Hammer: La casa del terror

hammerPor primera vez en castellano nos llega una obra dedicada en exclusiva a la mítica productora Hammer Films. Hammer. La Casa del Terror explora este fascinante mundo analizando en profundidad todo el grueso fílmico de la productora, así como los aspectos más interesantes de la vida de sus estrellas, técnicos y de la propia "Casa". Deliciosamente ilustrado con más de150 fotografías, recortes periodísticos y carteles de sus películas, la obra se alimenta además de la inestimable ayuda y de los testimonios de personajes como Christopher Lee, Marcus Hearn o Graham Skeggs. Veamos un poco más...

AVANCE EDITORIAL: HAMMER. LA CASA DEL TERROR

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Rústica con solapas, 20 x 26 cm. 256 páginas. Más de 150 Ilustraciones. ISBN: 84-96235-00-9 PVP: 19,90 Euros

*****Promoción finalizada (15/11/2003)*****

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Hammer: La Casa del Terror

La productora británica Hammer Films instituyó en los años 50 y 60 un estilo visual en el cine fantástico que, además de catapultarla al estrellato, puede ser considerado hoy en día tan mítico como inseparable dentro de la iconografía cinematográfica mundial. Así, films como Drácula (Dracula, 1958) o El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969), ambas de Terence Fisher, marcaban un antes y después en el cine de terror desde el mismo momento de su estreno en las carteleras, mientras que los intérpretes fetiche de "la Casa", Christopher Lee y Peter Cushing entre otros, avivavan el culto al nuevo producto gracias a su clase y porte dentro y fuera de la gran pantalla.

Si bien todo auge tiene su posterior caída, y la Hammer la tuvo con su desaparición a principios de los años 80, lo cierto es que la leyenda de los ingleses se ha mantenido viva a lo largo de todos estos años no sólo en los circuitos profesionales, sino también gracias a una caterva de jóvenes admiradores que crece y se renueva con el paso del tiempo. Hace un millón de años (One Million Years B.C., 1966), de Don Chaffey, y otras películas carácterísticas del estudio, suelen ser emitidas con frecuencia en la televisión, y sus pases en los cines tampoco son escasos; en un país tan idólatra como Gran Bretaña, el nombre de la Hammer significa negocio, y sus figuras ya son símbolos tan exclusivos de la cultura patria como pueden serlo los Beatles, James Bond o las cabinas de teléfono rojas; pósters, monedas y pegatinas con las efigies de los monstruos de la Hammer, bandas sonoras, DVD's y cintas de VHS con ediciones remasterizadas de los viejos éxitos de la productora e, incluso, festivales, charlas y coloquios con personajes honorables como Jimmy Sangster, Veronica Carlson o Roy Ward Baker ayudan a que la Hammer mantenga su poder de seducción aún levitando en el segundo plano impuesto por el aplastante éxito mediático de los nuevos estrenos, ya sean los Matrix, ya sean las sagas de El Señor de los Anillos o de La guerra de las galaxias.

¿Qué ocurre fuera de Gran Bretaña? ¿En España, por ejemplo? En España, el mundo videográfico parece vivir una renovada juventud, por lo menos en lo que respecta al injustamente denostado género fantástico; de este modo, nuevas ediciones de películas de serie B y Z inundan los kioskos, tiendas especializadas y grandes almacenes, dando a conocer a los autores más representativos del género como, por ejemplo, Jess Franco, Jean Rollin o Frank Henenlotter. Por supuesto que sería injustificable que la Hammer no hubiera contado con su riconcito en este mercado, y ha sido la distribuidora Manga Films la encargada de presentar al aficionado las ediciones españolas en DVD de algunas de las películas más importantes del estudio.

Pero el éxito de Manga Films ha dejado al descubierto algo tan palpable como es la falta de información en nuestro país sobre la Hammer, o en todo caso ha provocado la necesidad de un complemento explicativo sobre el origen, el desarrollo y la suerte tanto de estas películas como la de sus autores. Hasta ahora el aficionado que quería adentrarse en el fascinante mundo de la Hammer se veía obligado a manejarse correctamente en el idioma de Shakespeare pues, aunque cada año surge en el mercado literario inglés un libro o más sobre la mítica productora, en España no existía una obra exhaustiva y profunda de características similares.

