El pasado 15 de diciembre, L’Atelier 13, distribuido por Absolute Distribution, siguió ofreciendo clásicos del cine de ciencia ficción de los años 50. Como es habitual ya en pasadizo, nos hacemos eco, con un poquitín de retraso, de las tres películas aparecidas ofreciendo un comentario sobre las mismas.
La 050: Attack of the 50 Ft. Woman [dvd: El ataque de la mujer de 50 pies]
Un objeto totalmente esférico aterriza en una carretera comarcal californiana, asustando a una mujer que circula con su coche; del objeto sale una mano gigantesca, y la mujer sale corriendo gritando el nombre de su marido. Mientras, éste se halla en un bar con una amante, planeando la muerte de aquélla.
Nathan Juran nació como Naftuli Hertz Juran el 1 de septiembre de 1907 en Gurahumora, Bukovina, dentro del imperio austro-húngaro, en lo que hoy día es conocido como Gura Humorului en Rumanía, y falleció el 23 de octubre de 2002 en el estado de Palos Verdes en California, Estados Unidos. Arquitecto profesional, se traslada a Norteamérica y allí debuta en el cine como director artístico con la comedia La tía de Carlos (Charley’s Aunt, 1941), de Archie Mayo, y estará realizando esa tarea hasta 1952, con el western Untamed Frontier, de Hugo Fregonese; en ese cometido conseguirá un Oscar por su labor en la magistral Qué verde era mi valle (How Green Was My Valley, 1942), de John Ford, y otra nominación por la espléndida El filo de la navaja (The Razor’s Edge, 1946), de Edmund Goulding.
En 1952 se pasa a la dirección con The Black Castle, rareza que combina el cine de aventuras con el terror, y durante gran parte de su carrera de dedica a dirigir efectivos westerns de serie B y cintas de aventuras. La espada de Damasco (The Golden Blade, 1953) tiene unos leves toques fantásticos, pero su primera película del género estrictamente hablando es The Deadly Mantis (1957), haciéndose pronto un nombre en la materia, en especial en sus colaboraciones con Ray Harryhausen. Con el apelativo de Nathan Herz firma dos cintas, la presente y la previa The Brain from Planet Arous (1957).
Attack of the 50 Foot Woman (1958) es una cinta de culto, no tanto por sus valores artísticos, que son nulos, sino por su extravagancia. Su guionista es Mark Hanna, habitual colaborador de Roger Corman y responsable del libreto de otro film sobre gigantismo, el efectivo The Amazing Colossal Man [tv: El asombroso hombre creciente, 1957], de Bert I. Gordon. Consciente quizás de lo paupérrimo del presupuesto y que no se pueden ofrecer unos efectos especiales mínimamente creíbles (de forma harto significativa, estos no quedan acreditados en el film), Hanna escribe una historia central melodramática centrada en la frustración del adulterio, y la trama de gigantismo es casi un elemento secundario. Quizás por lo risible e ingenuo del guión, con el marido cometiendo adulterio a la vista de todo el pueblo, o la policía destruyendo pruebas, pisoteando de cualquier forma las huellas del extraterrestre gigante, la película ha gozado de esa condición de culto, dado su desarrollo que, de forma involuntaria, interna la cinta en los terrenos casi del surrealismo. Hilando fino, se diría que la película es en realidad una metáfora freudiana sobre los efectos que produce en una mujer enamorada la infidelidad del marido; la mujer se “crecerá” metafóricamente y buscará imponerse sobre el hombre, habiendo estado con anterioridad apocada ante él. Dejando a un lado esto, cabe resaltar que en los momentos finales Hanna recupera para la presente las ideas que ya había desarrollado en la citada The Amazing Colossal Man, con el ser gigante enfrentado a los tendidos de la red eléctrica.
Hablamos de la mediocridad de los efectos especiales. Cierto es; estos consisten en sobreimpresiones que se transparentan, unos pocos planos con maquetas, y una gigantesca mano de papier maché pésimamente realizada. Nathan Juran hace lo que puede con todo el conjunto, que es poco, y el resultado es uno de los peores clásicos del género en esa década prodigiosa, que sólo puede verse con indulgencia. Al menos, le cabe el mérito de que su remake es todavía peor.
