Pese a que nunca ha muerto, el próximo estreno en Japón de la película Death Kappa, rodada en co-producción con Estados Unidos, supone un retorno a cierta forma de entender el kaiju-eiga que parecía extinto. Aprovechando la participación en el film del español Daniel Aguilar hemos pedido a éste que entreviste al director, Tomoo Haraguchi, y nosotros por nuestra cuenta hemos hecho lo propio con Aguilar…
El director
Nacido en 1959 en Fukuoka (Japón), Tomoo Haraguchi desde niño se familiariza con el mundo de los efectos especiales gracias a que varios parientes suyos trabajan en el mundo del cine. Desde mediados de los años ochenta debuta ya de manera profesional como encargado de maquillajes especiales y monster maker. Dentro de este campo destacan sus cometidos para Teito monogatari [Tokyo the Last Megalopolis, 1988] de Akio Jissoji, Gamera, dai kaiju kuchu kessen [vd/dvd: Gamera, el guardián del universo, 1994] de Shusuke Kaneko o Jigoku [Infierno, 1999] de Teruo Ishii, y también ha trabajado con Akira Kurosawa, Seijun Suzuki, Shinya Tsukamoto, Yojiro Takita y, sobre todo, Takeshi Kitano. Su debut como director se produjo en 1991 con Mikadoroido [Mikadroide]. Desde entonces compagina su trabajo de maquillador con el de director.
La entrevista
¿Cómo nace el proyecto de Death Kappa?
Bueno, es un poco largo de contar. Hay una productora norteamericana llamada Fever Dreams que desde hace unos años ha comenzado a producir películas japonesas de bajo presupuesto para explotarlas a nivel mundial, sobre todo en el mercado del DVD con la marca de “Tokyo Shock”. Sale mucho más barato que rodar producciones netamente norteamericanas, y se venden mejor gracias al exotismo de lo oriental, que últimamente está de moda. Ellos empezaron con títulos como Kataude machine girl/Machine Girl (2007, Noboru Iguchi) y Tokyo Gore Police/Tokyo zankoku keisatsu (2007, Yoshihiro Nishimura) que funcionaron bien pero tenían el problema de que el splatter tiene un público reducido. Ellos distribuyeron también en los Estados Unidos mi pelicula Kibakichi (2003) con el titulo de Samurai Werewolf, y les funcionó lo suficientemente bien como para que pensaran en producir otra película con este tipo de criaturas yokai, que pudiera alcanzar un mayor espectro del mercado, y para ello contactaron conmigo.
Pero Death Kappa, más que una película de yokai, es un kaiju-eiga en toda regla...
Sí, porque para mi gusto, una película de yokai debe hacerse con ambientación de época, como mi Kibakichi o las clásicas de la productora Daiei de los años 60, y no había el presupuesto necesario para aspectos como los decorados o el vestuario. Entonces, como otro de mis sueños irrealizados era dirigir un kaiju-eiga, les presenté sin ninguna esperanza un proyecto de yokai (el kappa, una especie de hombre-tortuga) donde éste cobra tamaño gigante y se enfrenta a otra bestia descomunal, Hangyorasu (hombre-pez). Y, para mi sorpresa, aceptaron.
Un kaiju-eiga, pero con dosis de humor, como ese personaje occidental llamado profesor Tanaka y la intervención del cómico televisivo Yakan Nabe en nada menos que tres papeles. Es una faceta tuya que no conocíamos...
Claro, es que un kaiju-eiga serio necesitaría el doble de presupuesto para que el público actual lo aceptase. Si adoptas un tono humorístico, el público perdona más fácilmente las carencias que haya. De todas formas, he intentado hacer una película respetuosa con el género, ya que al fin y al cabo con él me he criado y todavía lo disfruto. Ten en cuenta que desde niño lo he visto por dentro y por fuera, gracias a mis parientes que trabajaban en el oficio. Por eso, la película puede que sea una comedia, pero no es una parodia.
¿Qué dificultades te ha presentado el rodaje de esta película?
