Perpetrada entre 1975 y 1978, la tetralogía de los mundos perdidos de Kevin Connor supone una de las más refrescantes y simpáticas propuestas llevadas a cabo por el cine de género de serie B, poco antes de que el terreno natural de este tipo de producciones fuera engullido por las grandes productoras a raíz del éxito alcanzado por La guerra de las galaxias (Star Wars / Star Wars Episode IV: A New Hope, 1977) de George Lucas. Pero antes de entrar en materia, lo mejor será que nos pongamos en antecedentes.
A mediados de la década de los setenta la hegemonía del terror británico, que había sido el punto de referencia del género desde mediados de los cincuenta, tocaba a su fin, y con él se ponía en entredicho el futuro de un buen número de sellos cinematográficos que habían surgido y crecido al amparo de este fenómeno. Conscientes de esta situación, y llevando a cabo la máxima de “renovarse o morir”, la productora inglesa Amicus, propiedad de los norteamericanos Milton Subotsky y Max Rosenberg, que hasta entonces se había venido significando por su especialización en películas de terror formadas por sketches, decide dar luz verde a un proyecto del productor John Dark: la traslación a celuloide de alguna de las novelas que, ambientadas en mundos perdidos, escribiera el autor de Tarzán, Edgar Rice Burroughs.
Para ello, Dark recluta a un joven y talentoso director, Kevin Connor, quien había firmado su opera prima tan solo un año antes con, precisamente, la última cinta que, conformada por historias cortas de terror, llevara a cabo la referida Amicus, de título From Beyond the Grave [tv/vd/dvd: Cuentos de ultratumba / Al otro lado de la tumba, 1973]. Para protagonizarla, y tras barajar algunos nombres como el de Stuart Whitman, se contrata a un veterano actor americano, Doug McClure, bastante popular merced a su papel de Trampas en la serie televisiva El virginiano (The Virginian, 1962-1971), y presencia habitual en un sinfín de westerns, casi siempre en cometidos secundarios. De este modo, se conformaba el triángulo sobre el que se cimentaría la saga en sus cuatro entregas, ya que tanto Dark como productor, Connor como realizador y McClure como intérprete principal intervendrían en los sucesivos films que integrarían la referida tetralogía.
La tierra olvidada por el tiempo: dinosaurios en la I Guerra Mundial
Coproducida por la Amicus junto a su usual asociada, la estadounidense American Internacional Pictures (A.I.P) de Samuel Z. Arkoff, La tierra olvidada por el tiempo (The Land that Time Forgot) es la entrega inaugural de la serie, la cual adapta la novela homónima de Burroughs publicada originalmente en 1924, corriendo el guión a cargo de James Cawthorn y Michael Moorcock, ocasional pareja profesional especializada en literatura fantástica y de ciencia ficción, y el segundo además celebrado escritor de relatos y novelas de ambos géneros. En cuanto a sus actores principales, y además del referido McClure, encabezan el reparto el shakesperiano John McEnery, Susan Penhaligon y Anthony Ainley, quien años después alcanzaría cierta celebridad al encarnar en la pantalla pequeña al Doctor Who en una de las múltiples etapas del personaje, no siendo esta la única vez que, a lo largo de la saga, y como veremos, los caminos de esta se entrecrucen con los de la franquicia del referido científico.
Separado en dos mitades, y narrado en forma de flashbacks, el film se inicia con una primera parte más propia de una película bélica que de una fantástica como es el caso, ya que el marco de la acción se sitúa en el interior de un submarino alemán de la I Guerra Mundial, yéndose la narración en los distintos golpes de mano que, con el objeto de hacerse con el control de la nave, enfrentarán a la tripulación originaria de la embarcación contra el grupo de náufragos británicos que estos han recogido tras torpedear el barco comercial donde aquellos viajaban. Todo este tramo es aprovechado para facilitar la familiarización del espectador con los distintos personajes significativos que pueblan la trama, si bien estos, como las distintas relaciones que mantienen entre sí, no escapan del mero cliché. Sin embargo, y dentro de este contexto, es de agradecer que el argumento no tienda al usual maniqueísmo de alemanes malvados y aliados idealizados, procurando el guión la equiparación entre ambos grupos a través de la ejecución de ciertas maniobras de dudosa catadura moral por parte tanto de uno como de otro bando.
