Novedades Suevia para marzo en dvd

Para el mes de marzo Suevia ha realizado un nuevo lanzamiento, del cual hemos realizado una selección para comentarlo en estas páginas, eligiendo una gran variedad de géneros entre todos ellos, así una de terror, un western, un thriller, una de aventuras y un melodrama.

 

 

 

Cumpleaños sangriento (Bloody Birthday)

Durante un eclipse total que bloquea Saturno nacen tres niños que por ese hecho astrológico quedarán marcados. Diez años después ya dejan traslucir un instinto asesino que está anidado en su interior.

La presente película tuvo lugar en la edad dorada del cine de género, con gran profusión de estrenos directos en vídeo, aunque esta tuvo el honor de ser estrenada en cines, la única de su director en España, el norteamericano Ed Hunt, un gran entusiasta de la materia, aunque debutase con baratas producciones eróticas. Su film más valorado es Plague [vd: Plaga, 1978], galardonado en el Festival de Sitges con el premio de la crítica internacional, así como al guión, escrito por él mismo junto a Barry Pearson. Tras un documental sobre avistamientos ufológicos, UFO’s Are Real (1979), realizó la presente, también co-escrita con Pearson, y centrada en la temática de los niños asesinos. En este caso, la maldad proviene de un eclipse que mantiene bloqueado a Saturno, el planeta que rige las emociones (o al menos eso es lo que explica la muchacha protagonista, gran aficionada al tema), motivo por el cual esos tres retoños nacidos precisamente en ese momento carecen de empatía emocional con sus víctimas, y se dedican a matar sencillamente por el placer de hacerlo.

La lástima es que la película no funciona en ningún sentido, y exhibe un pésimo guión plagado de tiempos muertos y personajes sin el más mínimo desarrollo. De ahí que los niños seguramente carezcan de criterio alguno para matar, y tan pronto se entretienen en satisfacer cuentas con las clásicas parejitas que se están magreando, para mantener el tópico genérico de costumbre, como que se cargan a los familiares más inmediatos. “Se lo estaba buscando”, refiere la niña con respecto a su hermana mayor, tras matarla clavándole una flecha en un ojo.

Amén de esto, el film carece de intensidad, y las escenas de crímenes se presencian con total desidia, pespunteadas además por la escasa imaginación tanto de la puesta en escena de esas situaciones como de las armas empleadas por los críos asesinos, entre las que destaca un revólver común, robado a un sheriff llamado Brody, como el de Tiburón (Jaws, 1975), en un curioso e inane homenaje a Steven Spielberg (incluso en algunas escenas la música parece emular la de John Williams en este título).

Lo único destacable es la interpretación de los tres niños asesinos, en particular el morenito con las gafas, el personaje de Curtis Taylor, encarnado por Billy Jacoby, que después se cambiaría el nombre a Billy Jayne, volcado hoy día sobre todo en televisión, donde ha interpretado un papel semi-recurrente en Parker Lewis nunca pierde (Parker Lewis Cant’s Lose; 1990-1993). Refrendan el reparto dos viejas glorias como son Susan Strasberg y José Ferrer en cometidos testimoniales. En cuanto a Hunt, tras esta dirigió dos películas más, Alien Warrior (1985) y The Brain [vd: El cerebro, 1988], sin que después de esta se haya vuelto a saber de él. Lo cual, imagino, no supondrá el más mínimo disgusto para ningún cinéfilo que se precie.

Dirección: Ed Hunt. Productor: Gerald T. Olson para Judica Productions. Productores ejecutivos: Daniel H. Blatt, Max Rosenberg. Guión: Ed Hunt, Barry Pearson. Fotografía: Stephen L. Posey. Música: Arlon Ober. Montaje: Ann E. Mills. Efectos especiales: Roger George. Intérpretes: Susan Strasberg (Miss Viola Davis), José Ferrer (Doctor), Lori Lethin (Joyce Russel), Melinda Cordell (Mrs. Brody), Julie Brown (Beverly Brody), Joe Penny (Mr. Harding), Bert Kramer (sherriff James Brody), K. C. Martel (Timmy Russel), Elizabeth Hoy (Debbie Brody), Billy Jacoby [Billy Jayne] (Curtis Taylor), Andy Freeman (Steven Seton), Ben Marley, Erica Hope, Ellen Geer, Daniel Currie, William Boyett, Shane Butterworth, Ward Costello, Michael Dudikoff, Cyril O'Reilly, Georgie Paul, Norman Rice, Ruth Silveira... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1981. Duración y datos técnicos: 85 min. color 1.85:1.