Dirección: Nathan Hertz [Nathan Juran]. Productor: Bernard Woolner para Woolner Brothers Pictures Inc., Allied Artist. Productor ejecutivo: Jacques R. Marquette. Guión: Mark Hanna. Fotografía: Jacques R. Marquette. Música: Ronald Stein. Montaje: Edward Mann. Efectos especiales: . Intérpretes: Allison Hayes (Nancy Fowler Archer), William Hudson (Harry Archer), Yvette Vickers (Honey Parker), George Douglas (sheriff Dubbitt), Roy Gordon (Dr. Isaac Cushing), Frank Chase (Charlie), Otto Waldis (Dr. Heinrich Von Loeb), Ken Terrell, Eileen Stevens, Michael Ross, Thomas E. Jackson, Dale Tate... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1958. Duración y datos técnicos: 66 min. B/N. 1.85:1.
La 051: World Without End [dvd: Mundo sin fin]
Durante un vuelo a Marte un cohete es interceptado por una extraña corriente espacial que lo acelera de un modo inaudito, yendo a parar a un planeta desconocido. Los tripulantes comienzan a explorar el lugar, y pronto descubren que se trata de la propia Tierra, y en un futuro lejano a la época en que la abandonaron, y que está habitada por monstruos y mutantes.
Edward Bernds fue un realizador todoterreno que tocó muchos géneros, en especial la comedia, dirigiendo muchos cortos de Los Tres Chiflados, y que en la última etapa de su carrera comenzó a interesarse por la ciencia ficción, con títulos como The Bowery Boys Meet the Monsters (1954), World Without End (1956), Space Master X-7 (1958), Queen of Outer Space (1958), El regreso de la mosca (Return of the Fly, 1959), Valley of the Dragons (1961), The Three Stooges Meet Hercules (1962) y The Three Stooges in Orbit (1962). Siendo estrictos, podríamos considerar World Without End la primera de este ciclo, donde nuestro hombre impone su impronta en el género escribiendo y dirigiendo la historia, que responde al arquetipo temático imperante, sea en cintas donde una expedición va a parar a otro planeta, o al futuro del nuestro.
Así, aquí tenemos una primera parte donde nuestros intrépidos tripulantes llegan a un lugar desconocido y comienzan la exploración, topándose con extraños peligros, en este caso concreto una cueva habitada por arañas gigantes del tamaño de un pastor alemán (un pésimo muñeco de goma, muy colorido, que brinca sobre uno de los astronautas, y el mismo muñeco asomando por una abertura en la roca) así como cavernícolas mutantes con un solo ojo. En la segunda parte, siguiendo la norma, los tripulantes al fin establecen contacto con los habitantes civilizados de ese mundo, en este caso los terrestres no mutados que se situaron en una ciudad subterránea huyendo de las radiaciones. Y, como es habitual en este tipo de películas, esa nueva sociedad parece ser acogedora, pero pronto se descubre un elemento desestabilizador, o mejor dicho, desestabilizado por la presencia de los visitantes, y que pondrá en apuros a los protagonistas.
Hasta aquí, la fórmula convencional exhibida por Bernds. Lo curioso del caso es que, si se observa con detalle, el arranque de la cinta recuerda un tanto al de una futura joya del género como es El planeta de los simios (The Planet of the Apes, 1968), de Franklin J. Schaffner, para, después, con la aparición de los humanos viviendo bajo la superficie, remitir a la segunda entrega de la referida saga, Regreso al planeta de los simios (Beneath the Planet of the Apes, 1970), de Ted Post. También cabe destacar la dinámica que se establece en esa segunda parte, en la que unos viajeros de un remoto pasado, casi medio siglo atrás, llegan a una sociedad ya establecida y de inmediato se dedican a poner en tela de juicio lo pertinente de esa sociedad e intentar variarla a su antojo, imponiéndose por medio de sus actitudes machistas y la fuerza bruta. Los hombres desconfían, en especial uno, que resulta ser celoso y asesino, pero las mujeres, por supuesto, caen rendidas ante la enorme virilidad de los machos primitivos.
