No hace mucho que ya está disponible el esperadísimo número 7 de la revista “Quatermass”, esta vez dedicado al cine fantástico italiano. Después de los números consagrados al cine fantástico español y al británico, le toca el turno a otra cinematografía muy querida por todos los aficionados. Conversamos al respecto con su principal artífice y alma mater, el bilbaíno Javier G. Romero.
Javier, antes que nada, una pregunta que rondará por la cabeza de los cientos de fieles seguidores que “Quatermass” ha conquistado gracias a tu saber hacer (y el de todos tus colaboradores). ¿Cuál será el tema del próximo número?
En realidad lo tengo pensado y decidido desde hace ya un par de años, cuando aún estaba en plena confección del nº 7. Será un proyecto bastante ambicioso, que requerirá la participación de muchísimos escritores, quizá más de los que han intervenido en esta antología del fantástico italiano. Y han sido cincuenta, en números redondos. Pero en esta ocasión me permitirás que guarde silencio sobre la temática; intentaré preservar, en lo posible, el efecto sorpresa. Curiosamente, muchos lectores me han escrito proponiendo sus sugerencias para un próximo número. Y alguno ha acertado.
Me consta que los textos de este número 7 estaban prácticamente terminados al menos hace dos años. ¿Cómo es posible que tardes tanto en conseguir editar cada número? Cuéntanos tus vicisitudes al respecto.
Cada “Quatermass” implica un trabajo casi artesanal, en el sentido de que no hay detrás un gran grupo editorial o financiero aportando medios logísticos y económicos. Trabajo con cierta libertad de movimientos, sin ataduras de fechas ni concesiones a la actualidad más coyuntural. Esto, que en principio parece ideal y permite afrontar cada ejemplar con sosiego y cuidando al máximo todos los detalles, es, también, un inconveniente, pues sin duda el apoyo de una fuente económica y una estructura, digamos, “industrial”, agilizaría y mejoraría muchos aspectos del proceso, incluida, claro, una distribución más equilibrada, a día de hoy una de mis mayores preocupaciones. No obstante, los dos números anteriores se editaron bajo el sello de Astiberri, lo cual supuso una serie de ventajas a la hora de afrontar aspectos complicados de la edición, y el número actual ha sido una coedición entre “Quatermass” y la empresa granadina Séptimo Vicio, a su vez promotores del Festival Internacional de Cine Clásico de Granada – Retroback; aquí, precisamente, tuvo el ejemplar su presentación inaugural en España, junto a cineastas destacados del género como Dario Argento, Pupi Avati y Francesco Barilli, que estaban encantados con la revista. Los dos primeros, por cierto, son entrevistados en este “Quatermass”, y del tercero se comenta en la antología crítica su magnífica película “Il profumo della signora in nero”. Previamente ya habíamos llevado el ejemplar al Festival Internacional de Cine Fantástico de Trieste, y el pasado mes de abril lo presentamos también en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Procuramos, como ves, difundirlo al máximo, intentando paliar en lo posible las eventuales limitaciones de distribución.
Desde que comenzaste con la tarea –seguro que titánica– de editar “Quatermass”, ¿cómo ha evolucionado tu experiencia respecto a los resultados obtenidos? Me refiero tanto a tu perspectiva desde el punto de vista como editor lanzado a esa aventura, como a tu visión respecto al poso que ha terminado dejando tu publicación entre el fandom después de tantos años de duro trabajo.
Hace años pensaba, ingenuamente, que cada nuevo número sería más sencillo de afrontar que el anterior. La experiencia me ha indicado justo lo contrario. Las dificultades crecen conforme “Quatermass” va alcanzando su mayoría de edad y definiendo su personalidad. El proceso de confección es largo, en ocasiones incluso agónico, pero he encontrado un apoyo incondicional entre muchos colaboradores, que disfrutan con “Quatermass”, creen en el proyecto y aportan sus conocimientos y experiencias con un entusiasmo que agradezco y me conmueve. Especialmente Carlos Aguilar, con quien me une una buena amistad desde hace casi quince años. Sin duda, al final gratifica comprobar que “Quatermass” gusta por igual a profesionales y aficionados, y que el cariño puesto por todos en cada página trasciende los límites del papel impreso y transmite algo especial a los lectores. “Quatermass” es como un hijo que ves crecer y al que educas como mejor sabes y puedes. Con auténtico amor de padre, aunque suene exagerado. Y, finalmente, pienso que ha encontrado su lugar entre los amantes del fandom. La clave es tratar con respeto al lector, no ofender su inteligencia y ofertar un producto estéticamente atractivo pero riguroso en cuanto a contenidos, sin abandonar por ello un nivel de accesibilidad.