Bueno, ante todo el presupuesto, bajo incluso para los parámetros japoneses. Pero también la negociación con la parte norteamericana, todo bajo escrupuloso contrato, con abogados de un lado y del otro, y poniendo condiciones como si se estuviera rodando una super-producción. Pero, a pesar de todo, a mí me ha permitido hacer un kaiju-eiga y trabajar con toda una serie de personas a las que les hacía ilusión participar en este proyecto, muchos de ellos de forma totalmente desinteresada. Todavía queda mucha afición en Japón para este tipo de cine, y por eso hay muchos fans a los que les gustaría participar de alguna forma en él, aunque sea como extras o simplemente acudiendo a ver el rodaje. En el fondo, es una pelicula hecha entre amigos: directores como Hideaki Anno, Shinji Higuchi, Takao Nakano y Daiji Hattori, y luego o-takus del kaiju-eiga en diversos cometidos y una actriz muy querida por los nostálgicos del género en su versión televisiva, Hiroko Sakurai. El kaiju-eiga sale cada vez más caro, pero la gente que va al cine disminuye sin descanso y la juventud ahora prefiere los video-juegos. Por eso el género está muriendo.
Entre tu anterior película como director, Kibakichi, y este Death Kappa hay algo más de seis años de diferencia. ¿En qué otros trabajos has estado ocupado durante este tiempo?
Bueno, como director hice un episodio para la última de las entregas televisivas de Ultraman Moebius (2005), protagonizado por Misato Hirata, la actriz que ahora tiene el papel principal de Death Kappa. Y debido a mi amor por el cine de época, ahí los monstruos luchaban con katana... También acabo de dirigir Ukelele. Paititi the Movie (2009), video promocional de larga duración para un grupo musical, donde mezclo efectos especiales y que se exhibirá en cines. Aparte de esto, mi trabajo habitual de maquillajes especiales para directores como Yojiro Takita o Hirokazu Koreeda y trabajos de coordinación en los contenidos “extra” de ediciones de películas japonesas en DVD. Tengo que decir, de todas formas, que no han sido años especialmente buenos, tanto por una serie de desgracias familiares como por la decadencia de la industria cinematográfica japonesa, que cada vez se concentra más en unas pocas películas de gran presupuesto.
Oficialmente, Death Kappa es ¿americana, japonesa o co-producción?
Bueno, de esto no entiendo mucho, porque de ambas partes se ha puesto dinero. Quizá en Japón conste como japonesa o co-producción, y en Estados Unidos norteamericana solamente. La verdad es que no lo sé, porque eso son cosas de los productores.
También hemos oído que, como en los viejos tiempos, las versiones americana y japonesa son distintas. ¿Por qué esto?
Sí, es cierto, pero básicamente lo único distinto es el final. Todo forma parte de esa especie de homenaje al género en su conjunto que es Death Kappa. El aficionado experto en kaiju-eiga detectará homenajes a las películas de Godzilla, Gamera, Majin u otras en una escena sí y otra no. Y si ellos hacían distintas versiones, ¿por qué yo no? Además, ahora con el DVD y las ventas por internet se pueden ver fácilmente las dos versiones en todo el mundo.
Si la gente joven o de mediana edad como Hideo Nakata, Takashi Shimizu, Shinya Tsukamoto, Noboru Iguchi o tú mismo, necesita de financiación norteamericana para seguir rodando, es que algo va mal en el cine japonés...
Ya lo creo que sí. Hay una euforia en los medios de comunicación locales cada vez que una pelicula japonesa de gran presupuesto consigue premios fuera, como las de Yoji Yamada, o Despedidas (Okuribito, 2008) de Yojiro Takita, pero la realidad es que, visto en su conjunto, la industria cinematográfica japonesa está desapareciendo. Las películas de un nivel de producción intermedio, como puedan ser las de Kiyoshi Kurosawa o Hirokazu Koreeda puede que gusten en los festivales de cine del extranjero y que tengan buenas críticas también en Japón, pero comercialmente hablando no funcionan demasiado bien. Películas como las mías o como las de los directores que has citado suelen recuperar lo gastado, pero es porque la inversión de partida es baja.
En tus películas llama la atención el destacado papel de la mujer. Por un lado, forman parte de esa minoría de películas japonesas actuales dirigidas al público masculino, mientras que, por otra, casi se diría que son películas para el lucimiento de las actrices. Yoriko Doguchi en Mikadoroido y Ukelele Paititi, Nozomi Ando en Sakuya y Kibakichi, Mika en Kibakichi y Death Kappa, Misato Hirata en Ultraman Moebius y Death Kappa... Siempre tienen mucha más importancia que los papeles masculinos.