Ha sido Calamar Ediciones la única editorial capaz de paliar esta inexplicable falta con la publicación del libro HAMMER. LA CASA DEL TERROR, amplio, meticuloso y preciso texto escrito por Juan M. Corral que, además de ser la primera divulgación profesional en castellano sobre la Hammer, o precisamente por esta misma razón, se presenta también como el único estudio verdaderamente objetivo tanto del legado cinematográfico de la productora como del devenir de ésta, carente del inseparable chauvinismo y del tufillo propagandístico/promocional (hay que barrer para casa) de las obras anglosajonas. HAMMER. LA CASA DEL TERROR es un preciosista libro de consulta de más de 250 páginas, cuyo acabado y presentación, enriquecidos estos apartados por la inclusión de un alto número de fotografías (desde las más recordadas hasta decenas de inéditas) y por una maquetación moderna y soberbia, son la prueba de que la calidad visual de los mejores logros de la Hammer ya tiene su contrapunto en el medio literario de nuestro país. No podía ser de otra forma: el barroquismo escénico de películas como Dr. Jekyll y su hermana Hyde (Dr. Jekyll and Sister Hyde, 1971), de Roy Ward Baker, la engalanada puesta en escena de otras como Rasputín (Rasputin: The Mad Monk, 1966), de Don Sharp, o el evidente homenaje a la literatura romanticista de Las manos del destripador (Hands of the Ripper, 1971), de Peter Sasdy, o de The Vampire Lovers [tv: Las amantes vampiros; vd: Amor entre vampiros, 1970], de Roy Ward Baker, necesitaban de una tesis de estilo complejo y rico en la forma pero también en el fondo. De este modo, el autor aporta su experiencia en el medio audiovisual para desentrañar una por una las más de 150 películas, cortometrajes y documentales propuestos en su día por la Hammer, sin olvidar dar un amplio repaso a las biografías de la mayoría de los participantes, directores, actores, compositores...

Se podría decir entonces que HAMMER. LA CASA DEL TERROR es la obra de consulta definitiva sobre la Hammer en castellano, un diccionario modélico donde a duras penas falta algún dato de interés sobre esta o aquella película, sobre este o aquel intérprete; y sería cierto, pero es que, además, HAMMER. LA CASA DEL TERROR no es sólo un libro frío de consulta, es además la verdadera y única historia en letras de la Hammer, porque Juan M. Corral ha escogido desarrollar las críticas de las películas de forma cronológica y genérica al mismo tiempo que va desvelando al lector los entresijos y engranajes que marcan desde la creación de la productora, cuando un emigrante catalán, Enrique Carreras, compra un par de salas de cine a principios del siglo XX, hasta la desaparición en 1980 del estudio, en manos por aquel entonces de Roy Skeggs, pasando, por supuesto, por todos los avatares y circunstancias que forman parte de la existencia de una productora cinematográfica tan longeva, las disputas y acuerdos sobre series televisivas de renombre, los problemas con la mortífera censura de John Trevelyan, las decisiones más o menos divertidas de promover el erotismo en sus campañas publicitarias, los éxitos y desgracias en las vidas profesionales y privadas de los actores y técnicos más importantes, etc...

De este modo, el aficionado descubrirá que antes de La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957), de Terence Fisher, ya había Hammer de sobra; el autor utiliza el primer capítulo para desarrollar la vida de los Carreras y de los Hinds en Londres, ciudad donde se asocian, compran sus primeras salas de cine y forman la Exclusive, verdadero embrión de la Hammer, y floreciente distribuidora de filmes extranjeros en tierras anglosajonas. A lo largo del texo se suceden anécdotas e historias divertidas, como aquella que envuelve la contratación del atleta Billy Welles, famoso por ser el actor que aporrea el gong al principio de las producciones de la Rank, y el autor empieza a catalogar con seguridad una filmografía que, hasta ahora, no estaba lo suficientemente contrastada. Sobre este punto hay que comentar que Juan M. Corral ha sabido utilizar de forma correcta sus contactos, incluso los que le relacionan con personajes tan célebres como el propio Christopher Lee, para desechar cortometrajes atribuidos con total ligereza a la Hammer, y que no ha olvidado, ni tan siquiera, el aportar los datos nacionales de mayor interés cuando una de estas primeras producciones de la Exclusive se estrenaban en España.

Continúa el libro con un segundo capítulo donde ya se hace hincapié en la vasta producción de la Exclusive, la contratación de afamados seriales radiofónicos como el de Dick Barton para sus adaptaciones a la gran pantalla, la llegada de nuevos valores técnicos como el maestro Terence Fisher o Val Guest, el inicio del color... Ahora el autor da un vuelco a su estilo y abandona el llano peridístico para aportar reflexiones más detalladas sobre películas como Four-Sided Triangle [tv: El triángulo de cuatro lados, 1953), de Terence Fisher, pues la calidad creciente de éstas así lo pide. Es el momento en el que el lector comienza a descubrir que HAMMER. LA CASA DEL TERROR es más que un libro de la Hammer; un vistazo a los extensos pies de página que acompañan a cada capítulo pone al descubierto que el escritor los ha aprovechado para complementar la obra con apasionantes repasos sobre otros géneros, otras productoras, otras películas, formando una especie de análisis cronológico tan atractivo para el estudioso cinematográfico como sugestivo para aquel lector poco interesado en el cine.

