De entre todos los tópicos del cine y la literatura del terror, uno de los que mayor capacidad tiene para generar esa sensación de inquietud es el de las casas encantadas, las viviendas donde anida o parece anidar lo extraño. Tal vez esta sensación se deba a que el objeto generador de terrores sea algo tan cotidiano como una simple vivienda y no algo tan distante como un vampiro o un licántropo. Tal vez sea eso o, quizás, también influye el que, en la realidad, hay viviendas que, sin necesidad de albergar nada extraordinario transmiten, bien sea por su historia, su estado de conservación o su arquitectura, cierta sensación de inquietud, o incluso de locura. Shirley Jackson conocía perfectamente esa sensación y la plasmó con pulso y maestría en la que para muchos es la obra capital de la literatura de casas encantadas, La maldición de Hill House (1) (The Haunting of Hill House, 1959). Shirley Jackson es una de esas escritores de biografía oscura, no porque su vida esté salpicada de grandes y siniestros misterios, sino simplemente porque no resulta sencillo encontrar demasiados datos sobre su ella.
Nació en San Francisco en 1916 y fallecería en 1965 sin haber cumplido los cuarenta y nueve años, dejando una de las obras más interesantes e ignotas de la literatura de terror de su época. Cabe señalar que trabajó otros géneros, como la llamada fiction on domestic chaos; este tipo de obras, muy cultivado al parecer por las amas de casa de los años cincuenta en Estados Unidos, se basaba en narrar las batallas cotidianas de este tipo de mujeres. Según se cuenta, las obras que Jackson aportó a este género –Live Among the Savages (1953), Raising Demons (1957)– ya presentaban una interesante calidad literaria y estaban marcados por el humor negro que posteriormente caracterizaría a la autora.
Sus primeras publicaciones datan de su época universitaria (se licenció en literatura por la universidad de Siracusa), concretamente de 1938, cuando publica el cuento “Janice”. Diez años más tarde edita The Road Through the Wall; habría que esperar aún once años para que la novela que hoy nos ocupa viese a luz. También tocaría ampliamente el relato corto, del que cabe destacar su excelente “La lotería” (2).
En 1962 ve la luz su última novela, We Always Live in the Castle (3), cuya promoción vendría marcada por la polémica cuando al crítico Laurence Hyman, marido de Jackson, se le ocurrió sacar a la luz que la escritora era experta en ocultismo; Jackson se vería obligada a negar tales hechos por cuestiones publicitarias, sin embargo hoy se sabe que su afición por el ocultismo y la práctica de magia blanca eran ciertas. De hecho, tal circunstancia resulta imprescindible para captar muchos matices de La maldición de Hill House; así, una de las fuentes de inspiración para la novela fue unos de los cientos de ejemplares que la autora atesoraba en su biblioteca esotérica: un libro referido a una investigación realizada durante el siglo XIX en una casa supuestamente encantada.
También marcarían la obra distintas viviendas que la autora fue fotografiando e investigando; unas tenían fama de malditas, otras simplemente tenían un aspecto inquietante. Como dato curioso, una de las casas que más la impresionaría resultaría haber sido construida por su propio bisabuelo; se considera que fue su inspiración principal para el aspecto de Hill House, pero no el único: la célebre casa donde Sarah Winchester, viuda de W. W. Winchester, creador del famoso rifle, pasó sus últimos treinta y ocho años de vida, marcaría el peculiar diseño interior de Hill House.
La Hill House real
En 1884, tras el fallecimiento de W. W. Winchester, fabricante de los famosos (o infames, según se mire), rifles de repetición que causaron miles de muertes y facilitaron la llamada Conquista del Oeste, su viuda Sarah, firme creyente espiritista, comienza a construir una mansión donde poder refugiarse de los espíritus de aquellos que han sido muertos por la creación de su difunto esposo.