Es a raíz de la casual llegada de la expedición al fantasioso continente de Caprona, llamado así, tal y como se nos indica, en honor al marino italiano que lo descubrió varios siglos atrás, y lugar en el que transcurrirá el resto del relato, donde se dan cinta todos los elementos por los que es recordado este título, y que a su vez servirían como base sobre las que se sustentarían las posteriores entregas de la serie, caso de la presencia de seres prehistóricos, la candidez de su puesta en escena en alguno de sus pasajes – sirva como ejemplo el hecho de que las tropas germanas no solo entiendan el inglés, sino que incluso lo utilicen para hablar entre sí, pero no hagan lo mismo cuando tengan que comunicarse con otro barco de su nacionalidad, empleando entonces sí su idioma nativo -, el papel secundario de las féminas dentro de la narración, o el innato sentido de la aventura y la maravilla de la que hace gala Connor, olvidando cualquier ambición narrativa que no sea la acción pura y dura sin apenas descanso.
Del mismo modo, y dejando a un lado la influencia más o menos obvia de la obra literaria de Sir Arthur Conan Doyle El mundo perdido (The Lost World, 1912), la cual ya había sido llevada con anterioridad a la pantalla en un par de ocasiones antes de la fecha del título que nos ocupa, es de destacar el interés de ciertas ideas que encontramos a lo largo de su metraje, como que, según se vayan acercando nuestros protagonistas al nacimiento del río por el cual viajan, se encuentren con especies cada vez más desarrolladas, algo que ya ocurría en la novela de Burroughs y que también se daba en el film checoslovaco Cesta do praveku [tv/dvd: Viaje a la Prehistoria, 1955] de Karel Zeman, así como la profusión de ciertos detalles acordes al gusto marcado por otros títulos de ciencia ficción de la época, como su triste y desolador final en el que nuestra pareja de supervivientes deberá aprender a sobrevivir en aquel inhóspito mundo, ante el rechazo de las demás tribus de humano y homínidos, final, en todo caso, supeditado a la novela de origen, inicio de una saga.
Como resultado tenemos un honrado producto de evasión realizado con desparpajo y convicción y que arroja no pocos alicientes, viéndose beneficiado por la inspirada partitura de Douglas Gamley y la soberbia fotografía de Alan Hume, operador que más tarde vería reconocida su valía interviniendo en proyectos de mayor renombre, y quien logra dotar al conjunto de una particular atmósfera, pese a la evidente artificiosidad de muchos de los decorados empleados, artificiosidad que se hace extensible a los pobres aunque entrañables efectos especiales (muñecos a tamaño natural, articulados mecánicamente de forma algo artrítica) utilizados para dar vida a las diferentes criaturas antediluvianas que amenizan la historia, fruto del ajustado presupuesto asignado para dar vida a la cinta, y que, salvo contadas excepciones, se convertirían en el tradicional talón de Aquiles de la saga.
En el corazón de la tierra: pterosurios gigantes y profesores chiflados en el centro del planeta
La buena aceptación con la que fue recibida La tierra olvidada por el tiempo motivó que tanto la Amicus como la A.I.P. volvieran a juntar esfuerzos para rodar una nueva película con homogéneos ingredientes narrativos, tomando en esta ocasión como base En el centro de la Tierra (At the Earth’s Core, 1922), novela inicial del ciclo de obras que Edgar Rice Burroughs ambientara en el imaginario mundo de Pellucidar, publicada originalmente en las páginas de la revista All-Story Weekly, y que como ya ocurría con la anterior La tierra olvidada por el tiempo, parece inspirada por uno de los clásicos de la literatura fantástica de todos los tiempos, en este caso el Viaje al centro de la Tierra del francés Jules Verne.
Debido al aludido éxito alcanzado por su precursora, la película, estrenada en nuestro país con el título de En el corazón de la Tierra (At the Earth’s Core, 1976), contó con un presupuesto más holgado que aquella, lo que le sirvió para hacerse con los servicios de la escultural ex-modelo Caroline Munro y del mítico y excepcional Peter Cushing dando vida al profesor Perry, que, lejos del que creara Burroughs en su novela, compone un personaje de corte humorístico, una especie de profesor chiflado con no pocas semejanzas al Doctor Who que interpretara en el díptico formado por Dr. Who y los Daleks (Dr. Who and the Daleks, 1965) y Daleks – Invasion Earth 2.150 A.D. [tv: Los marcianos invaden la Tierra, 1966], ambas dirigidas por Gordon Flemyng, con el que, por si fuera poco, homenajea, quedando en el aire si de forma consciente o no, a otro de los científicos tan habituales en su filmografía, en este caso al Dr. Wells de la magistral Pánico en el transiberiano / Horror Express (1972) de Eugenio Martín, en el momento en el que al tratar sus enemigos de hipnotizarle, exclama: “No pueden hipnotizarme, ¡soy británico!”, muy similar al “¿Monstruos nosotros? ¡Imposible, somos británicos!” de aquella.
