El Exorcista contra Pazuzu: Historia de una saga

Por Carlos Díaz Maroto

Poster de El ExorcistaEn 1973 la Warner Bros. estrenó El exorcista, película dirigida por William Friedkin (French Connection) a partir de una novela de William Peter Blatty. El film fue un inmenso éxito de público (no tanto de crítica, por aquel entonces), radicando su importancia, principalmente, en suponer un punto de inflexión con el cine de terror que se hacía hasta ese momento, y suponiendo un nuevo arranque para una etapa moderna en el mismo. Este artículo se centra en la película que cambió todo un género, en sus precedentes, y en las secuelas directas que originó.

«Soy Pazuzu, hijo de Anu, soy rey de los espíritus malignos del aire que desciende huracanadamente de las montañas haciendo estragos»

Inscripción a la espalda de la escultura de bronce de la cultura asiria o babilonia, fechada en el siglo VII a. C., y que se halla en el Museo del Louvre (París)



En el principio...

1949. En una localidad del estado de Washington, Estados Unidos, llamada Mount Rainier -famosa porque, un par de años atrás, se dio el primer avistamiento de ovnis de la historia de la ufología moderna- se publica en el diario de tendencia católica The Catholic Review la historia de Robbie Manheim, un muchacho de catorce años que, teóricamente, estaba poseído por el demonio.

Todo comenzó con un juego que realizaba el chico con su tía Harriet con la ouija. Cuando la tía murió, el chaval intentó comunicarse por medio del tablero con la fallecida. A raíz de este hecho comenzaron a producirse extraños ruidos en la casa, el carácter del chico varió, se puso a soltar obscenidades y mostrar enigmáticas marcas por todo el cuerpo, amén de percibirse levitaciones de objetos a su alrededor. Los padres llevaron al adolescente a médicos y psiquiatras, pero nada se solventaba. Finalmente, asistieron al arzobispado de Maryland y allí se les otorgó autorización para realizar un exorcismo. Se encargó la tarea a un jesuita auxiliado por cinco religiosos. Durante la ceremonia, en la que el chico fue atado, éste insultaba a los sacerdotes y hablaba en lenguas desconocidas por él, como el latín, y en su piel aparecían grabadas, como a cuchillo, palabras como Hell (infierno) o Spite (rencor). Durante tres meses, desde enero hasta abril de 1949, se le efectuaron al chaval hasta treinta exorcismos, hasta que al fin fue liberado.

Los estudiosos que han investigado el tema llegaron a la conclusión de que el muchacho pudiera haber sufrido alguna de estas enfermedades: automatismo, que origina acciones mecánicas o involuntarias, características de determinadas formas de esquizofrenia; o el Síndrome de Gilles de la Tourette, una perturbación de la personalidad en la cual el paciente grita de manera incontrolada, se convulsiona, prorrumpe ruidos análogos a gruñidos y habla de forma ininteligible; o quizás un desorden obsesivo-compulsivo, que provoca acciones inadecuadas, junto a usuales ataques de ansiedad causados por motivos ficticios.

Pero cuando el muchacho fue localizado, ya adulto, casado y con hijos, los reconocimientos a los que fue sometido en nada delataron huellas de las enfermedades descritas.



Un escritor

Las noticias fueron seguidas por interés por un joven estudiante llamado William Peter Blatty, nacido en Nueva York el 7 de enero de 1928, e hijo de padres libaneses. Tomó cuantiosos apuntes del caso con el fin de hacer uso de ellos en algún momento. Y ese momento llegó.

Blatty se licenció en la Universidad de Georgetown, y consiguió un master de literatura por la Universidad George Washington. Tras abandonar la universidad ingresó en el U.S. Foreign Service, estableciéndose a mediados de los cincuenta en Beirut, Líbano, época en la cual empieza a coquetear con el periodismo, enviando artículos a diversas revistas.

Después de convertirse en director de publicidad de la Universidad de California del Sur, y con el fin de hacer un artículo humorístico para el Saturday Evening Post, se hace pasar como el hijo de un rey árabe en Hollywood, lo cual le pone en contacto con la meca del cine. En 1958 aparece en un breve papel de policía en la película No Place To Land, dirigida por Albert C. Gannaway y protagonizada por John Ireland. En 1959 publica su primera novela, Which Way to Mecca, Jack?, y en 1963 escribe su primer guión cinematográfico, Solo contra el hampa (The Man from the Diner's Club), una comedia dirigida por Frank Tashlin y protagonizada por Danny Kaye. A pesar de que hoy en día es recordado por su aportación al género terrorífico, es curioso constatar cómo Blatty estuvo ligado gran parte de su carrera al género humorístico, en el cual continuaría durante la década de los sesenta escribiendo para directores como Blake Edwards, J. Lee-Thompson, Arthur Hiller... De hecho, toda su filmografía hasta El exorcista consiste en comedias, salvo el policial ligero Gunn (1967), también para Blake Edwards; y es que algunas de sus comedias también eran revisiones paródicas del género policiaco, como su debut o incluso por medio de una entrega del inspector Clouseau.

Mientras, sin embargo, iba pergeñando su gran triunfo. En 1969 decide retirarse a un lugar remoto, y alquila una cabaña de madera en el lago Tahoe, donde se pone a escribir. Y en 1971, al fin, publica su novela El exorcista (The Exorcist), que alcanza un enorme éxito de ventas: sólo en Estados Unidos vende cerca de trece millones de copias.



La película

Por supuesto, tamaño best-seller no podía pasar desapercibido para Hollywood, y Warner Bros. compra los derechos por 641.000 dólares (adelantándose a Alfred Hitchcock, que estaba interesado) con el fin de hacer una película. Previo a esto, sin embargo, ya Shirley MacLaine intentó llevar a efecto una adaptación, tanteando al productor Sir Lew Grade, no llegando tal proyecto a buen puerto, como todos sabemos.

Fotograma de El ExorcistaPara dirigir el film se pensó en diversos cineastas. El primero que se tanteó, parece ser, fue Stanley Kubrick, quien rechazó tal ofrecimiento. También se intentó con John Boorman, que no aceptó el proyecto porque la película se centraba en la crueldad infantil (irónicamente, acabaría dirigiendo la primera secuela), completándose la lista de directores barajados con nombres de gente como Arthur Penn (que en esos momentos se hallaba dando clases en la universidad), Peter Bogdanovich (que prefirió otros proyectos en su lugar, de lo cual se arrepintió toda su vida), el insípido Mike Nichols, que no deseaba dirigir una película tan centrada en una interpretación infantil, o Mark Rydell. Sin embargo, William Peter Blatty quería que el director fuese William Friedkin, quizás porque había visto el trabajo previo del cineasta, y apreciaba su modo de reflejar los personajes de un modo natural, como en Los chicos de la banda (The Boys in the Band, 1970), y Contra el imperio de la droga (The French Connection, 1971), dos cintas muy distintas (una adaptación de una obra teatral de temática gay y un thriller policial) pero caracterizadas por el detalle referido. Y lo consiguió.