El enclave escogido es la localidad de San José, cerca de San Francisco. Las obras de la casa nunca llegaron a concluir, puesto que se estuvo construyendo hasta el mismo día de la muerte de la adinerada viuda. Esta reforma continua se debía al consejo que le había dado una vidente: mientras los espíritus tuviesen un lugar donde morar no llegarían a acosarla.
Tan exagerado ritmo de construcción daría lugar a una casa de arquitectura sumamente bizarra, plagada de elementos aberrantes que juegan con la percepción humana: desde las medianamente normales escaleras que no llevan a ninguna parte a ventanas que se abren para dar a una pared. Si a esto le unimos los posibles pasadizos secretos, muchos de ellos todavía no descubiertos, o que la casa contaba con la friolera de ciento sesenta habitaciones, cuarenta y siete chimeneas y adelantos técnicos para la época como tres ascensores, un sistema de luz de gas que ya usaba interruptor e, incluso, alcantarillado, la casa era un escenario perfecto para inspirar todo tipo de leyendas e historias macabras.
Su influencia en la obra de Jackson es clara. Hill House es, ante todo, una siniestra aberración arquitectónica. Pero mientras que la mansión Winchester podría decirse que tal extravagancia arquitectónica obedecía a un fin defensivo, en la novela su creador no parece albergar tan buenas intenciones. Hugh Crain era, como se ve a lo largo de la trama, un hombre marcado por un siniestro fanatismo religioso y cierto orgullo; se llega a especular que el loco diseño de la casa se debería a un afán de convertirla en un lugar de interés turístico, como era ya en el momento en que se desarrolla la acción la citada Mansión Winchester.
Entre los elementos que Jackson introduce en Hill House encontramos habitaciones totalmente interiores; las socorridas escaleras que no dan a ninguna parte; puertas peraltadas de tal forma que siempre se cierran solas; un mobiliario intencionadamente incómodo, o esa estatua, situada de manera algo incongruente en un salón, que cada uno de los miembros del grupo interpreta y ve de de forma diametralmente diferente (un dragón, un grupo familiar…). Todo ello contribuye a generar cierta sensación de inquietud entre aquellos que la habitan.
Escenario y actores
Hasta ahora he hablado bastante sobre la autora de la novela y sus posibles referentes a la hora de crear a su criatura. Sin embargo, no he mencionado apenas la trama o los personajes que intervienen en ella. Se hace preciso por tanto hacer una pequeña semblanza de la misma.
La historia es sencilla. Un grupo de personas se reúne en una vieja mansión con fama de embrujada para realizar una investigación paranormal al estilo decimonónico; esto es, instalarse allí y ver qué pasa, en lugar de realizar una investigación más activa.
La investigación la dirige el doctor Montague, filósofo interesado en el mundo de lo extraño. Le acompaña Luke, heredero de la casa al que su tía manda para vigilar que no dañen su propiedad, y dos mujeres con capacidades psíquicas: Eleanor, una apocada mujer marcada por toda una vida cuidando de una castradora madre enferma (recientemente fallecida) y Theodora, una enigmática mujer con sorprendentes capacidades telepáticas. Como personajes secundarios nos encontramos con la señora Dudley, una especie de ama de llaves a tiempo parcial que convierte a la señora Danvers de Rebeca en una hermanita de la caridad, y la esposa del Dr. Montague.
Los cuatro actores principales llegan a Hill House acompañados de sus pequeños secretos, sus miedos y sus inseguridades; un abono perfecto para acrecentar la sensación de malestar que ya de por sí produce la mansión, para aquello que sea lo que sea habita tras los muros de Hill House.
Hay que tener en cuenta, a la hora de analizar la psicología o la conducta de los distintos personajes, que la mayor parte de la historia la vemos desde el tamiz de la mirada de Eleanor: es por tanto una visión totalmente subjetiva.
Nell es un personaje realmente complejo; marcada por la muerte de una madre a la que ha dedicado buena parte de su vida, ahora debe buscar un nuevo rumbo para la suya propia. Esa búsqueda de un lugar en el mundo se traduce en sus reacciones hacia la casa y hacia el resto de personajes, especialmente hacia Theodora. Eleanor es de todo el grupo quien establece un vínculo emocional más fuerte con la casa, con la que pronto establece una insana relación de amor–odio.