La mujer más guapa del mundo (La donna più bella del mondo / La belle des belles)

Lina Cavalieri ha de salir a actuar de improviso al teatrucho donde canta su madre adoptiva, que se ha puesto enferma, y logra triunfar entre un público inculto, y también frente a un príncipe ruso, que ha decidido pasar por ahí. Su madre muere, y ella decide tomar lecciones de canto, hasta que su maestro, que se ha enamorado de ella, le propone viajar a París en busca del gran éxito.

Durante los años cincuenta del siglo pasado estuvieron muy de moda en Italia las biopics sobre grandes intérpretes de la lírica del país. También se dio el hecho de que el cine italiano comenzó a importar directores norteamericanos con el fin de otorgar cierto lustre de cara al exterior y, de rebote, exportar esas películas con una apariencia más cosmopolita. Aquí se dan ambos casos. Así, por un lado, tenemos la biografía de Lina Cavalieri, soprano cuya belleza la hizo ser distinguida como “la mujer más guapa del mundo”, calificativo usado para titular la presente película, que en verdad fantasea bastante sobre ella. Por otro lado, tenemos como realizador a Robert Z. Leonard (quien, al parecer, recibió más que ayuda por parte del director de segunda unidad, Piero Pierotti), correcto, impersonal y prolífico director norteamericano, durante mucho tiempo vinculado a la MGM, para la cual dirigió destacados títulos como Susan Lennox (Susan Lenox: Her Fall and Rise, 1931), con Greta Garbo y Clark Gable, otro estupendo biopic musical, El gran Ziegfield (The Great Ziegfeld, 1936), con William Powell y Myrna Loy, o el noir Soborno (The Bribe, 1949), con Robert Taylor, Ava Gardner, Charles Laughton y Vincent Price. La presente es su penúltima película, rodada después de la deliciosa cinta de aventuras El ladrón del rey (The King’s Thief, 1955), y antes de rubricar su carrera con la comedia Kelly and Me (1957).

La presente, como se ha dicho, se toma bastantes libertades con la biografía de la artista homenajeada, alterando su infancia, de la que quedó huérfana a los quince años, para entrar después en un convento, cosa que para nada aparece en la película. Sí se casó con un príncipe ruso, pero para nada vivió la casi hitchcockiana aventura con su maestro (encarnado pro el actor norteamericano Robert Alda, como otro ingrediente de cara a la exportación). Así pues, olvidándonos de la hipotética lección de historia que podríamos haber tenido, nos queda una muy agradable película que aúna música, drama, romance, humor y reconstrucción de época. Como es norma en este tipo de cintas, el inicio aporta un tono ligero y refrescante, con momentos directamente de comedia, como es la escena del duelo de Lina contra la Manolita, o la previa pelea a patadas entre ambas; luego, las tornas se van torciendo, para ir volviéndose más trágica, y emocionar al público femenino, hipotético destinatario de este producto en realidad mucho más polivalente.

La película, ante todo posee dos grandes protagonistas sobre los cuales pivota todo el interés. Así, tenemos a Gina Lollobrigida, esplendorosa, bellísima y plena de energía, que otorga una vivaz interpretación a su personaje; un rótulo durante los créditos nos informa de que ella misma es quien ejecuta las canciones, lo cual no puede dejarnos sino atónitos y maravillados. El otro gran protagonista de la cinta es Mario Bava, director de fotografía de la misma, y que ejecuta una labor de un cromatismo absolutamente arrebatador, confiriendo viveza y policromía a las imágenes, tanto brillantes, como es en los excelsos exteriores por los cuales las mujeres se pasean con coloridos vestidos, como sórdidos, así en el bellísimo episodio desarrollado en Rusia. La película no puede aceptar otro calificativo sino “bonita”, pero no en el plano peyorativo, como refiriendo una carencia de cualquier otra virtud, sino que la belleza, en todos los sentidos, prepondera en esta muy agradable cinta, que merece contemplarse con calma y delectación.