Sin dejar a un lado las semejanzas entre En el corazón de la Tierra y las incursiones cinematográficas del Doctor Who, es de resaltar que la trama de esta y la de la referida Dr. Who y los Daleks son prácticamente idénticas, algo no muy sorprendente si tenemos en cuenta que ambos guiones fueron firmados por idéntico autor, el mandamás de la Amicus Milton Subotsky, pero sí si consideramos que el esqueleto argumental del film de Connor es aceptablemente fiel a lo escrito por Burroughs, por lo que es más que probable que Subotsky tomara como fuente de inspiración la novela de su compatriota para dar forma a la primera de las aventuras en celuloide del científico británico. Así, si en Dr. Who y los Daleks su personaje protagonista llega con una máquina del tiempo a un mundo dominado por unos seres llamados Daleks, los cuales tienen sometidos a la población humana de la zona, población a quienes Who junto a sus acompañantes ayudarán a liberarse del yugo de sus tiranos, en el título que nos ocupa serán David Innes (McClure) y el profesor Perry los que se encarguen de promover la revuelta que acabe con los Mahars, una especie de pterosaurios enormes que gobiernan el mundo subterráneo al que estos han ido a parar de forma accidental mientras probaban un artilugio inventado por el profesor.
Rodada totalmente en decorados que, pese a su más que palpable naturaleza de cartón piedra, confieren a la historia una atmósfera fantástica y claustrofóbica, acorde con lo que esta nos relata, y bien apoyada de nuevo por la labor fotográfica de Alan Hume, dominada por tonos rosáceos, sorprende que el ya señalado incremento monetario del que se benefició la producción no repercutiera en unos efectos especiales más conseguidos para recrear las distintas criaturas fantásticas que se dan cita en su metraje, siendo solventadas estas por medio de especialistas disfrazados, tal vez en un intento de imitar los buenos trucajes del King Kong (King Kong, 1976) de John Guillermin que por aquellas fechas estrenara Dino de Laurentiis, pero cuyos resultados se encuentran más cercanos al del más pobre kaiju eiga que uno se pueda imaginar, hecho al que no es ajeno el espantoso diseño de las criaturas, algo por lo que Connor, consciente de ello, trata de esconder en diversos instantes, mostrándonos a algunos de estos seres escondidos entre brumas.
No obstante, a pesar de lo atractivo de su reparto y de los mayores medios con los que se dispuso para su realización, En el corazón de la Tierra no logra alcanzar en ningún momento los logros de su predecesora, convirtiéndose, al menos en la opinión de quien esto escribe, en el título menos memorable de cuantos constituyen la serie, si bien no deja de ser de una simpática y agradable cinta de aventuras fantásticas de tono ligero, en la que podemos apreciar cierto intento por parte de su director de tratar de desarrollar, dentro de su simpleza, la historia que tiene entre manos.
Viaje al mundo perdido: Conan y la guerra de las galaxias
Como las cosas no debieron de irle del todo mal a En el corazón de la Tierra, sus responsables prepararon para el año siguiente otro título más que respondiera a idénticas señas de identidad, cuyo reparto, aparte del ya consabido Doug McClure, en el que es su papel con menor protagonismo de entre todas las entregas de la saga, está encabezado en sus personajes principales por Patrick Wayne, hijo del legendario John Wayne, Sarah Douglas, rostro habitual del fantástico, como demuestra su trabajo en las dos primeras entregas de Superman, la también cantante Dana Gillespie, quien ya había aparecido en otra cinta de similares características, The Lost Continent [dvd: El continente perdido, 1968] de Michael Carreras, y el entrañable Thorley Walters, uno de esos rostros secundarios característicos de las producciones Hammer.
Filmada parcialmente en las islas Canarias, Viaje al mundo perdido (The People that Time Forgot, 1977), no es sino una secuela de La tierra olvidada por el tiempo, basada a su vez en la novela de Burroguhs El pueblo olvidado por el tiempo (1918), emplazándonos su argumento justo al final de aquella - o al principio, según se mire -, una vez que un hombre recoge en la orilla de la costa escocesa una botella en cuyo interior descansa un manuscrito en el que un tal Bowen Tyler relata las peripecias que le han acaecido en un extraño y desconocido lugar al que se refiere con el nombre de Caprona. De esta forma, la película nos pone tras la pista de una partida de rescate encabezada por el mejor amigo de Tyler, Ben McBride, quien es acompañado por un eminente profesor experto en prehistoria, una fotógrafa enviada por el periódico que ha sufragado los gastos de la expedición, y un piloto de avión con algún que otro problema con el alcohol.