El doctor Montague, con ser el impulsor de la historia, es tal vez el personaje con menor peso en ella; su actitud es la del observador, la del investigador, por lo que su vinculación emocional con la casa o con el resto de personajes es menor que en ningún otro. Esa visión se traduce en algunos momentos en una actitud fría, rígida; para él la investigación está por encima de todo y no puede permitir que ningún pequeño detalle condicione su validez.
Luke es el heredero de la mansión; un embaucador de poca monta. No es lo bastante canalla para dedicarse a las estafas a lo grande ni lo suficientemente fuerte para luchar contra sus instintos. Será objeto de interés romántico por parte de Eleanor.
Theodora es el más hermético de todos los personajes, pues en ningún momento de la historia llegamos a conocer sus pensamientos. Es una persona impulsiva, irreflexiva por momentos y algo mordaz. Llega a Hill House por impulso, tras una discusión con su pareja y en un primer momento parece sentir cierta atracción hacia Eleanor.
Tres aproximaciones al misterio
La mejor baza de La maldición de Hill House en particular, y de buena parte de la obra de Jackson (como por ejemplo esa obra maestra del relato corto llamada “Los veraneantes”), es la ambigüedad con que trata el misterio. Sin duda cada lector que disfrute de esta novela tendrá una visión y una teoría diferente de la misma; incluso un mismo lector puede variar en sucesivas relecturas sus impresiones sobre los sucesos de la casa. Al menos, en mi caso es lo que me ha pasado.
No es por tanto mi intención sentar cátedra alguna sobre la interpretación de la historia; cada lector tendrá la suya tan válida o más que las que pueda ofrecer yo aquí. Sin embargo, me interesa realizar tres aproximaciones básicas al misterio de la casa que serán muy útiles de cara a analizar las dos adaptaciones cinematográficas de las que ha gozado la novela de Jackson.
Aproximación sobrenatural
En Hill House hay verdaderas presencias sobrenaturales. La historia de la casa parece reforzar esta opinión. Hugh Crain perdió a su primera mujer justo antes de estrenar la casa; su segunda esposa perecería en una extraña caída dentro de la mansión; tras el fallecimiento del propio Crain y su tercera esposa en Europa, las dos hijas que éste había tenido en su primer matrimonio entablaron una agria disputa por la posesión de la casa. Finalmente se instalaría en ella la hermana mayor, quien fallecería ya de anciana debido a una gripe y, según algunas habladurías, a la negligencia de su dama de compañía. Esta última heredaría la mansión y se suicidaría al sentirse acosada por presencias extrañas.
De este modo, Eleanor se convertiría en el principal foco de atención de los fenómenos, en una víctima de las iras de la casa; no en vano su historia guarda cierto paralelismo con la de la joven dama de compañía de Abigail Crain, ya que la madre de Eleanor falleció en circunstancias similares a la señora de Hill House. Esto explicaría el porqué la mayor parte de los virulentos ataques que se producen en la casa tienen por objeto a Eleanor. Incluso su nombre llega a aparecer en algunas pintadas que le dan la bienvenida a Hill House, como si de una hija pródiga se tratase.
Aproximación realista
Dado que vemos la mayor parte de la historia desde el punto de vista de Eleanor, todo se produce en su cabeza. Los ruidos, pintadas y demás son alucinaciones de una mujer excesivamente frágil y fantasiosa.
El principal sustento para esta teoría lo encontraríamos en el retrato que nos hace Jackson del viaje de Nell desde su casa a Hill House. Gracias a la técnica de monólogo interior percibimos los miedos de Eleanor; su visión del viaje como el inicio de una nueva vida y, más importante aún, sus fantasías en las que se ve como señora de alguna de las casas que se ven por el camino. También comprobaremos más adelante cómo algunos elementos que le han llamado la atención durante el trayecto serán asimilados después por la joven para crearse una nueva vida ante el resto de invitados en Hill House.
