan Frakes y Marina Sirtis (Riker y Deanna Troi) hagan una aparición "estelar" actuando como observadores de todo el episodio dentro de la sala holográfica de la Enterprise-D. Por suerte, un leve cosquilleo sacude el espinazo del fan al final de episodio, cuando se vuelven a escuchar las notas de la célebre partitura de Alexander Courage y la breve aparición de la nave de Kirk, que sigue conservando todo su esplendor.

Por otro lado, me veo obligado a reseñar el error de continuidad más grave de toda la serie, que acontece durante la segunda temporada. Con los niveles de audiencia bajando de forma alarmante y la serie vagando sin un objetivo claro, los guionistas decidieron jugar una de las bazas seguras de toda la saga: hacer aparecer a los borg. En el episodio "Regeneration", un grupo de científicos encuentra a dos miembros de esta raza congelados bajo la capa de hielo polar, al lado de restos de una nave que, tras un minucioso análisis, se constata que llevan allí unos cien años. Un punto de partida muy coherente, puesto que se coloca a los dos borg y los restos de la nave como la parte de lo que quedó de los hechos relatados en Star Trek: Primer contacto, cuando la esfera borg viajó al pasado para impedir el primer vuelo warp. Pero la coherencia acaba aquí, porque los dos alienígenas reviven y montan una buena escabechina. Archer y su tripulación logran matarlos, pero no antes de que los dos borg consigan enviar una señal de auxilio. En la escena final del episodio, T'Pol informa a Archer de que no se ha podido averiguar nada sobre la raza en cuestión, pero que la señal de socorro iba dirigida a lo más profundo del cuadrante delta y que "tardará unos doscientos años en llegar allí... si es que llega". Craso error, porque cuando Picard tiene su primer encuentro con los borg (episodio "Q, Who" de la segunda temporada de Star Trek: The Next Generation) nadie tiene conocimiento de la raza a la que pertenecen... excepto Guinan, cuyo pueblo fue atacado por los borg en el pasado. ¿Es que a nadie de la Flota Estelar se le ocurrió documentar los gravísimos hechos acaecidos en el siglo XXII e introducirlos en la base de datos, sobre todo cuando los dos borg estuvieron a punto de asimilar a la tripulación de Archer y cabe la posibilidad de que su señal de auxilio pueda ser recibida? Un error imperdonable, indigno de una serie de estas características y con un historial de tantos años de coherencia a sus espaldas.

 

Conclusión

Como dice el refrán: "una retirada a tiempo es una victoria". El 13 de mayo de 2005, Star Trek desaparecía definitivamente de las pantallas de televisión, y la sequía aún dura. Nadie se atreve a asegurar si habrá una nueva serie, incluso después del reboot realizado por J.J. Abrams y su equipo en 2009. Un auténtico éxito de taquilla, un blockbuster en toda regla y con un presupuesto envidiable... pero que no garantizan el regreso de Star Trek a la pequeña pantalla, que es su hogar natural. Star Trek: Enterprise (que, dicho sea de paso, nació sin el "Star Trek" delante en sus dos primeras temporadas) nunca debió ver la luz de la forma tan precipitada y prepotente como lo hizo. Una mirada al pasado es algo más que retroceder dos siglos en la línea temporal y mostrarnos una nave que casi va a pedales. Y en una nueva era donde hay que competir con docenas de series distribuyéndose por miles de cadenas de satélite y cable, los méritos del pasado cuentan muy poco.

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Por suerte, el fenómeno de los seguidores de Star Trek sigue muy vivo gracias a las nuevas tecnologías. No hay más que ver el enorme éxito cosechado por la serie de fans Star Trek: New Voyages/Phase II, que recrea hasta en el más mínimo detalle el look and feel de la serie original... hasta tal punto que para filmar algunas de las escenas del puente de la USS Defiant en el episodio "In A Mirror, Darkly", Paramount les pidió "prestados" sus decorados porque les salía mucho más barato que reconstruir los originales, llenos de polvo en algún sótano y seguramente deteriorados con el paso del tiempo.

No sabemos qué tipo de Star Trek nos depara el futuro, pero muchos de nosotros sí que sabemos qué es Star Trek y qué no lo es. Y a Enterprise nunca se le debió permitir zarpar al amparo del paraguas de un nombre que es un auténtico referente del género. Probablemente, hasta el simpático Porthos estaría de acuerdo.

 

Fernando Martínez (Barcelona. España)