¿Qué tipo de disposición has encontrado entre los colaboradores de la revista, unos asiduos y otros no tanto, con el paso del tiempo?
La respuesta de los colaboradores es increíble. Y, después de estos años, somos casi como una gran familia en la que los lazos de amistad y profesionales se funden y entrecruzan. Para mí es importante el respeto de la persona y la consideración de su trabajo; con estas premisas procuro crear un ambiente cómodo y constructivo. Bien es cierto que cada escritor es un mundo, con su propia problemática, filias, fobias… Siempre me tienen a su lado para escuchar y valorar adecuadamente sus sugerencias, comentarios o críticas. Por eso es interesante tener una visión lo más amplia posible del sector editorial: yo he escrito durante muchos años en prensa de todo tipo, he diseñado publicidad, he maquetado, he editado, he sido empresario… Sin duda todo esto ayuda a comprender mejor cada aspecto de la edición, el humano, el logístico, el económico…
“Quatermass” es toda una referencia bibliográfica para aquellos que necesitamos el género para vivir. ¿Qué opinas sobre el particular?
En principio, mi ánimo era el de aportar una serie de valores poco extendidos, hacer la publicación que a mí, como lector y aficionado al cine, me gustaría leer, llegando, con el tiempo, incluso a encargarme personalmente del diseño y la maquetación (a partir del número dedicado al fantástico español). De pequeño disfrutaba mucho con “Terror Fantastic” o con el “Monsters” de Garbo. Para mí eran referencias muy importantes, incluso a nivel formativo y sentimental, algo que ha experimentado mucha gente de mi generación. Y algo de eso quería transmitir con “Quatermass”: una pasión adolescente, un ansia por descubrir y compartir hallazgos con otros entusiastas del género fantástico. Por supuesto ha habido un proceso de maduración de todos los elementos, diversas fases selectivas que han depurado los gustos, los criterios… Con el paso del tiempo he podido comprobar que, en efecto, “Quatermass” ocupaba un espacio bibliográfico concreto. Recuerdo, por ejemplo, el premio que el público de la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián le otorgó a “Quatermass” hace unos años. Esto significa que se han alcanzado determinados logros, y que se valoran positivamente. Para mí es un orgullo que así sea, y agradezco mucho la buena disposición de profesionales y aficionados. Otra cosa muy distinta es que el agotador trabajo que implica cada “Quatermass” se utilice por personajes ajenos al equipo, para su propio lucro. Hablo de plagio. Como el que denuncié hace ya una década, llevando a los tribunales a cierta revista madrileña de cine, ya desaparecida, por copiar un extenso artículo sobre la saga del planeta de los simios que cinco años antes yo había firmado y publicado en “Quatermass”. Alguien ha dicho que cuando empiezan a plagiarte, copiarte y demás, significa que tu trabajo ya está en disposición de merecer el reconocimiento general. Si esto es cierto, sería tristísimo. Igualmente he encontrado mis textos incluidos, sin firma, claro, en los extras de cierta película en DVD. En fin, se trata de la cara más oscura y mezquina de este negocio. Este tipo de cosas están a la orden del día y ocurren con mayor frecuencia de la que el aficionado se imagina. Conozco varios casos de colegas cuyo trabajo ha sido igualmente expoliado. Sólo te queda el recurso de los tribunales, siempre fatigoso y caro; algo con lo que cuenta el infractor para desanimarte a recurrir a la vía legal. No obstante, si volviese a vivir un caso tan sangrante como el de aquella revista de cine, no dudaría en ponerlo en manos de la justicia. Es intolerable que determinados parásitos se lucren o alimenten su prestigio profesional robando, literalmente, el trabajo ajeno. En este campo y en cualquier otro, se entiende.
¿Cómo se lleva el que “Quatermass” oficiosamente sea una publicación profesional en toda regla, tanto por sus contenidos como por su formato, pero que oficialmente (por su limitada distribución y por no estar apoyado por una editorial) sea considerado casi un fanzine?