El problema al que se enfrenta la teoría son los fenómenos que son vistos o padecidos por varias personas; podría percibirse como algún tipo de alucinación colectiva o, siendo rebuscados, como que toda o casi toda la historia trascurre únicamente en la mente de Nell, pero lo considero algo forzado.
Aproximación mixta
Si mezclásemos las dos aproximaciones anteriores obtendríamos la que se me antoja como la más plausible de las explicaciones al fenómeno: los sucesos son reales, pero no estarán producidos por ninguna entidad sobrenatural, sino por Eleanor, quien catalizaría las fuerzas que parecen morar en la mansión en forma de poltergeist.
Esta explicación entroncaría con aproximaciones al fenómeno poltergeist, que abogan por una dilucidación más antropomórfica del mismo según la cual este tipo de manifestaciones podrían estar producidas por personas sometidas a ciertas condiciones de estrés mental, que tienen la mala suerte de recaer en algún enclave que cataliza esas inseguridades en forma de ruidos, caídas de muebles y demás fenómenos atribuidos tradicionalmente a espíritus burlones. Jackson era una mujer con amplios conocimientos sobre el mundo sobrenatural y sobre el campo de las investigaciones paracientíficas; sus propias teorías apuntaban a que el componente psicológico, las circunstancias de cada persona, resultaban claves a la hora de percibir de una u otra forma los supuestos fenómenos que se produjesen en una vivienda encantada. No sería de extrañar que aplicase esas teorías a la hora de recrear el misterio de Hill House.
Pero la validez de esta explicación a los fenómenos no se sustenta solo en las teorías esotéricas de su autora, sino también en el propio texto.
1. Tenemos por un lado los sentimientos ambivalentes de Nell hacia la casa: repulsión y ganas de convertirla en su hogar. De ahí las manifestaciones en forma de ruidos, que la asustan pero también la recargan de energía, o esas siniestras pintadas que le dan la bienvenida a casa.
2. Su propio sentimiento de culpa por la muerte de su madre se entremezclaría con la historia de la dama de compañía haciendo aún más inestable su psique. No olvidemos además que algunos de los ruidos recuerdan a Eleanor la forma en que su madre la llamaba por las noches.
3. La propia fluctuación de sus sentimientos románticos también se traduce en parte de los fenómenos. En un primer momento parece existir cierta atracción mutua entre Theodora, quien llega a la casa tras una fuerte discusión con su novia, y ella. Cuando la primera comienza a mostrarse indiferente, incluso mordaz con Nell, los sentimientos de ésta parecen dirigirse entonces hacia la figura de Luke, pese a que ella misma se da cuenta de lo poco recomendable que es el joven. Es en este momento cuando los sentimientos de Eleanor hacía Theo se tornan en resentimiento, casi en odio, y se produce el ataque que comenté hace un par de apartados. Cuando finalmente los sentimientos de Nell parezcan decantarse hacia Theodora, el citado fenómeno desaparecerá.
4. En relación con esta fluctuación de los sentimientos de Eleanor, que incluso podemos entender como una búsqueda de asimilar su propia identidad sexual, hay que considerar otro factor. Desde un primer momento Theo se nos presenta como una persona con unas capacidades telepáticas importantes; desde su primer encuentro con Nell vemos cómo ésta percibe que Theodora parece tener la capacidad de “ver en su interior”, de adelantarse, incluso, a sus pensamientos. Tal circunstancia invita a pensar que tal vez ésta perciba o intuya desde un primer momento la vinculación de Nell con parte de los fenómenos, lo que poco haría por mitigar la hostilidad que llega a generarse entre ellas a media trama. Otro factor importante, de cara a sustentar esta teoría, es el hecho de que, ya al final, cuando Eleanor está cerca de producir una tragedia al subir en trance la escalera de la biblioteca, la misma en la que se había suicidado la dama de compañía, sea Theo precisamente la única que le brinda compresión y apoyo en lugar de hostilidad y reproches; tal vez porque comprende la complejidad de los sentimientos que acosan a Nell.
