En 1991 se publicó American Psycho, de Bret Easton Ellis, produciéndose toda una conmoción nada más aparecer en el mercado. Y es que era un libro que no podía pasar desaparecido. Se trata del Diario de un alto ejecutivo de Wall Street que desnuda su intimidad a través de sus páginas, en las cuales se revela como un maníaco obsesionado por las marcas comerciales, las orgías sexuales y un terrible asesino sádico. El éxito de este libro no podía pasar desapercibido tampoco a la industria del cine, por lo cual se llevó a cabo una adaptación a la pantalla. Aquí hablamos de ambas obras.
La novela
En 1991 se publicó American Psycho, de Bret Easton Ellis, produciéndose toda una conmoción nada más aparecer en el mercado. Y es que era un libro que no podía pasar desaparecido. Se trata del Diario de un alto ejecutivo de Wall Street que desnuda su intimidad a través de sus páginas, en las cuales se revela como un maníaco obsesionado por las marcas comerciales, las orgías sexuales y un terrible asesino sádico. Aunque sea la faceta de criminal la que destaca y hace imposible olvidar su lectura, todo el texto viene a ser la descripción minuciosa, de obseso, de la vida banal, aburrida, inane, de los yuppies de Wall Street, verdadera crónica de un deprimente vacío existencial.
Mucho se ha reprochado a Bret Easton Ellis la escasa calidad literaria del libro; éste es, sin embargo, un magnífico ejemplo de “el tema impone la forma”, como bien dictaminó Stephen King. No se puede esperar otro estilo literario de un yuppie aburrido, dedicado a cuidar su físico, a rivalizar con sus amigos a quien lleva ropa de la mejor marca o a comer en los más exclusivos restaurantes. Lo que tiene el lector en las manos al abrir American Psycho es la inane letanía de pensamientos de un hombre con una vida resuelta económicamente hablando, que no tiene objetivos reales en su existencia, que ha convertido los crímenes que comete en la vía de escape de frustraciones, odio y desesperación vital. Nada más. Por tanto muestra el estilo y lenguaje y temas del personaje en un magnífico ejercicio literario que, como todo en el libro, tiene que ser entendido en ese contexto.
El hecho indiscutible es que la novela de Ellis causó auténtica revolución y la polémica se extendió por todo el mundo. Si bien tuvo también opiniones muy favorables, la actitud general frente a tan catártico libro no fue precisamente buena. La editorial que tenía los derechos de publicación se negó a editarlo, siendo publicado finalmente por Vintage Books, sin dotarle de una buena campaña de publicidad. Se trataba de un libro demasiado duro, indigesto. El otro cronista de los Estados Unidos de los ochenta, Tom Wolfe, no había llegado tan lejos con La hoguera de las vanidades (The Bonfire of the Vanities, 1987) –de hecho, Bateman trabaja en la misma firma que Sherman McCoy, el protagonista de la novela de Wolfe, la Pierce & Pierce–, aunque fuera también una crítica a un estilo de vida claramente deficitario. Ellis se había mostrado brutal, sin paliativos. No se trataba tan sólo de los espeluznantes crímenes, sino del personaje central en sí, su estatus, que le mantiene impune, su educación, su nivel de vida; no era un paria, ni un inmigrante, ni un negro quien cometía aquellas salvajadas, sino alguien de la élite, un triunfador de los rascacielos de Wall Street desde donde se domina el mundo.
La respuesta de muchos lectores al impacto de la historia fue plantearse aquella célebre incógnita que inauguró Henry James y su Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898): ¿se puede dudar de la veracidad de lo que cuenta el personaje? ¿Y si lo que escribe Bateman no son sino los desvaríos imaginarios de un ejecutivo estresado por tantas salidas, a vivir la noche entre copas y cocaína? Al fin y al cabo, el libro es una especie de largo monólogo escrito desde el que no se puede contrastar nada. No parece la idea original de Ellis, pero sí da una idea de cómo la novela podía resultar objeto de debate e incluso evolución por parte de sus lectores.