No estoy tan seguro de que “Quatermass” sea, actualmente, considerado un fanzine, pese a su irregular periodicidad y distribución. Es posible que hoy día las jóvenes generaciones desconozcan el fenómeno de los fanzines, al menos tal y como lo vivimos nosotros en nuestra adolescencia, tiempos pioneros para este tipo de publicaciones. “Quatermass” comenzó como fanzine, durante la que quizá fue la última edad de oro fanzinera, a primeros de los 90. Para mí fue una época maravillosa, pues al fin daba forma física a mi sueño, y cada instante era un momento de descubrimiento. Recuerdo perfectamente el primer equipo de redactores de “Quatermass”: Aitor Guezuraga, Josu Olano, Borja Crespo, Iñigo Ruiz de Oña y mi propio hermano, Ángel García Romero. Aquel histórico número 0 tenía una horrible maquetación y los escaneos dejaban mucho que desear. Pero aún así, a pesar de los numerosos defectos, todos los que contribuimos a levantarlo nos sentíamos entusiasmados con el resultado. Inauguramos “Quatermass” ya con dos entrevistas exclusivas, a Paul Naschy y a Álex de la Iglesia, y con una sección, la de bandas sonoras, a cargo de mi hermano, que se ha mantenido desde entonces. Todo era nuevo e inolvidable para nosotros, a pesar de las enormes dificultades. Y ese origen como fanzine es algo de lo que me siento muy orgulloso, y que ha ayudado a forjar el actual carácter de “Quatermass”.
¿Ha existido alguna particularidad durante el proceso de creación de este número 7 dedicado al cine italiano respecto a los anteriores números?
Sin duda: que sacarlo adelante ha supuesto un esfuerzo titánico, muy superior al de números anteriores, debido, claro, a la fuerte inversión económica necesaria para su confección, pero también a que he procurado matizar y pulir el enfoque previo, evitando en lo posible las eventuales lagunas y carencias que podían sufrir los previos “Quatermass”. En esta ocasión el planteamiento ha sido muy ambicioso: muchas más páginas, más material gráfico, mayor número de colaboradores, más películas comentadas, numerosísimas entrevistas… Las cuales han ralentizado también la confección del ejemplar: por ejemplo, tuvimos que esperar a que Lamberto Bava finalizase dos rodajes simultáneos que llevaba a cabo; consideré que, necesariamente, debía figurar en la antología, pues es un realizador emblemático de una época muy concreta del fantástico italiano. Así que esperamos el tiempo que hizo falta. No te digo nada de la labor arqueológica que ha supuesto localizar todas las fotografías, un material rarísimo y muy poco difundido, pero que entre todos los participantes hemos logrado reunir, con mucha paciencia: llegué a digitalizar más de 4.000 imágenes, de las que utilicé finalmente 1.700. Esto supuso un problema añadido, pues ya sabes que en mi afán de exhaustividad señalo en los pies de foto el nombre de cada actor que figura retratado. Identificar a cada uno de los miles de actores y actrices de las fotografías, hasta los más ignotos, ha sido complicadísimo; aun así, muy pocos han quedado en el aire.
Este número 7 cuenta con la colaboración de muchos escritores italianos por razones obvias. ¿Fue difícil contactar con ellos y contar con su colaboración?
La participación de escritores foráneos ha sido, para mí, una de las experiencias más enriquecedoras de este “Quatermass”, aunque suene a tópico. Ya habíamos contado, desde el monográfico consagrado al fantástico inglés, con un significativo elenco de autores internacionales. Han vuelto a repetir en este número, sumándose muchos otros. Los ejemplares previos, y el boca a boca entre los autores, nos han abierto muchas puertas, facilitando contactos. Tanto los escritores italianos, veintitrés nada menos, como los franceses, ingleses, japoneses y, por supuesto, los españoles, hasta un total de cincuenta firmantes, han cumplido extraordinariamente y con una profesionalidad a prueba de bomba. La diversidad de nacionalidades es algo que me fascina, pues facilita que los puntos de vista se bifurquen en una multiplicidad de visiones, teorías, conocimientos, reflexiones… Ha sido apasionante mantener durante todo este tiempo un contacto continuado con todos ellos, y, además, en el lenguaje nativo de cada uno. He tenido que agenciarme una potente herramienta informática de multitraducción, para evitar el “efecto Babel”. Caso contrario, hubiera sido una locura. Por otro lado, las traducciones de los artículos las han llevado a cabo entre Carlos Aguilar, su hermano Daniel, y Anita Haas. Han hecho un trabajo formidable con las adaptaciones de entrevistas, textos, etc., pues además de dominar varios idiomas son profesionales del cine, por lo que sus traducciones poseen una fluidez, una exactitud y un ritmo impecables. En cuanto a los escritores, siempre tuve la ilusión de contar en las páginas de “Quatermass” con aquellos autores cuyo trabajo admiraba: es para mí, en consecuencia, una satisfacción poder publicar textos de veteranos como Carlos Aguilar, Antonio José Navarro, Ramón Freixas, Roberto Cueto, Tomás Fernández Valentí, Pedro Porcel... Pero también de nuevos valores como Pablo Fernández, Juan M. Corral, los hermanos Andrés y Santiago Rubín de Celis, José Manuel Serrano Cueto… Y tantos otros excelentes profesionales. Y citaré alguno más: Pablo Herranz, Rubén Lardín, David G. Panadero, Carlos Díaz Maroto, Frank G. Rubio… Y como no quiero dejarme ninguno en el tintero, acabaré citando a Miguel Ángel Barral, Felipe Cabrerizo, Rafael Arias Carrión, Jesús Parrado, David Pizarro… O firmas puntuales como Hernán Migoya, Koldo Serra, Ángel Sala…
Ha evolucionado de algún modo el formato de “Quatermass” a lo largo de los años? No me refiero al tamaño ni al formato físico, sino a los contenidos.