Es por fin en este título cuando Kevin Connor logra que eclosione la formula que había venido utilizando a lo largo de los films anteriores, con la que era su realización más inspirada hasta el momento, resultado de una mayor madurez, logrando encontrar y mantener el equilibrio entre acción y narración, desarrollando unos personajes que, pese a que no escapen de lo rutinario, se antojan perfectos para soportar el peso de la historia, la cual es relatada con gran fluidez y con un tono más adulto que el mostrado hasta entonces por la saga, tanto por su atractiva imaginería visual, la cual, y en especial en el tramo que se desarrolla en la ciudad sita en el monte de las calaveras, parece escapada de alguna portada del Conan de Frank Frazetta, como por la presencia de un mayor erotismo, si bien ya apuntado en la anterior entrega, servido de aquí de forma más que clara por el deliberado protagonismo que adquiere el escote de la voluptuosa Dana Gillespie, personaje a través del cual se abren paso otros de los rasgos característicos de su director, como es la ya aludida ingenuidad de su puesta en escena, pues esta aparece convenientemente depilada, peinada y maquillada, algo bastante raro si tenemos en cuenta que se trata de una troglodita.
Con todo, la cinta tampoco es perfecta, ya que vuelve a adolecer de unos efectos especiales un tanto pobres, más si la comparamos con los del éxito del cine fantástico de aquella temporada, la revolucionaria La guerra de las galaxias, película a la que le unen curiosas coincidencias, caso de la presencia de Dave Prowse, el Darth Vader de aquella, desempeñando aquí un papel casi de figuración como verdugo que, al igual que su más famoso personaje, no muestra la cara, o el peinado que luce Sarah Douglas en buena parte de la cinta, clónico al que Carrie Fisher hiciera popular con su princesa Leia. Habrá que decir en defensa del título que nos ocupa que en un principio el presupuesto asignado para sus trucajes era más elevado del que finalmente disfrutó, pero la disolución de la Amicus – esta fue la última producción oficial de tan recordada productora -, y los problemas surgidos a raíz de este hecho provocaron que el dinero destinado a tales menesteres fuera recortado de forma drástica. Pese a ello, y aunque no hagan olvidar los paupérrimos escenas con maquetas, que en ningún momento logran esconder su falta de verismo, o los habituales torpes y mecánicos movimientos de la mayoría de sus criaturas, a lo largo del metraje podemos encontrar algunas pistas de cómo podrían sido sus resultados de haber contado con los medios necesarios, como ese colosal estegosaurio animado por stop-motion.
Los conquistadores de Atlantis: extraterrestres en una Atlántida sita en el Triángulo de las Bermudas
La desaparición de la Amicus no fue óbice para que la serie de películas que sobre mundos perdidos dirigiera Kevin Connor feneciera con ella. Más al contrario, la producción de la cuarta entrega de la saga, Los conquistadores de Atlantis (Warlords of Atlantis, 1978), recaería en manos de la todopoderosa EMI, lo que se acabaría traduciendo en una mayor riqueza de medios para su realización, como queda patente en sus efectos especiales, que, si no perfectos, al menos rayan a mayor altura que en anteriores ocasiones. Empero este cambio de sello trajo consigo el impedimento de volver a adaptar una novela de Burroughs, como había ocurrido hasta la fecha, apostando sus responsables por un libreto original de Brian Hayles, guionista habitual de la serie televisiva sobre nuestro viejo amigo el Doctor Who durante el periodo comprendido entre 1965 y 1975, en el que, no obstante, se esconden varios puntos en común con el de una de las adaptaciones de Burrourghs llevada a cabo con anterioridad dentro de la saga, más concretamente la titulada En el corazón de la Tierra, ya que, tanto la accidental forma de llegar hasta la ignota civilización de nuestros protagonistas – mientras prueban un prototipo de un revolucionario invento -, como la subtrama amorosa entre el personaje de McClure y una bella indígena, así como su posterior desenlace, son idénticas en ambas tramas. Amén de ello, sumemos también ciertas similitudes con la novela El abismo de Maracot (The Maracot Deep, 1929), del ya citado Sir Arthur Conan Doyle.