Se dirigen al público masculino porque, aunque ahora eso en Japón sea casi anti-comercial, yo hago las películas que a mí me gustaría ver. Y son para el lucimiento de las actrices porque, como hombre que soy, me gusta ayudar a las mujeres (risas). Especialmente si son actrices que están empezando o que no terminan de despuntar.
¿Hay alguna de tus películas por la que tengas especial preferencia? ¿Y cuál de ellas crees que puede interesar más a un público occidental?
Esa es una pregunta muy difícil, porque un director suele tener especial cariño por su primera película, ya que se juega mucho en ello, y por la última, por lo mismo y porque es la que tiene más cercana. Pero en mi caso es muy difícil decidirme, porque a todas les debo mucho. La gente que has conocido, las anécdotas que recuerdas... Sobre los gustos del público occidental, no lo sé, porque mis películas van dirigidas al público japonés; si luego gustan también en el resto del mundo, pues mejor que mejor.
¿Algún otro proyecto como director en perspectiva? ¿O alguna película que te gustaría hacer aunque todavía no se haya podido concretar?
Tengo previsto empezar este año otra película sobre un guión que escribí hace tiempo, algo de terror con bastante sangre. Películas que me gustaría hacer o haber hecho hay varias, pero mejor no pensar en ello. Afortunadamente, desde hace cosa de un año me están empezando a llegar bastantes ofertas, así que soy optimista.
Daniel Aguilar (Tokio. Japón)
Entrevista con Daniel Aguilar
Hasta ahora, Daniel Aguilar era conocido por el aficionado por sus ensayos sobre el cine nipón…
Hombre, conocido yo creo que no lo soy por nada. Hay algo que me han criticado desde adolescente, y es que hago un poco de mucho, pero mucho de nada. Nunca estoy en ningún lugar identificable, y siempre un poco en medio de todo. Trabajos como crítico, traductor, intérprete, repartidor de propaganda, chico de imprenta, vendedor, desguazador, agente de viajes, guía turístico, carpintero, qué se yo más, y ahora actor, o casi.
Llevas años viviendo en el país del Sol Naciente…
Pues sí, ya casi veinte, pero no sé si los he aprovechado bien. Los primeros fueron muy duros, totalmente de subsistencia, con un continuo plantearse si resistir o volver. Aguantaba de cualquier manera, en parte por orgullo, y el poco tiempo que podía dedicar a ver cine lo utilizaba en exclusiva para ver cine japonés, porque pensaba que las películas occidentales ya las vería cuando volviese a España, y en cambio las japonesas sólo las podía ver en ese momento. Gracias a eso progresó muy rápido el idioma japonés también. Ahora me parece increíble que soportase en aquellas condiciones, trabajando diez horas diarias, incluidos los sábados, en todo tipo de trabajos mal pagados.
¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar en esta película?
Bueno, supongo que se veía venir. Desde primeros de 2001, cuando preparaba junto con mi hermano Carlos y mi gran amigo Toshiyuki Shigeta (lamentablemente fallecido) el libro de Cine Fantástico y de Terror Japonés para la Semana de San Sebastián, tuve una relación cordial con el director y maquillador Tomoo Haraguchi, para el cual hice de intérprete también varias veces. La última fue en 2008, con ocasión de la exposición que de su obra se hizo en varios Festivales españoles; entonces, como en broma, le dije “Hombre, la próxima vez sácame de extra, que me haría gracia”. Y el aceptó, pero, a la hora de la verdad, me encontré con que de extra nada, sino que era un papel relativamente importante y con diálogos bastante largos. Me asusté e intenté echar para atrás, pero entonces fue él quien no me dejó.
¿Y cómo ha sido esta tu primera experiencia en el campo de la interpretación? ¿Cómo te preparaste el personaje?
En realidad, no es la primera vez, pero sí la primera con diálogos. En el 2006 hice un papelín de diplomático español de finales del XIX en la película semi-documental de Shunya Ito Eiga kantokutte nan da [¿Y qué es eso de un director de cine?]. En esta nueva ocasión, en cambio, tenía una gran responsabilidad, y temo no haber estado a la altura porque mi personaje abre y cierra la película. A mí me extrañó que, con esta cara de occidental que tengo, mi personaje se llamara profesor Tanaka y, por más veces que le pedí a Haraguchi que lo cambiara, no me hizo caso. Yo intenté prepararme el personaje en serio y, el día del rodaje, me encuentro en el plató con un tipo vestido de payaso, un travestido, y un enano dentudo con uniforme de militar... El shock fue enorme, porque me di cuenta entonces de que mi personaje estaba pensado para que el público se riera... Pero, por otra parte, sirvió para tranquilizarme, porque me dije: “Ah, si es para que se rían de mí, para eso sí valgo”. Pero así y todo, hay que pensar que yo me crié viendo kaiju-eiga, por lo que, verme ahora como actor, aunque sea en un kaiju-comedy, dentro del género, es algo tan maravilloso que nunca me hubiera atrevido a soñar cuando yo veía esas películas de chavalín en los cines de barrio madrileños...