Aunado a ese risible esquematismo ideológico, tenemos en la superficie a los mutantes, trogloditas con un solo ojo que también están viendo cómo sus generaciones están cambiando: si los que viven bajo la superficie comprueban cómo sus genes están perdiendo efectividad, extinguiéndose lánguidamente, los que viven sobre esta se aperciben cómo sus deformaciones están desapareciendo, naciendo bastantes niños completamente sanos. Deena, una ex-primitiva y guapa que vive acogida por la civilización del subsuelo, informará que entre los mutantes “sólo atacan los más feos”, estando los guapos encerrados en cuevas. A todo ello, nuestros aguerridos explorados saldrán a exterminar trogloditas mutantes a golpes de bazuca, exterminándolos sin un ápice de compasión.
Dejando a un lado la burda ideología que exhibe todo, si se logra entrar en el juego el film nos depara una notoria diversión: está narrada sin talento pero con energía, dispone de un plantel actoral superior a la norma (atención a un ya descollante Rod Taylor) y, sobre todo, exhibe una muy grata iconografía, acorde con las portadas de las publicaciones pulp de la temática, y ensalzada por la espléndida fotografía en color y Cinemascope, en especial con esos pasillos interminables cruzados por pórticos de forma irregular y los modelitos que exhiben las bellezas del futuro. En entretenimiento menor pero honesto, que no promete más de lo que consagra.
Dirección: Edward Bernds. Productor: Richard V. Heermance para Allied Artists Pictures. Guión: Edward Bernds. Fotografía: Ellsworth Fredericks. Música: Leith Stevens. Montaje: Eda Warren. Efectos especiales: Emile Lavigne (maquillaje de las criaturas), Irving Block, Jack Rabin, Milt Rice. Intérpretes: Hugh Marlowe (John Borden), Nancy Gates (Garnet), Nelson Leigh (Dr. Eldon Galbraithe), Rod Taylor (Herbert Ellis), Shawn Smith [Shirley Patterson] (Elaine), Lisa Montell (Deena), Christopher Dark (Henry 'Hank' Jaffe), Booth Colman (Mories), Everett Glass (Timmek), Stanley Fraser (Elda), David Alpert, John Bleifer, Paul Brinegar, John Close, Walter Conrad, Hugh Corcoran, Bill Forman, Michael Garth, Mimi Gibson, Strother Martin... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1956. Duración y datos técnicos: 80 min. color 2.35:1.
La 052: Phantom from Space [dvd: El fantasma del espacio]
Un objeto volante no identificado es detectado en Alaska y seguido por los radares rumbo sur, hasta estrellarse en el valle de San Fernando. Pronto, por la zona comienzan a surgir informes de la aparición de un misterioso individuo, disfrazado como un submarinista o algo parecido, y que ataca a las personas...
Hermano del gran Billy Wilder, W. Lee Wilder (1904-1982) desarrolló una carrera más bien gris, comenzando como productor con la interesante The Great Flamarion [tv/dvd: El gran Flamarion, 1945], de Anthony Mann, y pasando rápidamente a la faceta de director (y productor de sus propios filmes) con el policial The Glass Alibi (1946). Su adscripción a la ciencia ficción provendría precisamente con la presente, a la que seguiría la muy similar Killers from Space (1954), y The Snow Creature (1954), la primera película de la historia en presentar en su trama a un yeti, a las cuales cabe añadir Manfish (1956), una fusión de los relatos de Edgar Allan Poe “El escarabajo de oro” y “El corazón delator”, Fright (1956), sobre reencarnaciones, la mezcla de ci-fi y horror The Man Without a Body (1957), co-dirigida con Charles Saunders, sobre la cabeza de Nostradamus, El asesino de mujeres (Bluebeard’s Ten Honeymoons, 1960), su film quizás más ambicioso, protagonizado por George Sanders en el papel de Landrú, y la postrera The Omegans (1968), que aúna adulterio, jungla y radiactividad.
Amén de un amplio ciclo de dieciséis cortos musicales, el género que más tocó fue el thriller, y la presente película podría adscribirse a esa tónica, salvo que en esta ocasión el asesino a descubrir, en lugar de ser un criminal cualquiera es un extraterrestre que, cuando se despoja de su traje espacial se vuelve invisible. El guión es obra (en unión a William Raynor, ocasional socio suyo en esas labores) de Myles Wilder, su joven hijo, que debutaba en la labor precisamente con la presente, y tras trabajar con papá en casi todos los títulos citados se refugiaría en televisión, donde escribiría para series como Bonanza, Caravana, Barco a la vista, Superagente 86, Disneylandia, El show de Doris Day, La tribu de los Brady, La familia Addams/Los locos Addams y El sheriff chiflado, con la que abandonó el medio.