Valoración general del libro
El estilo de Shirley Jackson en esta novela puede definirse como aparentemente sencillo. No hace uso de un lenguaje ampuloso o barroco que dificulte la compresión del texto y lo dote de grandilocuencia; una persona con unos mínimos conocimientos de inglés podría seguir la trama sin excesivos problemas (de hecho, yo leí la novela por primera vez en el idioma original y no me perdí en ningún momento), porque ni la historia ni el estilo lo requieren. Es más, dada la técnica de monólogo interior escogida, un estilo demasiado recargado hubiese restado credibilidad al libro; Nell es una mujer a la que los avatares de la vida no le han permitido obtener una gran formación académica.
Jackson maneja esta compleja técnica literaria con maestría y no es nada fácil. El monólogo interior, que podemos considerar antecedente de los POV (4) usados en complejas sagas de fantasía como Canción de hielo y fuego (A Song of Fire and Ice) o Príncipe de nada (Prince of Nothing), se basa en ver las escena desde los ojos, los pensamientos e incluso de un personaje, pero narrado en tercera persona.
Lo difícil, a mi juicio, de esta técnica es dejar claro al lector que, pese al uso de una persona narrativa asociada con la objetividad, está leyendo una visión totalmente subjetiva de los hechos. No es fácil, pero Jackson lo logra. Siempre tenemos claro que, salvo el prólogo y el epílogo, vemos las cosas desde la perspectiva de Nell; con sus complejos y sus prejuicios; con sus dudas. Percibimos cómo, por mucho que lo oculte, la casa va afectándola poco a poco, generando en nosotros mayor inquietud de lo que haría cualquier otra perspectiva de la historia.
Otro de los puntos fuertes de la autora son los diálogos. Por un lado la forma que cada personaje tiene de hablar resulta acorde con su personalidad y formación. El doctor Montague en los momentos que ha de explicar la historia de la casa lo hace como lo haría un profesor impartiendo la lección, y esa es su profesión; en Luke se percibe esa superficial simpatía de quienes están acostumbrados a aprovecharse del buen corazón de terceros; en el tono despreocupado o el humor cruel de Theo se traslucen sus propias inseguridades, los secretos no desvelados. Y no nos olvidemos de ese secundario que es la señora Dudley; gracias a esa forma robótica que tiene de hablar el lector casi puede oír el tono monótono de su voz cuando lee sus diálogos.
Por otro lado, Jackson usa los diálogos para marcarnos cuándo los personajes están en estado de tensión, no siempre generado por los fenómenos de la casa. Lo hace no recurriendo a los típicos y tópicos “tengo miedo “, “no entres ahí” de película de terror ramplona, sino a algo más realista: esos diálogos absurdos que somos capaces de entablar los humanos cuando queremos demostrar estar tranquilos de descargar tensión a través de la “risoterapia”.
La novela no está exenta de cierto grado de humor. Desde el más sencillo, como los diálogos antes mencionados, al más negro, personificado por las reacciones que causa la siniestra señora Dudley en sus pobres invitados o, ya en la recta final, el peculiar personaje de la señora Montague. Eso sí, estos episodios siempre están integrados en la trama y son coherentes con el desarrollo de la historia.
Hill House al cine
Hasta ahora la novela ha sido trasladada dos veces a la gran pantalla: en 1963, no mucho después de ser publicada, y en 1999. La primera fue dirigida por el versátil Robert Wise; la segunda por el palomitero Jan de Bont.
En los dos próximos apartados de este artículo daré unas pinceladas sobre ambas valorándolas como adaptación del texto originario.
The Haunting 1963
Señalar, antes que nada, que esta versión no llegaría a ser estrenada en nuestro país en su época. Se emitió por vez primera por televisión, y después, al fin, se estrenó en cines a principios de los 80 en un ciclo sobre la Fox, con el título de La mansión encantada.