Para ambientar su guión, Hayles recurrió a uno de los mitos más populares y sugerentes de la cultura griega clásica, y el paradigma de mundo perdido por excelencia, la Atlántida, entremezclándolo con las leyendas de supuestos sucesos paranormales acaecidos en torno al Triángulo de las Bermudas, y el fenómeno O.V.N.I., muy de boga por aquellos años debido a los ensayos de Charles Berlitz, dando como fruto un pastiche con un genuino gusto pulp de lo más agradable. De esta manera, Hayles ubica la Atlántida en el epicentro del Triángulo de las Bermudas, siendo esta civilización la culpable de las extrañas desapariciones de barcos acaecidas en este cuadrante – en un momento dado de la película, los protagonistas llegarán a topar, incluso, con el capitán Briggs del Mary Celeste, navío cuya tripulación en la realidad desapareció misteriosamente en 1872 -, ya que los atlantes, los cuales nos son presentados como originarios de Marte y de aspecto heleno, necesitan a los marineros de las embarcaciones secuestradas para emplearlos como esclavos que reparen las fortificaciones de sus ciudades de los ataques de las diversas criaturas monstruosas que habitan en las inmediaciones de las mismas.
Así, y a pesar de la referida inyección económica, Los conquistadores de Atlantis no deja de ser una serie B desacomplejada y orgullosa de su condición, ya sea por su argumento, por sus personajes y esquemas narrativos heredados de los seriales cinematográficos de la década de los 30 y los 40, como por la tan eficaz como rutinaria realización de Connor, que, fiel a los anhelos con los que fue concebida la cinta, nos ofrece hora y media de vibrante emoción, erigiéndose su conjunto como el de la mejor entrega de la saga, a la vez que supuso el punto final de esta.
Doce meses después, Connor y Dark, conocedores de haber agotado toda las posibilidades que podían ofrecerles las ambientaciones en mundos perdidos, volvieron a aunar fuerzas para rodar otra película de similares características pero encuadrada dentro de los parámetros de la fantasía arábiga, de nuevo bajo guión de Brian Hayles pero ya sin el protagonismo de Doug McClure, cuyo producto sería la inferior aunque no del todo desdeñable Alfombras mágicas (Arabian Adventure, 1979). Atrás quedaban cuatro títulos que, más allá de su imperfección y gracias a su ingenuidad, falta de pretensiones e inigualable sentido de la maravilla, entrañan uno de los más agradables y atractivos capítulos del cine fantástico de los años 70, las cuales incluso llegarían a crear escuela – sin ir más lejos, ahí tenemos las cintas de aventuras del valenciano Juan Piquer Simón, que, salvando las distancias, son bien afines a estos films tanto en la forma como en el fondo -, cuyos logros son consecuencia de una manera artesanal e imaginativa de entender el cine, y que, por desgracia, a día de hoy parece no ya en desuso, sino completamente olvidada.
Fichas técnicas
La tierra olvidada por el tiempo (The Land that Time Forgot)
Director: Kevin Connor / Productor: John Dark / Guión: James Cawthorn y Michael Moorcock sobre la novela homónima de Edgar Rice Burroughs / Fotografía: Alan Hume / Música: Douglas Gamley / Montaje: John Ireland / Efectos especiales: Derek Meddings, Roger Dicken / Intérpretes: Doug McClure (Bowen Tyler), John McEnery (Capitán Von Schoenvorts), Susan Penhaligon (Lisa Clayton), Keith Barron (Bradley), Anthony Ainley (Dietz), Godfrey James (Borg), Bobby Parr (Ahm), Decían Mulholland (Olson), Colin Farell (Whiteley), Ben Howard (Benson), Roy Holder (Plesser), Andrew McCulloch (Sinclair)… / Nacionalidad y año: Reino Unido / Estados Unidos 1975 / Duración y datos técnicos: 90 min. color. 1.85:1.
Sinopsis: Primera Guerra Mundial. Tras hundir un barco británico y tomar presos a los supervivientes, un submarino alemán encalla en algún lugar cercano a la Antártida, una perdida isla llamada Caprona, donde todavía sobreviven vestigios de la época prehistórica. El grupo formado por alemanes y británicos tendrá que enfrentarse y luchar con criaturas e incluso pobladores desconocidos.