Son los tres siguientes capítulos los elegidos para plasmar en texto la edad de oro de la Hammer. El estreno mundial de El experimento del Dr.Quatermass (The Quatermass Xperiment, 1955), de Val Guest, a la postre unos de los filmes de ciencia-ficción más influyentes de la historia, supuso tal éxito en taquilla para la Hammer que la productora decidió dedicarse de lleno al género fantástico, abandonando los thrillers propuestos en la etapa gris de la Exclusive. Es curioso lo que nos cuenta Juan M. Corral sobre el interés de los mandamases de la Hammer para contratar a estrellas americanas, Brian Donlevy en el caso del Dr. Quatermass, para promocionar sus películas en el jugoso mercado estadounidense, o el cinismo comercial de Michael Carreras para diseñar los gimmicks de X, the Unknown [tv: X - Lo desconocido, 1956], de Leslie Norman. Comenta el autor en la introducción que "aún a riesgo de ser tachado de exagerado, no me queda más remedio que afirmar que películas como Drácula o El cerebro de Frankenstein ahondan tanto o más en los sentimientos y anhelos científicos, religiosos y moralistas que conforman al individuo como pueda hacerlo una muestra de la nouvelle vague francesa, o ese cine descrito bajo el manido mote de de autor; y además con una técnica visual superior que las eleva a los mejores logros de maestros como Alfred Hitchcock, Fritz Lang o el mismo John Ford"; lo cierto es que, a finales de los 50, la Hammer enfoca su punto de mira en el legado de la Universal, un legado que, recordemos, flotaba sobre la obra literaria romántica, tal vez una de las aportaciones culturales más importanes de nuestro tiempo. Así, el equipo comandado por Terence Fisher marca una nueva forma de hacer cine con La maldición de Frankenstein y Drácula, recuperando los antiguos filmes de James Whale y Rowland V. Lee, pero acercándolos a los motivos más existencialistas y autocríticos de Mary Shelley, Lord Byron o Edgar Allan Poe, y aderezándolos para más inri con un sangriento y erótico estilo visual hasta entonces difícilmente visto en las pantallas.

Estos dos filmes se verían prolongados por respectivas continuaciones que formarían un par de sagas mejor o peor resueltas. Un detalle que es de agredecer en HAMMER. LA CASA DEL TERROR, y que asombra por su subjetiva sinceridad, es que el autor no se ha dejado influir por posiciones críticas ya establecidas de antemano; por ejemplo, Drácula, príncipe de las tinieblas acarrea una fama de excelente película que el propio Corral pone en duda; es una opinión subjetiva, tal vez cortante y tajante, pero que está sustentada con interesantes datos y con reveladores comentarios de los propios participantes en el filme; por lo menos, es una opinión para tener en cuenta aunque no se esté de acuerdo con ella.

El perro de los Baskervilles (Hound of the Baskervilles, 1959), La momia (The Mummy, 1959), El fantasma de la ópera (The Phantom of the Opera, 1966), las tres de Fisher, y otras, son películas que marcaron una época tanto en Europa como en Estados Unidos. La escuela de terror italiana, liderada por Mario Bava, Riccardo Freda y Antonio Margheriti, iniciaba su aportación de castillos tenebrosos, pasillos con telarañas y sonidos quejumbrosos en un alarde de clonaje de estilo hammeriano y mixtura británico-mediterránea; al mismo tiempor Roger Corman daba lo mejor de sí mismo con sus adaptaciones muy libres de la obra de Poe, y Jess Franco decidía dirigir Gritos en la noche (1962) en España después de asistir a la proyección de la maravillosa Las novias de Drácula (The Brides of Dracula, 1960) de Terence Fisher. El filón emprendido por la Hammer se vió abocado al inevitable desgaste por tal prodigalidad de producciones de similar estilo, aunque lo hizo de forma menos evidente y más lenta que la saga de 007 y los pseudo-bonds. De todas maneras, el avispado Michael Carreras supo renovarse antes de darse el batacazo, y al inicio de los años 60 volvió a sorprender al mundo entero con la utilización desmedida de los encatos de las damiselas de la Hammer como arma publicitaria. El estreno de películas de corte paleolítico como Hace un millón de años, Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (When Dinosaurs Ruled the Earth, 1970), de Val Guest, o Mujeres prehistóricas (Slave Girls, 1967), de Michael Carreras, evidenciaba un claro descenso en la calidad de los guiones, pero el público asistió en masas a las salas aunque sólo fuera para satisfacer la vista con los rotundos cuerpos de Raquel Welch o Victoria Vetri. Es la época también del protagonismo de las mejores actrices del estudio; Peter Cushing y Christopher Lee contarían con unas excelentes compañeras de reparto como Veronica Carlson, Barbara Shelley o Ingrid Pitt. Sobra comentar que la belleza de estas mujeres puede ser apreciada en las espectaculares fotografías de HAMMER. LA CASA DEL TERROR, unas fotografías que son presentadas sin ningún tipo de trabas o cortes.