La adaptación que realizó el guionista Nelson Gidding resulta bastante fiel al texto original, sobre todo en lo que se refiere a trasladar la ambigüedad existente en el texto de Jackson. Las mayores diferencias entre ambos, amén de la supresión de algunas escenas claves del libro, radican en parte de los matices que caracterizan a personajes como Theodora, Luke o el doctor Montague (Markway en la película) y su esposa. Estas diferencias no cambian sustancialmente el espíritu de la trama y se antojan necesarios a la hora de sintetizar el texto de Jackson, corto pero prolijo en situaciones, en una película de 112 minutos.
Parte de las infidelidades a la hora de adaptar el personaje de Theo pueden deberse a la censura cinematográfica aún imperante en esos años; si bien por aquella época resultaba difícil introducir un personaje homosexual en una novela (al menos de un modo relativamente positivo) en la gran pantalla era casi un imposible. Se pierde, por ejemplo, la aparición del personaje en el prólogo de la película; en el libro esta breve mención resultaba necesaria para entender al personaje y sus motivaciones. También desaparece el pasaje en el que la joven sufre el ataque de la “casa” cuando parece empezar a entrever que Eleanor puede estar detrás, consciente o inconscientemente, de los fenómenos, decantándose así la película más hacia la explicación sobrenatural.
Luke tiene un papel mucho más secundario en la película. Al desaparecer su rol como interés romántico de Nell se convierte en un mero convidado de piedra que sirve para dar una visión más a pie de calle de la historia.
El doctor Montague (Markway), es rejuvenecido y se trasforma en el interés romántico de Nell, añadiendo matices distintos al triángulo amoroso resultante; la atracción de Nell hacia Luke en el libro tenía cierto matiz de atracción condescendiente, en cambio con el doctor Markway puede entenderse como la necesidad de encontrar una figura paterna o, al menos, de autoridad que la proteja, lo que acentúa la fragilidad del personaje.
Por otro lado señalar que el citado triángulo queda más difuso en la novela que en la película. En el texto de Jackson, más que un triangulo propiamente dicho habría que hablar de los sentimientos fluctuantes de Eleanor. De hecho, en ningún momento llega a producirse hostilidad entre Theo y Luke, lo que sería normal en una situación de sentimientos más extremos; aún más, durante toda la novela ambos personajes llegan a trabar cierto grado de amistad y complicidad, lo que aumentará la paranoia de Eleanor.
El cambio más sustancial, no obstante, se da en el personaje de la señora Montague (Markway). En el libro es una espiritista aficionada que colabora activamente en las investigaciones de su marido; en la película una escéptica que casi si avergüenza de la afición de su esposo por lo extraño. En ambos casos se mantiene, eso sí, el carácter autoritario de la mujer, que rompe la armonía que parece existir entre los cuatro protagonistas y el efecto que esto tiene sobre la frágil psique de Eleanor. La razón de este cambio puede deberse en parte a que introducir la trama de la señora Montague fielmente alargaría aún más la película. Pero también podría deberse a que el personaje y las situaciones vividas merced a él tienen cierto halo de humor negro que quedaría un tanto chocante trasladándolo a la gran pantalla.
Fuera de las cuestiones puramente argumentales, cabe señalar que la recreación de la casa es excelente, captando a la perfección ese bizarrismo arquitectónico capaz de alterar los nervios de la persona más tranquila del mundo (esos planos exteriores de Hill House ponen los pelos como escarpias). Otro acierto de la película es insertar en ocasiones la voz en off de Nell para recrear esa sensación de monólogo interior de la obra original.
The Haunting 1999
Poco me detendré en esta película, estrenada en España como La guarida, porque como adaptación es un verdadero engendro. De la historia original conserva la casa y los nombres de los personajes; a partir de ahí se inventa la mayor parte de las situaciones, incluso de la trama.
La deliciosa ambigüedad de la novela de Jackson y la película de Wise se convierten en la más burda pirotecnia. Los complejos personajes tienen aquí la profundidad de una hoja de papel y el final es un verdadero despropósito que haría revolverse en la tumba a la novelista americana.