Supongo que, a estas alturas, el japonés será para ti una segunda lengua, e interpretar en ese idioma fue lo de menos…
Interpretar en japonés, o mejor dicho recordar los diálogos en japonés, no fue ningún problema. El problema vino a la hora de la grabación de sonido en el estudio. Porque el día del rodaje dices tu diálogo tal cual te sale, y ya está. Pero a la hora de doblarte, tienes que hacerlo igual que ese día, para que se ajuste al movimiento de los labios. Ya no se puede mejorar, sino que, si hiciste algo mal, lo tienes que volver a hacer mal, con el añadido de que sufres porque ves la escena ante ti una y otra vez, y te das cuenta de lo que hiciste mal, y de que ya no tiene remedio.
¿Puedes contarnos alguna anécdota divertida sobre el rodaje?
Divertido no, porque el ritmo de rodaje fue frenético. Cuando haces una película con presupuesto limitado, la única forma que tienes de no sobrepasarlo es rodar muchas escenas diarias, con lo cual no había tiempo para situaciones divertidas, y sí asfixiantes, con días de dieciocho horas de trabajo. Lo más gracioso para mí fue cuando hubo que rodar la escena final con un montón de niños, y cada uno miraba para un lado; una ricura de niños, pero toda una pesadilla para los ayudantes de dirección.
¿Tuviste que interpretar alguna escena con pantalla azul, para después mezclar tu personaje con efectos especiales?
No, sólo hay una ocasión donde mi imagen se superpone con planos de la ciudad en llamas y los monstruos desbocados. Pero ahí se trata de una simple transparencia.
¿Sabes si hay alguna posibilidad de que el aficionado español tenga oportunidad de ver la película?
Pues espero que se vea en algún festival especializado de España y, aparte, hacia principios del verano estará disponible en DVD en Estados Unidos, por lo que me imagino que se podrá comprar vía Internet. Eso sí, creo que la versión japonesa ha quedado más divertida que la americana.
¿Tienes en perspectiva algún otro papel en alguna nueva película?
En realidad sí. Estoy ahora participando en un drama que transcurre en la hermosa ciudad norteña de Hakodate hacia el año 1988, y lleva por título Kaitanshi jokei [Escenas de la ciudad del mar y el carbón], dirigida por Kazuyoshi Kumakiri. Está basada en la novela homónima de Yasushi Sato, y tanto la novela como la ciudad me gustan mucho, por lo que decidí implicarme en la producción y, ya de paso, pedir un papelín como invitado de honor en la ceremonia de botadura de un barco. Trata de la vida de una serie de personas de clase media-baja en una ciudad de provincias que sufre una depresión vital y económica, y a la que sólo le queda la opción de subsistir con atractivos puntuales para turistas. Siempre he sentido debilidad por las historias tristes, las tragedias...
Y en el campo literario, ¿estás preparando algo? ¿Podremos leerte próximamente?
Tengo algunas ideas, relacionadas con Japón, claro, pero también con Taiwán, que es un lugar que cada vez me fascina más, y que está menos explotado literariamente porque hay una gran ignorancia sobre él. Lo que pasa es que, como siempre, hago un poquito de muchas cosas y nunca tengo tiempo para dedicarme plenamente a algo.
Si deseas añadir algo más, esta es tu oportunidad…
Bueno, sobre Death Kappa solamente decir que, una vez visto el resultado, mi papel es una especie de mezcla del Bela Lugosi de Glen or Glenda con el del Criswell de las películas de ese mismo Ed Wood. Pero mi papel en una película de monstruos es como si en una película pornógrafica el actor fuera feo; lo que va a ver el público no es eso, así que pido al público que disfrute con los monstruos y pase por alto mi evidente falta de soltura.
Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)
Daniel Aguilar como el profesor Tanaka
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