El personaje central resiste el análisis psicológico de un psicópata asesino en plena espiral de violencia: un triunfador alzado a un trono por pura genética (hijo de papá presidente de multinacional en auge) que mantiene una fachada de cortesía e impasibilidad que le exige el ambiente y entorno en que se mueve, y que descubre que los crímenes le sirven para dar rienda suelta a la frustración, el odio y la rabia que le consumen. De hecho, la evolución ascendente en el salvajismo es uno de los parámetros típicos de los asesinos en serie. Patrick Bateman no es tan imposible como pueda parecer.
El libro no es fácil de leer por distintos motivos, pero quede ya presente que es una obra que debe leerse. El estilo de Bateman es interesante a ratos y francamente plomizo en otros. La mente obsesiva del personaje se demuestra por las páginas y páginas que dedica a la trayectoria de un grupo musical que le gusta o cualquier otra cosa que le interese, y de la que habla y se extiende con fanático entusiasmo. Y como guinda a tan indigesto pastel, las descripciones detalladas hasta lo patológico de las torturas atroces que comete con sus víctimas. Son horrores de un sadismo tan extremo que resultan realmente difíciles de leer e imposibles de olvidar. En suma, resulta un extraordinario estudio sobre los vericuetos de una mente criminal.
La película
Adaptar American Psycho al cine resultaba imposible de imaginar una vez acabada la lectura del libro. El hecho central son los espeluznantes crímenes que un yuppie comete, y llevar esas escenas a la pantalla resultaba inviable. No por falta de medios para recrearlos, sino porque en ese caso la película pasaría inmediatamente a tener una calificación que la alejaría de los cines comerciales y le reduciría a cines de filmes X. Incluso la comercialización al extranjero tendría muchos más problemas. En suma; no sería rentable.
Era un proyecto difícil de llevar a cabo. Pasaron casi diez años tras la publicación de la novela cuando en el año 2000 Mary Harron estrenó el film, tras una ardua labor de guión que fue, obviamente, lo que más dificultades planteó. El personaje central lo interpretó Christian Bale, un actor inglés que se preparó concienzudamente para recrear al yuppie asesino.
La película se concentra en retratar el perfil del protagonista y, sobre todo, ilustrar el entorno y las obsesiones que predominan en éste: el culto al físico, el lujo, la necesidad imperiosa de sentirse superior –impagable la escena del duelo de tarjetas de visita–, en suma, el vacío real de una vida donde el mayor objetivo es conseguir una mesa para cenar en el restaurante de moda del momento. En ese sentido resulta muy inteligente la elección de Christian Bale, no sólo por ajustarse al físico de Bateman, sino por tratarse de un actor dotado de una gran intensidad dramática. También conviene destacar la labor de Willem Dafoe (como siempre, todo hay que decirlo), y el grupo de amigos del protagonista. De igual modo es interesante observar cómo son tratados los personajes femeninos del entorno de Bateman, auténticos floreros ornamentales incapaces de llevar una conversación interesante, y el agudo contraste con las otras mujeres trabajadoras que se relacionan con el protagonista, gente marginal pero que se muestra mucho más real y viva que las muñequitas de porcelana a quienes invita a los restaurantes de lujo.
También se hace alusión a las marcas de moda que dan personalidad al grupo de yuppies, los restaurantes de diseño cuyos platos, nombres y menús resultan, por lo excéntrico y rimbombante, parodias de lo que atrae a una clientela hastiada, y los apartamentos exclusivos en que viven: enormes salas casi desiertas con adornos de moda, sin ambiente de hogar, con la atmósfera fría y artificial de una tienda de lujo.
A ese respecto la película es brillante, colmada de detalles que definen e ilustran no sólo al personaje en concreto, sino a la generación a que pertenece y a un estilo de vida basado únicamente en el dinero. Hay que destacar la falta de relaciones interpersonales que no se limiten a las mujeres y hombres clónicos que han llegado a ese puesto por idénticos caminos: nada de padres o hermanos, nada más que amigos (en el concepto en que se tiene entre ellos) o más bien conocidos que a menudo ni siquiera se conocen realmente entre sí. Es muy llamativo el hecho de que en las reuniones se relacionan sin saber quién es uno o quién es otro: son tan clónicos que se confunden de nombre, no hay ningún elemento que los diferencie entre sí, salvo algún caso muy concreto: Paul Allen, el eterno rival.