Desde luego. “Quatermass” ha tenido tres etapas: la inicial, como fanzine, con todo tipo de contenidos variados y un tono desenfadado; la segunda, como prozine, donde ya se abogaba por la exhaustividad, manteniendo bloques temáticos diferenciados y artículos muy trabajados: recuerdo el excelente texto de Pablo Herranz sobre el Western Fantástico, para el nº 3, o la entrañable megaentrevista a Peter Cushing en el nº 2…; y una tercera etapa centrada en tomos monográficos: el cine fantástico español del nº doble 4/5, el fantástico británico del 6, el fantástico italiano… En esta última época, la actual, cada número consta de cuatro bloques: las secciones habituales (cartas de los lectores, cortometrajes…), los artículos, las entrevistas y la antología crítica de películas. Una evolución que obedece a la propia filosofía interna de “Quatermass”: obviar la actualidad coyuntural, ya reflejada en otras publicaciones mensuales, ofreciendo a cambio estudios en profundidad de cinematografías concretas. Incluso pretendí prolongar este espíritu en la Semana de Cine Fantástico de Bilbao, que fundé un año después que “Quatermass” y dirigí durante su primer lustro de vida. Fue otra aventura emocionante, a lo largo de la cual pude contar en el certamen con presencias muy queridas del género, como Paul Naschy, Jesús Franco, Narciso Ibáñez Serrador… O jóvenes realizadores de cortometrajes que no mucho después despuntarían en el campo del largo: Jaume Balagueró, Nacho Cerdá, Norberto Ramos del Val, Koldo Serra… En la actualidad, una vez desligado ya del festival, éste ha cambiado su nombre por “Fant” y lo organiza el Ayuntamiento de Bilbao, con un espíritu distinto y un enfoque más centrado en el cine de estreno.
¿Durante la ya larga historia de “Quatermass” ha sido difícil llevar a buen puerto cada número?, ¿siempre fueron los mismos problemas o han variado con el tiempo?
Básicamente la financiación, talón de Aquiles del sector editorial, ha supuesto el mayor obstáculo. Las imprentas no son baratas. Pero no sólo eso. Encontrar una distribuidora capaz de mover adecuadamente un producto tan especializado como el nuestro, a pesar de tratar sobre Cine, es una tarea ardua. Y, como en todos los gremios, existe mucha picaresca. Recuerdo que pusimos en manos de cierta distribuidora nuestro número 3, sin saber que pertenecía a determinada editorial que acababa de sacar el primer número de su propia revista de cine fantástico. Pasaban las semanas y “Quatermass” no se distribuía. Nos explicaron que estaban esperando a meterlo en el próximo catálogo de su empresa, y de ahí que dos meses después de entregarles la tirada, aún no hubiese ni rastro de “Quatermass” en el mercado. Lógicamente, se lo retiramos y ofrecimos a otros, pero el daño ya estaba hecho. Luego descubrimos que habían decidido no distribuir “Quatermass” para que no hiciera sombra a su revista. Estas cosas ocurren y perjudican el buen nombre de muchas otras distribuidoras que funcionan con solvencia y profesionalidad.