En cierto modo, da un poco de lástima contemplar esta película y comprobar el nivel industrial del cine italiano de la época, y cómo paulatinamente fue languideciendo, perdiendo su hegemonía como uno de los más importantes del mundo.

Dirección: Robert Z. Leonard, [Piero Pierotti]. Productor: Maleno Malenotti para G.E.S.I. Cinematografica, Sédif Productions. Guión: Cesare Cavagna, Liana Ferri, Luciano Martino, Mario Monicelli, Piero Pierotti, Franco Solinas, Giovanna Soria, con diálogos de Frank Gervasi, según una historia de Maleno Malenotti. Fotografía: Mario Bava. Música: Renzo Rossellini. Montaje: Eraldo Da Roma. Dirección artística: Alberto Boccianti. Intérpretes: Gina Lollobrigida (Lina Cavalieri), Vittorio Gassman (príncipe Sergei), Robert Alda (maestro Doria), Anne Vernon (Carmela), Tamara Lees (Manolita), Gino Sinimberghi (el tenor Silvani), Nanda Primavera (Olimpia), Enzo Biliotti (Perret), Marco Tulli, Rolf Tasna, Peter Trent, Loris Gizzi, Nico Pepe, Gianni Baghino, Valeria Fabrizi, Nicla Di Bruno, Guido Riccioli, Lamberto Antinori... Nacionalidad y año: Italia, Francia 1955. Duración y datos técnicos: 107 min. color 1.37:1.

Yo, gran cazador [dvd: Desafío a una leyenda] (Eagle’s Wing)

Pike decide buscarse la vida en el Oeste comerciando con los indios, pero al poco de iniciar esa tarea su socio, con más experiencia, es abatido por estos. Solo en el territorio, se hará con un hermoso caballo blanco que está a punto de ser sacrificado en un ritual chamánico, pero le será arrebatado por un indio que va saqueando a todo lo que se cruza en su camino.

El western es uno de los géneros norteamericanos por excelencia, pues se centra en su historia, su cultura y sus costumbres. Sin embargo, otras cinematografías se han sentido atraídas por la lírica de la frontera, y ya en época del cine mudo los alemanes nos darían ejemplos de su visión del western. Famosa es, ante todo, la corriente que se creó en Italia durante los años sesenta, a la cual se sumaron otros países como España o Francia. En cuanto al Reino Unido, el más proclive en principio para llevarlo a efecto, dado que comparte idioma, ciertamente desde muy temprano se interesó por el género, interés que puede rastrearse hasta el mismo 1909, con A Friend In Need, de Lewin Fitzhamon. Sin embargo, pese a cierta cantidad de ejemplos mudos (muchos de los cuales sospecho que hoy están desaparecidos, si no todos), podríamos decir que el arranque sería The Frozen Limits (1939), de Marcel Varnel, con una aproximación humorística. Dejando a un lado la gran cantidad de aportaciones que el cine británico consagró sobre la conquista de Australia, con películas que ofrecen una gran similitud estilística con el western norteamericano, en los cincuenta tendremos nuevas visiones en clave de humor, entre ellas El sheriff y la rubia (The Sheriff of Fractured Jaw, 1958), uno de los films menos satisfactorios del gran Raoul Walsh, o el extraño western católico gay El demonio, la carne y el perdón (The Singer Not the Song, 1961), de Roy Ward Baker. Así pues, dejando a un lado todos estos precedentes, la mayoría limítrofes, podría decirse que el primer western, estrictamente hablando, sería Shalako (Shalako, 1968), dirigido por el norteamericano Edward Dmytryk a partir de una novela de uno de los autores más característicos del género, Louis L’Amour.