En el corazón de la Tierra (At the Earth’s Core)
Director: Kevin Connor / Productor: John Dark / Guión: Milton Subotsky sobre la novela homónima de Edgar Rice Burroughs / Fotografía: Alan Hume / Música: Michael Vickers / Montaje: John Ireland, Barry Peters / Efectos especiales: Ian Wngrove / Intérpretes: Peter Cushing (Dr. Abner Perry), Doug McClure (David Innes), Caroline Munro (Princesa Dia), Cy Grant (Ra), Godfrey James (Ghak), Sean Lynch (Hoojah), Bobby Parr (Jefe Sagoth), Michael Crane (Jubal, el feo), Keith Barron (Dowsett), Anthony Vender (Gadsby), Helen Gill (Maisie), Andree Cromarty (Mujer en sacrificio), Robert Gillespie (Fotógrafo)… / Nacionalidad y año: Reino Unido / Estados Unidos 1976 / Duración y datos técnicos: 89 min. color. 1.85:1.
Sinopsis: En la Inglaterra victoriana, el científico Abner Perry ha creado una máquina capaz de viajar al centro de la Tierra. Él y su ayudante David Innes deciden probarla, pero la máquina pronto escapa de su control y van a parar a un mundo prehistórico. Allí son capturados por una tribu de reptiles inteligentes que tienen esclavizados a otros humanos gracias a su potente control mental. Durante su cautiverio, David conoce a la princesa Dia, una bellísima nativa humana. Cuando ella es destinada a ser la siguiente víctima de un sacrificio, David liderará la rebelión de los humanos para salvarla.
Viaje al mundo perdido (The People that Time Forgot)
Director: Kevin Connor / Productor: John Dark / Guión: Patrick Tilley sobre la novela El pueblo olvidado por el tiempo de Edgar Rice Burroughs / Fotografía: Alan Hume / Música: John Scott / Montaje: John Ireland, Barry Peters / Efectos especiales: Ian Wingrove, John Richardson / Intérpretes: Patrick Wayne (Ben McBride), Sarah Douglas (Charly Cunningham), Doug McClure (Bowen Tyler), Dana Gillespie (Ajor), Thorley Walters (Dr. Norfolk), Shane Rimmer (Hogan), Tony Britton (Capitán Lawton), John Hallam (Cheng-Sha), Dave Prowse (Verdugo), Milton Reid (Sabbala), Kiran Shah (Bolum), Richard LeParmentier (Teniente Whitby), Jimmy Ray (Teniente Grahan), Tony McHale (Telegrafista)… / Nacionalidad y año: Reino Unido 1977 / Duración y datos técnicos: 89 min. color. 1.85:1.
Sinopsis: En 1916, el investigador Bowen Tyler desaparece en la ignota isla de Caprona, pero antes consigue lanzar al mar un mensaje con la esperanza de que alguien pueda encontrarlo y acudir en su ayuda. Tres años más tarde el mensaje, con información sobre la isla y las especies prehistóricas que allí existen, es descubierto en las costas de Escocia. Ben McBride, uno de los mejores amigos de Tyler, convence a un periódico londinense para que financie una expedición de rescate con la promesa de que puede convertirse en la historia del siglo.
Los conquistadores de Atlantis (Warlords of Atlantis)
Director: Kevin Connor / Productor: John Dark / Guión: Brian Hayles / Fotografía: Alan Hume / Música: Michael Vickers / Montaje: Bill Blunden / Efectos especiales: Roger Dicken, George Gibbs / Intérpretes: Doug McClure (Greg Collinson), Peter Gilmore (Charles Aitken), Shane Rimmer (Capitán Daniels), Lea Brodie (Delphine), Michael Gothard (Atmir), Hal Galili (Grogan), John Ratzenberger (Fenn), Derry Power (Jacko), Donald Bisset (Profesor Aitken), Ashley Knight (Sandy), Robert Brown (Briggs), Cyd Charisse (Atsil)… / Nacionalidad y año: Reino Unido 1978 / Duración y datos técnicos: 96 min. color. 1.85:1.
Sinopsis: La legendaria ciudad perdida de la Atlántida está custodiada por un pulpo gigante que mantiene retenidas a varias familias de pescadores, forzadas a reconstruir la ciudad. Para que puedan sobrevivir bajo el agua, estos humanos han sido transformados, por medio de la inserción de agallas, en tritones. Ahora tratan de apoderarse de la Tierra. El profesor Aitken, su hijo Charles y Greg Collison se hallan investigando en las proximidades de la Atlántida cuando los gigantescos tentáculos del pulpo los atrapan…
José Luis Salvador Estébenez (Madrid, España)
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