El presente artículo es una introducción a ese atractivo fenómeno literario conocido como folletín.
El folletín, como tal, nace a través de la idea de dos empresarios franceses, quienes al fundar de Siède y Le Presse intentan llegar al gran público rebajando los precios a la mitad y creando un espacio para publicar novelas de ficción.
El folletín siempre ha sido un género multiforme, difícil de encuadrar en un determinado período o tendencia literaria, si bien podríamos cifrar su desarrollo y apogeo en la década de 1840 a 1850.
Éste, quizá, sea el punto más débil de la novela folletinesca. Si cogemos por ejemplo El Conde de Montecristo, la novela más famosa del escritor más representativo, no sabríamos si clasificarlo como novela costumbrista, de intriga o de aventuras, ya que es las tres cosas al mismo tiempo.
Tal tipo de narraciones tan opulentas en materiales narrativos como ampulosas en su estilo a veces categórico contienen a la vez muchos rasgos en donde la simpleza narrativa y el dinamismo son conseguidos a base de una acción trepidante y un gusto por los diálogos cortos y la ausencia de descripciones. Estas características son opuestas entre sí, lo cual abunda en el difícil encasillamiento del género que tienen las novelas folletinescas, incluso para los que, queriendo denostar este género, lo llamaban "literatura de masas" despectivamente.
Al momento de empezar a publicar estas novelas se produjo un grandioso éxito y se multiplicaron las inscripciones: todo el mundo lo leía, desde el vulgo hasta las clases más altas -si bien éstas a escondidas-, se fletaban barcos para que las obras fueran consumidas con más rapidez en todas partes...
Desde la distancia que otorga el tiempo es fácil entender porqué se leían folletines. En ellas se jugaba con las figuras que siempre han estado ahí, como el héroe romántico, la damisela en apuros, los villanos que se interponen entre ellos, la intriga palaciega... Pero las grandes claves para entender qué es un folletín tienen que ver más con sentimientos tan universales como la ambición, el odio, el amor, la amistad, el honor...
Uno de los principales móviles que desencadenan la acción folletinesca es la venganza, tema que se puede ver en novelas que van desde El Conde de Montecristo, de Alexandre Dumas, Los misterios de Londres, o El jorobado, ambas de Paul Féval. A la vez en el folletín se entrecruzan los elementos realistas con los románticos. Si bien las intrigas que motivan los grandes dramas vienen motivadas por el amor en sus diferentes caras: separación forzada, imposibilidad de realizarse... también hay contenidos sociales con un carácter esencialmente subversivo como en Los misterios de París y El conde de Montecristo.
Con relación a este género, se critica mucho la aparición de elementos fantásticos y de intrigas rocambolescas cuando la ficción siempre ha sido la única "realidad" posible. El criterio de lo ficticio como lo "no real" no es plausible en el mundo en que vivimos. Por eso el folletín como género siempre está desarrollado en un cierto enclave histórico. Trata de crear ficción a través de una realidad posible pero no plausible: crea una nueva realidad. Debido a eso, en realidad no es importante que las novelas folletinescas estén documentadas de un modo completamente riguroso. El autor se puede permitir licencias con el fin de desarrollar la acción, creando al lector una sensación de no tener claros los límites entre la realidad y la ficción. Citando a Dumas: "La historia es el clavo en donde se cuelga el cuadro". El cuadro sería la acción, el relato. Por eso, cuando leemos Los tres mosqueteros, el Richelieu personaje es distinto del real, pero ¿quién le dice al lector que se acerca por primera vez a la novela que no es el mismo?.
Esta es la causa de que el folletín sea un territorio al que huir, un mundo de libertad en el que cada lector encuentre otros mundos y viva otras vidas. Ese sentimiento lo puede crear todo tipo de literatura, pero lo original y bello del folletín es entrar en ese mundo difuso en el que se entrecruzan la realidad y la ficción.