Durante la primera mitad de los setenta hay, hasta cierto punto, una eclosión, y en 1979 se nos presenta Yo, gran cazador (Eagle’s Wing), con un reparto encabezado por tres norteamericanos como son Martin Sheen, Sam Waterston y Harvey Keitel, y una francesa, Stéphane Audran, y dirigidos por el extraño Anthony Harvey, realizador inglés proveniente del campo del montaje, y cuya película más celebrada puede que sea el pastiche semi-sherlockiano El detective y la doctora (They Might Be Giants, 1971).

Yo, gran cazador es un western minimalista perjudicado por una música inadecuada (parece más propia de uno de los ejemplares que protagonizó John Wayne en los setenta) y una interpretación fuera de tono por parte de Sam Waterston, por completo increíble como indio que no pronuncia una sola palabra en toda la película. De hecho, hay escasos diálogos a lo largo de la misma, y la mayor parte son declamados en español (ignoro si en los países anglosajones el film se habrá proyectado con esos diálogos subtitulados). El guión es mínimo, y no busca una progresión habitual narrando algo concreto, sino que muestra a una serie de personajes que se van cruzando en sus caminos, y cómo el intento de supervivencia en un lugar inhóspito conduce sus acciones.

La puesta en escena de Harvey, amparada en intencionalidades artísticas, se centra en fotografiar la magnificencia del entorno, en especial en la secuencia en la cual Pike se topa con el caballo blanco, rodado en un espléndido atardecer rojo plagado de truenos en la lejanía. También procura aplicar al conjunto un tono documentalista, mostrando al hombre en la lucha contra el hombre, un tanto en el estilo de la muy superior Las aventuras de Jeremías Johnson (Jeremiah Johnson, 1972), de Sidney Pollack. El resultado se deja ver con cierta curiosidad, máxime para comprobar si al final todo es tan superficial como semeja al inicio, lo cual se confirma. Es uno de esos típicos westerns de la época en la cual el cine buscaba desesperadamente un rumbo utilizando toda clase de registros a base de dar palos de ciego para comprobar si sonaba la flauta por casualidad.

Dirección: Anthony Harvey. Productor: Ben Arbeid para Peter Shaw Productions. Guión: John Briley, según argumento de Michael Syson. Fotografía: Billy Williams. Música: Marc Wilkinson. Montaje: Lesley Walker. Dirección artística: Agustín Ituarte. Intérpretes: Martin Sheen (Pike), Sam Waterston (Toro Blanco), Harvey Keitel (Henry), Stéphane Audran (la viuda), John Castle (el sacerdote), Caroline Langrishe (Judith), Jorge Russek (Gonzalo), Manuel Ojeda (Miguel), Jorge Luke (Cielo Rojo), Pedro Damián (José), Claudio Brook (Sánchez), José Carlos Ruiz, Farnesio de Bernal, Cecilia Camacho, Enrique Lucero, Julio Lucena... Nacionalidad y año: Reino Unido 1979. Duración y datos técnicos: 111 min. color 2.35:1.

Quiero la cabeza de Alfredo García (Bring Me the Head of Alfredo Garcia / Tráiganme la cabeza de Alfredo García)

En una hacienda mexicana, el potentado interroga a la fuerza a su hija sobre quién es el padre del hijo que está esperando. Al fin, ella declara que fue Alfredo García, y el hacendado pide que le traigan su cabeza. Pronto, una serie de cazarrecompensas se mueven de un lado a otro, indagando pistas, y llegan hasta Bennie, que decidirá implicarse en la búsqueda.

Quiero la cabeza de Alfredo García (1974) podría considerarse la última película personal del gran Sam Peckinpah; después de ésta sólo dirigió encargos, en concreto Aristócratas del crimen (The Killer Elite, 1975), La cruz de hierro (Cross of Iron, 1977), Convoy (Convoy, 1978) y Clave Omega (The Osterman Weekend, 1983), amén de trabajar en Blackjack (Jinxed!, 1982), en la que sustituyó a Don Siegel tras sufrir éste un infarto, así como el video Too Late for Goodbyes (2004), de Julian Lennon. Es, también, la única película de toda su carrera en la cual los productores ni lo despidieron, ni manipularon el montaje; podría considerarse, pues, que el resultado es la esencia de Peckinpah, con los errores o virtudes que tuviera.