En cuanto a su plantel interpretativo, para el papel del padre Karras se pensó en Gene Hackman, Stacy Keach y hasta en Paul Newman; para el cometido de Chris MacNeill se consideró a Jane Fonda, que por suerte lo rechazó (calificó el proyecto de un "capitalista trozo de mierda"), y a Shirley MacLaine (quien, como hemos visto, fue una de las primeras interesadas en adaptar a la gran pantalla la novela), amiga personal de Blatty y modelo de inspiración para éste mientras escribía el libro; también se plantearon a Audrey Hepburn (que no pudo participar por encontrarse rodando en Roma), a Anne Bancroft (que se hallaba embarazada cuando el proyecto), Geraldine Page o Barbra Streisand (que simplemente lo rechazaron). Para el papel del padre Merrin el estudio quería a Marlon Brando, y para el rol de Sharon se pensó en Jill Clayburg. Y el papel de Regan se ofreció en un inicio a Denise Nickerson, famosa en Estados Unidos por intervenir en la serie fantástica Dark Shadows, pero en cuanto su madre leyó en el guión la escena de la masturbación con el crucifijo dijo que ni hablar. Otra actriz candidata fue Pamelyn Ferdin, intérprete infantil que había aparecido en un episodio de Star Trek o en El seductor, junto a Clint Eastwood, y protagonizó la serie Lassie entre 1972 y 1974, pero fue rechazada porque era demasiado famosa (en Estados Unidos, obvio es). Para el personaje de Regan también se pensó en Brooke Shields, pero Friedkin la consideraba demasiado joven para el papel, y parece ser que también se estudió a Debbie Reynolds como Chris, y Carrie Fisher como Regan, madre e hija en la vida real. Hubo un momento en el que incluso Friedkin se planteó, ante el problema de hallar a la niña adecuada, el contratar a una enana para el papel. En el caso de Vasiliki Maliaros, que interpreta a la madre del padre Karras, fue descubierta por Friedkin en un restaurante griego, y su única experiencia como actriz había sido en el teatro griego con clásicos. Tanto Friedkin como Blatty comentaron atónitos el parecido de la mujer con sus respectivas madres. Para la voz del diablo en un principio se pensó en la propia Linda Blair, quien de hecho rodó la secuencia en que exclama: "¡Deja que Jesús te folle!", pero luego el director consideró que perdía fuerza en el enfrentamiento con los sacerdotes, así pues se optó que la doblase la excelente Mercedes McCambridge, co-protagonista junto a Joan Crawford de la magistral Johnny Guitar. Para las escenas en que Regan aparece poseída, así como en la mayoría de las que requieren actividad física, Linda Blair fue doblada por la actriz Eileen Dietz.

La música fue adjudicada al compositor argentino Lalo Schifrin; sin embargo, una vez acabada la composición, Friedkin la rechazó. Lalo reaprovecharía su trabajó para la banda sonora de Terror en Amityville (The Amityville Horror, 1979), consiguiendo con ello una nominación al Oscar (recientemente, Sam Raimi añadió a los créditos finales de su película Arrástrame al infierno la The Exorcist Symphony). Por su parte, una vez rechazada esa melodía, Friedkin eligió una variedad de músicas ya compuestas con anterioridad, la más famosa una porción del "Tubular Bells" de Mike Oldfield. El añadir una partitura con tan escaso relieve y potencia es uno de los pequeños errores que acomete el realizador. Después Friedkin dijo que si hubiese conocido antes al grupo Tangerine Dream les hubiera contratado para El exorcista. En fin...

Fotograma de El ExorcistaWilliam Friedkin aplica a la película un estilo documentalista para llevar a cabo una obra de carácter hiperrealista. Por un lado, tiene un ojo puesto en el veraz tono de cotidianidad que detentaba un film previo de temática muy similar como era La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968), de Roman Polanski; por otro lado, su otro punto focal supone su propia Contra el imperio de la droga (French Connection, 1971), de donde toma ese estilo visual a base de largos planos secuencia, con una cámara vivaz que persigue a los personajes como en los reportajes televisivos. Para ayudar a ese tono de credibilidad se apoya en imágenes sustentadas sobre los actores, que desgranan sus diálogos con una naturalidad hiperacentuada, y que prescinden de un montaje elíptico, ofreciéndosenos instantes que, por lo general, el cine de Hollywood mantiene al margen, para otorgar de vivacidad y ritmo al resultado. Aquí, sin embargo, el tempo es pausado, tenemos largos planos de los rostros de los personajes, y contraplanos de lo que miran, al parecer sin importancia, pero que reflejan la expectativa psicológica que les mantiene. Además, los actores se ocupan en pequeñas actitudes para irradiar esa cotidianidad, como cuando la madre se dedica a quitarle a la hija una pestaña que se le ha soltado. Por supuesto, para que toda esa credibilidad funcione, es necesario ver la película en versión original, sentir la fuerza del sonido directo, el ruido ambiente de la calle, el silbido del viento, el silencio amenazador en el interior de la casa, los crujidos de los muebles.

Todo ese largo prolegómeno en tempo sostenido sirve para que el contraste con lo que después acontece sea mucho más acusado. Es un método similar al que se efectúa en algunos de los melodramas más conseguidos, como Tú y yo (An Affair to Remember, 1957), de Leo McCarey, o Días de vino y rosas (Days of Wine and Roses, 1962), de Blake Edwards: iniciar la narración con el tono contrario al que después se ofrecerá, para que la divergencia sea más notable y conmocionar con mayor virulencia al espectador. Si en los ejemplos citados tenemos risa-llanto como golpe de efecto, aquí se da realidad-irrealidad: de un tono costumbrista inicial derivamos a uno sobrenatural.

William Peter Blatty escribe el guión de su propia novela, realizando un trabajo de una fidelidad ejemplar, siendo la presente una de las adaptaciones más respetuosas que jamás se hayan dado en el cine. Por ello, tanto libro como película comparten idéntico punto de vista doble. Tendríamos, por un lado, la lectura sobrenatural: el diablo ha poseído a Regan y el exorcismo la libera; por otro lado, está la lectura psicológica: Regan sufre un trauma y el exorcismo la libera. Para permitir ambas premisas se nos aportan una serie de pistas a lo largo de la película.

Si nos atenemos a la lectura psicológica, vemos a una niña que, pese a su carácter afable y en apariencia feliz, soporta hallarse en una familia disfuncional: sus padres se han divorciado y él vive en Europa, y ni siquiera el día del cumpleaños de su hija se digna en llamarla (véase cómo, mientras la madre despotrica en el teléfono, la chica escucha con profundo pesar escondida en el pasillo). Si el padre está ausente, a efectos prácticos la madre también lo está, controlada por un trabajo que la tiene fuera de casa durante mucho tiempo, y que supone traslados constantes de domicilio, sin que la niña encuentre un soporte existencial ni amistades a las que unirse (lo más parecido que tiene a una amiga es su propia madre o la secretaria de ésta, Sharon). La enorme sensibilidad de la muchacha provocará que esa ausencia emocional que vive la conduzca a un desequilibrio psicológico con el fin de recibir la atención de la que carece.