La obra tampoco puede obviar una de las etapas más aburridas de la productora, y de esta manera el llamado terror psicológico de la Hammer también está agudamente constatado en sus páginas. Jimmy Sangster inaugura este subgénero con su guión para El sabor del miedo (Taste of Fear, 1961), de Seth Holt, una especie de imitación de las películas de Alfred Hitchcock que homenajea, además, a Las diabólicas (Les diaboliques, 1955), de Henri-Georges Clouzot. Lástima que las siguientes, Te espera la muerte querida (Fanatic, 1965), de Silvio Narizzano, Maniac [tv: Maníaco, 1963], de Michael Carreras, Hysteria (1965), de Freddie Francis..., y a excepción de la formidable A merced del odio (The Nanny, 1965), de Seth Holt, sean todas más que plomizas. Con la llegada de los 70, la Hammer desnuda a sus vampiras en una trilogía sobre la obra de Sheridan Le Fanu formada por The Vampire Lovers, Lust for a Vampire [tv/vd: Lujuria para un vampiro, 1971], de Jimmy Sangster, y Drácula y las mellizas (Twins of Evil, 1971), de John Hough; según el autor, estas películas sufren un injusto desprecio por sus destetes cuando, en realidad, se muestran como sólidas realizaciones y divertidas películas de aventuras. Parece ser que estos filmes no resultaron tan fructíferos en las taquillas como se ha entendido hasta ahora, promoviendo muy a su pesar el ocaso de la productora; a partir de la mitad de la década, el mundo cinematográfico da un nuevo vuelco a su forma de hacer cine; los gustos del público cambian al mismo tiempo que producciones como Tiburón (Jaws, 1975), de Steven Spielberg, o El exorcista (The Exorcist, 1973), de William Friedkin, se convierten en los grandes éxitos de la temporada; a nadie le interesan ya los mundos enrarecidos y viejos del gótico británico: los monstruos clásicos, los vampiros, las momias y los hombres-lobo sufren la humillación de la indiferencia, y la Hammer se resiente por ello. Unidos a estos avatares se unen otros, como las enfermedades y defunciones de las viejas glorias del estudio o el creciente influjo de la televisión; Michael Carreras pierde el control de la firma, y el nuevo director, Roy Skeggs, sólo consigue mantener viva la llama durante unos pocos años, el tiempo justo, eso sí, para produccir un par de series televisivas de renombre con los títulos La casa del terror (Hammer House of Horror, 1980) y La casa del misterio (Hammer House of Mystery and Suspense, 1984-1985).

La Hammer firma su finiquito en 1980 con la insulsa La dama del expreso (The Lady Vanishes, 1979), de Anthony Page, para desparacer poco después. Pero HAMMER. LA CASA DEL TERROR no termina aquí; en cuatro capítulos más, el autor complementa la historia del estudio con sendos apéndices, unas golosinas en forma de añadidos que comienzan con el desglose de los proyectos nunca realizados por la Hammer, continúan con una entretenida exposición de los fallos y gazapos más ostentosos de sus producciones y con una visita al mundo del merchandising y las convenciones creadas alrededor del estudio. El capítulo 8 es una especie de minilibro en sí mismo, un útil diccionario con las biografías de los mejores "habitantes" de la casa, y los dos siguientes capítulos guardan la mayor y más rigurosa filmografía de todas las producciones Hammer.

En resumidas cuentas, HAMMER. LA CASA DEL TERROR es la biblia en castellano que todo buen aficionado a la Hammer debería tener en su biblioteca, y que todo buen aficionado al cine en general no debería dejar de leer. Como el mismo Juan M. Corral desvela en las hojas de su libro, la Hammer, un nombre legal ahora en poder de varios abogados y banqueros británicos, siempre parece estar a punto de resurgir; si alguna vez el Conde Drácula volviera a resucitar, ya fuera por obra y gracia de Joe Dante o ya por William Lustig, y no tuviera este libro entre mis brazos, evidentemente nunca me los perdonaría.

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Pincha aquí para comprar el libro contrarrembolso. (Entrega estimada: 15 de noviembre).

A la venta en librerías a primeros de Diciembre.

Rústica con solapas, 20 x 26 cm. 256 páginas. Más de 150 Ilustraciones. ISBN: 84-96235-00-9 PVP: 19,90 Euros

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