Otro rasgo clave del folletín es la combinación de los elementos de riesgo que caracterizan y atraen al lector de aventuras con los de intriga. En el caso de novelas de aventuras, el peligro casi siempre es exterior y el lector, a la vez que el personaje, siente fascinación por el riesgo. En las segundas -aunque la mayoría de las veces tienen las dos clases-, se teme la maquinación del "malo": al mismo tiempo que el lector se ve involucrado en lo que pueda pasar en la siguiente página, también teme por lo que pueda sucederle al personaje principal.
Los tres autores más importantes del folletín son Dumas, Féval y Sué. Después hay diversos subgéneros en donde encontraríamos por ejemplo a los "ladrones de guante blanco": Rocambole, de Pierre Alexis de Ponson du Terrail, Raffles, de E. William Hornung; Arséne Lupin, de Maurice Leblanc, y Fantomas, de Pierre Souvestre y Marcel Allain, si bien el único contemporáneo de Dumas es Ponson du Terrail.
En los principios de la novela policíaca, un autor llamado Émile Gaboriau mezcló el folletín con lo que luego se llamó novela policiaca. Era secretario de Paul Féval. Sus obras más representativas son El expediente 113 y El caso Lerouge.
En el supuesto de Gaston Leroux, autor de El fantasma de la ópera, su ciclo de novelas Chéri-Bibi es el que más características folletinescas tiene, aunque las novelas de Rouletabille también sean consideradas en este género: en estas últimas, prima más la reflexión y el análisis. Lo mejor del ciclo de Rouletabille es El misterio del cuarto amarillo.
En lo que se denominó la época dorada del folletín, que comprende desde 1840 a 1850, encontramos, como dijimos, a los autores más representativos, Dumas, Féval y Sué. De entre ellos, Dumas es el más prolífico e importante. Cultivó todos los géneros y estilos: teatro, costumbrismo, novela de terror... aunque, sin duda, su punto fuerte son las novelas históricas. De entre ellas destacan el ciclo de los mosqueteros, que comprende tres novelas: Los tres mosqueteros (1844), Veinte años después (1845), y El vizconde de Bragelonne (1848-1850). Aparte de esta trilogía, suyas son también La reina Margot (1845), su primera novela El caballero de Harmental (1843), y el ciclo histórico Memorias de un médico: José Bálsamo (1846-1848), El collar de la reina (1849-1850), Angel Pitou (1853) y La condesa de Charny (1853-1855).
Pero su obra canon es El conde de Montecristo, en la que nos encontramos a un Dumas ya más maduro en su estilo y en la manera de estructurar ésta, su novela más compleja, en la cual los virajes que sufre la intriga están perfectamente controlados, sucediéndose las historias unas a otras, conteniéndose entre sí por momentos.
En El conde de Montecristo, el personaje de Edmond Dantés paga un precio muy alto por su venganza, ya no solo por su triste y prolongado encarcelamiento, sino porque al final, como el lector y él mismo saben, da igual el resarcimiento por medio de la venganza, pues es demasiado dura, complicada y con sabor a hiel. Esto no quita para que el lector se identifique con Edmond Dantés durante gran parte del libro (si no toda), puesto que su venganza es la de todos.
Y es que Dumas comprendió perfectamente la naturaleza del ser humano, lo positivo y lo negativo, el bien y el mal, para contraponerlos románticamente.
Con respecto a Dumas, Féval, Sué y el resto de autores folletinescos, carecen de esa comprensión al caer en la costumbre maniquea de reducirlo todo al enfrentamiento de dos poderes en el que uno se erija como vencedor sin pagar el precio que de ello resulte. Ahí se encuentra la diferencia. Así, para que los Mosqueteros vivan tantos años han tenido que hacer una contraprestación: no solo el resquebrajamiento de su amistad juvenil (aunque al final quede intacta), sino ante pérdidas que acentúan su perfil humano: pérdida de mujeres (como el caso de Milady y Constanza), pérdida de enemigos o la pérdida de épocas, si bien pasadas, por otro lado gloriosas. Cualquier tiempo pasado fue mejor y, como dice Portos en El vizconde de Bragelonne "he aquí lo enojoso del asunto. En otros tiempos uno no tenía que decir por qué se batía. Uno se batía porque se batía". Esta mezcla de melancolía y tristeza resulta imposible encontrarla en otras novelas en donde a los fantasmas de carne y hueso se les bate y después desaparecen, mientras que en Dumas permanecen.