Fotograma de El ExorcistaLa lectura sobrenatural también se halla presente. Lo más destacado sería el cúmulo de casualidades que acontecen, absolutamente increíbles si no media algo sobrehumano. Merrin realiza unas excavaciones que lo ponen en el camino del demonio Pazuzu (que nunca será así llamado en la película); una serie de presagios van salpicando su discurrir por Irán: los perros peleando, como una representación de la pugna entre el bien y el mal; el coche de caballos que sobre él se abalanza; los extraños con ojos en blanco (el herrero, la mujer que viaja en el carruaje) que se cruzan en su camino; o el reloj que de súbito se detiene cuando Merrin contempla la pequeña escultura de Pazuzu en su mano. En Washington, Regan hará figurillas de barro que en ocasiones tienen una apariencia similar a la estatua iraní, y uno de sus dibujos representa un león con alas, lo mismo que personifica la estatua integral del demonio. En sus arrebatos de poseída, Regan clamará el nombre de Merrin, y cuando éste llega a la residencia de la joven, no acaba de cruzar la puerta cuando es recibido por un berrido atronador bramando su nombre. La extraña medalla que Merrin encuentra en las excavaciones, y que nada tiene que ver con el entorno en que se halla, al final acabará en manos de la familia MacNeill, como cerrando un círculo iniciado mucho tiempo atrás.

Pese a la inflexión documentalista, Friedkin no hace uso de una fotografía agreste y con grano, sino que Owen Roizman aporta un matiz elegante sin eludir, con todo, un aliento de realidad en los inicios, para después, durante los momentos de posesión, hacer un uso de la iluminación intensa, con los tonos blancos y los contraluces.

El año 2000 William Friedkin realizó un nuevo montaje de la película estrenada originalmente en 1973, pese a que en entrevistas previas había declarado que nada haría al respecto. Añade algunas escenas más que quedaron descartadas en el estreno, como unos planos de Karras escuchando una grabación de Regan hablando con su padre (al final el buen hombre llamó), una escena inicial de pruebas médicas a la cual someten a la muchacha, y donde el doctor informa a la madre de su lenguaje procaz, y en especial la mítica escena de Regan descendiendo por la escalera doblada sobre su espalda, la spider-walk sequence, como se conoce en inglés. También se añadieron algunos efectos ópticos, como el rostro de Pazuzu apareciendo en el entorno del hogar, o potenciando otros, y se añadió nueva música en algunos pasajes.

El estreno inicial en España ofreció la película notablemente censurada en sus diálogos, eliminando el lenguaje soez, y el plano en la iglesia con la virgen desacralizada fue cortado casi en su integridad, ofreciéndolo casi como un destello similar a los otros planos subliminales que salpican la cinta. El nuevo montaje ofreció también su consabido redoblaje, añadiendo el lenguaje censurado, eliminando algunas libertades del antiguo (como las alusiones al Capitán Trueno o a Cantinflas) pero aportando una labor interpretativa por parte de los dobladores de muy baja calidad.



El hereje


Una vez más, un éxito no podía ser pasado por alto: El exorcista logró en el mundo entero una recaudación de más de cuatrocientos millones de dólares. Warner Brothers planeó una secuela al gran éxito de Friedkin, Exorcista II: el hereje (Exorcist II: The Heretic, 1977), de la que se oyó hablar durante mucho tiempo, con confirmaciones y desmentidos constantes, tanto respecto al proyecto como al propio título de la película. Los implicados en el título original se mostraron contrarios a una secuela, si bien tanto William Friedkin como William Peter Blatty mantuvieron conversaciones con el estudio para ofrecer ideas, desvinculándose finalmente cuando vieron que sus objetivos no eran aceptados. Tanto Linda Blair como Ellen Burstyn se negaron a participar en cualquier secuela, aunque después Blair aceptó cuando le presentaron un "buen guión", según ella; más tarde, la actriz se escudó en que las constantes reescrituras lo estropearon. Antes de que ella aceptase, se consideró para el papel a Melissa Sue Anderson, Rosanna Arquette, Jamie Lee Curtis, Jodie Foster, Mariel Hemingway, Helen Hunt, Jennifer Jason Leigh, Kristy McNichol, Tatum O'Neal o, de nuevo, Brooke Shields. Como Burstyn se negó a aparecer, su personaje fue cambiado por el de su secretaria Sharon (que al final de la primera rompía lazos profesionales con su jefa), así pues la actriz Kitty Winn retomó su papel en un cometido muy secundario sin especial relevancia, casi de comparsa.

Poster de El Exorcista II: El HerejeComo actores se barajaron muy diversos nombres. Para el papel de padre Lamont (que en el guión originario era el padre Dyer, de la primera película, pero como el actor, el padre O'Malley, estaba ocupado, se cambió) se pensó en Jon Voight (que aceptó, pero luego rechazó por no estar de acuerdo con ciertos elementos del guión), David Carradine (desechado al final por disputas respecto a la serie Kung Fu, también de la Warner), Jack Nicholson (cuyos honorarios resultaron ser demasiado caros) o Christopher Walken (actor al que el estudio no consideró adecuado). El teniente Kinderman, que en la película anterior fue interpretado por Lee J. Cobb, también aparecía originalmente en la presente, pero tras la muerte del actor se rescribió el guión de forma considerable.

El papel del doctor Tuskin fue concebido en un principio como varón. En esa etapa del proyecto, los actores barajados fueron Chris Sarandon (que no gustó a Boorman), George Segal (al igual que Nicholson, demasiado caro para el presupuesto de la cinta) y, de nuevo, David Carradine. Cuando se decidió cambiar de sexo al personaje, el guionista sugirió a Jane Fonda o Ann-Margret, pero Boorman eligió a la grandiosa Louise Fletcher.

Linda Blair se negó a soportar un maquillaje similar al que detentaba en la primera entrega, así pues todos los planos en los cuales se la ve poseída están en realidad interpretados por una doble.

La dirección fue ofrecida de nuevo a Stanley Kubrick, pero este pasó olímpicamente del tema. Más tarde, el proyecto fue otorgado a John Boorman.

El guión se debió al autor teatral William Goodhart, muy interesado en teología y ocultismo, aunque sufrió constantes reescrituras (no acreditadas) tanto por parte del propio Boorman como de Rospo Pallenberg, habitual colaborador suyo y responsable del libreto de la magnífica Excalibur (Excalibur, 1981). Goodhart basó el guión en las teorías de Pierre Teilhard de Chardin, un paleontólogo y arqueólogo jesuita que ya inspiró a Blatty para el personaje de Merrin en el libro (y que en la presente es citado), y que creía en una mente telepática universal, una especie de versión de parapsicología barata y amplificada del inconsciente colectivo jungiano. Boorman sugirió a Goodheart algunos retoques, a lo que este se negó, de ahí las reescrituras antes mencionadas, realizadas tanto en pre-producción como a lo largo del rodaje.