Phantom from Space (1953) es una ultra-barata producción perpetrada con el fin de arrimarse al éxito del género en la época, con un planteamiento argumental propio de un relatito de segunda que podría publicarse en cualquier revista especializada del momento, bastante ingenuo pero que resulta entretenido en su sencillez y falta de pretensiones, en el cual destaca una primera parte moderadamente efectiva siguiendo los moldes del thriller, como se dijo, para ofrecer luego una segunda parte de carácter digamos claustrofóbico, pese a que esa sensación no se logra aportar en absoluto, protagonizada por un reparto coral, donde el supuesto idilio que se veía venir desaparece (la muchacha protagonista parece felizmente casada con un individuo que semeja un Clark Kent anémico, aunque en ningún momento se les ve en actitud cariñosa), y en la que el alienígena adopta una apariencia bastante curiosa, desde su primer estadio, con un traje espacial de muy simpático diseño, pasando por el segundo estadio de invisibilidad, para terminar en un tercer estadio, cuando se esfuma la capacidad invisible y se le vislumbra en su apariencia, un cuerpo desnudo sin un ápice de pilosidad, con la cabeza provista de un casquito que pretende mostrarle calvo, orejas que son un mero orificio, y un slip color carne que, se supone, pretende hacerle pasar por desnudo (en los planos medios el slip se vislumbra más oscuro). Incluso la muerte final de la criatura es bastante singular, semejando más bien un vampiro que un ser venido de otros mundos.
Aceptando, pues, sus muchas limitaciones, es un serie C simpático e intrascendente, que tan fácil como se ve se olvida.
Dirección: W. Lee Wilder. Productor: W. Lee Wilder para Planet Filmplays, United Artists. Guión: William Raynor, Myles Wilder, según argumento de M. Wilder. Fotografía: William H. Clothier. Música: William Lava. Montaje: George Gale. Efectos especiales: Howard A. Anderson (efectos fotográficos), Alex Weldon. Intérpretes: Ted Cooper (Hazen), Tom Daly (Charlie), Steve Acton (operador), Burt Wenland (Joe), Lela Nelson (Betty Evans), Harry Landers (teniente Bowers), Bert Arnold (Darrow), Sandy Sanders, Harry Strang, Jim Bannon, Jack Daly, Michael Mark, Rudolph Anders, James Seay, Noreen Nash, Steven Clark, Dick Sands... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1953. Duración y datos técnicos: 73 min. B/N 1.37:1.
Las películas en dvd
Variando con respecto a las primeras entregas, las ediciones de las tres películas se presentan ahora, y al igual que en la previa entrega, no en un digipack, como era norma hasta hace poco, sino que se presenta en un amaray convencional, que a partir de ahora será norma en la colección, por motivos económicos; en todo caso, sigue presentando una portada que reproduce la carátula original de la película, otorgándole el aspecto tan pulp que una obra de estas características precisa. Después, en el interior, tenemos todavía un folleto dedicado a hablar sobre el filme en cuestión, con textos interesantes y nada superfluos. Añadamos también que todas las películas se ofrecen en su idioma original, con subtítulos en castellano y francés, y se añaden como extras filmografías de director y actores.
Attack of the 50 Foot Woman se brinda en formato anamórfico 1.85:1, con una buena calidad de imagen, que resalta el atractivo blanco y negro con el cual fue rodado, y con un sonido correcto y adecuado. Como extra tenemos un episodio de la serie One Step Beyond titulado “The Aerialist” (1959).
World Without End se ofrece en su formato panorámico original, con mejora anamórfica, y la copia no puede sino considerarse como excelente, con una perfecta gradación cromática y perfecto contraste, y el audio se percibe con total nitidez. Como extra se ofrece un episodio de la serie Tales of Tomorrow titulado “Ahead of his Time” (1952).
Phantom from Space está editada en su formato original 1.33:1, respetando su imagen en blanco y negro (existe una edición coloreada), y para ser una película tan pobretona la verdad es que la calidad de imagen es bastante más que aceptable, percibiéndose cierta falta de definición en muy escasos momentos, y evidentemente propio de la propia película en sí. Le acompaña un nuevo capítulo de Tales of Tomorrow titulado “Plague from Space” (1952).
Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)
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