Últimamente hemos disfrutado (el que no lo haya hecho ya está tardando) de un volumen coeditado entre “Quatermass” y el sello “Scifiworld” dedicado al actor John Phillip Law. ¿Qué tal ha resultado esa colaboración? ¿Habrá alguna otra futura posibilidad de seguir con ese tipo de coedición?
Pienso que la política de coediciones puede ser un interesante camino a seguir para enfrentarse a estos duros tiempos de crisis. Compartir esfuerzos siempre amortigua gastos y enriquece el producto con aportaciones de todo tipo. En cuanto a “John Phillip Law. Diabolik Angel”, me ha agradado mucho el interés puesto por “Scifiworld” en este trabajo conjunto. La idea que proponían era coeditar “Quatermass”, pero aún se hallaba el ejemplar en proceso de confección. Sin embargo, el libro de John Phillip Law estaba ya terminado y maquetado, y les pareció buena idea colaborar financieramente en la edición. En este sentido, “Scifiworld” ha cumplido de manera impecable con lo estipulado, y ello ha hecho posible que el libro viese la luz antes de lo inicialmente previsto. Así, nada más salir de imprenta, pudimos presentarlo, con gran éxito, en el Festival de Trieste, en el FantaFestival de Roma (de la mano, nada menos, que de Ursula Andress y Giancarlo Giannini), en la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián, en el certamen de cine popular Peor Imposible de Gijón, en el Retroback de Granada (con el apoyo, in situ, de la encantadora Caroline Munro), en Filmoteca Española… Además de las numerosas reseñas admirativas publicadas en diversos medios nacionales y foráneos: “Dirigido por”, “Fotogramas”, “Generación XXI”, “Freek!”, la estadounidense “Video Watchdog”, la británica “Cinema Retro”, las italianas “Film TV” y “Nocturno Cinema”… e infinidad de periódicos y páginas web. Personalmente estoy muy satisfecho del libro, y de haber trabajado tan estrechamente con Carlos Aguilar y su mujer Anita Haas, ambos estupendos profesionales y magníficas personas, que además convencieron al legendario Ray Harryhausen para que firmase el prólogo, encantado así de rendir tributo a su amigo John, con quien trabajó, recordémoslo, en la mítica “El viaje fantástico de Simbad”. El libro también me permitió conocer mejor a John, con quien ya había coincidido en ocasiones anteriores en Málaga, en Trieste, en San Sebastián, una persona extraordinaria, modesta pero carismática, con una vida apasionante, que, por desgracia, falleció pocas semanas antes de que la obra viese la luz. Y por último, pero no menos importante, este libro ha servido para que Luis Rosales, director de “Scifiworld”, y yo nos conozcamos y compartamos nuestra gran afición por el cine fantástico, cada uno desde su particular perspectiva generacional.
El nombre de Javier G. Romero es muy habitual entre la lista de autores de libros colectivos, como los que se editan en el marco de la Semana del terror de San Sebastián. ¿No te seduce la idea de tener alguna aventura editorial en solitario, como autor me refiero?
No lo descarto. Estos libros, también para Nuer, Valdemar y Sitges, seis hasta la fecha, han sido una preparación interesante, aunque llevo firmando en diferentes publicaciones desde los años 80, de los temas más inimaginables, no sólo de cine; para que te hagas una idea, he escrito con entusiasmo hasta de fútbol, en una sección fija, y eso que es una disciplina deportiva que me aburre soberanamente y no me interesa ni lo más mínimo. En mis inicios hasta llevé el horóscopo de cierta revista, y me lo preparaba a conciencia, no te creas. Firmaba con pseudónimo, claro. Por fortuna pronto fui decantándome hacia mi verdadera pasión, el cine. En cuanto a los libros, tengo en mente una serie de temas que me apetecen. Firmarlos en solitario, si no todos alguno, es una idea que me seduce cada vez más.
Javier, solo decirte que personalmente espero ansioso cualquier obra que venga de tu pluma o que hayas coordinado; sin duda siempre será una lectura imprescindible. Y muchísimas gracias por atendernos.
Gracias a vosotros, Juan Andrés. Para mí ha sido un placer charlar contigo acerca de este mundo del fandom; y, además, para esta estupenda página web, ya veterana. Igualmente os deseo muchos éxitos y que sigáis fomentando así, con este entusiasmo y profesionalidad, el amor por el fantástico.
Juan Andrés Pedrero Santos (Madrid. España)
Suspiria
Javier G. Romero
Shock
Phenomena
Demons
Carne para Frankenstein
Portada de Quatermass 7.
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