La noche del estreno las carcajadas fueron apoteósicas. Al principio todo parecía ir bien, pero ante la aparición de la máquina sincronizadora, las risas comenzaron a sonar, y el público arrojó incluso objetos a la pantalla. La película fue retirada de pantalla hasta dos veces para realizar retoques, permutas, reubicaciones y añadidos al montaje. Sonoro fracaso para el film con mayor prespuesto de la Warner hasta ese momento, catorce millones de dólares, aunque en principio se pretendía que fuera un film pequeño, de no más de tres millones. Además, durante el rodaje hubo problemas; según dice Linda Blair, desde la mitad del mismo hasta el final, Richard Burton estuvo todo el rato ebrio, y entre todos imperaba un ambiente tenso; además, Boorman enfermó y el rodaje se paralizó cinco semanas, y también cayeron enfermas Kitty Winn y Louise Fletcher, y el montador original abandonó y hubo de ser reemplazado. También se necesitó rodar de nuevo algunas escenas, al estar sobrexpuestas, y las langostas importadas de Inglaterra se murieron demasiado pronto (de dos mil quinientas, morían cien diarias). Ese fracaso ocasionó que el rodaje de una nueva secuela se paralizase, pese a que se tenía previsto.

En dvd está editada (al menos en zona 1, que es la copia que yo poseo) con el montaje original de Boorman, antes de los retoques señalados, y que es con los cuales la vimos en el cine, y de ese visionado procede mi comentario siguiente.

Fotograma de El Exorcista II: El herejeLa película comienza presentándonos al segundo exorcista, el padre Lamont, enfrentado a un caso de posesión en un país de Sudamérica, en el cual la víctima morirá entre llamas. Después se nos muestra a Regan, ahora una vivaz adolescente que convive con la secretaria de su madre y toma clases de baile, mientras asiste a una psicóloga para tratar unos sueños recurrentes que la acosan. El Vaticano impone a Lamont la misión de descubrir qué mató al padre Merrin, así pues acude a visitar a Regan y, de paso, a su psicóloga. La profesional posee un aparato sincronizador que hipnotiza al paciente y después introduce al médico en la misma fase sofrológica para internarse mejor en los recuerdos del enfermo; además, parece producirse un efecto telepático con lo cual la exploración es muy completa.

La mera idea de semejante aparato es una tontería, y es un fallo de guión bastante ostentoso, que además sostiene dramáticamente la película durante gran parte del metraje, aunque durante la primera experiencia ello brinda un efecto visual muy interesante, como la sobreimpresión que se produce con el exorcismo originario; el rostro de la Regan posesa se sobrepone al de la actual y, en especial, la psicóloga sufre el trance del padre Merrin, padeciendo un ataque al corazón, durante el cual la Regan poseída, de nuevo en sobreimpresión, la manipula el pecho, hiriéndola, mientras la actual lo masajea, confortándola.

Otro paralelismo similar acontece cuando Lamont observa el dibujo que Regan ha hecho de él, mostrando su rostro envuelto en llamas. El sacerdote intuye que hay un incendio, como así será. Mientras lo intenta sofocar, observa el rostro de una muñeca consumiéndose por el fuego, al igual que la mujer que en el inicio auxilió; además, la doctora Tuskin verá a Lamont rodeado en llamas, al igual que sucede en el dibujo.

Fotograma de El Exorcista II: El herejeLa doctora Tuskin representará la razón, mientras que el padre Lamont es la fe, y ambos personajes se enzarzarán en discusiones morales acerca del tema, representando cada uno una postura, si bien los diálogos que mantienen son notablemente pueriles, soltando sólo conceptos elementales tanto uno como otra. Quizás se nos quiera decir que ambos, cada uno en su campo, son unos fanáticos, pero en ese caso fallan como figuras para imponer una tesis, que es el objetivo del film, lanzar "grandes ideas", predicar en suma, como un obispo en su púlpito. Esta cinta es un ejemplo del Boorman más solemne y superficial, en contraposición con sus grandes obras.

En medio de todo ello, sin embargo, hallamos detalles interesantes, como la atractiva atmósfera de las escenas oníricas, ambientadas en un África de pesadilla, o las secuencias que no son sueños que transcurren en el oscuro continente, rodadas en su mayoría en interiores, lo que les otorga un aura irreal; la escena en que Pazuzu lleva a Lamont a conocer al muchacho que otrora Merrin exorcizó, ahora un hombre maduro, comienza de un modo maravilloso, pero acaba de forma abrupta y de un modo chocarrero con el rugido de un leopardo (el propio africano profiere el rugido, que es reemplazado por un plano del animal), en un pueril y ridículo montaje comparativo.

Así pues, pese a esos ocasionales, muy ocasionales, destellos de interés, la cinta se precipita en el mayor de los ridículos, como los ataques del mal a Sharon y la doctora, primero desestabilizando el avión, en un momento casi paródico (Aterriza como puedas viene a mente), y luego accidentando el taxi en que viajan, o la absurda y gratuita muerte del personaje interpretado por  Kitty Winn.

Boorman ha rodado grandes obras, pero cuando aquí decidió abordar el cine de terror lo efectuó haciendo uso de sus fórmulas más ramplonas y elementales, pero al mismo tiempo valiéndose de una afectación que termina por hacer naufragar los resultados. A mayor inri, la voz de Pazuzu es por completo risible, cuando en el título anterior era estremecedora, y en ningún momento se consigue crear un aire de inquietud y desazón, presenciándose las imágenes con un constante tedio y desidia.



Mi nombre es Legión

Con anterioridad ya hablamos de William Peter Blatty y sus inicios como guionista, hasta su éxito con El exorcista, primero el libro y luego la película. Después tomó una novela que tenía, Twinkle, Twinkle, "Killer" Kane (1966), historia sobre unos ex-soldados en una institución mental durante la guerra del Vietnam, y la rehizo en The Ninth Configuration en 1978; él mismo la llevaría al cine en 1980 produciendo, escribiendo y dirigiendo una película con igual título. En 1983 escribió otra novela, Legión (Legion), secuela de El exorcista, en la cual el teniente Kinderman (que en la obra originaria tenía mucho más papel que en el film) investiga la historia del asesino de Géminis. El título proviene del Evangelio de San Lucas, donde se describe a Jesús viajando por la tierra de Gadarenes donde encuentra a un hombre poseído: "Jesús le preguntó ‘¿Cuál es tu nombre?' y él dijo ‘Legión', porque muchos demonios habían entrado en él" (capítulo 8, versículo 30), aunque la cita más famosa procede del Evangelio de Marcos: "Mi nombre es Legión, pues somos muchos" (capítulo 5, versículo 9).