Féval fue también un autor prolífico que escribió numerosas novelas: además de sus célebres folletines, también cultivó otros géneros como la novela de terror, en el que incurrió con mucha más frecuencia que otros colegas con libros como La ciudad vampiro, la novela costumbrista, entre las que se encuentran El burgués de Vitro, El lunar rojo y Madame Gil Blas, y la novela criminal con escritos como Los cuchillos de oro, Jean Diable, Los hábitos negros.
Como obras más representativas tenemos El jorobado y Los misterios de Londres. La primera, con un argumento más lineal y clásico que la segunda, trata sobre la potencial venganza de un héroe popular, que tiene que huir y vivir escondido ante la incapacidad de enfrentarse a su mayor enemigo. Para saciar su sed se disfrazará de jorobado y con ello culminará su venganza y su promesa. Al igual que en El conde de Montecristo, todo gira en torno a la figura de una única persona, aunque en El jorobado la venganza es más fruto de una promesa que de un hecho individual.
Los misterios de Londres
Eugène Sué cuenta en su haber con las novelas Los misterios de París
, que ostenta un trasfondo más político y social que el resto de novelas folletinescas cumbres. En ella se retratan los dramas de la gente más pobre, a la vez que se hace un fresco social de esa gente, en muchas ocasiones envilecida por el uso de la fuerza y el terror que vapulea a los personajes principales.Como ejemplo de revalorización del género, en una época en la que ya no se estilaba este tipo de novelas, cabe destacar a Michel Zévaco y su ciclo Los Pardaillan, en donde se desatan todo tipo de tramas, muchas veces inverosímiles pero que atrapan al lector avezado en el folletín por su agilidad y destreza narrativas para divertirlo.
Esto ha sido una breve aproximación al folletín. Ahora ya solo nos resta más que "confiar y esperar" (últimas palabras de El Conde de Montecristo).
Javier Cardena (Madrid. España)
BIBLIOGRAFÍA DE OBRAS CITADAS
DUMAS, Alexandre: Angel Pitou. Barcelona: Lorenzana, 1970.
DUMAS, Alexandre: El caballero de Harmental; traducción, Juan Santamaría. Barcelona: Edhasa, 1995. Colección: Narrativas históricas Edhasa. Traducción de: Le chevalier d'Harmental.
DUMAS, Alexandre: El collar de la reina; traducción, Mª Luisa Villar de Francos Legrain. Barcelona: Bruguera, 1974. Colección: Joyas Literarias. Traducción de: Le collier de la reine.
DUMAS, Alexandre: El conde de Montecristo; traducción de Carlos de Arce. Madrid: Suma de Letras, 2002. Colección: Punto de lectura; 357/1. Traducción de: Le comte de Monte-Cristo.
DUMAS, Alexandre: El vizconde de Bragelonne; traducción, J. Mª Moreno. Barcelona: Petronio, 1975. 2 v. Colección: Clásicos Petronio. Traducción de: Le vicomte de Bragelonne ou dix ans plus tar.
DUMAS, Alexandre: La Condesa de Charny. Barcelona: Lorenzana, 1970. 2 v.
DUMAS, Alexandre: La reina Margot; traducción, Sara Epi. Barcelona: Ediciones B, 1995. Colección: VIB; 50/5. Traducción de: La reine Margot.
DUMAS, Alexandre: Los tres mosqueteros; traducción, Manuel Quinto; apéndice, Enric Cassany. Barcelona: Edebé, 1999. Colección: Nómadas del tiempo; 3. Traducción de: Les trois mousquetaires.
DUMAS, Alexandre: Memorias de un médico. Barcelona: Lorenzana, 1970. 2 v.
DUMAS, Alexandre: Veinte años después; traducción, Joaquín Gallardo. Barcelona: Orbis, 1985. 2 v. Colección: Las grandes novelas de aventuras; 62-63. Traducción de: Vingt ans après.