La película se inicia con un plano diríase elegíaco, un plácido lago lleno de patitos, y una joven reclinada contemplando las aguas. Pero eso sólo es un espejismo, una ilusión de lo que después vendrá. Pese a que hay momentos en que todo parece ir bien a la pareja protagonista (unos estupendos Warren Oates e Isela Vega), como el momento en que hacen camping reclinados en la verde hierba, todo va fraguándose como una bola de nieve, acumulando tragedias, sinsabores, sangre y muerte. Con una estructura de road-movie, que ofrece ecos que remiten a La huida (The Getaway, 1972), de hecho la presente podría proceder igualmente de una novela de Jim Thompson, pues transmite la misma desesperación que sus obras literarias, Quiero la cabeza de Alfredo García es un drama macabro, narrado en clave de thriller y que algunos han querido ver igualmente como un western.

El trailer menciona que en la película habrá veinticinco muertos. No lo sé, no los he contado. La cantidad es lo de menos, sino la calidad. Peckinpah aplica a la narración una progresión matemática, yendo a más de una forma constante, en su impacto de muertes, de violencia convocada por el capricho de un terrateniente al que no le gusta que se hallan follado a su hija.

En medio de todo, Bennie es un desarrapado de la sociedad, un perdedor, que malvive en la frontera de México como puede, y ve la oportunidad de salir de ese pozo de mierda en el que vive y, al fin, construirse un futuro para él y para Elita, una puta mexicana de la cual está enamorado. En el transcurso, se toparán con la muerte incansable, que se va cobrando víctimas por la búsqueda de Alfredo García, un pobre infeliz que murió en un tonto accidente de automóvil. Esa ironía alcanza al mismo final, cuando la cabeza llegue al fin a aquel que ha clamado por ella, el Jefe, un muy adecuado Emilio Fernández, que en ese momento está celebrando orgulloso el bautizo de su nieto, aunque haya pagado porque maten al padre.

Ironía, pues, pero también dolor, desesperanza, frustración. Peckinpah aplica su habitual estilo, con ralentíes en los momentos en que los coches derrapan o las balas alcanzan a sus destinatarios, y con un plantel de personajes que son la esencia pura de su creador. El referido Bennie, o la desesperanzada Elita, o también esa pareja de asesinos desalmados, Sappensly y Quill (elegantes Robert Webber y Gig Young), que muy bien podrían ser pareja (“en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe”). Tal vez, si hubiera que buscarle un defecto a la película, podría ser su música, muy “normal”, muy de Hollywood, y que no refleja el ambiente desarraigado de lo que se cuenta, acaso en un intento de contraponerlo por contrastes, pero yo hubiera preferido una guitarra española, solitaria, melancólica y triste, pespunteando los compases de la tragedia que se va desatando.

Dirección: Sam Peckinpah. Productor: Martin Baum para Estudios Churubusco Azteca S.A., Optimus Films. Productor ejecutivo: Helmut Dantine. Guión: Sam Peckinpah, Gordon T. Dawson, según argumento de S. Peckinpah, Frank Kowalski. Fotografía: Álex Phillips Jr. Música: Jerry Fielding. Montaje: Dennis Dolan, Sergio Ortega, Robbe Roberts. Dirección artística: Agustín Ituarte. Intérpretes: Warren Oates (Bennie), Isela Vega (Elita), Robert Webber (Sappensly), Gig Young (Quill), Helmut Dantine (Max), Emilio Fernández (El Jefe), Kris Kristofferson (Biker), Chano Urueta (Manchot), Donnie Fritts (John), Jorge Russek (Cueto), Chalo González (Chalo), Don Levy, Enrique Lucero, Janine Maldonado, Tamara Garina, Farnesio de Bernal, Ahui Camacho, Mónica Miguel, Paco Phárrez, Manolo, Sharon Peckinpah... Nacionalidad y año: Estados Unidos, México 1974. Duración y datos técnicos: 112 min. color 1.85:1.

Taras Bulba (Taras Bulba)

Taras Bulba lidera a sus cosacos para defender de los turcos las tierras de los polacos. Sin embargo, los suyos seguirán siendo vistos como escoria, y educará a sus dos hijos para despreciar a los polacos. Andrei, el mayor, no obstante conocerá a una muchacha polaca se enamorará de ella.