Fotograma de El Exorcista IIIEn realidad, la historia surgió como una secuela fílmica, y la idea de Blatty es que el director fuera William Friedkin. Sin embargo, pronto el realizador abandonó el proyecto porque sus ideas no coincidían con las de Blatty, y éste las convirtió en novela. El éxito de ventas animó al escritor a convertir de nuevo el texto en formato de guión, al que optaron las productoras Morgan Creek y Carolco; Blatty decidió escoger la primera, dado que la segunda sugirió la idea de que la hija de Kinderman podía quedar poseída. Blatty ofreció el sillón de director a John Carpenter, pero este se echó atrás cuando comprobó que las verdaderas intenciones del escritor eran las de dirigir él mismo su material. Carpenter declararía: "Es un guión estupendo (...) Blatty es un excelente escritor. Tiene un don especial para meterte en la historia".

En el film originario Kinderman era interpretado por Lee J. Cobb, como ya hemos dicho fallecido para entonces, así pues fue reemplazado por George C. Scott. Dyer, por su parte, fue encarnado por un sacerdote auténtico, el reverendo William O'Malley, que se hallaba demasiado ocupado, y aquí es reemplazado por Ed Flanders, quien en un inicio estaba previsto que fuese el doctor Temple (después encarnado por otro actor espléndido, Scott Wilson).

Adjudicándosele once millones de presupuesto, que apenas superó, Blatty rodó la cinta a lo largo de ocho semanas. Cuatro meses después, Morgan Creek informó a Blatty que había que rodar un nuevo final. El presidente de la compañía argumentó que el resultado nada tenía que ver con El exorcista, y que había que meter un exorcismo. La Fox se sumó al proyecto añadiendo un presupuesto de cuatro millones para rodar la escena del exorcismo, para lo cual se añadió un nuevo personaje, el del padre Morning, un torturado sacerdote a consecuencia de una experiencia previa, encarnado por el actor Nicol Williamson (Merlín el mago en el referido Excalibur de Boorman). El metraje eliminado, por cierto, Morgans Creek dice que está desaparecido, y el autor, tras buscar de forma insistente para hacer un director's cut, parece haber claudicado finalmente.

William Peter Blatty, sin duda de lo más satisfecho con los resultados artísticos (no hablemos ya de los comerciales) de la película de Friedkin, decidió en esta ocasión aportar el mismo tono documentalista a las imágenes, impregnándolo de interpretaciones hiperrealistas (salvo contadas excepciones) que aportan un poso de naturalidad al entorno cotidiano en el cual todo se desenvuelve. Aquí tenemos al teniente Kinderman y al padre Dyer, que quince años después de lo acontecido se ven todos los aniversarios de la muerte del padre Karras; cada uno está convencido de que ayuda al otro a superar el dolor que aquel deceso ha cargado sobre sus conciencias. Ambos emplean una dinámica excelente de complicidad, de conversaciones llenas de dobles y triples lecturas, en una amistad afirmada en la pasión de ambos por el cine; cuando comienza la película van a ver juntos Qué bello es vivir, lo cual después tendrá importancia a lo largo de la trama.

Blatty ya había dirigido con anterioridad, como vimos, y aquí muestra un pulso asombroso a la hora de rodar. Su narración no es apta para todos los paladares, pues es lenta, majestuosa y reposada. Largos planos en silencio que se mantienen para instituir una tensa atmósfera de desasosiego se van hilvanando con otros de prolongadas charlas que logran mantener la expectación: los diálogos entre George C. Scott y Brad Dourif en la celda de éste son hipnóticos, y resultan una asombrosa lección de interpretación por parte de tan inconmensurables actores.

tres3Una vez la acción pasa a situarse en el interior de la clínica, apenas sale de ahí, ubicándose desde ese momento la narración en otro universo diríase, un lugar que no es la Tierra, sino acaso el infierno o el purgatorio, y donde todos los personajes parecen estar expiando sus pecados, desde esos enfermos que vagan como perdidos, la enfermera histérica que chilla a Kinderman, o el doctor Temple, un tipo inseguro que no para de fumar y ha de escribir sus conversaciones con anterioridad en un papel como si fuesen un discurso. En medio de todo ello, Kinderman sufre el dolor de la pérdida de Karras, mientras trata de encontrar un objetivo a su existencia. Al tiempo, investiga unos crímenes de un espantoso asesino cuyas características coinciden con otro que ejerció quince años atrás (¿simultáneamente a la posesión de Regan?) y con lo cual todo parece estar conectado.

Así nos encontramos con una película de carácter espiritual en muchos sentidos, donde los personajes van en busca de un objetivo en su existencia, y donde el diablo -Pazuzu, esta vez con la voz de la actriz Colleen Dewhurst, muy similar a la de Mercedes McCambridge- hace uso de las almas de los personajes para ir poseyendo cuerpo tras cuerpo y lograr sus objetivos, que es acorralar a Kinderman frente a la realidad y, al tiempo, buscar una especie de resarcimiento ante el exorcismo que sobre él fue perpetrado, aprovechándose del asesino de Géminis, que a su vez será el padre Karras, en un peculiar caso de duplicidad física y espiritual.

El resultado, El exorcista III (The Exorcist III, 1990), pese a los cambios antes referidos es una muy sólida cinta, gracias a la atractiva historia desarrollada por Blatty por medio de una trama intrigante y unos excelentes personajes, que incluso cuando conversan nimiedades resultan cautivantes (atención a la charla sobre la carpa, buena prueba de que una conversación anodina no lo ha de ser también de cara al espectador, al tiempo que ayuda a desarrollar la psicología de los personajes). Blatty también muestra una caligrafía visual asombrosa, como ya dijimos, destacando el apabullante plano secuencia con la cámara fija -interrumpida sólo por tres o cuatro insertos- en el pasillo del hospital, con un personaje al fondo, para variar justo al final, con un pasmoso golpe de efecto acompañado de un único movimiento de cámara en ese momento. Destáquese también el ambiente sobrenatural del hospital, como ese deliciosamente desquiciado momento, con un espléndido contrapicado, donde vemos a un reflexivo Kinderman mientras por el techo se pasea una anciana como si fuese una mosca (Satán es el Señor de las Moscas, no lo olvidemos). O todos los momentos semi-surrealistas, en los sueños del policía, donde repararemos en el peculiar modo de ver el cielo que tiene el personaje.

Lástima que la película fuese un fracaso, pues de lo contrario podríamos habernos encontrado ante un nuevo realizador del género con mucho que decir.