FÉVAL, Paul: El jorobado; traducción y notas, Magalí Martínez Solimán; apéndice, Luis Alberto de Cuenca. Madrid: Anaya, 1995. Colección: Tus libros; 136. Traducción de: Le bossu.
FÉVAL, Paul: La ciudad vampiro: una peripecia gótica de Ann Radcliffe; traducción, Jacobo Rodríguez; prólogo, Jesús Palacios. Madrid: Valdemar, 1998. Colección: El Club Diógenes; 98. Traducción de: La ville-vampire
FÉVAL, Paul: Los cuchillos de oro. Madrid, 1948. Colección: Rev. Literaria "Novelas y Cuentos"; Año XX. n. 898.
FÉVAL, Paul: Los hábitos negros. Granada: "El Popular", 1891.
FÉVAL, Paul: Los misterios de Londres; traducción, introducción y notas, Gregorio Cantera. Madrid: Letra Celeste, 2000. Colección: Letra Celeste. Infernaliana; 6. Traducción de: Les mystères de Londres.
GABORIAU, Émile: El expediente 113; traducción, José Bailo; apéndice, Juan José Millás. Madrid : E.G. Anaya, 1987. Colección: Tus libros; 60. Traducción de: Le dossier nº 113. [También publicado en España como: La causa número 113; Dossier 113; El legajo número 113].
GABORIAU, Émile: El proceso Lerouge. Barcelona: Ramón Sopena, 1959. Colección: Biblioteca "Sopena"; v. 14-1). [También publicado en España como: El caso Lerorige [sic]].
HORNUNG, E. W.: Los idus de marzo y otras aventuras de Raffles; traducción, Rufo G. Salcedo. Madrid: Valdemar, 1994. Colección: El Club Diógenes; 3. Traducción de: Raffles. [Existen más aventuras sobre el personaje].
LEBLANC, Maurice: Novelas escogidas: Arsenio Lupin, caballero ladrón. Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes. La aguja hueca. 813. Los tres crímenes de Arsenio Lupin; prólogo de Salvador Bordoy Luque; traducción por Lorenzo Garza, Salvador Bordoy. Madrid: Aguilar, 1964. Colección: El Lince Astuto.
LEROUX, Gaston: El fantasma de la ópera; traducción, prólogo y notas, Mauro Armiño. Madrid: Valdemar, 1998. Colección: Colección gótica; n. 27. Traducción de: Le fantôme de l'Opéra.
LEROUX, Gaston: El misterio del cuarto amarillo; traducción, Joëlle Eyheramonno; presentación y apéndice, Pablo Tébar. Madrid: Anaya, 2000. Colección: Tus libros selección; 10. Traducción de: Le mystère de la chambre jaune.
LEROUX, Gaston: Las aventuras de Caro-Bibi. Madrid: J. Pueyo, [s.a.: 192.?]. 4 v. Contenido: I. El prendio flotante. Traduccion de Angel Pumarega. II. Caro-Bibi y Celia. Traducción de Renée de Hernández III. y IV. Nuevas aventuras de Caro-Bibi. Palas y Caro-Bibi. Fataliotas. Primera y segunda parte. Versión española de Renée de Hernández.
PONSON DU TERRAIL, Pierre Alexis de: Aventuras de Rocambole; traducción y adaptación, Carlos de Arce. Calella, Barcelona: Seuba, 1987. Traducción de: Rocambole. [Existen más aventuras sobre el personaje].
SOUVESTRE, Pierre y Marcel Allain: Fantomas; traducción de María José Furió. Barcelona: Mondadori, 2000. Colección: Literatura Mondadori; 114. Traducción de: Fantômas.
SUÉ, Eugène: Los misterios de París; traducción, Juan Cortada. Barcelona: Orbis, 1985. 5 v. Colección: Las Grandes novelas de aventuras; 70, 75, 80, 85, 90. Traducción de: Les mystères de Paris.
ZÉVACO, Michel: Los Pardaillan; traducción de Manuel Vallvé. Barcelona: Araluce, [1915?].
Bibliografía establecida por
Carlos Díaz Maroto
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