Nikolai Vasilievich Gogol (1809-1852) fue uno de los grandes autores de la literatura rusa, centrándose en una gran diversidad de temáticas, entre ellas la clásica novela de aventuras, como Taras Bulba (Taras Bul'ba, 1835; edición revisada: 1842), amparado en todo caso con cierto componente romántico nacionalista.

La novela ha sido llevada al cine en varias ocasiones, la primera de ellas en 1924 por parte de Vladimir Strizhevsky y Joseph N. Ermolieff. En 1962 el productor Harold Hecht presenta una nueva versión, con vistas a ser protagonizada por su socio, Burt Lancaster, pero finalmente el cometido de éste es adjudicado a Tony Curtis, un actor diríase en las antípodas físicas del gran actor de abierta sonrisa (si presenciamos la película con Burt Lancaster en mente veremos cómo el diseño del personaje encaja con él, por su tipo de humor y sus acciones acrobáticas). Sin embargo, no era el papel de Taras Bulba el que interpretaba el subvalorado protagonista de El estrangulador de Boston (The Strangler of Boston, 1968) de Richard Fleischer, sino el de uno de sus hijos, Andrei, recayendo el papel del personaje del título en Yul Brynner, especializado ya en papeles exóticos, pero que aquí es el más indicado, por la procedencia rusa del actor y por lo bien que encaja con la energía de su cometido.

Como director se optó por J. Lee Thompson, realizador inglés que paulatinamente se había ido deslizando hacia las superproducciones, logrando un gran éxito con la mítica Los cañones de Navarone (The Guns of Navarone, 1961), para a continuación, con El Cabo del Terror (Cape Fear, 1962), abordar una de sus mejores películas. Estaba, pues, en estado de gracia, diríase, cuando tomó las riendas de este Taras Bulba. Thompson dirige con energía y fluidez, pese a incurrir en ocasiones en deslucidos recursos estilísticos, como es el zoom y la filmación con teleobjetivo, algo que paulatinamente sería siendo cada vez más recurrente en su cine y que acabaría por invalidarlo artística y narrativamente.

Aquí, sin embargo, nos encontramos con una estupenda película de aventuras, que arranca moderadamente fiel a la novela pero que poco a poco se va apartando de esta, en especial eliminando todo lo que se refiere a las luchas religiosas. En todo caso, el film comienza de forma prometedora con unos atractivos títulos de crédito sobre grabados de antiguos cosacos al compás de una espléndida música de Franz Waxman (nominada a los Oscar y los Globos de Oro), sólo enturbiada por un avergonzante tema de amor que semeja propio de una comedia de Blake Edwards de la época. El soberbio reparto termina por otorgar solidez a esta película, sobrio ejemplo de un tipo de cine parece condenado al olvido.

Dirección: J. Lee Thompson. Productor: Harold Hecht para Avala Film, Harold Hecht Productions, United Artists. Guión: Waldo Salt, Karl Tunberg, según la novela de Nikolai Gogol. Fotografía: Joseph MacDonald. Música: Franz Waxman. Montaje: Folmar Blangsted, Gene Milford, William Reynolds, Eda Warren. Dirección artística: Edward Carrere. Intérpretes: Tony Curtis (Andrei Bulba), Yul Brynner (Taras Bulba), Sam Wanamaker (Filipenko), Christine Kaufmann (Irina), Brad Dexter (Shilo), Guy Rolfe (príncipe Grigory), Perry Lopez (Ostap Bulba), George Macready (gobernador), Ilka Windish (Sofia Bulba), Vladimir Sokoloff (viejo Stepan), Vladimir Irman, Daniel Ocko, Abraham Sofaer, Mickey Finn, Richard Rust, Ron Weyand, Vitina Marcus, Cliff Lyons, Chuck Hayward... Nacionalidad y año: Estados Unidos 1962. Duración y datos técnicos: 122 min. color 2.35:1.