Dominion


Si en el anterior caso los de Morgan Creek Productions, después de completada la película, comprobaron que no era lo que querían, pese a que su autor puso las cartas sobre la mesa desde el principio, con Dominion: Prequel to the Exorcist [dvd: El exorcista: El comienzo - La versión prohibida, 2005] pasó otro tanto.

dominion2Desde hacía muchos años se venía hablando, no de una secuela de El exorcista, sino una precuela. Al fin, Morgan Creek se puso a ello y contrató como guionistas a William Wisher y el famoso escritor Caleb Carr. Como director optaron, en un principio, por David Cronenberg, si bien luego se echaron atrás porque pensaron que era un individuo "muy raro". Tras desestimar a Cronenberg, pues, fue contratado el sólido John Frankenheimer, pero cuando ya se estaba a punto de empezar el rodaje el veterano realizador falleció. En esa etapa del proyecto, el padre Merrin iba a haber sido encarnado por Liam Neeson. Algunos rumores apuntan a que se tanteó también al británico David Rocksavage, responsable de Other Voices, Other Rooms (1995), según el libro de Truman Capote, para dirigir la película. Puestos de nuevo a pensar, los genios de Morgan Creek escogieron al fin a Paul Schrader, que puede ser considerado de todo menos "convencional", que es lo que ellos buscaban. Si rechazaron a Cronenberg por "raro", ¿a santo de qué viene contar con Schrader, que lo es tanto o más? Es como si los productores de Transformers 3 contrataran a Lars von Trier y se quedaran a esperar un blockbuster.

La película, pues, y como se ha dicho, nos narra lo que antecede a la novela de Blatty y la película de Friedkin. Pese a que en El exorcista II, como vimos, ya se nos refirió el primer enfrentamiento entre Merrin y Pazuzu, ese film es obviado, ofreciendo un nuevo inicio. Un prólogo nos sitúa durante la Segunda Guerra Mundial, con los métodos expeditivos que aplica un cruel oficial nazi sobre los habitantes de un pueblo donde Merrin oficia como párroco. El suceso le provoca una crisis, lo que le promueve a abandonar el sacerdocio y dedicarse a excavaciones arqueológicas en África, lo que le conducirá al hallazgo de una antigua iglesia cristiana que parece suponer un obturador para algo que yace debajo de la misma, una gruta en la que pudiera yacer enterrado Pazuzu. Una serie de eventos extraños y terribles acontecerán a partir del momento en que se descubra la iglesia.

dominion3En todo caso, esos eventos sobrevienen más en el interior de los personajes que en el exterior o, mejor dicho, la consecuencia de estos provienen de lo que con anterioridad se desarrolla en la mente, en el alma, de dichos personajes. Y es que la película del guionista de Taxi Driver es una búsqueda metafísica dentro del interior del ser humano, al que enfrenta a sus más abyectas lacras. En esta cinta es más temible el hombre que el diablo, aunque en esencia sea éste el causante de las acciones de aquél. Pazuzu servirá de catalizador para que las emociones reprimidas, las dudas de fe, los odios raciales y las incertidumbres existenciales salgan a flor de piel. Y como es norma en Schrader, esas dudas de fe sirven de base a un discurso que no termina por concretarse, tal vez porque el director, en realidad, no busque tanto plantear un discurso sino la propia duda de ese discurso. Durante la mayor parte de la película los personajes vagarán desconcertados en un mundo que no comprenden, sufriendo dolores internos que no logran exorcizar. El final del filme se habrá logrado un exorcismo, pero no el de ellos mismos; el final de la película no será el final de los personajes, sino un inicio, un inicio de exploración que no acaba ahí, sino con la propia muerte.

La película es algo fallida en esa indecisión temática, que plantea ideas pero no termina de definirlas, pero es una obra valiente, madura, adulta y de un gran interés, que expone sobre el tapete asuntos poco habituales en el cine norteamericano, y que ya sólo por eso merece atención. Además, la límpida narrativa visual de Schrader es de una pureza egregia, casi la contraposición de la que nos ofrecía en la magistral Afliction - Aflicción (Afliction, 1997). Además, la interpretación del sueco Stellan Skarsgård, reemplazando al también sueco Max von Sydow como un juvenil padre Lankester Merrin (aunque casi diez años mayor que el actor de El séptimo sello cuando éste interpretó El exorcista) no puede sino considerarse magistral, mostrando en su acerada mirada el dolor, el sufrimiento, la duda, la vergüenza.

Por supuesto, algo así dejó desconcertados a los productores, que no debieron entender nada. Aquí apenas hay efectos especiales, salvo unas hienas y unas vacas muy paupérrimas realizadas por CGI, y los efectos visuales se reducen a hermosos cielos encendidos en la planicie africana. No es un film espectacular, sino reflexivo.



El comienzo


Una vez acabada la película, los inteligentes prebostes de Morgan Creek la visionaron en pase privado y consideraron que no era lo que querían... Así pues, el guión original de Wisher y Carr se lo pasaron al primerizo Alexi Hawley, que lo usó como argumento referencial, y creó una nueva historia, con muchos puntos en común y otros bastantes divergentes. Para realizar esta nueva cinta, pues era ya otra por completo diferente, contrataron a un director, esta vez sí, en una onda por completo contraria a la del intelectual Schrader, Renny Harlin, responsable de muchas películas de acción pachangueras de final de milenio, y que aún hoy sigue dando caña, aunque de forma algo más moderada.

comienzo3El nuevo film, llamado El exorcista: El comienzo (Exorcist: The Beginning, 2004), cambia además algunos actores (Gabriel Mann, que encarnaba al padre Francis, tenía otros compromisos, por lo cual fue reemplazado por James D'Arcy) y añade otros nuevos; el arranque es prácticamente el mismo (salvo el prólogo, que es revisado a trozos a lo largo del metraje, a mi juicio de un modo erróneo y anti-climático), pero luego se lanza por otros derroteros, retomando algunas ideas del guión previo, pero enfocándolas en otra dirección. Y, desde luego, metiendo mucha más caña. Lo único que se conservó en las dos versiones, diríase, fue el protagonismo de Stellan Skarsgård y la fotografía del espléndido Vittorio Storaro, si bien se considera que del film de Schrader queda aquí un diez por ciento, si bien yo no recuerdo haber descubierto imagen alguna, si acaso algún plano general o de localización.

El nuevo guión, como decíamos, aprovecha el planteamiento antiguo, aunque en verdad no le saca provecho. La historia, pese a contar muchas más cosas, aporta menos: gran parte de las escenas son meros recursos pirotécnicos para aparentar que sucede algo, pero en realidad nada se desarrolla durante esos minutos: no sabemos más de los personajes, de sus motivaciones, ni siquiera de lo que realmente está pasando. Harlin se limita a fotografiar todo de un modo espléndido y, de forma ocasional, ofrecer un ruido impactante para asustar al espectador y recordarle que está viendo una de miedo. En todo caso, su técnica elemental de nada sirve, pues no hay atmósfera, no hay angustia, no hay congoja, teóricos intentos del producto. Lcomienzo5a narración se desenvuelve de un modo laxo e inconexo, y no hay nada que cautive. Sólo cabe resaltar un elemento añadido, a mi juicio, interesante, como es el del cementerio que hay cerca del yacimiento, y al que Merrin acudirá en ocasiones, dudoso de su auténtico significado. Creo que ese es el único aporte de cierta valía que suministra esta película por completo prescindible.