Obra de Jackson editada en España
La maldición de Hill House; traducción Óscar Palmer Yáñez. Madrid: Valdemar, 2008. Colección: Gótica. Traducción de: The Haunting of Hill House; 1959.
La lotería. Aventuras del amante diablo; traducción de Hernán Sabaté. Barcelona: Edhasa, 1991. Recopilación de relatos; incluye: “La lotería” (“The Lottery”, 1948); “El embriagado” (“The Intoxicated”, 1949); “El amante diablo” (“The Daemon Lover (The Phantom Lover)”, 1948); “Como lo hacía mamá” (“Like Mother Used to Make”, 1949); “Juicio por combate” (“Trial by Combat”, 1944); “El periódico” (“The Villager”, 1944); “Mi vida con R. H. Macy” (“My Life with R. H. Macy”, 1949); “La bruja” (“The Witch”, 1949); “El renegado” (“The Renegade”, 1948); “Usted primero, mi querido Alphonse” (“After You, My Dear Alphonse”, 1943); “Charles” (“Charles”, 1948); “Una tarde entre lino” (“Afternoon in Linen”, 1943); “El jardín de las flores” (“Flower Garden”, 1949); “Dorothy y mi abuela y los marineros” (“Dorothy and My Grandmother and the Sailors”, 1949); “Coloquio” (“Colloquy”, 1944); “Elizabeth” (“Elizabeth”, 1949); “Una firma antigua y sólida” (“A Fine Old Firm”, 1944); “El muñeco” (“The Dummy”, 1949); “Siete tipos de ambigüedad” (“Seven Types of Ambiguity”, 1943); “Ven a bailar conmigo en Irlanda” (“Come Dance with Me in Ireland”, 1943); “Por supuesto” (“Of Course”, 1949); “La columna de sal” (“Pillar of Salt”, 1948); “Los hombres y sus zapatones” (“Men with Their Big Shoes”, 1947); “El diente” (“The Tooth”, 1948); “Carta de Jimmy” (“Got a Letter from Jimmy”, 1949).
Siempre hemos vivido en el castillo; traducción de Hernán Sabaté. Barcelona: Edhasa, 1991. Traducción de: We Have Always Lived in the Castle; 1962.
Antologías donde podemos encontrar obras de la autora:
La Eva fantástica, de Mary Shelley a Patricia Highsmith; editado por J. A. Molina Foix. Bolsillo. Madrid: Siruela, 2001. Incluye “La lotería”.
Crímenes de mujer. Los mejores relatos de damas del crimen; recopilado por Elizabeth George. Barcelona: Ed Diagonal, 2002. Incluye “Los veraneantes”.
El Gran Libro del Terror; selección de Davis G Hartwell. Barcelona: Editorial Martínez Roca, 1987. Incluye “Los veraneantes”.
Alfred Hitchcock presenta: Cuentos que mi madre nunca me contó. Barcelona: Editorial Bruguera, 1963. Incluye “Los veraneantes”.
Minotauro 2. Revista Minotauro de Fantasía y Ciencia Ficción. Buenos Aires, 1964. Incluye “La lotería”.
Ana Morán Infiesta ( Gijón. España)
Notas:
(1) Título de la última edición del libro por la editorial Valdemar, para su colección Gótica. Con anterioridad apareció en 1992 por parte de Ediciones de Blanco Satén, con el título de La casa encantada, y el 1999 por parte de Plaza & Janés como The Haunting (La guarida), aprovechando el estreno de la nueva versión cinematográfica. Esta última edición es la más aconsejable, sobre todo a nivel de traducción.
(2) Véase La lotería: aventuras del amante diablo; traducción de Hernán Sabaté. Barcelona: Edhasa, 1991.
(3) Publicada en España por Edhasa en 1990 como Siempre hemos vivido en el castillo.
(4) Point of view: punto de vista / de mira.
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