Hasta aquí, la versión tiene muchas virtudes y está planteada con inteligencia y sutileza. El problema radica, precisamente, en lo que destaca de la novela y que tanto ralentizó su paso al cine: la violencia. Porque no es una violencia “normal”, y entiéndase el matiz: es una violencia extrema, tan llevada al límite que no tiene cabida en una película comercial de la que se espera sea rentable. El miedo a la calificación X dio lugar a una paradoja: la película que retrata al más atroz criminal literario de la década de los 80 resulta ser de las menos explícitas. Mucha sangre, eso sí, charcos rojos, sangre a raudales, a borbotones. Pero la sensación es que resulta light. Que en esta historia predomine la sugerencia sobre lo visual resulta chocante. Está claro que el término medio necesario para recrear la violencia de Bateman no se encontró, habiéndose necesitado menos sutileza y mayor impacto.
Hay que reconocer que, tratándose de una historia bastante complicada, la película resultante es lo bastante buena para atrapar al espectador y mantenerle sentado contemplando la historia que nos propone Harron con un excelente ritmo. Quizá no refleja al psicópata sádico del libro en su terrible crudeza, pero está el libro para conocer el lado más oscuro del personaje. Podría decirse que American Psycho película es ideal para quienes no pudieron digerir el American Psycho libro.
Mª José Vilches Carrasco (Madrid, España)
Bibliografía
ELLIS, Bret Easton: American Psycho; traducción de Mariano Antolín Rato. Barcelona: Suma de Letras, 2001. Colección: Punto de Lectura; 53.
Texto de la contracubierta: Patrick Bateman es un joven ejecutivo que se mueve con soltura en el competitivo mundo de las finanzas de Nueva York. Con apenas 26 años es todo un triunfador que vive de acuerdo con las reglas que fija el sistema: ocupa un lujoso apartamento, profesa un intenso culto al cuerpo, viste de acuerdo con la moda más actual y exquisita y tiene una novia rica y sofisticada...
Aparentemente, la felicidad completa, la aspiración de muchos que sueñan con el éxito. Pero tras esa apariencia impregnada de todos los tópicos amables, cosmopolitas y sugerentes, se esconde una realidad mucho más descarnada: Patrick tiene una irrefrenable vocación psicópata de asesino en serie que, con la más absoluta frialdad y naturalidad le arrastra a las más sórdidas y variadas prácticas de violencia criminal.
Ficha técnica de la película
Dirección: Mary Harron. Productores: Christian Halsey Solomon, Chris Hanley, Edward R. Pressman para Am Psycho Productions, Edward R. Pressman Film, Lions Gate Films, Muse Productions, P.P.S. Films, Quadra Entertainment, Universal Pictures. Guión: Mary Harron, Guinevere Turner, según la novela de Bret Easton Ellis. Fotografía: Andrzej Sekula. Música: John Cale. Montaje: Andrew Marcus. Diseño de producción: Gideon Ponte. Intérpretes: Christian Bale (Patrick Bateman), Justin Theroux (Timothy Bryce), Josh Lucas (Craig McDermott), Bill Sage (David Van Patten), Chloë Sevigny (Jean), Reese Witherspoon (Evelyn Williams), Samantha Mathis (Courtney Rawlinson), Matt Ross (Luis Carruthers), Jared Leto (Paul Allen), Willem Dafoe (detective Donald Kimball), Cara Seymour, Guinevere Turner, Stephen Bogaert, Monika Meier, Reg E. Cathey, Blair Williams, Marie Dame, Kelley Harron, Patricia Gage, Krista Sutton, Landy Cannon, Park Bench, Bryan Renfro... Nacionalidad y año: Estados Unidos, Canadá 2000. Duración y datos técnicos: 101 min. color 2.35:1.
| < Prev | Próximo > |
|---|