Tras el lanzamiento del film de Harlin, se estrenó el de Schrader (en España apareció directamente en dvd) como Dominion: Prequel to the Exorcist [dvd: El exorcista: El comienzo - La versión prohibida, 2005]. Según unos comentaristas, debido al fracaso de la película del director finlandés, según otros, para aprovechar el gasto realizado y también el morbo de los cinéfilos. Sea como fuera, pasaron a Schrader 35.000 dólares, con los cuales perfiló los últimos retoques de su film, y al fin el público la pudo contemplar, pese a lo cual no fue ni mucho menos un éxito, aunque la crítica la apreció más que la anterior (que en realidad es posterior).

Dada la carencia de imaginación del sector cinematográfico norteamericano actual, no sería de extrañar que en escaso tiempo se nos anunciara un remake del clásico de Friedkin, protagonizado por Nicole Kidman como madre abnegada, alguna mocosilla del Canal Disney como Regan y George Clooney como padre Karras. Tiempo al tiempo.



Poseído


Ya se comentó al inicio que todo surgió a partir de un suceso hipotéticamente real en el que se inspiró William Peter Blatty para componer su exitoso libro. Pues bien, por último, no podía ser menos que, antes o después, ese suceso fuera también fuente de inspiración para una película, en concreto un telefilm, dirigido por Steven E. de Souza con destino al canal Showtime, basándose en un libro escrito al efecto por Thomas B. Allen, autor también de ensayos históricos y novelas de misterio. Se supone que para escribir su libro Allen contactó con el único de los supervivientes actuales del exorcismo, el padre Walter Halloran, y también tuvo acceso a una copia del diario del padre William S. Bowdern. La obra de Allen recibió críticas por parte de Mark Opsasnick, que refiere que los acontecimientos no tuvieron lugar en Mount Rainier, Maryland, sino en Cottage City, Maryland, y pone en entredicho algunas otras aseveraciones del texto. En las entrevistas posteriores al libro a las que ha asistido Allen éste muestra una postura neutral, dejando que los testigos y los hechos hablen por él.

possessedcartel2Según se dice, la película sigue con fidelidad lo que narra el libro, salvo algunos leves cambios con soluciones más cinematográficas. En todo caso, los sucesos acontecieron según se supone en 1949, y el telefilm parece transcurrir más adelante, en la década de los cincuenta, debido a ciertos elementos que aparecen, como ciertas películas que se citan; en otro momento determinado, y al poco de iniciado el film, se refiere la boda de John Fitzgerald Kennedy con Jacqueline Lee Bouvier, lo que situaría la acción en torno al 12 de septiembre de 1953, fecha de los esponsales.

La acción arranca durante la Segunda guerra mundial, en un campo de batalla que semeja el infierno, con un perro royendo un hueso que muy bien pudiera ser humano y los soldados alemanes rematando a los heridos sin compasión. En ese contexto, un sacerdote, el padre Willam Bowden, es requerido desde su escondite por un soldado agonizante, que le pide la extremaunción, a lo cual el cura le responde que se calle, que les van a descubrir; al fin, ante los constantes ruegos del herido, se le aproxima para concederle lo que pide, pero ya es demasiado tarde: el hombre ha muerto, y al mismo tiempo que lo descubre es herido en un costado por la bayoneta de un alemán. Todo ello le provoca una enorme crisis, con asistencia a psicólogos, para al final caer de forma reincidente en la bebida, culpabilizándose de la muerte sin el perdón divino del soldado.

Pasamos a Estados Unidos, unos años después. Un joven muchacho de trece años vive presionado por sus padres, que le cohíben toda forma de evasión, así los cómics o los muñecos, considerándolos perniciosos. El único hálito de libertad que percibe es el de su tía, una mujer algo chiflada que le inicia en los secretos de la ouija, pero la mujer morirá al poco. Paulatinamente, el chico comenzará a experimentar extraños fenómenos a su alrededor, y los padres decidirán acudir a un sacerdote. En ese contexto, ambos personajes confluirán.

possessed4El guión es debido al propio De Souza junto a Michael Lazarou, un guionista y productor de breve carrera, que también es novelista. De Souza, por su parte, es un activo y muy conocido guionista de películas fantásticas y de acción. Debutó precisamente con una comedia escrita y dirigida por él, Arnold's Wrecking Co. (1973), para a continuación pasar a televisión, donde escribió guiones para series fantásticas, teniendo su primer gran éxito con la muy simpática Límite: 48 horas (48 Hrs., 1982), de Walter Hill, tras lo cual pasó a escribir para todos los grandes actores del género de acción, Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis, Sylvester Stallone... Como director, tras la referida se ocupó del telefilme Robot Monster: Special Edition (1982), seguido de un episodio de la serie Cuentos de la cripta (Tales from the Crypt) en 1991, el filme de acción Street Fighter, la última batalla (Street Fighter, 1994), lo que nos ocupa, más la media docena de capítulos que duró de la serie por él creada Unknown Sender (2008).

Aquí, en su faceta de co-guionista, desarrolla una historia algo indecisa, que no termina por encontrar su rumbo entre realizar un film de terror o la típica narración "basada en hechos reales". En todo caso, lo fascinante de la premisa y la excelente interpretación de Timothy Dalton hacen que el resultado se siga con atención.



Fichas técnicas

El exorcista (The Exorcist) / Dirección: William Friedkin. Productor: William Peter Blatty para Hoya Productions, Warner Bros. Pictures. Guión: William Peter Blatty, según su novela homónima. Fotografía: Owen Roizman. Música: Krzysztof Penderecki, Hans Werner Henze, George Crumb, Anton Webern, Harry Bee, Mike Oldfield, David Borden, Dickey Betts, Jack Nitzsche (música adicional), Steve Boeddeker (remontaje del 2000). Montaje: Norman Gay, Evan A. Lottman. Efectos especiales: Dick Smith, Rick Baker (efectos de maquillaje). Intérpretes: Ellen Burstyn (Chris MacNeil), Max von Sydow (padre Merrin), Lee J. Cobb (teniente Kinderman), Kitty Winn (Sharon), Jack MacGowran (Burke Dennings), Jason Miller (padre Karras), Linda Blair (Regan), William O'Malley (padre Dyer), Barton Heyman (Dr. Klein), Peter Masterson (Dr. Barringer), Rudolf Schündler (Karl), Gina Petrushka (Willi), Mercedes McCambridge (voz del demonio), Robert Symonds, Arthur Storch, Thomas Bermingham, Vasiliki Maliaros, Titos Vandis, Wallace Rooney, Ron Faber, Donna Mitchell, Roy Cooper, Robert Gerringer... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1973. Duración y datos técnicos: 122 min./132 min. (director's cut) color 1.85:1.