Las ediciones

Cumpleaños sangriento está editada en su formato panorámico original 1.85:1 con mejora anamórfica, ofreciendo una imagen correcta aunque algo apagada en la gama de colores, destilando cierta frialdad. Se ofrece en versión original y doblada; el doblaje es el original de su estreno, oyéndose con cierto efecto metálico, característico de las cintas de vídeo antiguas, mientras que el audio original se percibe con total nitidez; los subtítulos son la trascripción literal del doblaje, con algunos elementos resumidos, pero manteniendo los tiempos del doblaje, que a veces no se ajustan al audio original, y transcritos con una sintaxis discutible.

La mujer más guapa del mundo se ofrece en formato 1.33:1; en algunas fuentes consta como rodada en 2.35:1, pero no se percibe amputación alguna de la imagen, lo cual resultaría de lo más evidente, por lo cual creemos que está editada en su formato real, y la información es errada. Brinda la maravillosa fotografía en color de Mario Bava de un modo arrebatador, ofreciéndose como una copia excelente. Se puede oír en su versión original, convenientemente subtitulada (aunque no las canciones), así como doblada al castellano, ofreciendo el excelente doblaje de su estreno, escuchándose ambos audios perfectamente. Se acompaña como extras una galería de carteles de diversos países así como el trailer original, que incluye un plano de una escena que finalmente no se incorporó al montaje definitivo.

Desafío a una leyenda es el título con el cual se edita incomprensiblemente esta película, estrenada en España como Yo, gran cazador. El film ofrece el doblaje original del estreno, por lo cual para su localización era preciso conocer ese título. Amén de esta peculiaridad, la película está editada en su formato original 2.35:1, con mejor anamórfica, y la calidad de la imagen es apreciable. El audio original, en mono 2.0, se aprecia con nitidez, y el doblaje, como ya se ha dicho el original del estreno, ofrece el mismo nivel. Los subtítulos son una trascripción literal, una vez más, del doblaje, incluidas las libertades inventadas en el mismo para justificar el cruce de diálogos en inglés y español. Las fuentes adjudican a esta película una duración de 111 minutos, pero la presente copia sólo alcanza los 100.

Quiero la cabeza de Alfredo García se ofrece en su formato original en 1.85:1 con mejora anamórfica. La imagen es excelente, haciendo brillar la estupenda fotografía de Alex Philips Jr. El audio se puede escuchar tanto en versión original subtitulada como doblado, brindándose en mono 2.0 con buenos matices. El doblaje es el original del estreno, siendo esta vez los subtítulos más acordes con la V.O., en lugar de copiar literalmente los diálogos del doblaje. Como extras se ofrece el trailer original, una galería de carteles de diversos países, biografía de Peckinpah, más filmografía de éste, Oates e Isela Vega, y “otros títulos disponibles”, con trailers de todos ellos.

Taras Bulba está editada respetando su formato original en 2.35:1, con mejora anamórfica, y se ve espléndidamente, ofreciendo una imagen de inusitada nitidez. Ahora bien, se trata de una versión resumida a la que le falta media hora de metraje. El audio original se percibe con nitidez, así como el doblaje, ambos en mono 2.0; el doblaje es el original del estreno, excelente desde un punto de vista interpretativo, pero que tergiversa o censura determinados diálogos. Los subtítulos están realizados a partir de ese doblaje, y no según el audio original, no estando a veces sincronizados, o apareciendo cuando no hay diálogos o por el contrario no apareciendo cuando los hay.

Como se dijo, las películas son distribuidas por Suevia, a partir de ediciones realizadas por Resen y por Ida Films. En concreto, de Resen son Quiero la cabeza de Alfredo García y La mujer más guapa del mundo; Resen es una casa que muestra un evidente interés en sus ediciones, con escasas prestaciones pero cumpliendo siempre los mínimos requeridos con profesionalidad. Las demás películas proceden de Ida Films, una editora mediocre que últimamente está intentando aportar los mínimos requeridos, a saber, doblaje y audio original, subtítulos y formatos originales. Sin embargo, sigue descuidando enormemente los materiales, ofreciendo versiones resumidas en bastantes ocasiones (previo a este lanzamiento ya ha sucedido más veces), y no cuidando en absoluto los subtítulos que realiza.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)