Exorcista II: el hereje
(Exorcist II: The Heretic) / Dirección: John Boorman. Productores: John Boorman, Richard Lederer para Warner Bros. Pictures. Guión: William Goodhart, [John Boorman, Rospo Pallenberg], según los personajes de William Peter Blatty. Fotografía: William A. Fraker. Música: Ennio Morricone. Montaje: Tom Priestley. Efectos especiales: Dick Smith (efectos de maquillaje), Albert Whitlock (efectos visuales). Intérpretes: Linda Blair (Regan MacNeil), Richard Burton (padre Philip Lamont), Louise Fletcher (Dr. Gene Tuskin), Max von Sydow (padre Merrin), Kitty Winn (Sharon Spencer), Paul Henreid (el cardenal),  James Earl Jones (Kokumo adulto), Ned Beatty (Edwards), Belinda Beatty (Liz), Rose Portillo, Barbara Cason, Tiffany Kinney, Joey Green, Fiseha Dimetros, Ken Renard, Hank Garrett, Lorry Goldman, Bill Grant, Shane Butterworth, Karen Knapp... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1977. Duración y datos técnicos: 118 min. color 1.85:1.

El exorcista III
(The Exorcist III) / Dirección: William Peter Blatty. Productor: Carter DeHaven para Morgan Creek Productions. Guión: William Peter Blatty, según su novella Legión. Fotografía: Gerry Fisher. Música: Barry De Vorzon. Montaje: Peter Lee-Thompson, Todd C. Ramsay, Thom Noble. Efectos especiales: Greg Cannom (efectos de maquillaje). Intérpretes: George C. Scott (Kinderman), Ed Flanders (padre Dyer), Brad Dourif (el asesino Géminis), Jason Miller (Paciente X), Nicol Williamson (padre Morning), Scott Wilson (Dr. Temple), Nancy Fish (enfermera Allerton), George DiCenzo (Stedman), Don Gordon (Ryan), Lee Richardson (Presidente de la Universidad), Grand L. Bush (sargento Atkins), Mary Jackson (Mrs. Clelia), Viveca Lindfors (enfermera X), Ken Lerner (Dr. Freedman), Tracy Thorne (enfermera Keating), Barbara Baxley, Zohra Lampert, Harry Carey Jr., Sherrie Wills, Edward Lynch, Clifford David, Alex Zuckerman, Lois Foraker, Tyra Ferrell, James Burgess, Kevin Corrigan, Peggy Alston, Samuel L. Jackson, Fabio... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1990. Duración y datos técnicos: 110 min. color 1.85:1.

Dominion: Prequel to the Exorcist
[dvd: El exorcista: El comienzo - La versión prohibida] / Dirección: Paul Schrader. Productor: James G. Robinson para Morgan Creek Productions, Warner Bros. Pictures. Guión: William Wisher Jr., Caleb Carr, según los personajes de William Peter Blatty. Fotografía: Vittorio Storaro. Música: Angelo Badalamenti, Dog Fashion Disco, Trevor Rabin. Montaje: Tim Silano, William Yeh. Efectos especiales: Gregory Nicotero (efectos de maquillaje), Eden FX, K.N.B. Effects Group, Proxima. Intérpretes: Stellan Skarsgård (padre Lankester Merrin), Gabriel Mann (padre Francis), Clara Bellar (Rachel Lesno), Billy Crawford (Cheche), Ralph Brown (sargento mayor), Israel Aduramo (Jomo), Andrew French (Chuma), Antonie Kamerling (Kessel), Julian Wadham (comandante Granville), Eddie Osei (Emekwi), Ilario Bisi-Pedro (Sebituana), Niall Refoy, Lorenzo Camporese, Burt Caesar, Marcello Santoni, Griet van Damme, Simon McLinden, Pet Chege, Hamadi Mwapachu, Evelyn Duah, Rick Warden, Michele Mariotti, Ben Meyjes... Nacionalidad y año: Estados Unidos 2005. Duración y datos técnicos: 117 min. color 2.00:1.

El exorcista: El comienzo
(Exorcist: The Beginning) / Dirección: Renny Harlin. Productor: James G. Robinson para Morgan Creek Productions, Dominion Productions, Warner Bros. Pictures. Guión: Alexi Hawley, según argumento de William Wisher Jr. y Caleb Carr, basado en los personajes de William Peter Blatty. Fotografía: Vittorio Storaro. Música: Trevor Rabin. Montaje: Mark Goldblatt, Todd E. Miller. Efectos especiales: Gary J. Tunnicliffe (efectos de maquillaje). Intérpretes: Stellan Skarsgård (padre Merrin), Izabella Scorupco (Sarah), James D'Arcy (padre Francis), Remy Sweeney (Joseph), Julian Wadham (comandante Granville), Andrew French (Chuma), Ralph Brown (sargento mayor), Ben Cross (Semelier), David Bradley (padre Gionetti), Alan Ford (Jefferies), Antonie Kamerling (teniente Kessel), Eddie Osei (Emekwi), Israel Aduramo (Jomo), Patrick O'Kane, James Bellamy, Cecilia Amati, Matti Ristinen, Lidia Darly, James Paparella, Silvio Jimenez Hernandez, Yemi Goodman Ajibade, Michel LeRoy, John Sesay, Sayoh Lahai, Alessandro Casula... Nacionalidad y año: Estados Unidos 2004. Duración y datos técnicos: 114 min. color 2.00:1.

Poseído
(Possessed) / Dirección: Steven E. de Souza. Productora ejecutiva: Barbara Title para Flashpoint, MainTitle Pictures, Prosperity Pictures, Showtime Networks. Guión: Steven E. de Souza, Michael Lazarou, según el libro Possessed: The True Story of an Exorcism de Thomas B. Allen. Fotografía: Edward J. Pei. Música: John Frizzell. Montaje: Anthony Redman. Efectos especiales: Morten Jacobsen, Louise Mackintosh (efectos de maquillaje). Intérpretes: Timothy Dalton (padre Willam Bowden), Henry Czerny (padre Raymond McBride), Jonathan Malen (Robbie Mannheim), Michael Rhoades (Karl Mannheim), Shannon Lawson (Phyllis Mannheim), Christopher Plummer (arzobispo Hume), Michael McLachlan (Halloran), Richard Waugh (reverendo Eckhardt), Deborah Drakeford (Mrs. Eckhardt), Piper Laurie (tía Hanna), Brad Borbridge (soldado alemán), Robert Tinkler (soldado norteamericano), Scott Wickware, Jefferson Mappin, Nicholas Pasco, Sally Cahill, Galen Dineen, Jamie Kerr, Jean Daigle, Darlene Cooke, Joan Heney, Paul A. MacFarlane, Chuck Campbell, Boyd Banks, Christopher Crumb, David Talbot, Dan MacDonald, Katherine Bates, Theresa Kelman-Holierhoek... Nacionalidad y año: Estados Unidos 2000. Duración y datos técnicos: 107 min. color 1.33:1.



Bibliografía

ALLEN, Thomas B.: Posesión: historia real de un exorcismo; traducción de Carme Camps. Barcelona: Grijalbo, 1994. Colección: Crónicas del mal; nº 2.

BLATTY, William Peter: El exorcista; traducción de  Raquel Albornoz. Barcelona: Zeta Bolsillo, 2009. Colección: Zeta negra; nº 38.

BLATTY, William Peter: Legión; traducción de Pedro Albertelli. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa Calpe, 2003. Colección: Línea de sombra.


Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)